{"id":57355,"date":"2018-06-20T05:34:53","date_gmt":"2018-06-20T09:34:53","guid":{"rendered":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=57355"},"modified":"2018-06-20T05:34:53","modified_gmt":"2018-06-20T09:34:53","slug":"dame-ficcion-baby-o-de-la-sugestion-adecuada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2018\/06\/20\/dame-ficcion-baby-o-de-la-sugestion-adecuada\/","title":{"rendered":"dame ficci\u00f3n baby o de la sugesti\u00f3n adecuada"},"content":{"rendered":"<ul>\n<li>Desde tiempos inmemoriales el caf\u00e9 a protagonizado las historias m\u00e1s disimiles y trepidantes. Pero esta vez, esta vez se\u00f1ores, el t\u00e9 es el pap\u00e1 de los helados.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Era una ma\u00f1ana c\u00e1lida de s\u00e1bado. Est\u00e1bamos en el mes de febrero y el fr\u00edo parec\u00eda decidido a quedarse para rato sobre la capital venezolana. Algo inusual por aquellos d\u00edas, pero que necesariamente le atribuimos al calentamiento global. Dentro de la biblioteca de la unidad educativa Carlos Soublette, se impart\u00eda un interesante taller sobre escritura creativa. El profesor, un escritor trotamundos compart\u00eda con un verbo encendido las conspiraciones celestiales que llevaron a ciertos autores a plasmar sobre el papel eso que a ellos les inquietaba: \u201cMetaf\u00edsica de las pasiones, ramalazos de gozo imperfecto a caballo sobre una pradera en llamas\u201d. De verdad que inquietaba a sus talleristas Mario Morenza.<\/p>\n<p>Atribu\u00edamos la tempestad verbal al grado de placer que exhalaba el profesor con cada una de sus an\u00e9cdotas literarias. Siendo as\u00ed que en medio de una lectura se qued\u00f3 sin aire, tuvo que beber un gran sorbo de agua de su termo, y contin\u00fao de forma pausada. Todos manten\u00edamos la mirada fija sobre su persona, el cual parec\u00eda un mu\u00f1eco en autom\u00e1tico. Yo por mi parte ni siquiera pesta\u00f1eaba, estaba helado por dentro y perplejo por fuera. Era extra\u00f1o presenciar aquel arrebato de gusto en un educador.<\/p>\n<p>Como se ten\u00eda fijo desde el comienzo de las sesiones, la se\u00f1ora Mar\u00eda (la bedel) deb\u00eda proporcionar una jarra de t\u00e9 para hacer un tiempo muerto entre hora y media y hora y media siguiente de clase. Algunos merendaban alg\u00fan refrigerio que ten\u00edan la dicha de llevar, otros solo \u00edbamos al ba\u00f1o a desaguar la yuca.<\/p>\n<p>La sesi\u00f3n literaria comenzaba a eso de las 12 del mediod\u00eda y terminaba pasada las 2 y media de la tarde. Siempre por alg\u00fan retraso imprevisto de nuestro profesor en funciones. Son gajes del oficio de escribir. Andar medio en las nubes, medio en la luna \u00bfy el reloj? Bien gracias.<\/p>\n<p>La zona muerta que marcaba la mitad de la jornada de clases estaba por la 1 de la tarde, o un poco m\u00e1s. Sin embargo, la se\u00f1ora Mar\u00eda no respond\u00eda a nuestras plegarias mentales. Que parec\u00edan estar sincronizadas al pelo, como en un juego de domino (\u00a1yo meto el doble seis y tu trancas esta vaina!). As\u00ed que, nuestro profesor revoloteaba sobre las hojas en llamas de los relatos de Augusto Monterroso. Un tipo que lo hac\u00eda mojar, literalmente hablando. De sus modelos a seguir en cuanto a estilo y narrativa.<\/p>\n<p>La se\u00f1ora Mar\u00eda no aparec\u00eda y era parte de un misterio sin resolver. Eran las 2 de la tarde y nada. Era como si se la hubiera tragado la tierra. Embebidos por la vena de la ficci\u00f3n empezamos a prodigar frases al vuelo como: \u201cAh sido un d\u00eda extra\u00f1o, el t\u00e9 brilla por su ausencia\u201d. O \u201cSer\u00e1 que se termin\u00f3 de formar el peo y, nosotros aqu\u00ed metidos leyendo libros\u201d. Definitivamente el silencio sepulcral que acompa\u00f1aba el exterior de la biblioteca no era normal. Ni una paloma se posaba a cagar. Y eso que despu\u00e9s de nuestra clase segu\u00eda el taller de Oratoria.<\/p>\n<p>El profesor Mario nos invit\u00f3 a continuar la clase a sabiendas de que el t\u00e9 no llegar\u00eda. Hab\u00edamos perdido las esperanzas, como cuando de ni\u00f1os nos damos cuenta que los regalos nunca los trae el viejo del traje rojo. As\u00ed, puestos al descubierto como unos ilusos. Nuestras caras eran un poema escrito por un n\u00e1ufrago. Nos pregunt\u00e1bamos, \u00bfSer\u00e1 que hay algo m\u00e1s all\u00e1 que no conocemos, o ignoramos porque nos da la gana? Mario muy sabio en sus reflexiones respond\u00eda cada una de nuestras inquietudes con un solemne \u201cLa se\u00f1ora Mar\u00eda sufri\u00f3 una abducci\u00f3n alien\u00edgena\u201d. Carcajadas para todos sin excepci\u00f3n.<\/p>\n<p>Parec\u00eda un pante\u00f3n en hora de almuerzo. La escuela de ajedrez para ni\u00f1os que operaba en un sal\u00f3n de la planta superior del colegio, que por lo dem\u00e1s proyectaba una bulla incre\u00edble todo el rato, no daba la m\u00e1s leve se\u00f1al de vida. Cosa curiosa, porque yo supon\u00eda para mis adentros que estaban confabulados todas las personas al exterior de nuestro recinto. Podr\u00eda tratarse de un cumplea\u00f1os sorpresa para Mario. El cual ni por el carajo se daba cuenta dando su clase. O bien, hab\u00eda temblado y todos hab\u00edan salido a la calle, p\u00e1lidos de miedo como cad\u00e1veres. Y nosotros, nunca nos dar\u00edamos cuenta, por el simple hecho de estar en otras latitudes: las de la literatura.<\/p>\n<ul>\n<li>Yo no dejaba de divagar en el rellano luminoso de mi mente. Buscando frases hilarantes que desencadenaran las turbinas de p\u00faber narrador. Confiado en el dulce resplandor que se colaba por las ventanas de la biblioteca, me ve\u00eda fuerte y capaz de escribir hasta un poema. Esa sensaci\u00f3n de bienestar que sent\u00eda me hac\u00eda cerrar los ojos sobre la arena de un desierto \u00e1rabe. Paisaje de brillo pulido como un espejo que me quemaba la piel bajo la ropa y empujaba mi alma como el gas de un refresco que expulsa su \u00edmpetu fuera del frasco.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Ese s\u00e1bado, fr\u00edo por dem\u00e1s, nos despedimos de la sesi\u00f3n con una gran decepci\u00f3n en el rostro. Por lo menos yo, que ansiaba tomarme mi ag\u00fcita de rosa de Jamaica. En ese sentido, la ausencia del t\u00e9, no dej\u00f3 de darme vueltas en la cabeza sino hasta la semana entrante, cuando la se\u00f1ora Mar\u00eda si cumpli\u00f3 con el fulano bebedizo que nos trasportaba a los talleristas, incluido el profesor, a regiones desconocidas de la especulaci\u00f3n humana.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desde tiempos inmemoriales el caf\u00e9 a protagonizado las historias m\u00e1s disimiles y trepidantes. 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