{"id":55802,"date":"2017-01-04T06:40:23","date_gmt":"2017-01-04T10:40:23","guid":{"rendered":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=55802"},"modified":"2017-01-04T06:40:23","modified_gmt":"2017-01-04T10:40:23","slug":"la-venta-evaristo-paico-quispe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2017\/01\/04\/la-venta-evaristo-paico-quispe\/","title":{"rendered":"LA VENTA DE EVARISTO PAICO QUISPE"},"content":{"rendered":"<p>Tullinta es una peque\u00f1a comunidad alto andina, con chozas agrietadas que parecen haber resistido suficientes terremotos, chozas dispersas en la llana puna gradualmente alisadas y onduladas, dentro de las elevaciones de la cordillera, y zona abrupta de tierras de secano, adonde las cumbres de engrandecidos cerros ya codician atrapar las nubes cargadas de lluvias y vientos alisios que empujan desde la selva. Entonces la agricultura para esta comunidad se convirti\u00f3 en una actividad demasiado vulnerable para la subsistencia, con un paisaje solitario de esparcidos arbustos doblegados, pero no rendidos, que se parecen a los tercos paisanos de esta zona; y dentro de este panorama, las gram\u00edneas como el ichu son una bendici\u00f3n, ya que se les aprovecha como forraje- para los escasos auqu\u00e9nidos hambrientos que subsisten- y adem\u00e1s como combustible.<br \/>\nAlguna vez los cerros amarillentos o marrones que acorralan a Tullinta existieron envueltos de hielo y crearon peque\u00f1as lagunas con truchas, bagres, ranas y algas; pero eso ya desapareci\u00f3 por el cambio clim\u00e1tico. Pero de todos los cerros de esta comunidad, el que se localiza m\u00e1s contiguo, y es m\u00e1gico, es el cerro de Condorsamana (donde reposa el c\u00f3ndor), y all\u00ed persistentemente dormitan estas aves, las m\u00e1s grandes voladoras del mundo, que pueden remontarse por todos los cielos de la am\u00e9rica del sur.<br \/>\nEl que continuamente llega hasta el cerro Condorsamana es el peque\u00f1o Evaristo Paico Quispe, apacentando su pu\u00f1adito de auqu\u00e9nidos. \u00c9l y su fiel perrita llamada Lucero llegan hasta aqu\u00ed y, aprecian como los c\u00f3ndores se arrojan al vac\u00edo y luego el viento los atrapa, los eleva a estas magn\u00edficas aves hacia lo alto ingresando al cielo andino para ocultarse all\u00ed.<br \/>\nEl peque\u00f1o Evaristo Paico Quispe, al parejo con los dem\u00e1s ni\u00f1os de la comunidad, aparte de asistir con su trabajo, es un ni\u00f1o afanoso que aspira instruirse en todo lo tocante a su comunidad, el concientizarse con su realidad: \u201ccon su pasado y su presente\u201d y aunque s\u00f3lo va a intervalos al colegio, que se localiza a horas de all\u00ed, capt\u00f3 el cari\u00f1o de su profesor Eustaquio Mendo, al que, cuando tiene tiempo, le escucha a solas en el atardecer, las explicas de este profesor.<br \/>\nUna tarde de abatimiento el profesor dec\u00eda:<br \/>\n&#8211; Sabes Evaristo, la Mama Pacha (mam\u00e1 tierra) ya no pretende producir, parece que les lleva la contraria a los comuneros, ella se ha tornado en una fregada, una sediciosa sabe dios por que causa. Si las semillas que con esfuerzo tus tatas las adquieren y no se cansan de sembrar, ella les restituye en min\u00fascula producci\u00f3n; eternamente esto se repite, como una peque\u00f1a limosna repone. Asimismo, las estaciones  se han convertido rebeldes, impensadas, definitivamente extremas en cualquier \u00e9poca del a\u00f1o o en cualquier tiempo. S\u00ed Evaristo, o las profusas lluvias que ahogue y pudra las semillas revent\u00e1ndolas o la nada de nada de lluvias, ni un nublado que resista al sol, que como un infierno recalienta las semillas disec\u00e1ndolas, deshaci\u00e9ndolas en  polvo y junt\u00e1ndolas con la tierra misma. Esto es desde que conservo memoria, desde ni\u00f1o cuando me lo confesaron, hasta que lo vi. As\u00ed ha sido la condenaci\u00f3n, que va desde el inicio de todas las generaciones pasadas hasta hoy.<br \/>\nLa familia de Evaristo Paico Quispe, lo conforma su tata Atanasio Paico, conocido como \u201cNache\u201d, su mama do\u00f1a Agustina Quispe y tres hermanitos menores, los dem\u00e1s hermanos perecieron peque\u00f1os de neumon\u00eda. Evaristo es el mayor con ocho a\u00f1os de edad. Vive en una choza de techo tejido de ichu y paredes apretadas y empotradas de tierra amarilla  y piedras. Las pertenencias con las que cuenta la familia son parejas a la de los dem\u00e1s comuneros. Ellos tienen una perrita pelona llamada \u201cLucero\u201d  y unos auqu\u00e9nidos maltratados por la mala existencia de aqu\u00ed, y que Evaristo los acarrea a pastar en horas conocidas a los ichus.<br \/>\n&#8211; Profesor, todas las gentes del mundo existen as\u00ed como nosotros. En la choza ya merendamos una vez por d\u00eda, en el \u00fanico cuenco que mi mama pone en medio del poncho tirado sobre el suelo. Hoy profesor, no he comido nada, para que mi mama tambi\u00e9n logre meter su mano en el cuenco. Ella est\u00e1 tan flaquita que me da turbaci\u00f3n el  verla tan fr\u00e1gil,  como la espiga del ichu prestita a ser arrancada por el viento. Hoy he colmado mi pancita con el agua transparente de la quebrada y se sent\u00eda rica esta ag\u00fcita, ella me refresc\u00f3 mis tripitas que cantidad me ard\u00edan. Sabe profesor,  hoy tambi\u00e9n escrib\u00ed mi nombre completo con la punta de una espinita, en el tronco del maguey de penca azul, primero puse la \u201cE\u201d y luego las dem\u00e1s letras en el orden que usted me ense\u00f1\u00f3. Abrigu\u00e9 un gran orgullo ver mi nombre completo metido en el tronco del maguey. \u201cBonito es mi nombre y apellidos completos, y ese soy yo\u201d, pens\u00e9.<br \/>\nEl profesor Eustaquio mir\u00f3 la naturalidad de este ni\u00f1o y c\u00f3mo los ni\u00f1os toman la existencia con esperanza. \u201cSe acomodan a todo, pero hasta cuando\u201d se pregunt\u00f3. Sus ojos desearon cargarse de l\u00e1grimas y en un acto conmovido, llev\u00f3 la mirada dilatada al cielo en s\u00faplica.<br \/>\n&#8211; Sabes Evaristo, el agua de tu pancita ya se habr\u00e1 evaporado por tus ard\u00e9ncias, aqu\u00ed en mi mantel, tengo papa y oca preparada, hoy son tuyas.<br \/>\nEvaristo mir\u00f3 a su profesor con agradecimiento y pens\u00f3 que los mayores son buenos atendiendo a los ni\u00f1os. Todos buenos como su taita y este profesor. No as\u00ed la naturaleza y sus elementos, no as\u00ed la Mama Pacha que se desquitaba con ellos, sin haberle hecho nada.<br \/>\n&#8211; Sabes Evaristo, aqu\u00ed en esta zona, antiguamente, te hablo de  numerosos siglos atr\u00e1s, esto era un para\u00edso, todo era armon\u00eda entre el hombre, el cielo y la tierra, todo admirable en esta planicie; todos los hombres unidos cantando, araban con su \u201cchaquitaqlla\u201d y en \u201cminkas\u201d trabajaban las tierras, ingiriendo chicha de ma\u00edz que sus mujeres les alcanzaban. Y si por ejemplo sembraban una papa, \u00e9sta se reproduc\u00eda en aumentos asombrosos en las entra\u00f1as de la Mama Pacha. Hab\u00eda suficiente armon\u00eda y abundancia en esta planicie, y en todos los andes, la grandeza as\u00ed era de enorme. Aqu\u00ed nuestros antepasados se maravillaban mirando la planicie llena de auqu\u00e9nidos: de llamas, alpacas, vicu\u00f1as, guanacos; todo por miles. Sabes Evaristo aqu\u00ed antes hubo un para\u00edso. Pose\u00edamos otra religi\u00f3n m\u00e1s simple, pero nuestra, el sol \u201cInti\u201d nuestro dios, esposo de la luna \u201cMama Quilla\u201d y, las estrellas \u201cQuyllur\u201d eran las hijas de esta relaci\u00f3n, distribuidas por todo el universo de la noche. Y sus dos hijos semidioses aqu\u00ed en la tierra del tata sol y la luna eran el inca y la colla, ambos esposos y hermanos en un incesto sagrado no corrupto. El inca nos reg\u00eda con prudencia y amor, era sensible a nuestras necesidades, y nos valoraba como sus hijos. En esa \u00e9poca ni los ni\u00f1os ni los ancianos  mor\u00edan de neumon\u00eda ni padecimientos estomacales, diarreicos. Los antiguos conoc\u00edan los secretos de todas las plantas curativas y sus usos. Este pa\u00eds Per\u00fa, se llamaba Tahuantinsuyo y era nuestro. Todo se suministraba as\u00ed con paz, armon\u00eda entre todos, alegr\u00eda, bondad y, comentan que ya viv\u00edamos la colmada felicidad. La Mama Pacha y los elementos clim\u00e1ticos nos proporcionaban tambi\u00e9n la mano, y se plasmaba el arco iris que con sus matices se cre\u00f3 la bandera nuestra del tahuantinsuyo. Hasta que arribaron los invasores hisp\u00e1nicos y nos conquistaron, nos invadieron con maldad y ambici\u00f3n, como una indolencia incalculable y mortal. Nos trasfirieron otra religi\u00f3n y nos hicieron probar la manzana prohibida que merendaron Ad\u00e1n y Eva, y de  repente todos nosotros ya est\u00e1bamos llenos de maldad, de perversidad, de  confusi\u00f3n en nuestra sociedad, en nuestra cultura y dentro de nosotros como personas. Y de veracidad ya pose\u00edamos esa malevolencia que nos trajeron ellos a perpetuidad, esa malicia que se llama \u201cpecado\u201d.  Si bien nosotros no percib\u00edamos bien que era un pecado, ya resid\u00eda definido de cualquier modo en  nuestro coraz\u00f3n. Lo parad\u00f3jico es que  conquistadores as\u00ed: ambiciosos, brutales, suicidas y rellenos de tentaciones malditas, demonios perfectos, por no decir el diablo mismo, transportaron  bajo su brazo la Biblia y la religi\u00f3n de un Dios admirable; que expresaba todo lo contrario a lo que hicieron ellos con nosotros. Precisamente malditos permanecemos por esa corrupci\u00f3n que primitivamente no pose\u00edamos. Hoy seguimos confundidos en lo corto de creer en la Mama Pacha y en el Dios indiscutible de ellos. Perpetuamente nos quedamos en la duda, enredados en todo lo que hacemos. As\u00ed ap\u00e1ticos con mezclas de dos fes, o con fe despedazada o con doble fe, as\u00ed qu\u00e9 van a producir estas planicies, \u00fanicamente soportando en aguardo del fin de nuestros cuerpos  y de este mundo andino.<br \/>\nCuando el profesor concluy\u00f3 su explicaci\u00f3n, Evaristo result\u00f3 impresionado por lo que escuch\u00f3, advirti\u00f3 que la tarde ya se marchaba de estas tierras, agradeci\u00f3 a su profesor por la merienda, e inquieto ahuyent\u00f3 sus vicu\u00f1as corriendo detr\u00e1s de ellas con rumbo a su choza, su perrita Lucero corr\u00eda a la zaga ladrando a ratos al viento g\u00e9lido que los envolv\u00eda.<br \/>\nPor la noche, cuando Evaristo dormitaba sobre sus mantas, de nuevo se sacudi\u00f3 bruscamente en la madrugada, as\u00ed se hab\u00eda pasado toda la semana. Era el graznido lastimero del ave malag\u00fcero, llamado \u201ctuku\u201d, graznido o chillido, o anuncio de que lo mal\u00e9fico surg\u00eda de nuevo en su choza, hacia su familia. Tras un a\u00f1o, retornaba esta ave. Para esa \u00e9poca acudi\u00f3 para cargar a su abuelito de este  mundo de los vivos. Patentemente  record\u00f3 como en aquella oscuridad sin luna, el graznido her\u00eda cruzando las paredes y la puerta para introducirse en su choza: \u201cTuku, tuku, tuku\u201d, algo as\u00ed era el graznido que atendi\u00f3 en el silencio sus o\u00eddos. Y record\u00f3 c\u00f3mo en aquella amanecida alcanz\u00f3 arrastr\u00e1ndose por el suelo hacia su abuelito, su taita mayor \u2013 que gem\u00eda por sus dolencias que cargaba en el cuerpo- se envolvi\u00f3 en\u00e9rgico a \u00e9l, a su \u00e1rbol viejo, como acostumbraba llamarlo. Y el anciano jalaba y tiraba el insuficiente aire que exist\u00eda en la choza, era su agon\u00eda. \u201cEse mal\u00e9fico cuco no te va a hacer perjuicio\u201d, as\u00ed le  expres\u00f3 Evaristo al anciano aquella noche. Y para cuando trataba de abrazarlo con m\u00e1s impulso para transferir algo de su calor, descubri\u00f3 que el avejentado cuerpo disipaba prontamente el calor de los humanos, inclusive cuando uni\u00f3 su oreja al aspero pecho  ocupado por fr\u00e1giles  costillas,  aprecio el jadeante retumbar del coraz\u00f3n  del anciano, atendi\u00f3 los tres \u00faltimos latidos que clarito dijeron: tuku, tuku, tu\u2026 el malag\u00fcero graznido de la muerte resid\u00eda en el interior del ya g\u00e9lido cad\u00e1ver. Y luego la mal\u00e9fica ave  surcaba lejano, cargando en su graznido el alma de otro comunero de Tullinta.<br \/>\nAl siguiente d\u00eda, con claro pavor en su nerviosita voz, detallaba a su profesor lo que estaba ocurriendo por la madrugada, que el ave malag\u00fcero surg\u00eda otra vez a descomponer su familia. El profesor le expres\u00f3 que aquella ave no era directamente portadora de comunicar la muerte, sino que podr\u00eda ser que alguien se apartar\u00eda de su choza, alguna ausencia inesperada, un viaje prolongado a otra regi\u00f3n o a otras tierras del pa\u00eds; \u201cEl tuku se ofrece para varias cosas\u201d.<br \/>\nYa sosegado, el profesor le relat\u00f3 que en tiempos del Tahuantinsuyo, cuando el longevo inca iba a partir a la otra dimensi\u00f3n o posada de su tata el sol, se manifestaba el ave sagrada de los incas como un vaticinio, era un ave portentosamente encantadora de admirable plumaje, de siete coloraciones como el arco iris, que simbolizaba la bandera del Tahuantinsuyo, y que expertos cazadores la aprehend\u00edan, para adquirir esas magn\u00edficas plumas con las que se forjaba la nueva \u201cMascapaicha\u201d (corona), con la que regir\u00eda el nuevo inca. El ave sagrada se llamaba \u201cCorequenque\u201d. Ya m\u00e1s tard\u00edamente, emergi\u00f3 para nosotros los indios andinos el \u201cTuku\u201d, pero eso existi\u00f3 posteriormente en el tiempo del virreinato, cuando los espa\u00f1oles instituyeron la mita minera o trabajo forzado en las minas, donde impon\u00edan a nuestra gente efectuar trabajos violentados, esta cruel faena en el cual dicen los cronistas que de cada cien indios que eran trasladados a la mita minera, solo retornaban diez, y al cabo de unos meses frecuentemente sucumb\u00edan estos por lo que tanto hab\u00edan deteriorado su salud, por las permanencias interminables en los socavones de las minas. En esa \u00e9poca la mina m\u00e1s afamada del virreinato exist\u00eda en Potos\u00ed, en un monte llamado Sunraj Orko (cerro magnifico o la boca del infierno), a una elevaci\u00f3n como de Tullinta, lindante al cielo, y fue la m\u00e1s brutal para nosotros. Al final, de los doce millones de habitantes que hubimos en el Tahuantinsuyo, quedamos raleados solo miles. Con la independencia del Per\u00fa nos dejaron en paz.<br \/>\nEvaristo atend\u00eda esa sorprendente e inexplicable historia de crueldad de ambici\u00f3n de asesinar personas por un metal, que de nada sirve, para llevarse tantas vidas; se dijo: \u201cfueron tiempos feos, como la pesadilla que no s\u00e9 porque, a veces me da. Yo poseo sue\u00f1os horribles como usted cuenta. No ser\u00e1 que los indios que murieron en las minas se introducen en mis sue\u00f1os, o es que en mi sangre yo acarreo el recuerdo de esos sufrimientos, pero profesor eso ya pas\u00f3 \u00bfVerdad?\u201d<br \/>\nEl profesor cogiendo la fr\u00eda mano de Evaristo sentenci\u00f3:<br \/>\n&#8211; La explotaci\u00f3n sigue hasta hoy a ocultadas de la ley. As\u00ed dicen \u201ca escondidas\u201d utilizan a ni\u00f1os y a  ni\u00f1as, ambos son manipulados, a las ni\u00f1as se les exigen a ser prostitutas y, a los ni\u00f1os a trabajar en los lavaderos de los deltas de los r\u00edos para extraer oro, emponzo\u00f1ando el organismo de estos peque\u00f1os con mercurio y cianuro que son t\u00f3xicos mortales. Lo ins\u00f3lito es que esta regi\u00f3n maldita de explotaci\u00f3n de ni\u00f1os se llama \u201cMadre de Dios si no fuera por este nombre peor ser\u00edan las cosas, en este pa\u00eds\u201d.<br \/>\nDe nuevo por la madrugada escuch\u00f3 el graznido del tuku. Esta vez concibi\u00f3 el serio miedo que nos traslada al horror. El graznido ya no se hallaba en el interior del silencio de la choza, sino que lo concibi\u00f3 en su pecho, y tanteando con ambas manos sujet\u00f3 su pecho para tasar su latido, apreci\u00f3 en el tacto de sus manos el \u201ctuku, tuku, tuku\u201d; Evaristo Paico Quispe era el escogido. Se qued\u00f3 at\u00f3nito y peor fue cuando atendi\u00f3 la fr\u00eda voz sin melod\u00eda, en quechua, de su tata, que dispuso a su mama: \u201cel destino ha hablado\u201d. Prontamente percibi\u00f3 el sollozo quedito de su mama que no clamaba, ya que mordiscaba las mantas.<br \/>\nAl amanecer su mama escond\u00eda su mirada en el suelo como enterr\u00e1ndola. Su tata mir\u00f3 fijamente a Evaristo con esa ojeada fr\u00eda de piedra sin emociones, le revel\u00f3 la decisi\u00f3n tomada por ellos. A Evaristo se le grab\u00f3 la confusi\u00f3n del instante y de las tantas palabras que su tata  expres\u00f3: \u201cya no hay m\u00e1s dinero para cumplir con otra siembra, aunque sea un \u00faltimo cultivo, ya no hay m\u00e1s que hacer\u201d. Era tremendamente severo para Evaristo ser consciente de la nociva noticia. El entorno cambiaba dr\u00e1sticamente de su cotidiana realidad y de su ser. Evaristo pataleo con impotencia quer\u00eda sacudirse todo lo malo. Arrodillado envolvi\u00f3 con sus brazos las extremidades de su tata, las de su mama, que \u00fanicamente le humedec\u00eda el pelo con sus l\u00e1grimas.<br \/>\nEvaristo ya sentenciado y condenado casi inconsciente miraba ansiando grabar todo con su mirada, todas las partes internas de su choza, guardar en su olfato el humo del ichu que calentaba alguna hierba en los cantaros de barro. Miraba y deseaba palpar su verdad, impresiones terribles con la yema de sus dedos. Como que de repente todo se le hab\u00eda tornado raro y desconocido en esa  amanecida extra\u00f1a de su vida. Mir\u00f3 como sus dos hermanitos complacientes todav\u00eda dorm\u00edan, y alcanzando  la parte m\u00e1s sombr\u00eda de la choza, a modo  de perderse en esa esquina oscura, se hundi\u00f3 de rodillas y empez\u00f3 a gemir calladamente lleno de suspiros, todo se hab\u00eda trasformado en tiempos idos; jam\u00e1s su vida girar\u00eda en torno a ellos. Ya algo acomodado a su sentencia, elev\u00f3 su cara y sus l\u00e1grimas se perdieron en la lengua de su perrita, repar\u00f3 la carita afligida de su Lucero que lo comprend\u00eda, y \u00e9l le dijo: \u201cLucerito me han vendido y hoy partir\u00e9 lejanamente de esta choza y de esta familia y de Tullinta. El tuku sigue palpitando en mi coraz\u00f3n y me arrastra a otro destino\u201d.<br \/>\nCuando parti\u00f3 con su tata con secreto rumbo, Evaristo Paico Quispe suplic\u00f3 a su tata para despedirse de su profesor, y asimismo se\u00f1alar que sus pesadillas ya empezaban a hacerse realidad, a lo que su tata con voz directa y fuerte le dijo: \u201csi no te despides; la superstici\u00f3n dice que alg\u00fan d\u00eda asomar\u00e1s\u201d. Su tata lo jalaba con fuerza, como se tira a un auqu\u00e9nido terco en el avanzar, en cada jal\u00f3n que le proporcionaban, Evaristo conceb\u00eda que le desgarraban sus ra\u00edces de esta puna. Su mama chill\u00f3 con todas sus nervios su nombre, esa voz retumb\u00f3 en todos los cerros del alrededor y alcanzaron como ecos pla\u00f1ideros en los o\u00eddos y coraz\u00f3n de Evaristo, \u00e9l gir\u00f3 para ver esa postrera imagen de su mama. Ella permanec\u00eda inclinada en el suelo, desbaratada, golpeaba con dureza la tierra, sus l\u00e1grimas ca\u00edan al polvo, se plasmaron en barro. \u201cAs\u00ed hubieran llovido los cielos para no vender a Evaristo\u201d. Mientras se retiraban tata e hijo, en la lejan\u00eda, la choza se hund\u00eda m\u00e1s en la planicie. Y el cerro \u201cCondorsamana\u201d se encumbraba  m\u00e1s y m\u00e1s, como un tit\u00e1n y los c\u00f3ndores se arrojaban a volar.<br \/>\nLlegando al lugar de reuni\u00f3n, los esperaba el par\u00e1sito social: \u201cEl Enganchador\u201d, puntual era este se\u00f1or, pose\u00eda la apariencia de un empresario que le sonre\u00eda la fortuna, era obeso de cara caritativa inspiraba confianza. Al instante llegaron a un acuerdo. Este de reojo evalu\u00f3 al peque\u00f1o, y colm\u00f3 las manos del comunero con diversos billetes de alto valor. El comunero vio una riqueza en esto y vaticin\u00f3 que con ello le alcanzar\u00eda para algunos cultivos. Y para terminar de quitar la desconfianza del comunero, el enganchador le asegur\u00f3: \u201clo cuidar\u00e9 bastante bien, tal buen tata, como lo ha sido usted\u201d.<br \/>\nEl tata expres\u00f3 en quechua a Evaristo: \u201csabes hijo, no es de humanos hacer lo que te estoy haciendo, deseo que entiendas que es por la miseria. Pero yo poseo fe en ti, que en un plazo volver\u00e1s a nosotros. Recuerdas cuando eras m\u00e1s criatura, y se complic\u00f3  tu salud hasta cerca de morir. Y no pose\u00edamos las hierbas apropiados para aliviarte. Con tu perrita Lucero hice el trueque para conseguir aquellas pajas necesarias para reponerte, te sanaste. Luego estando tu sano  apareci\u00f3 la tristeza en tu coraz\u00f3n por la ausencia de tu perrita.  Recuerdas que en una amanecida insospechada te sacudi\u00f3 el ladrido de ella. Siendo Lucero un animal hall\u00f3 la vuelta. Tu hijo si te lo planteas encontrar\u00e1s el camino a nosotros. Se terco hijo, se porfiado en volver, en querer venir a nosotros, la porf\u00eda todo lo puede\u201d.<br \/>\nEl peque\u00f1o Evaristo Paico Quispe, ya con diferente car\u00e1cter, con fuerza en lo que indicaba, le solicit\u00f3 una promesa a su tata: \u201cs\u00f3lo quiero que me digas, que por m\u00e1s que se desgaste este dinero en malas cosechas, nunca vender\u00e1s a ninguno de mis hermanitos\u201d. Su tata descendiendo por primera vez la vista manifest\u00f3: \u201cte prometo eso hijo, esto te prometo: ya no entregar\u00e9 a otro m\u00e1s, si la Mama Pacha no me repone en las cosechas\u2026 todos los que quedamos  como familia nos destruiremos\u201d.<br \/>\nProntamente apreci\u00f3 las manos duras como de pedrusco g\u00e9lido de su tata en sus espaldas, que lo ced\u00edan, a las manos obesas y calientes de su desconocido due\u00f1o. Concibi\u00f3 la sumisa transferencia gen\u00e9tica de los indios que trabajaron en la mita minera del virreinato. Una vez que el comunero se apart\u00f3. El enganchador dijo: \u201ctu tata cree que carga una riqueza en sus manos. Sabes cholito,  nada cuestas\u2026 en fin, serranos mulos que no saben c\u00f3mo camina este mundo\u201d.<br \/>\nConforme el cami\u00f3n iba descendiendo por los andes, Evaristo reparaba que su cielo andino, que su aire l\u00edmpido, que el g\u00e9lido paisaje de su comunidad Tullinta, se separaba de \u00e9l. Se retiraba dando paso a otras geograf\u00edas, incluso el sol ten\u00eda otra luz y calor. Un horrible viaje, repleto de oscuridades y dudas. Si bien su pasado estaba muy presente con intensidad e insistencia, el miedo lo quebraba. Ya intu\u00eda en qu\u00e9 concluir\u00e1 esto: tal vez los momentos del pasado se alargar\u00edan perenemente o tal vez se liquidar\u00eda cuanto antes\u2026 detr\u00e1s del adi\u00f3s \u00bfqu\u00e9 queda? se pregunt\u00f3.<br \/>\nEn el mismo trayecto, el enganchador le manifest\u00f3 que a partir de hoy adquirir\u00eda otro nombre: \u201ceste ser\u00e1 tu verdadero nombre, te llamar\u00e1s Francisco Araujo Guevara, y aqu\u00ed en mis manos est\u00e1n tus nuevos nombres,  esta es tu nueva partida de nacimiento, y desconocer\u00e1s  los nombres y apellidos falsos con que te asent\u00f3 tu tata\u201d.<br \/>\nCuanto peso ten\u00eda en su percepci\u00f3n estas palabras. Y su nombre, por el que se le hab\u00eda llamado en toda su breve vida, en Tullinta \u00bfen qu\u00e9 quedaba? En los m\u00e1s profundo de Evaristo, en su conciencia: \u201cya no era \u00e9l\u201d. Su actual falso nombre o quiz\u00e1s ya el verdadero, poseer\u00eda otra combinaci\u00f3n de letras pr\u00e1cticamente inciertas, que le asignar\u00edan otra personalidad y  supuso que cambiar\u00edan sus facciones en otra cara. Especul\u00f3 que  al garabatear su nombre en los troncos del maguey, de alguna manera desgast\u00f3 su nombre y apellidos que le pusieron sus tatas.<br \/>\nYa no se consideraba genuino, ni aut\u00e9ntico, sin identidad, se sent\u00eda una maza de sentimientos imprecisos. Se pellizcaba la piel de sus brazos, se lastimaba con las u\u00f1as, no conceb\u00eda dolor, se apreci\u00f3 ausente dentro de su cuerpo. Quiz\u00e1s su nombre siempre fue artificial, como el  nombre que recientemente le asentaron. O \u00e9l era el m\u00e1s artificial de todos: \u201cuna mercanc\u00eda\u201d.<br \/>\nYa sucedido el tiempo, en un delta aur\u00edfero donde era explotado hasta no m\u00e1s, en la selva de Madre de Dios. Descubri\u00f3 que el infierno se da en la vida del desamparado, cuando no hay  quien proteja, puesto que cada ser lleva en si un destino incierto cuando no haya alguien que proteja. Determin\u00f3 que su existencia no pod\u00eda continuar siendo gris. Se desanim\u00f3 a ser porfiado como su perrita Lucero. Se desalent\u00f3 a vivir est\u00e1 forma de vida, o mejor decir: \u201ca vivir\u201d. Sinti\u00f3 la inquietud de seguir su propio camino,  de terminar con este mal destino. Otra vida, otro mundo; \u201cdiferente a los andes de Tullinta pegadito al cielo, y a la explotaci\u00f3n inhumana en esta selva salvaje\u201d.<br \/>\nEstando en la bocatoma del delta, reconoci\u00f3 que su cuerpo infantil estaba intensamente malogrado, y que ya no dar\u00eda para m\u00e1s. Vio el agua aur\u00edfera cargada de sustancias t\u00f3xicas,  trag\u00f3 todo lo que pudo. Lo sacaron convulsionando a la orilla para que agonizara tal como un perro sin due\u00f1o.<br \/>\nDe repente Evaristo Paico Quispe repar\u00f3 que en la hondura oscura donde ahora se hallaba, una luminosidad igual al tata sol,  lo absorb\u00eda y se dej\u00f3 llevar. Para advertir que se encontraba en la cumbre del cerro Condorsamana. Mir\u00f3 como los c\u00f3ndores se lanzaban a volar y \u00e9l igualmente salt\u00f3 al vac\u00edo. Sinti\u00f3 las g\u00e9lidas manos duras de su tata que ahora si lo sujetaban. Luego esas manos se suavizaron como algod\u00f3n, y por fin las sinti\u00f3 humanas. Descubri\u00f3 que pod\u00eda volar, pero  no era un c\u00f3ndor, sino que se hab\u00eda convertido en parte del viento de su comunidad. Desde esa altitud consigui\u00f3 ver toda la extensi\u00f3n de la planicie de Tullinta. Y repar\u00f3 en su choza,  atendi\u00f3 el  alegre ladrido de una perrita vieja que lo reconoc\u00eda: era Lucero que gozosa meneaba la cola. Penetr\u00f3 en la choza, y como  una armoniosa brisa rodeo a su canosa mama, esta dijo: \u201ceres tu Evaristo\u201d y ella con nervios cogi\u00f3 sus entra\u00f1as. En seguida se desliz\u00f3 al terreno est\u00e9ril adonde se hallaba su tata, Evaristo lo abrig\u00f3, su tata sinti\u00f3 su presencia, call\u00f3 de rodillas sollozando, machacaba unas hierbas venenosas. Misteriosamente, unas nubes benevolentes cargadas de agua empezaron a caer en lluvia sobre Tullinta, formando un hermoso arco iris semejante a la bandera del antiguo Tahuantinsuyo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tullinta es una peque\u00f1a comunidad alto andina, con chozas agrietadas que parecen haber resistido suficientes terremotos, chozas dispersas en la llana puna gradualmente alisadas y onduladas, dentro de las elevaciones de la cordillera, y zona abrupta de tierras de secano, adonde las cumbres de engrandecidos cerros ya codician atrapar las nubes cargadas de lluvias y [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1527,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[1],"tags":[],"class_list":{"0":"post-55802","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-azares"},"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pfpCD-ew2","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/55802","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1527"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=55802"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/55802\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=55802"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=55802"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=55802"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}