{"id":56965,"date":"2018-02-21T09:08:16","date_gmt":"2018-02-21T13:08:16","guid":{"rendered":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=56965"},"modified":"2018-03-26T11:56:43","modified_gmt":"2018-03-26T15:56:43","slug":"la-tumba-del-doctor-leoni","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2018\/02\/21\/la-tumba-del-doctor-leoni\/","title":{"rendered":"La tumba del Doctor Leoni"},"content":{"rendered":"<p>Siento que, alg\u00fan d\u00eda, en Caracas se van a acabar las cosas para robar. La delincuencia aumenta d\u00eda a d\u00eda y el poder adquisitivo se reduce. Siento que habr\u00e1 un momento en el que los malandros, \u00fanicos poseedores de las riquezas, comenzar\u00e1n a robarse entre ellos, lo que dar\u00e1 paso a un gracioso teatro del absurdo en el que las carteras, las tarjetas de cr\u00e9dito y los celulares ir\u00e1n en ciclo, como el agua, por distintas manos. Esto durar\u00e1 s\u00f3lo un tiempo. Alguien, un poco m\u00e1s perspicaz que el resto, notar\u00e1 el sinsentido de todo y la delincuencia se detendr\u00e1 como un motor obsoleto reemplazado por una maquinaria moderna. Lo que suceda despu\u00e9s ser\u00e1 imposible de predecir o de determinar.<\/p>\n<p>Muy poca gente sabe que, en el cementerio del Este, hay una serie de mausoleos y de tumbas prodigiosas. Muchas de ellas de personalidades que, a lo largo de sus casi seis d\u00e9cadas de funcionamiento, han sido inhumadas en dichos terrenos. Presidentes, personajes del espect\u00e1culo, escritores, m\u00fasicos, millonarios. El Cementerio del Este alberga una mina de oro para quien tenga los pocos escr\u00fapulos de colarse en la noche y apoderarse de muchos de los tesoros que yacen bajo la tierra. Cabe tomar en cuenta que el due\u00f1o, por razones ajenas a su propia voluntad, s\u00f3lo ser\u00e1 capaz de oponer una resistencia muy pasiva y muy leve.<\/p>\n<p>Nos hab\u00edamos organizado bien. El Cementerio del Este es como un gran laberinto, pero en internet y en las voces de sus empleados podemos hallar buenas direcciones, incluso mapas. Hab\u00edamos barajado bien todas las opciones. Cabe en cuenta decir que, en las circunstancias en las que Venezuela se hallaba, no era muy pr\u00e1ctica la moralidad. No era m\u00e1s que un impedimento en el pedregoso camino hacia una vida que ofrezca la posibilidad de un plato lleno y de diversiones, sanas o mundanas, de vez en cuando.<\/p>\n<p>Ra\u00fal Leoni fue el elegido. Yo apenas sab\u00eda qui\u00e9n era. Me sonaba de algo, quiz\u00e1s de alguno de los cuentos que echaba mi abuela mientras asaba las arepas en el aripo que ten\u00edamos en la casa. Tambi\u00e9n sab\u00eda que, gracias a las joyas con las que fue enterrado, nos har\u00edamos millonarios. Hab\u00edamos visto bien las fotos. Incluso, fuimos a la biblioteca Nacional (les aseguro, amigos m\u00edos, que todo fue planeado muy met\u00f3dicamente). Hab\u00eda anillos, brillantes, medallas. Muchas de esas gemas eran donaciones que hac\u00edan dolientes admiradores y miembros del partido al que pertenec\u00eda el presidente Leoni. Lo que m\u00e1s ambicion\u00e1bamos era un collar de oro puro que ten\u00eda el viejo escudo de la rep\u00fablica. Por lo que nos pudimos informar, val\u00eda unos cuantos ceros s\u00f3lo por el peso, sin contar el valor hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>Metimos, en la maleta de la camioneta, picos, palas y hasta un taladro al que un amigo docto en ferreter\u00eda hab\u00eda dotado con una especie de silenciador. Funcionaba con una bater\u00eda recargable que hab\u00eda pertenecido a una vieja motocicleta de uno de mis t\u00edos. Ten\u00edamos bandanas para cubrirnos las caras. A m\u00ed me parec\u00edan una estupidez. Sent\u00eda que cubrirse la cara con bandanas era como estar en el viejo oeste, que era como ser uno de los bandidos que aparec\u00edan en El Zorro. Adem\u00e1s, qui\u00e9n iba a saber de nosotros en esa obscuridad, si acaso alg\u00fan vigilante de paso lento que no tendr\u00eda m\u00e1s que una linterna. Pero el consenso general fue el de utilizar bandanas y, contra el consenso, yo no pod\u00eda hacer nada.<\/p>\n<p>Uno de nosotros brinc\u00f3 la reja del cementerio. Era f\u00e1cil de saltar y no estaba electrificada. El Cementerio del Este no es un lugar que est\u00e9 realmente vigilado. S\u00f3lo unas c\u00e1maras con sensores infrarrojos que son f\u00e1ciles de burlar. El que hab\u00eda entrado, rompi\u00f3 el candado con un napole\u00f3n medio oxidado y abri\u00f3 la reja. Tuvimos que empujar la camioneta apagada. El ruido del motor pod\u00eda alertar a alguien y el plan se nos caer\u00eda de la manera m\u00e1s tonta. No pensamos en algunas de las subidas, que eran realmente empinadas y dif\u00edciles. Por suerte, la tumba del doctor Leoni no estaba tan lejos.<\/p>\n<p>All\u00ed est\u00e1bamos todos, parados frente a la tumba, como en una especie de reverencia. Todos ten\u00edamos las manos entrelazadas. Hab\u00eda una placa grande con letras en relieve. \u00abAl Doctor Ra\u00fal Leoni, presidente de Venezuela en el per\u00edodo 1964 &#8211; 1969. Por parte de su familia, de sus hijos y de sus compa\u00f1eros del partido Acci\u00f3n Democr\u00e1tica. Pienso que, si supi\u00e9semos un poco m\u00e1s de historia de Venezuela, tal vez hubi\u00e9semos entablado una conversaci\u00f3n interesante sobre Leoni y la Cuarta Rep\u00fablica. Pero lo que nos mov\u00eda era la ambici\u00f3n, no la sed de historia contempor\u00e1nea.<\/p>\n<p>Con la ayuda de varios fierros y cabillas, apuntalamos la losa. Ninguno de nosotros sinti\u00f3 asco o miedo, pero ninguno quer\u00eda entrar. Quiz\u00e1s yo, al ser el m\u00e1s joven, era el que ten\u00eda la mayor presi\u00f3n. Yo no quer\u00eda, pero me amenazaron con partirme la cara y la cabeza con los mismos fierros y las cabillas. Adem\u00e1s, seg\u00fan mis compa\u00f1eros, \u00abcantar la zona\u00bb era lo m\u00e1s dif\u00edcil. Mir\u00e9 hacia todos lados. Cada minuto que esperaba, entre la duda y las ganas de echarme hacia atr\u00e1s, era engrosar el riesgo de que nos pescaran y llamaran a la polic\u00eda. Podr\u00edamos caer como unos imb\u00e9ciles.<\/p>\n<p>El sarc\u00f3fago es inmenso, digno de la talla de un presidente. Puede entrar una persona entera con comodidad. Bien acomodadas, podr\u00edan entrar dos y hasta tres personas. La urna no fue dif\u00edcil de abrir. All\u00ed estaba el presidente (o ex presidente), en posici\u00f3n de descanso. Un poco maltratado por el tiempo y la putrefacci\u00f3n, claro est\u00e1, pero con las joyas intactas. En donde yo me hallaba, estaba a salvo de la vista de mis compa\u00f1eros. Comenc\u00e9 a apoderarme de anillos, de medallas y de otras alhajas que, aunque se ve\u00edan de menor importancia y costaban sacar a causa del rigor mortis, no tardaban m\u00e1s de medio minuto en cambiar de due\u00f1o. De un muerto a un vivo (en todo el sentido y la extensi\u00f3n de esta \u00faltima palabra).<\/p>\n<p>Naturalmente, guard\u00e9 algunas medallas y gemas para m\u00ed, aprovechando mi posici\u00f3n y desconfiando de mis compa\u00f1eros que, al ver que tardaba en salir, me apuraban en voz baja. Cualquier grito pod\u00eda ser el fin. De todas formas, ya ten\u00eda el collar presidencial de oro puro, el que ten\u00eda el viejo escudo de la rep\u00fablica. Me dieron la mano para salir. R\u00e1pidamente, guardamos todo el bot\u00edn (todo menos la parte de la que yo me hab\u00eda apoderado sin que ellos se dieran cuenta) en un saco azul. Nos cost\u00f3 m\u00e1s cerrar la losa que abrirla, es pesad\u00edsima, pero pudimos hacerlo. Nos montamos en la camioneta. El trayecto de bajada, gracias a la gravedad, fue mucho m\u00e1s sencillo, tomando en cuenta que ten\u00edamos la camioneta apagada para no hacer ruido.<\/p>\n<p>Con una cadena y un candado que ten\u00edamos de repuesto, uno de nosotros cerr\u00f3 la reja y volvi\u00f3 a brincar. Nadie se dar\u00eda cuenta de que el candado o la cadena hab\u00edan cambiado. Nadie es tan aficionado a su trabajo, mucho menos el vigilante de un camposanto, al que le pagan una miseria en un pa\u00eds con una moneda cada vez m\u00e1s devaluada. El semblante serio nos cambi\u00f3. Nos re\u00edmos nerviosamente y manejamos hasta mi casa.\u00a0 Quitamos la tierra y las marcas del paso del tiempo de varias de las joyas. Las pulimos. Estaban como nuevas. Se notaban que eran joyas de aut\u00e9ntica val\u00eda.<\/p>\n<p>Obviamente es impresionante tener sobre el sof\u00e1 de tu casa el collar que perteneci\u00f3 a un presidente de la rep\u00fablica. Nos daba cosa venderlo, pero necesit\u00e1bamos el dinero para poder sobrevivir. No fue nada dif\u00edcil venderlo. El mercado negro en Caracas y en Venezuela es muy extenso, es como un mundo paralelo donde corre much\u00edsimo dinero. Dinero que, en su totalidad, para nuestra fortuna, consiste en divisas extranjeras. Dientes, u\u00f1as, obras de arte, joyas, escritos. Realmente hay de todo en el peque\u00f1o universo de las transacciones ilegales de la clandestinidad.<\/p>\n<p>He podido vivir bien hasta hoy gracias a las joyas con las que fue enterrado el doctor Leoni. A todos nos rindi\u00f3 el dinero para irnos del pa\u00eds y vivir como personas honradas en otros lugares. Siempre me extra\u00f1\u00f3 que, en una ciudad con tanta delincuencia, a nadie se le hubiese ocurrido hurgar donde nosotros hurgamos. \u00bfQui\u00e9n dice que la Cuarta Rep\u00fablica fue realmente mala? A nosotros nos sigue dando frutos. Quiz\u00e1s no fuimos, somos ni seremos las personas m\u00e1s eruditas en lo que se refiere a historia, pero aprendimos esa noche que, en Venezuela, el petr\u00f3leo no es la \u00fanica riqueza que se puede extraer desde debajo de las piedras.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Siento que, alg\u00fan d\u00eda, en Caracas se van a acabar las cosas para robar. La delincuencia aumenta d\u00eda a d\u00eda y el poder adquisitivo se reduce. 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