{"id":586,"date":"2007-04-21T01:03:01","date_gmt":"2007-04-21T05:03:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2007\/04\/21\/mercedes-franco\/"},"modified":"2007-04-21T01:08:57","modified_gmt":"2007-04-21T05:08:57","slug":"mercedes-franco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2007\/04\/21\/mercedes-franco\/","title":{"rendered":"MERCEDES FRANCO"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Ricardo Gil Otaiza<\/strong><\/p>\n<p>Profesor de la Universidad de Los Andes-M\u00e9rida-Venezuela y escritor.<\/p>\n<p><strong>Cr\u00f3nica caribana <\/strong><\/p>\n<p>La literatura, como producto de la civilizaci\u00f3n, entra en ciclos perfectamente delimitados. Es as\u00ed, pues, como esos c\u00edrculos del tiempo de los que nos hablaran hombres como Carlos Fuentes y el mismo Julio Garmendia, regresa a su punto de partida, a su propia g\u00e9nesis como proceso creador. Las cr\u00f3nicas de los viajeros de Indias, de las que nos hemos deleitado a trav\u00e9s del tiempo, no dejan nunca de estar presentes en el imaginario del narrador y del poeta, mucho menos en el del lector consustanciado con sus propias ra\u00edces tel\u00faricas. Cuando nos adentramos en el proceso de formaci\u00f3n de nuestro pa\u00eds, hallamos con admiraci\u00f3n que muchos de sus precursores fueron excelentes escritores; eso dando por descontando un esp\u00edritu po\u00e9tico que llega a nosotros convertido en una especie de atm\u00f3sfera muy propia de estos parajes americanos.<\/p>\n<p>La literatura, como producto de la civilizaci\u00f3n, entra en ciclos perfectamente delimitados. Es as\u00ed, pues, como esos c\u00edrculos del tiempo de los que nos hablaran hombres como Carlos Fuentes y el mismo Julio Garmendia, regresa a su punto de partida, a su propia g\u00e9nesis como proceso creador. Las cr\u00f3nicas de los viajeros de Indias, de las que nos hemos deleitado a trav\u00e9s del tiempo, no dejan nunca de estar presentes en el imaginario del narrador y del poeta, mucho menos en el del lector consustanciado con sus propias ra\u00edces tel\u00faricas. Cuando nos adentramos en el proceso de formaci\u00f3n de nuestro pa\u00eds, hallamos con admiraci\u00f3n que muchos de sus precursores fueron excelentes escritores; eso dando por descontando un esp\u00edritu po\u00e9tico que llega a nosotros convertido en una especie de atm\u00f3sfera muy propia de estos parajes americanos.\u00a0<\/p>\n<p>Leer por ejemplo a Crist\u00f3bal Col\u00f3n en su Diario de a Bordo,\u00a0 o a Alejandro de Humboldt en sus Viajes a las regiones equinocciales del Nuevo Continente, o los libros de viajeros insignes como Agust\u00edn Codazzi, Francisco de Miranda, Henry Pittier, entre otros, es adentrarnos a un mundo maravilloso donde lo cotidiano es absorbido por la magia del paisaje, y por el candor de las costumbres de los pobladores de estas tierras. Es m\u00e1s, la lectura de esas cr\u00f3nicas implica el goce est\u00e9tico comparable s\u00f3lo a la lectura de una buena novela, donde los personajes reales o imaginarios se mezclan en una amalgama extraordinaria hasta perderse los l\u00edmites entre la verosimilitud y la f\u00e1bula.Acabo de leer la m\u00e1s reciente novela de la escritora venezolana Mercedes Franco, Cr\u00f3nica Caribana, y debo expresar ac\u00e1, de entrada, sin reticencia alguna, que se trata de la novela m\u00e1s hermosa que se haya publicado en nuestro pa\u00eds, por lo menos en las \u00faltimas d\u00e9cadas. Nos cuenta la narradora la historia del marino genov\u00e9s Gian Battista, quien en se embarca desde La Espa\u00f1ola en una formidable aventura, s\u00f3lo comparable con lo que nos han contado los grandes cl\u00e1sicos del g\u00e9nero universal. Cuando les dec\u00eda al inicio que en la literatura se cumplen las mismas leyes que para la civilizaci\u00f3n, me refer\u00eda a que en estos momentos se est\u00e1n poniendo en boga las novelas de aventuras, tal como sucedi\u00f3 en siglos pasados. Es as\u00ed como durante el \u00faltimo a\u00f1o se han publicado varios t\u00edtulos afines: Historia del rey Transparente, de la espa\u00f1ola Rosa Montero; Urs\u00faa, del colombiano William Ospina y El turno del escriba, de las escritoras argentinas Graciela Montes y Ema Wolf. Sin embargo, cuando cotejo las cuatro lecturas no me quedan dudas de que la Cr\u00f3nica Caribana las supera, no s\u00f3lo por el excelente lenguaje barroco que alcanz\u00f3 la autora, sin caer en estropicios ininteligibles que a nada conducen, sino por tratarse de una historia compleja narrada de una forma simple, lo que permite el disfrute de cada una de sus p\u00e1ginas. Por otra parte, logra Mercedes Franco una excelente obra total en apenas 174 p\u00e1ginas, donde no hay desperdicio alguno.<\/p>\n<p>Cr\u00f3nica Caribana nos presenta una buena historia, desarrollada en ambientes caribe\u00f1os de la \u00e9poca medieval.\u00a0 Supongo que la indagaci\u00f3n previa por parte de la escritora fue descomunal, porque no hay detalle de la jerga marina que se le escape, as\u00ed como tampoco, la descripci\u00f3n de ex\u00f3ticos paisajes que hacen de la novela una verdadera delicia. Adem\u00e1s, consigue la autora meterse en la piel\u00a0 de un aventurero genov\u00e9s, donde no escasean los detalles personales, sus gustos sexuales, as\u00ed como la cosmovisi\u00f3n de alguien que se lanza a la mar a ciegas, con la sola esperanza de llegar a la isla Margarita \u2014atra\u00eddo por su riqueza en perlas\u2014y as\u00ed poder unirse alg\u00fan d\u00eda con su amada Franca en la a\u00f1orada G\u00e9nova. Su periplo de viaje se transforma en una verdadera tragedia personal, donde est\u00e1 a punto de perder la vida varias veces, no s\u00f3lo en el naufragio de la Stella Maris, embarcaci\u00f3n que fletara a los fines ya se\u00f1alados, sino a manos de algunos de los tripulantes de la nave, que resultan ser esp\u00edas de una complicada conspiraci\u00f3n pol\u00edtica y econ\u00f3mica para eliminar a Mart\u00edn Alonso, Veedor Real. Llega con vida a La Serrana, una isla poblada de siniestros personajes fantasmales, y sobrevive por largo tiempo, posteriormente es rescatado y logra arribar a La Habana donde le esperan muchas sorpresas y aventuras.<\/p>\n<p>Sin \u00e1nimo de contar ac\u00e1 toda la historia, porque no tendr\u00eda ning\u00fan sentido, es importante resaltar que la novela es fluida, bien estructurada, el personaje central es rico en matices: a veces cambia de humor y se muestra despiadado,\u00a0 en otras, se nos presenta como un ser inocente y desvalido, a quien todos los acontecimientos terminan por colocarlo al borde mismo de la ahorca. Sobre todo es un ser dubitativo, cuya mezcla de emociones lo llevan a convertirse en recept\u00e1culo de oscuros deseos pasionales, y en exponente de terribles pensamientos y acciones.<\/p>\n<p>Siento que con la Cr\u00f3nica Caribana logra Mercedes Franco su m\u00e1xima expresi\u00f3n art\u00edstica, al punto de poder alcanzar con ella su consagraci\u00f3n literaria. No he le\u00eddo a\u00fan cr\u00edticas literarias sobre la novela, pero estoy seguro de que las mismas le ser\u00e1n favorables al lograr inscribir\u00a0 en los anales de nuestra historia literaria una estupenda p\u00e1gina, que nos llena de orgullo como venezolanos y como creadores. \u00a1En hora buena!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Ricardo Gil Otaiza Profesor de la Universidad de Los Andes-M\u00e9rida-Venezuela y escritor. Cr\u00f3nica caribana La literatura, como producto de la civilizaci\u00f3n, entra en ciclos perfectamente delimitados. 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