{"id":59618,"date":"2021-03-28T14:17:09","date_gmt":"2021-03-28T18:17:09","guid":{"rendered":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=59618"},"modified":"2021-03-28T14:24:08","modified_gmt":"2021-03-28T18:24:08","slug":"los-nadie","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2021\/03\/28\/los-nadie\/","title":{"rendered":"Los nadie"},"content":{"rendered":"<p class=\"western\" align=\"left\">Cuando la ni\u00f1a sonri\u00f3 y cerr\u00f3 los ojos, cuando la muerte le ven\u00eda por la espalda, yo tambi\u00e9n cerr\u00e9 los m\u00edos. No estaba lista para ver algo as\u00ed.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"left\">Creo que cuando la gente se refiere a Caracas, en realidad se refiere s\u00f3lo a su propio lado, a su propia perspectiva, a sus propios aciertos y desaciertos. Creo que, m\u00e1s all\u00e1 del concepto de una ciudad, existen muchas Caracas. Existe la Caracas de los niches, la Caracas de los sifrinos, la Caracas de los deportistas, la Caracas de los drogadictos, la Caracas de los resentidos, la Caracas de los fracasados, la Caracas de los exitosos, la Caracas de los pol\u00edticos, la Caracas de los que r\u00eden, la Caracas de los que lloran, la Caracas de los que viven, la Caracas de los que mueren. Pero tambi\u00e9n existe, a mi parecer, la Caracas de los nadie.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"left\">Los nadie proliferaron a montones gracias a la revoluci\u00f3n. Se reproducen como conejos a\u00fan sabiendo que son nadie, que son nada. Tienen el cabello encrespado y feo, tienen los ojos apagados. S\u00f3lo saben andar por la calle pidiendo dinero o comida. Intentan actuar para ganar m\u00e1s victimismo, intentan poner voces melodram\u00e1ticas como si ya no fuese suficientemente pat\u00e9tica su hambre. A veces sacan navajas y cuchillos. Se molestan cuando no les haces caso. Se multiplican y duermen al calor del gas maloliente de las alcantarillas.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"left\">La primera vez que me top\u00e9 con un nadie fue en los tiempos del apag\u00f3n. Estamos hablando de hace dos a\u00f1os. Fueron tiempos dif\u00edciles para todos. En los Naranjos llegamos a pasar hasta siete d\u00edas sin electricidad de ning\u00fan tipo. La noche era aterradora. Mi mam\u00e1, siempre paranoica, hasta que la venc\u00eda el sue\u00f1o, se asomaba por la ventana ayud\u00e1ndose con una linterna. Los cercos el\u00e9ctricos eran in\u00fatiles y ella tem\u00eda a los escaladores, aquellos h\u00e1biles ladrones que trepaban por las ventanas de los edificios para saquear y robar. \u00abAnteayer mataron a una se\u00f1ora por El Cafetal. Se metieron a su casa y la degollaron\u00bb, nos comentaba una vecina.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"left\">Hab\u00eda ido con mi carro a buscar gasolina. La cola era tit\u00e1nica, quiz\u00e1s de unos cuatrocientos o quinientos metros. Me dol\u00eda la cabeza, no hab\u00eda desayunado. Me amargaba la sola idea de tener que estar all\u00ed toda la tarde o, peor a\u00fan, toda la noche. Cuando estaba ensimismada en mis pensamientos, un nadie, un ni\u00f1o nadie, con su cara sucia y su franela deste\u00f1ida de Coca-Cola, me toc\u00f3 el vidrio del carro con sus nudillos mugrientos. Trat\u00e9 de ignorarlo, pero \u00e9l se qued\u00f3 all\u00ed parado, quieto, como los asesinos de las pel\u00edculas de terror. Baj\u00e9 el vidrio con un enfado evidente. \u00ab\u00bfQu\u00e9 co\u00f1o quieres?\u00bb, le pregunt\u00e9.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"left\">Mi pap\u00e1 siempre me dec\u00eda que a los nadie, a los m\u00e1s pobres, a los mendigos, a los vagabundos, hay que hablarles rudo. De lo contrario, pueden oler tu miedo y aprovecharse de \u00e9l. \u00abUno tiene que andar siempre bajo perfil\u00bb, comentaba mi pap\u00e1 tras quitarse el saco gris que ten\u00eda bordado el logo del banco Mercantil. A m\u00ed pap\u00e1 lo hab\u00edan asaltado m\u00e1s de quince veces en su vida saliendo del trabajo. Ya se pod\u00eda considerar aquello como una tradici\u00f3n dentro de la familia. Ten\u00eda contada cada una de las veces y siempre, cuando en alguna cena de Navidad o de a\u00f1o nuevo contaba los sucesos, se re\u00eda con su risa de fumador y se lamentaba de ser una persona de mala fortuna.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"left\">El ni\u00f1o nadie, el que estaba parado al lado de la ventana de mi carro, me pidi\u00f3 dinero o comida, lo que pudiese. Le dije que no ten\u00eda nada. \u00c9l sigui\u00f3 all\u00ed de pie, sin moverse, como si en cualquier momento yo fuese a cambiar de decisi\u00f3n y a decirle algo como \u00abEs mentira, hijo m\u00edo, toma para que almuerces como es debido\u00bb. Como le ped\u00ed que se fuera, me arroj\u00f3 un insulto que no entend\u00ed bien cu\u00e1l era, unas palabras masculladas, y se fue caminando hacia el carro de enfrente, que tambi\u00e9n hac\u00eda cola para poder poner algo de gasolina, y no cesaba de verme con un odio y con un resentimiento que eran m\u00e1s grandes que su insignificante estatura.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"left\">Pedro era uno de mis mejores amigos. Era un chamo robusto, de barba espesa, que no le ten\u00eda miedo a absolutamente nada. A pesar de que ten\u00eda una camioneta cara, considerada como un im\u00e1n para los ladrones y los secuestradores, Pedro jam\u00e1s le tuvo respeto a la calle. Hablaba en un acento extra\u00f1o, como en una mezcla de mandibuleado con tuki. Se hab\u00eda graduado en la Metropolitana de administraci\u00f3n y siempre dec\u00eda que su proyecto en la vida era acabar con la pobreza en Venezuela, ya fuese por la v\u00eda de la pol\u00edtica o por la v\u00eda de la violencia. Cuando lo dec\u00eda en las reuniones, con una seriedad que a todos nos inquietaba un poco, mezclando con su dedo su trago de ron y refresco, siempre se formaba un silencio algo inc\u00f3modo que nos hac\u00eda cambiar de tena enseguida. \u00ab\u00bfAlguien vio el golazo que meti\u00f3 Sergio Ramos de cabeza contra el Bilbao?\u00bb, comentaba alguien, y todo segu\u00eda su curso, como si nada.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"left\">La rabia que Pedro le ten\u00eda a la gente de clase baja no era gratuita. Pedro era muy unido con su pap\u00e1. Recuerdo bien al pap\u00e1 de Pedro, era un obeso estricto pero simp\u00e1tico que me trataba con mucho cari\u00f1o y que siempre nos echaba vaina, pues nos dec\u00eda que Pedro y yo terminar\u00edamos cas\u00e1ndonos alg\u00fan d\u00eda. Una noche, tras terminar de verse con varios amigos con los que se hab\u00eda graduado hac\u00eda muchos a\u00f1os, lo interceptaron un par de motos cerca del elevado de Los Ruices. El pap\u00e1 de Pedro se resisti\u00f3 al atraco e, intentando mediar, recibi\u00f3 un tiro fatal en el cuello. Nunca vi a Pedro llorar por eso, pero s\u00ed es cierto que se fue transformando, se convirti\u00f3 en un ser diferente, m\u00e1s fr\u00edo y m\u00e1s seco. La rabia parec\u00eda borbotearle a veces; por eso, dec\u00edamos todos, siempre era mejor jam\u00e1s sacarle el tema de su pap\u00e1.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"left\">Si yo hubiese sabido que el decir aquellas simples palabras ser\u00eda el detonante de todo lo que sucedi\u00f3 luego, me hubiese quedado callada quiz\u00e1s para siempre. Pedro y yo est\u00e1bamos bebiendo en el c\u00e9sped de mi edificio, acostados uno al lado del otro, viendo al cielo, hablando de millones de pendejadas, cuando yo, para mantener viva la llama de la conversaci\u00f3n, lo dije. \u00abUn ni\u00f1ito de mierda, de esos pordioseros, me insult\u00f3 cuando estaba en la cola para echar gasolina\u00bb. Pedro se incorpor\u00f3, se sent\u00f3, la expresi\u00f3n le cambi\u00f3. \u00abUn d\u00eda tengo ganas de matar a alguno\u00bb. Un temblor me entr\u00f3 por el espinazo, por los hombros, por los pechos, por la boca. Pedro no estaba bromeando.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"left\">Una ma\u00f1ana, en uno de esos s\u00e1bados lindos que nos regala a veces Caracas, de esos s\u00e1bados luminosos en los que el \u00c1vila parece fragmentarse en un sinf\u00edn de anaranjados y verdes, Pedro me pas\u00f3 buscando a mi edificio de Los Naranjos en su camioneta. Me hab\u00eda invitado por Whatsapp, aquel mismo d\u00eda, a comer un dulce y a bebernos un caf\u00e9 por Los Palos Grandes. Yo acept\u00e9 de buena gana. Nos montamos en su camioneta y \u00e9l parec\u00eda tan sonriente, tan feliz, tan inocente. Hasta me coment\u00f3 que se hab\u00eda levantado bastante temprano y hab\u00eda ido a trotar.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"left\">Nos paramos en la panader\u00eda Aida de Los Palos Grandes. Nos bajamos y nos sentamos en una de las mesas de adentro. \u00abPide lo que quieras\u00bb, me dijo Pedro. Yo ped\u00ed un croissant con queso crema y jam\u00f3n y un caf\u00e9 con leche grande. \u00c9l pidi\u00f3 un cachito mixto con un jugo de parchita. Me coment\u00f3, cuando est\u00e1bamos comiendo, que \u00faltimamente so\u00f1aba mucho con su pap\u00e1, a pesar de que ya hab\u00edan pasado m\u00e1s de siete a\u00f1os de todo aquel suceso de los motorizados. Algunas moscas volaban alrededor de los panes frescos del mostrador. Uno de los panaderos, malhumorado, con un acento portugu\u00e9s que rozaba lo c\u00f3mico, se quejaba de que el aparato el\u00e9ctrico para matar los insectos estaba da\u00f1ado de nuevo.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"left\">Cuando terminamos de comer y salimos de la panader\u00eda, dispuestos a regresar a la camioneta de Pedro, estacionada a unos diez metros, se nos acercaron dos ni\u00f1os nadie, de unos siete y cinco a\u00f1os (m\u00e1s o menos) respectivamente. La de siete era una ni\u00f1a de ojos asombrosamente ambarinos y di\u00e1fanos a pesar de su piel morena. El ni\u00f1o, su hermano menor con casi toda seguridad, ten\u00eda el pelo negro mal cortado, con tijeretazos aqu\u00ed y all\u00ed a lo largo de su cabeza peque\u00f1a. La ni\u00f1a nos pidi\u00f3 algo de comer. Yo la ignor\u00e9 y Pedro, siempre m\u00e1s directo, le dijo que no con un desd\u00e9n infinito. \u00abPero para desayunar s\u00ed tienes, hijo de puta\u00bb, le respondi\u00f3 la ni\u00f1a a Pedro.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"left\">Pedro palideci\u00f3 durante unos instantes. Sus cejas se enarcaron en una expresi\u00f3n de furia que s\u00f3lo sab\u00eda crecer con el paso de los segundos. Tuve miedo. Pens\u00e9 que Pedro, ah\u00ed mismo, le entrar\u00eda a patadas a la ni\u00f1a hasta arrinconarla en la pared exterior de la panader\u00eda. Cuando se volte\u00f3 a encararla, la ni\u00f1a permaneci\u00f3 de pie, sin alejarse ni un paso, y mir\u00f3 a Pedro de una forma alzada y retadora. \u00abV\u00e1monos\u00bb, le dije a Pedro, pero \u00e9l pareci\u00f3 no escucharme. El ni\u00f1o de los tijeretazos, al parecer m\u00e1s precavido y con m\u00e1s sentido com\u00fan, se escond\u00eda detr\u00e1s del vestido de su hermana, por vestido enti\u00e9ndase una franela larga que le cubr\u00eda a la ni\u00f1a casi todo el cuerpo.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"left\">Del bolsillo de atr\u00e1s de su bermuda, Pedro sac\u00f3 su cartera de cuero. La abri\u00f3 y tom\u00f3 un billete de cincuenta d\u00f3lares. Yo me sent\u00ed confundida, tuve uno de esos presentimientos de que, a partir de aquel instante, todo ir\u00eda a peor. A la ni\u00f1a (y a su hermano tambi\u00e9n) le cambi\u00f3 la expresi\u00f3n del rostro completamente, aunque segu\u00eda asom\u00e1ndose, en sus ojos casi amarillos a la luz del sol de la ma\u00f1ana, un retazo de desconfianza; al fin y al cabo, Pedro era un desconocido. \u00ab\u00bfQuieres cincuenta d\u00f3lares para que desayunes bien?\u00bb, le pregunt\u00f3 Pedro. La ni\u00f1a permaneci\u00f3 un rato en un silencio dubitativo. Su hermano, tambi\u00e9n sorprendido por el valor de aquel billete, la miraba con ojos suplicantes. La ni\u00f1a, con m\u00e1s desconcierto que otra cosa, asinti\u00f3 con la cabeza, pero sin decir una palabra.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"left\">Pedro le extendi\u00f3 el billete. Cuando la ni\u00f1a fue a tomarlo, Pedro lo retir\u00f3 con brusquedad. La ni\u00f1a retrocedi\u00f3 con instinto, al igual que un gato que brinca hacia atr\u00e1s cuando la presa se le mueve por sorpresa. \u00abSi quieres el dinero, tienes que acompa\u00f1arnos primero a hacer una diligencia\u00bb, dijo Pedro. La piel se me puso de gallina. \u00ab\u00bfQu\u00e9 co\u00f1o haces, Pedro? V\u00e1monos, por favor\u00bb. Pedro no me hizo caso. Pedro se\u00f1al\u00f3 con su mano hacia la camioneta, como indic\u00e1ndole a la ni\u00f1a el camino que ten\u00eda que seguir.\u00abSi no nos acompa\u00f1as, no hay nada. Ser\u00e1 s\u00f3lo un momento\u00bb. La ni\u00f1a, tras secretearse durante un instante con su hermano, comenz\u00f3 a seguirnos. \u00abCo\u00f1o de la maldita madre con este loco de mierda de Pedro\u00bb, pens\u00e9.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"left\">Comenzamos a rodar por la autopista. Pedro iba manejando, yo iba de copiloto y la ni\u00f1a, entre asustada y curiosa, estaba sentada en la parte de atr\u00e1s. Vi mi expresi\u00f3n en el espejo retrovisor. Mi cara era de miedo, de incredulidad. Si no hubiese sido porque la ni\u00f1a se mont\u00f3 en la camioneta por voluntad propia, hubiese pensado que estaba implicada en un secuestro. Las manos me sudaban, estaba nerviosa. Pens\u00e9 en pedirle a Pedro que me dejara en mi casa y poder huir, pero, por alguna raz\u00f3n, me contuve. No quer\u00eda que cualquier palabra iniciara una conversaci\u00f3n con aquella ni\u00f1a extra\u00f1a, con aquella ni\u00f1a nadie. Era mucho mejor el silencio, a veces lo es.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"left\">Cuando estacionamos en el edificio de Pedro, que no estaba tan distante del m\u00edo, Pedro se baj\u00f3 y le abri\u00f3 la puerta a la ni\u00f1a. La ni\u00f1a tard\u00f3 varios segundos en bajar, comenzaba a tener miedo aut\u00e9ntico, a darse cuenta, quiz\u00e1s, del problema tan grande en el que se hab\u00eda metido. \u00abBaja, hija, que no te voy a comer\u201d, dijo Pedro con una sonrisa sarc\u00e1stica. La ni\u00f1a baj\u00f3. Caminamos hasta la casa. Era curioso ver a aquella ni\u00f1a caminar por los pasillos y meterse en los ascensores de aquel edificio de lujo. Rogu\u00e9 a la vida que ning\u00fan vecino nos viera, ser\u00eda una imagen extra\u00f1a y, sin duda, comenzar\u00edan a murmurar y a preguntar. Pero no sali\u00f3 nadie, no hubo testigos. Entramos, finalmente, en el apartamento de Pedro.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"left\">Nunca, nunca (juro que, literalmente, nunca) olvidar\u00e9 la expresi\u00f3n de aquella ni\u00f1ita sucia al momento de entrar en el apartamento de Pedro. Pedro viv\u00eda solo en un apartamento precioso. Era un apartamento que estaba ubicado en un cuarto piso. Era luminoso, con grandes ventanales, con muchas plantas, con cuadros hermosos de much\u00edsimos colores, con un gran televisor en el que sol\u00eda jugar PlayStation. La ni\u00f1a nadie miraba todo aquello con boca abierta, girando su cabecita hacia todos lados, como si hubiese entrado a la cueva de las maravillas.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"left\">\u00ab\u00bfQuieres desayunar?\u00bb, le pregunt\u00f3 Pedro. La ni\u00f1a, sin pensarlo dos veces, dijo que s\u00ed. \u00abDespu\u00e9s de que comas, te doy tu dinero y te vuelvo a dejar en la panader\u00eda\u00bb. Mientras pedro fue a la cocina, me dej\u00f3 sola con la ni\u00f1a. Yo evitaba mirarla, y ella evitaba mirarla a m\u00ed, pero hubo un momento en el que, inevitablemente, nuestros ojos se encontraron. Yo sonre\u00ed cort\u00e9smente, como una est\u00fapida, y la ni\u00f1a, a quien nunca la hab\u00eda visto sonre\u00edr (por razones obvias) permaneci\u00f3 seria y alerta, como dispuesta a echar a correr en cualquier momento si llegaba a notar algo (a\u00fan m\u00e1s) inusual.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"left\">Pedro regres\u00f3 con un gran vaso de Toddy, un vaso que parec\u00eda m\u00e1s grande que la misma ni\u00f1a. \u00abEsto es Toddy\u00bb, le explic\u00f3 a la ni\u00f1a, como si \u00e9sta fuese una retrasada mental. La invit\u00f3 a sentarse en la mesa y la ni\u00f1a, con sus manos delicadas aunque terrosas, agarr\u00f3 el vaso y se lo bebi\u00f3 con una prisa tal, que parte del l\u00edquido se le derram\u00f3, sin a ella importarle mucho, sobre la ropa. \u00abQu\u00e9 asco esta vaina\u00bb, me susurr\u00f3 Pedro al o\u00eddo y se qued\u00f3 esperando una respuesta m\u00eda. Yo, al igual que hab\u00eda sucedido en el carro, cuando est\u00e1bamos por la autopista, prefer\u00ed el silencio.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"left\">\u00ab\u00bfTe gust\u00f3?\u00bb, le pregunt\u00f3 Pedro a la ni\u00f1a. La ni\u00f1a, ahorrando vocablos, movi\u00f3 la cabeza afirmativamente luego de dejar el vaso sobre la mesa. \u00abAhora tengo una sorpresa para ti, pero debes cerrar los ojos\u00bb, dijo Pedro. Un agujero del tama\u00f1o de La Ant\u00e1rtida me perfor\u00f3 el est\u00f3mago. \u00abMosca con una vaina, Pedro\u00bb, quise articular, pero las palabras, por el miedo, no me salieron. La ni\u00f1a, tras dudar un largo rato, y quiz\u00e1s habiendo bajado la guardia por efectos del Toddy, cerr\u00f3 los ojos y sonri\u00f3 como esperando algo fant\u00e1stico. En ese momento se vio tan desdichada, tan miserable, tan vulnerable.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"left\">Pedro, a espaldas de la ni\u00f1a, desenfund\u00f3 un cuchillo que se hab\u00eda tra\u00eddo de la cocina y que hab\u00eda escondido debajo de su propia franela. La voz no me alcanz\u00f3 ni siquiera para pegar un grito de advertencia, para implorarle a la ni\u00f1a nadie que corriera, que huyera, que se volteara al menos. Aunque cerr\u00e9 los ojos para no mirar, todo me pareci\u00f3 tan vivaz, tan n\u00edtido, que fue como si lo hubiese visto con todo lujo de detalles. Pedro le fue directo al cuello, a la espalda, a la cabeza. Le fue con sa\u00f1a, le fue muchas veces, como si aquella muchachita hubiese sido la culpable de la muerte de su padre, de las desgracias de Venezuela, del mal de todo el mundo. La ni\u00f1a casi ni se dio cuenta de nada, s\u00f3lo se desplom\u00f3, chorreando sangre como un puercoesp\u00edn herido, y cay\u00f3 al suelo con la mirada petrificada. \u00abAs\u00ed es como hay que hacer con estas mierdas\u00bb, sentenci\u00f3 Pedro tras un breve silencio, luego de verificar que \u00e9l tambi\u00e9n se hab\u00eda manchado.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"left\">Tras limpiar mucho, mucho, tras llorar y moquear, tras vomitar y reclamarle, tras maldecirlo y acusarlo, lo ayud\u00e9 a esconder el cuerpo entre s\u00e1banas, a bajarlo hasta la camioneta y a lanzarlo en alg\u00fan rinc\u00f3n del \u00c1vila, en la ruta hacia Galip\u00e1n. Creo que el cuerpo no fue hallado nunca, s\u00f3lo quiz\u00e1s por zamuros, por alima\u00f1as y por otros animales de rapi\u00f1a. Me volv\u00ed una chica nerviosa y ansiosa, con un insomnio bestial y sin ninguna gana de leer o de ver noticias. Incluso evito, en la medida de lo posible, mirar al \u00c1vila, aunque el \u00c1vila, y eso lo sabe bien mucha gente, es una experta en guardar secretos macabros y negros dentro de su cuerpo inundado de \u00e1rboles.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"left\">Pedro, por prevenci\u00f3n, huy\u00f3 del pa\u00eds, ahora vive en alg\u00fan rinc\u00f3n de los cada vez m\u00e1s decadentes Estados Unidos. A veces, muy de vez en cuando, nos hablamos, nos escribimos y hasta conversamos por Skype. Pero nunca, nunca, nunca tocamos ese tema. Es como si lo hubi\u00e9semos suprimido entre ambos, aunque el recuerdo de aquella ni\u00f1a nadie, sobre la que no preguntaron ni investigaron jam\u00e1s, al menos a m\u00ed me retuerce el espinazo y la consciencia. Pero los nadie, de todas formas, se siguen reproduciendo en Caracas, en una de tantas Caracas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando la ni\u00f1a sonri\u00f3 y cerr\u00f3 los ojos, cuando la muerte le ven\u00eda por la espalda, yo tambi\u00e9n cerr\u00e9 los m\u00edos. No estaba lista para ver algo as\u00ed. 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