{"id":585,"date":"2007-04-19T19:36:46","date_gmt":"2007-04-19T23:36:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2007\/04\/19\/cronica-caribana\/"},"modified":"2007-04-20T02:46:30","modified_gmt":"2007-04-20T06:46:30","slug":"cronica-caribana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2007\/04\/19\/cronica-caribana\/","title":{"rendered":"MERCEDES FRANCO, CR\u00d3NICA CARIBANA"},"content":{"rendered":"<p>Les entrego un fragmento del segundo cap\u00edtulo de la novela de Mercedes Franco, <em>Cr\u00f3nica Caribana:<\/em><\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>Navegamos al sureste con buen viento. Al atardecer, despu\u00e9s de la comida, se encendieron los faroles, cantamos en pleno el Ave Mar\u00eda y dimos gracias al Se\u00f1or por aquella primera y pl\u00e1cida jornada. Al aparecer la luna abrimos una botija de vino y brindamos por el buen \u00e9xito de la expedici\u00f3n. Gentile y su amigo veneciano comenzaron a cantar una sutil\u00edsima canci\u00f3n, \u201cTincto d\u2019amore\u201d y al rato me les un\u00ed, porque bien la conoc\u00eda.<\/p>\n<p>El joven Orsini ta\u00f1\u00eda excelentemente el la\u00fad y mientras libaba mi vaso de vino, iba yo reparando en su rostro delicado, barbilindo, su p\u00e1lido cutis nacarado y sus ojos transparentes, que parec\u00edan verter una miel espesa sobre todas las cosas, endulz\u00e1ndolas y embelleci\u00e9ndolas. Sus rizos leonados, apenas ce\u00f1idos por un gorro de terciopelo carmes\u00ed, resbalaban suavemente por su amplia frente y ba\u00f1aban sus mejillas arreboladas. Me pareci\u00f3 estar ciertamente en presencia de una doncella, la m\u00e1s cautivadora de cuantas hubiese visto hasta entonces. De no haber notado el odioso bulto de su virilidad, merced a lo ajustado de sus calzas rojas, hubiese aseverado que en verdad se trataba de una muchacha n\u00fabil, tan amables se me antojaban los rasgos y ademanes de aquel agraciado zagal.<\/p>\n<p>Gentile me sonri\u00f3, y enrojec\u00ed al pensar que hubiese advertido el arrobado asombro con el que contemplaba yo a su amigo. Segu\u00ed cantando y pronto lo hicieron tambi\u00e9n los vizca\u00ednos, y hasta Benjam\u00edn Villa, con su silencioso amigo Moreno de M\u00e1laga.<\/p>\n<p><!--more-->Al cabo de unas horas est\u00e1bamos todos cantando, abrazados, gayos los corazones y las gargantas desnudas y alborozadas por la gloria secular de la uva. El vino hab\u00eda logrado su misi\u00f3n. Hacia la media noche yac\u00edan vac\u00edas junto a nosotros una media docena de botijas. Los vizca\u00ednos acometieron de pronto un aire de su tierra, bastante movido y enrevesado, y cantaban con grato acento una canci\u00f3n que ninguno de nosotros pod\u00eda seguir, por lo confuso de la jerigonza en que suelen entenderse. El joven Orsini los acompa\u00f1aba con su la\u00fad.<\/p>\n<p>Bailamos todos, pesada y alegremente, estremeciendo el maderamen de cubierta con nuestra danza. Los indios nos observaban silenciosos. Mis negros Horacio, Virgilio y Cesco, llevaban el comp\u00e1s con palmadas, sonrientes. Todo era contento y armon\u00eda, parec\u00edamos guiados por Dios y nos felicit\u00e1bamos de nuestra buena ventura.<\/p>\n<p>En poco menos de una semana divisamos la risue\u00f1a isla que los nativos llaman Boluquen o Boriquen y los espa\u00f1oles San Juan. Su ciudad m\u00e1s importante tiene bien ganado el nombre, Puerto Rico, que seg\u00fan dicen es uno de los mejores y m\u00e1s regalados por la naturaleza. Es una villa de comercio, con mucho bullicio, como todo puerto que se respete.<\/p>\n<p>Tiene un excelente mercado de esclavos, aduana, casa de fundici\u00f3n y tesorer\u00eda real. La han atacado varios corsarios y por eso se ha ponderado mucho la necesidad de construir una fortaleza en la roca viva.<\/p>\n<p>Para el momento en que pasamos frente a ella, reluc\u00eda como nimbada por un aura deliciosa, al dulce fuego crepuscular. Se ve\u00edan muchas naves a su alrededor y varios marinos nos saludaron con regocijo, a lo cual correspondimos. Desde el barco se ve\u00eda una casa grande de piedra, el \u00fanico basti\u00f3n que pose\u00eda San Juan, la casa fuerte de los Ponce de Le\u00f3n.<\/p>\n<p>Eran las once de la ma\u00f1ana de un claro domingo, catorce de diciembre y todas nuestras esperanzas estaban puestas en el viento que tan amable nos hab\u00eda resultado y en aquella mar azul, abierta ante nosotros alegremente, como las mozas de los puertos. No pod\u00edamos esperar m\u00e1s que bonanza de aquel pi\u00e9lago que tan bien nos acog\u00eda, prometiendo llevar nuestra nave sin ning\u00fan sobresalto hasta nuestro destino final, la muy nombrada Margarita, para\u00edso incomparable donde todos los sue\u00f1os de riqueza y fama que alberga el coraz\u00f3n del hombre se dan, en virtud del maravilloso tesoro que guardan sus aguas.<\/p>\n<p>La noche fue discreta y sosegada. Entre sue\u00f1os, estuve oyendo cantar a una mujer enamorada. Eran arpegios delicados, sones dulc\u00edsimos, que me llenaban el alma de a\u00f1oranzas por recordarme los suaves c\u00e1nticos y arrullos con que mi madre bordara mis noches infantiles, all\u00e1 en mi Liguria natal.<\/p>\n<p>No pod\u00eda verla, pero estaba seguro de la hermosura y lozan\u00eda de aquella dama, de su exquisita mirada triste, tan s\u00f3lo por el aroma inefable de su cuerpo, muy semejante al de los jazmines blancos que crecen silvestres en los campos de Espa\u00f1a y Portugal durante la primavera.<\/p>\n<p>En la duermevela que precede al alba estuve tratando de retener la indeleble dulzura de su olor, mezclado con el \u00e1cido salitre de la fuerte brisa marina que entraba por la ventana de mi camarote. No quer\u00eda despertar por no alejar de m\u00ed los incomparables efluvios de aquel perfume, ni el l\u00e1nguido cantar de la doncella, cada vez m\u00e1s distante y nost\u00e1lgico.<\/p>\n<p>Por fin golpe\u00f3 la realidad mi rostro y mi cuerpo entumecido. Hube de despertar a\u00fan envuelto en el vago halo fragante que dejara la due\u00f1a de aquella voz seren\u00edsima. El hosco aliento de la mar volvi\u00f3me a mi camarote, no estaba en ning\u00fan jard\u00edn celeste, como hab\u00eda cre\u00eddo hasta hac\u00eda poco.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Les entrego un fragmento del segundo cap\u00edtulo de la novela de Mercedes Franco, Cr\u00f3nica Caribana: II Navegamos al sureste con buen viento. Al atardecer, despu\u00e9s de la comida, se encendieron los faroles, cantamos en pleno el Ave Mar\u00eda y dimos gracias al Se\u00f1or por aquella primera y pl\u00e1cida jornada. 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