{"id":5859,"date":"2009-12-14T17:29:54","date_gmt":"2009-12-14T21:59:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=5859"},"modified":"2009-12-14T17:29:54","modified_gmt":"2009-12-14T21:59:54","slug":"los-planideros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2009\/12\/14\/los-planideros\/","title":{"rendered":"Los pla\u00f1ideros"},"content":{"rendered":"<p>\tYo estaba solo cuando recib\u00ed la inesperada noticia de que un amigo m\u00edo, de esos que se mantienen desde la infancia, hab\u00eda muerto. Y, solo como me enter\u00e9, fui a su funeral en una ciudad lejana a donde mi amigo se hab\u00eda mudado hac\u00edan ya varias d\u00e9cadas, y en donde no lo hab\u00eda visitado en poco m\u00e1s de diez a\u00f1os; pero una amistad como la nuestra no se ver\u00eda afectada por distancias como aqu\u00e9llas.<br \/>\n\tAl principio me negaba a consentir lo que se me dec\u00eda por tel\u00e9fono \u2013me hab\u00eda llamado su hija, una suerte de ahijada m\u00eda\u2013 pero tuve que aceptarlo una vez que ella me repiti\u00f3 varias veces la informaci\u00f3n. De inmediato prepar\u00e9 una maleta con todo lo necesario para algunos d\u00edas y me fui al aeropuerto; ni siquiera me molest\u00e9 en dejarle una nota a mi mujer ni a mis hijos, pensando que la urgencia de la muerte era m\u00e1s poderosa que la incertidumbre de mi familia.<br \/>\n\tTras varias horas de vuelo llegu\u00e9 en punto para asistir al funeral a la hora que se me hab\u00eda indicado por tel\u00e9fono. Calcul\u00e9 por un momento el tiempo que me tomar\u00eda llegar al cementerio y me di cuenta de que no me alcanzar\u00eda para dejar mis cosas en un hotel, por lo que ped\u00ed un taxi y fui directamente a la funeraria con todo y mi valija. En el camino le ped\u00ed al conductor que se detuviese en una florister\u00eda para comprarle un ramo a la fresca tumba de mi amigo. Yo sab\u00eda que, si fuera yo mismo el muerto, \u00e9l har\u00eda lo mismo. Compr\u00e9 gran variedad de flores unidas en un extravagante ramo y me mont\u00e9 en el carro pensando que no ser\u00eda suficiente.<br \/>\n\tYa en el cementerio, me sorprend\u00ed de la majestuosidad y grandiosidad del edificio en donde se llevaban a cabo los funerales. Era tan alto que ocultaba del sol a ciertas parcelas completas; la estructura en s\u00ed misma era maciza, de grueso concreto y con pocas pero grandes ventanas; hab\u00eda un inmenso portal de vidrio en el centro tras el cual pod\u00eda se\u00f1alarse el espacioso interior. En la entrada hab\u00eda mucha gente de luto llorando a sus propios muertos, y entre ellos esperaba encontrar a la hija de mi amigo, pero no la vi. Decid\u00ed entrar cargando con mi maleta en la mano izquierda y sosteniendo el ramo con la derecha. El interior parec\u00eda ser aun m\u00e1s grande que la fachada: a pesar del cemento de las paredes, la luz pod\u00eda entrar con gran intensidad, permiti\u00e9ndome ver la innumerable cantidad de nichos a cada lado de un ancho pasillo de m\u00e1rmol negro, cada uno con un velorio en progreso. Como no ve\u00eda a la familia de mi amigo, decid\u00ed acercarme a uno de ellos para averiguar si alguien sab\u00eda en d\u00f3nde estaba su urna.<br \/>\n\t\u2014Lo siento, no s\u00e9 de qui\u00e9n me habla\u2014me dijo una triste se\u00f1ora que lloraba en la entrada del primer funeral\u2014. Pregunte aqu\u00ed al lado a ver si saben algo.<br \/>\n\tViendo la tristeza de la mujer que me hab\u00eda hablado, me acerqu\u00e9 a su muerto y me conmovi\u00f3 su visi\u00f3n: no hab\u00eda visto un cad\u00e1ver maquillado de esa manera en a\u00f1os. Tom\u00e9 una peque\u00f1a flor de mi ramo y la coloqu\u00e9 cuidadosamente entre sus manos enlazadas, derramando una l\u00e1grima por aquel l\u00edvido desconocido. Fui luego al segundo nicho y le mencion\u00e9 a un hombre el nombre de mi amigo.<br \/>\n\t\u2014\u00bfQui\u00e9n? No, no lo conozco, pero creo que aqu\u00ed junto est\u00e1 el encargado de informaci\u00f3n\u2014me respondi\u00f3 con la calma viril de los dolientes. Asimismo, me acerqu\u00e9 al ata\u00fad y dej\u00e9 una flor \u2013una rosa, esta vez\u2013 a la mujer que hab\u00eda muerto all\u00ed tan joven.<br \/>\n\tContinu\u00e9 mi camino de la misma manera y nada que aparec\u00eda mi amigo, ni encontr\u00e9 rastro de su familia ni del encargado de informaci\u00f3n. En cada urna iba dejando una flor, m\u00e1s bella seg\u00fan m\u00e1s me conmoviese el muerto correspondiente, y no me daba cuenta de que me estaba quedando sin ofrendas para mi amigo. Cuando ya hab\u00eda dado toda la vuelta a la funeraria con maleta en mano y me quedaban s\u00f3lo tres flores, hice mi pregunta de rutina a una muchacha joven que lloraba a su padre.<br \/>\n\t\u2014S\u00ed s\u00e9 qui\u00e9n es\u2014me respondi\u00f3, para mi profundo alivio\u2014, pero \u00e9l no existe.<br \/>\n\t\u2014Yo s\u00e9 que ya no existe, m\u00e1s bien vengo precisamente a visitar su inexistencia\u2014le repuse al momento. Ella se qued\u00f3 un tiempo pensativa y me se\u00f1al\u00f3 al lado con un pa\u00f1uelo en la cara. Para calmarla, le di una de las rosas que me quedaban y le ofrec\u00ed mis condolencias.<br \/>\n\tFui al pen\u00faltimo nicho como de costumbre, y me acerqu\u00e9 a una anciana que estaba sentada en la cabecera del ata\u00fad de su marido, veterano de guerra. Dej\u00e9 primero la flor sobre el cuerpo y le pregunt\u00e9 despu\u00e9s por mi amigo.<br \/>\n\t\u2014Cari\u00f1o\u2014me dijo entre l\u00e1grimas\u2014, ese hombre no existe.<br \/>\n\t\u2014Lo s\u00e9, ya me han dicho eso&#8230; vengo a visitar su inexistencia.<br \/>\n\t\u2014No, querido, no me est\u00e1s entendiendo\u2014dijo con seriedad, sec\u00e1ndose la cara con sus manos arrugadas\u2014: ese hombre nunca existi\u00f3.<br \/>\n\tMe molest\u00e9 con la mujer, le grit\u00e9 que era una falta de respeto y me dirig\u00ed con mi \u00faltima flor al \u00faltimo de los velorios, seguro de que all\u00ed estar\u00eda mi amigo. Pero me equivoqu\u00e9, pensando que quiz\u00e1 no era en aquel cementerio en donde \u00e9l ser\u00eda enterrado. Por no perder el viaje que hab\u00eda hecho por todo el edificio, lanc\u00e9 mi pregunta final a un hombre gordo que estaba recostado de una pared lateral.<br \/>\n\t\u2014Perd\u00f3n, \u00bfy usted qui\u00e9n es?\u2014me dijo. Le respond\u00ed con mi nombre e hizo un gesto de saber exactamente lo que estaba sucediendo: yo me emocion\u00e9 ante aquella leve sonrisa\u2014 No, ya entiendo. Lo siento mucho, caballero, pero usted no existe.<br \/>\n\tEl hombre me dio la espalda y sali\u00f3 del compartimiento, seguido de todo el resto de los pla\u00f1ideros. Me qued\u00e9 con la boca abierta frente a una anciana que yac\u00eda en calma en un ata\u00fad que hab\u00eda estado cerrado cuando entr\u00e9. Vi c\u00f3mo todos los dolientes de la funeraria pasaban por el nicho compartiendo miradas c\u00f3mplices entre ellos y hostiles para conmigo, se\u00f1al\u00e1ndome con los dedos e intercambiando sus l\u00e1grimas por crueles carcajadas, haci\u00e9ndome sentir como el extranjero que realmente era. Lanc\u00e9 mi \u00faltima rosa al cuerpo fr\u00edo y me sent\u00e9 junto a \u00e9l con la cabeza mirando hacia el suelo entre mis manos. Llor\u00e9 por esa mujer como si fuera mi propio amigo, ahora inexistente, como si la hubiera conocido&#8230; como si hubiera sido mi propia madre o mi esposa. Llor\u00e9 por las flores que le hab\u00eda dado a cada muerto y por la rosa que no me quise quedar ni para m\u00ed mismo. Cuando levant\u00e9 la cabeza me encontr\u00e9 solo en aquel cementerio desconsolado, y vi en un jarr\u00f3n que yac\u00eda como yo junto al ata\u00fad mi ramo entero, como si hubiera sido dejado all\u00ed por m\u00ed y para m\u00ed mismo, para adornar mi estad\u00eda por el resto de mi inexistencia. Y me asust\u00e9 al ver que el ata\u00fad de la anciana desconocida, como yo ahora estaba vac\u00edo.<\/p>\n<p>Animus a Nemo,<br \/>\n7 de diciembre de 2009<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Yo estaba solo cuando recib\u00ed la inesperada noticia de que un amigo m\u00edo, de esos que se mantienen desde la infancia, hab\u00eda muerto. 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