{"id":57304,"date":"2018-06-07T12:59:30","date_gmt":"2018-06-07T16:59:30","guid":{"rendered":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=57304"},"modified":"2018-06-07T12:59:30","modified_gmt":"2018-06-07T16:59:30","slug":"atenea-mon-amour","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2018\/06\/07\/atenea-mon-amour\/","title":{"rendered":"atenea mon amour"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left\"><em>Atenea podr\u00eda disimular sus intenciones f\u00e1cilmente. Ella lo hac\u00eda con toda naturalidad. Se hac\u00eda fotografiar desnuda por tipos profesionales o novatos. Como punto de partida para su so\u00f1ada carrera de modelo. Pero no contaba con que siempre dejaba una singular pista sobre el hombre fr\u00edo y sereno tras la muerte: un poema de Juan Gelman.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: left\">Se los cuento de esta forma porque yo fui parte de su vida. Al menos que ella opine lo contrario. Esta mujer me trastorn\u00f3 desde la primera vez que la vi. \u00c9ramos vecinos en el edificio San Jorge en el Para\u00edso. Yo buscaba sumarla a mi cuenta de ni\u00f1as desvirgadas, pero me top\u00e9 con la verdad del tama\u00f1o de una torre de Parque Central de que no era la madre Teresa.<\/p>\n<p style=\"text-align: left\">Cuando retoz\u00e1bamos sobre el columpio del parque del edificio ella frunc\u00eda el ce\u00f1o sobre sus rizos negros, se mojaba los labios de forma sensual y me dec\u00eda \u201ct\u00fa eres un tonto, el amor no existe\u201d. Yo no hac\u00eda caso a esta clase de expresiones. Nunca le perdon\u00e9, eso s\u00ed, tener 18 a\u00f1os y no dignarse a darme sexo oral. Sus reproches est\u00fapidos, sus quejas inocuas y el temita ese de la muerte prematura que le soplaba en el cuello me ten\u00edan sin cuidado. Pero eso, no darme lo que yo quer\u00eda, era demasiado. Podr\u00edamos pasarnos el d\u00eda lami\u00e9ndonos como gatos. Firmes en el prop\u00f3sito de quitarnos nuestra suciedad, y haciendo el amor por varias horas seguidas.<\/p>\n<p>Yo desperdiciaba mis 23 a\u00f1os en una papeler\u00eda escolar. Deb\u00eda apilar libros nuevos, descartar los viejos y pulir la vitrina para implorar nuevos clientes. En esto estuve, como mucho a\u00f1o y medio. Atenea me llevaba el almuerzo a al mediod\u00eda, como de costumbre. Sol\u00edamos comer juntos cada d\u00eda frente al reloj de la previsora, en un muro hediondo a orines. Ustedes saben c\u00f3mo es el Boulevard. No nos importaba. As\u00ed \u00e9ramos nosotros.<\/p>\n<p>Luego regresaba a casa y volv\u00edamos al cuarto a tratar de extraernos el alma por la piel. Un acto tras otro, volv\u00edamos sobre un calco conocido que dejo de ser interesante por su repetici\u00f3n extenuante.<\/p>\n<p>Yo que siempre he sido un fervoroso amante de la poes\u00eda le contagie mi enfermedad. Ella opt\u00f3 por experimentar con el verbo hecho carne: la actuaci\u00f3n y el modelaje. De hecho, la anim\u00e9 a posar desnuda para m\u00ed. Contaba con que tendr\u00eda la prestancia para verse sin tapujos frente al lente. Las primeras fotograf\u00edas fueron desastrosas. Una tras otra fueron desechadas. Una nalga blanca y otra negra. El negativo perfecto dec\u00eda Atenea.<\/p>\n<ul>\n<li>Para esclarecerles un poco sobre mi chica, debo decirles que se fug\u00f3 de su casa a los 15 a\u00f1os. Participo en cierta compa\u00f1\u00eda de arte circense callejero, que se llamaba algo as\u00ed como <em>La novia rebelde<\/em>. Bueno, con esta gente vivi\u00f3 en una especie de comuna, donde prob\u00f3 toda clase de alucin\u00f3genos y drogas artesanales. Se gradu\u00f3 de amante profesional y ascendi\u00f3 a la categor\u00eda de <em>novia comunal. <\/em>Cuando la conoc\u00ed en el edificio San Jorge ya hab\u00eda abandonado su comuna un a\u00f1o antes. Era una mujer nueva, seg\u00fan ella. Ten\u00eda varias muertes encima y dos reencarnaciones (Filosof\u00eda ancestral empaquetada).<\/li>\n<\/ul>\n<p>Despu\u00e9s de un cigarrillo, un vaso de vino y un buen polvo. Esta era su filosof\u00eda. Tem\u00eda morir como una ni\u00f1a desesperada, sin embargo la muerte de los dem\u00e1s le importaba un bledo.<\/p>\n<p>Una fuerte discusi\u00f3n nos llev\u00f3 a golpearnos mutuamente. Me sent\u00ed fuera de s\u00ed, nunca conceb\u00ed pegarle a una mujer. Ella se arrastraba sobre los vasos rotos y buscaba de asestarme un vidrio roto en el cuello. Yo le dec\u00eda que era una maldita loca y que nunca la hab\u00eda querido sino para coger. Que era mierda de perro, que no val\u00eda nada, ni un miserable billete de 2 bol\u00edvares.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de ese incidente volvimos a establecernos sobre una calma chicha. Miles de horas de placer ininterrumpido, solo el perro pincher del vecino nos molestaba el sue\u00f1o de vez en cuando.<\/p>\n<p>Atenea dec\u00eda que lo iba a picar en pedacitos y se lo iba a dar a las palomas en la plaza. Para que estas a su vez se ahogaran tratando de tragar los trozos de carne del perro.<\/p>\n<p>Ese fue mi error, no percibir los peque\u00f1os gestos y expresiones. No le paraba bolas, lo ignoraba sin m\u00e1s. Yo no quer\u00eda abandonarla, pero no me dej\u00f3 opci\u00f3n. El sem\u00e1foro estaba en rojo, pero decid\u00ed pegar la chola a fondo como el loco que era. En este punto la conoc\u00ed en todo su esplendor. Con cuchillo en mano, el vestido rasgado y el l\u00e1piz de labio en toda la cara menos en los labios se present\u00f3 en mi trabajo.<\/p>\n<p>Me argument\u00f3 que la estaba enga\u00f1ando con una ramera del edificio, una tal Roc\u00edo. Una vieja a la que ni le dirig\u00eda la palabra. Solo una vez la ayude a botar la basura. Ignoro porque la referencia con ella. A lo mejor, seg\u00fan me daba cuenta en el ajetreo de la rutina, por el apartamento de la vieja entraban y sal\u00edan hombres a diario. Hasta se perd\u00eda la cuenta. En lo personal no ten\u00eda nada contra ella. Era su vida, no la m\u00eda.<\/p>\n<p>Ese d\u00eda tuve un percance grav\u00edsimo con el due\u00f1o de la papeler\u00eda. Tuve que sacarla del negocio como pude. Era delgada pero fuerte, con huesos pesados cuando se arrechaba. Se seren\u00f3 afuera, me dio un beso y se larg\u00f3 sin mediar palabra. Nunca m\u00e1s la volv\u00ed a ver.<\/p>\n<p>Luego supe que se hab\u00eda ido a vivir a Margarita con unas amigas del grupo de teatro. Me telefone\u00f3 y me cont\u00f3 todo. No obstante respiraba de forma entrecortada en la bocina y dirigi\u00f3 estas palabras inquietantes \u201ca cada cochino le llega su s\u00e1bado\u201d. Unos tres meses despu\u00e9s de aquella llamada recib\u00ed una nota de voz, en la cual me recitaba, mientras seg\u00fan percib\u00ed, daba largos sorbos a un vaso (seguramente de vino) muy suavemente el poema Sefin\u00ed.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Atenea podr\u00eda disimular sus intenciones f\u00e1cilmente. Ella lo hac\u00eda con toda naturalidad. Se hac\u00eda fotografiar desnuda por tipos profesionales o novatos. Como punto de partida para su so\u00f1ada carrera de modelo. Pero no contaba con que siempre dejaba una singular pista sobre el hombre fr\u00edo y sereno tras la muerte: un poema de Juan Gelman. 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