{"id":55067,"date":"2016-10-07T09:27:53","date_gmt":"2016-10-07T13:27:53","guid":{"rendered":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=55067"},"modified":"2016-10-07T09:27:53","modified_gmt":"2016-10-07T13:27:53","slug":"alimentacion-sociedad-venezuela-apuntes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2016\/10\/07\/alimentacion-sociedad-venezuela-apuntes\/","title":{"rendered":"Alimentaci\u00f3n y sociedad en Venezuela; algunos apuntes"},"content":{"rendered":"<h2 style=\"text-align: justify\"><b>Introducci\u00f3n<\/b><\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">El primer t\u00edtulo que pens\u00e9 para este texto fue \u201cHambre\u201d. Quer\u00eda hablar del dolor y de los terrores de la falta de alimentos. Mi plan no era muy ambicioso tampoco. Para un ensayo exhaustivo y sentido sobre el tema del hambre en Venezuela ya tenemos el reportaje que public\u00f3 recientemente la <a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=_22FeI4172s\" target=\"_blank\">BBC<\/a> o los numerosos art\u00edculos que han aparecido por ah\u00ed de gente <a href=\"http:\/\/www.elcorreodelorinoco.com\/escasez-venezuela-comer-la-basura-se-ha-hecho-viral\/\" target=\"_blank\">hurgando en la basura<\/a> para conseguir alimentos o de c\u00f3mo algunos intentan sobrevivir con una dieta a base de mangos y galletas de soda.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">Mi intenci\u00f3n era hablar de algo m\u00e1s micro. Suelo traer este tipo de realidades a lo que me rodea, a lo que estoy viviendo. Quer\u00eda hablar de c\u00f3mo yo he estado experimentando el hambre, una sensaci\u00f3n con la que jam\u00e1s me hab\u00eda enfrentado con tanta desesperanza como en este 2016. Seguramente mi hambre no es igual a la de muchas familias que solo pueden hacer una comida al d\u00eda, pero se ha convertido en un elemento importante en mi vivencia cotidiana. Sin embargo, hablar del hambre me result\u00f3 corto; como muchas de las comidas que hago actualmente: me supo a poco.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">Por eso empec\u00e9 a pensar y a leer sobre la comida como elemento a social. Empec\u00e9 a organizar informaci\u00f3n que fui encontrando no solo en las letras, sino tambi\u00e9n en los testimonios de aquellas personas a quienes he tenido la suerte de entrevistar recientemente para los estudios que he realizado en estos \u00faltimos meses. Hist\u00f3ricamente la comida ha moldeado la experiencia humana. Este momento que vivimos no es la excepci\u00f3n. Quise escribir un par de reflexiones al respecto.<\/span><\/p>\n<h2 style=\"text-align: justify\"><b>La vuelta a casa<\/b><\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">\u00bfQui\u00e9n come fuera de casa hoy en Venezuela? A\u00fan hay muchos que lo hacen. Todav\u00eda hay muchos restaurantes que se llenan los fines de semana o los viernes de quincena. Tal vez no tanto como antes, tal vez no con la misma frecuencia de otros tiempos, pero a\u00fan sigue sucediendo. Me alegro por aquellos que pueden, pero la realidad es que cada vez son menos quienes est\u00e1n en la capacidad de darse ese \u201clujo\u201d; porque ahora es un lujo. La inflaci\u00f3n ha afectado todas las categor\u00edas de alimentos, eso lo vivimos d\u00eda a d\u00eda cuando salimos a intentar abastecer nuestros hogares. Esos aumentos repercuten, obviamente, en los precios de las comidas que compramos ya hechas. Ir a un restaurante representa un desembolso important\u00edsimo que cada vez m\u00e1s gente prefiere invertir en comprar comida para tener en sus hogares. En mi caso, por ejemplo, con lo que puedo invertir en una cena sencilla para dos, resuelvo la cena y parte del desayuno en mi casa, donde vivimos siete personas. Al poner estos dos escenarios en una balanza, no es muy dif\u00edcil encontrar el ganador.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">Cada vez me voy encontrando con m\u00e1s personas que, cuando las entrevisto, se r\u00eden en mi cara ante la pregunta de \u201ccada cu\u00e1nto salen a comer en familia\u201d. Esa comida especial de los fines de semana est\u00e1 cambiando: de ser comprada y\/o consumida fuera de casa ahora es preparada en el propio hogar. Estamos volviendo al seno, al n\u00facleo. Me llama la atenci\u00f3n que esto est\u00e9 sucediendo al mismo tiempo que todos en el pa\u00eds hablan de una \u201ccrisis de valores\u201d, de una p\u00e9rdida de los pilares que nos sostienen como sociedad civilizada. \u00bfEs casualidad que en este momento en el que percibimos a nuestra sociedad en crisis estemos buscando con ah\u00ednco alimentarnos en lo m\u00e1s central de nuestra estructura social: la familia? Y no solo volvemos a comer all\u00ed, sino que nos llevamos un pedacito de la casa a todas partes: a la oficina, a la universidad, al colegio.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">Pero no es solo un tema econ\u00f3mico. A los precios se le suma la suspicacia. Venezuela atraviesa una crisis bien particular: no hay ning\u00fan tipo de producto (alimentos, limpieza, usted n\u00f3mbrelos); se escuchan historias terribles de \u201ccomerciantes\u201d inescrupulosos que venden leche en polvo mezclada con cal, caf\u00e9 mezclado con tierra y otras combinaciones. Aumentan las estad\u00edsticas de personas enfermas con virosis producto de la calidad del agua que estamos consumiendo. Si bien no asegura nada, al menos el hecho de llevar algo preparado en el propio hogar da una sensaci\u00f3n de higiene y seguridad que nos ayuda a manejar el tema de la comida con un poco menos de angustia. No es en Venezuela, pero en el estudio de Anigstein (2013) se encuentra c\u00f3mo algunos j\u00f3venes universitarios chilenos resaltan lo casero como uno de los elementos que construyen su concepci\u00f3n de la \u201ccomida ideal\u201d. Esta caracter\u00edstica de \u201ccasero\u201d est\u00e1 compuesta por lo sano de la comida y el tiempo que pudieran invertir en prepararla y consumirla. Esos estudiantes parec\u00edan asociar la comida casera con el cuidado materno, con esa protecci\u00f3n que da la madre cuando puede alimentar a sus hijos en el hogar. Comer en casa es s\u00edmbolo de salud y protecci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">Dicen M\u00e9ndez y Espejo (2014) que la distancia que hay entre productor y consumidor hace que las personas creen una especie de suspicacia con respecto a la procedencia de lo que consumen, llevando a que se preocupen m\u00e1s por llevar h\u00e1bitos alimenticios saludables. En Venezuela, a esto se le suma lo turbio de los procesos que puede haber en ese trayecto. Uno como consumidor cada vez desconf\u00eda m\u00e1s. En especial en estos momentos tan extra\u00f1os en los que aparecen marcas nuevas o nunca antes probadas; marcas de esas que com\u00fanmente llamamos \u201ctapa amarilla\u201d, esas de los empaques terribles que en otra \u00e9poca hubi\u00e9semos obviado categ\u00f3ricamente. Hoy no nos queda de otra que plegarnos a esas marcas o acudir a \u201cmercaditos populares\u201d de los que no siempre tenemos claridad de d\u00f3nde vienen los productos que ofrecen. Hoy hay mucha distancia entre lo que consumimos y nuestra seguridad de no estarnos haciendo da\u00f1o, por lo que la estrategia m\u00e1s efectiva para disminuir esa angustia es apelar, en la medida de lo posible, a la comida preparada en casa. Al menos as\u00ed nos podemos asegurar que esos productos de dudosa procedencia han sido de alguna forma \u201cpurificados\u201d bajo m\u00e9todos que, si bien puede que no sean los m\u00e1s efectivos, al menos estamos seguros de que ocurrieron, pues nosotros mismos nos encargamos de que as\u00ed fuera.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">La comida casera termina representando un abrazo materno que los venezolanos hemos estado anhelando por a\u00f1os. Un abrazo que nos diga \u201ctranquilo, todo est\u00e1 bien, aqu\u00ed no te va a pasar nada\u201d. Pensar en esto me recuerda las l\u00edneas finales de la canci\u00f3n \u201cThe Poet and the Pendulum\u201d, de la banda finlandesa Nightwish. Una traducci\u00f3n libre y tosca ser\u00eda algo como esto: \u201cTranquilo, hijo m\u00edo\/ est\u00e1s en casa\/ \u00bfCu\u00e1ndo te volviste tan fr\u00edo\/(&#8230;) Todo lo que necesitas es sentir mi amor\u201d. Todo lo que parece que necesitamos, en algunos momentos, es un poco de amor en forma de comida casera. Esa es una de las cosas a las que podemos apelar con actitud esperanzadora en estos tiempos que corren.<\/span><\/p>\n<h2 style=\"text-align: justify\"><b>Ajenos en un pa\u00eds propio<\/b><\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">Uno de los momentos m\u00e1s emocionantes que vivo como investigador es cuando diferentes personas en diferentes ciudades me dan respuestas iguales o similares a una misma pregunta. Recientemente, en varios estudios tuve que preguntar a muchas personas (en Caracas, en Maracay, en Barquisimeto, en Maracaibo) c\u00f3mo describ\u00edan la situaci\u00f3n econ\u00f3mica que viven actualmente. Una palabra salt\u00f3 m\u00e1s de una vez. \u201cCa\u00f3tica\u201d. La explicaci\u00f3n, cuando les ped\u00eda que desarrollaran la idea, tambi\u00e9n era m\u00e1s o menos consistente: \u201cCa\u00f3tica porque no s\u00e9 en qu\u00e9 momento se me fue de las manos\u201d. Eso, aunado al discurso con el que me he encontrado tambi\u00e9n de \u201cvolv\u00ed del extranjero a Venezuela hace poco y no reconozco mi pa\u00eds\u201d, me hacen pensar en la teor\u00eda de que muchos venezolanos hoy estamos en un pa\u00eds que no identificamos como ese que llevamos en el coraz\u00f3n, ese en el que crecimos, en el que viv\u00edamos hasta hace dos, tres o cuatro a\u00f1os (teniendo en cuenta de que hace dos, tres o cuatro a\u00f1os tambi\u00e9n hab\u00eda indicadores claros y palpables de debacle y declive).<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">\u201cMigraci\u00f3n\u201d es una palabra que se ha hecho parte de nuestra idiosincracia recientemente. Pero me parece que no son inmigrantes \u00fanicamente aquellos que abandonaron nuestro territorio para atreverse a so\u00f1ar en otras latitudes. Creo que tambi\u00e9n quienes a\u00fan estamos aqu\u00ed nos hemos vuelto inmigrantes en una Venezuela alterna en la que no sabemos vivir, en la que no nos sabemos mover, de la que no sabemos exactamente c\u00f3mo salir y a la que nos negamos un poco a acostumbrarnos, aunque tenemos clara la idea de que debemos ajustarnos en cierta medida para no morir arrollados por la estampida.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">Ser inmigrante supone un mont\u00f3n de procesos que no me interesa abordar en este texto; primero porque no es el foco, y segundo porque tampoco sabr\u00eda (a\u00fan) c\u00f3mo aproximarme a semejante tema tan complejo y sensible. Pero algo que me parece clave para quien emigra es el tema de las comidas, porque como dice Rossi: \u201cAl sentarnos a comer, no advertimos que en ese acto cotidiano se agazapa la historia entera de la humanidad. (&#8230;) no comemos comida, comemos emblemas\u201d (2013). La comida que a\u00f1oramos no representa \u00fanicamente el alimento como objeto, sino toda la historia, toda la emocionalidad, todos los recuerdos que guarda en cada bocado, en cada ingrediente, en cada paso de su elaboraci\u00f3n, en cada elemento de su sabor.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">Seg\u00fan M\u00e9ndez y Espejo (2014) los estudios demuestran que, en algunos casos, cuando un inmigrante llega a un ambiente nuevo, no se da un proceso de aculturaci\u00f3n, de asimilaci\u00f3n o resistencia en lo que respecta a la alimentaci\u00f3n. Lo que sucede es un proceso complejo en que el inmigrante fluct\u00faa entre la adquisici\u00f3n de las caracter\u00edsticas de la cultura dominante y la conservaci\u00f3n de los lazos que lo unen a su cultura de origen. Como he estado diciendo en l\u00edneas anteriores, entre la p\u00e9rdida de ingredientes comunes, de marcas cl\u00e1sicas del mercado venezolano, de normas, valores, instituciones, personalidades, amigos, familiares, los que a\u00fan estamos aqu\u00ed en Venezuela terminamos sinti\u00e9ndonos en un pa\u00eds totalmente nuevo y empezando a desarrollar comportamientos de inmigrantes.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">Este cambio supone verse en una posici\u00f3n como la que se\u00f1alan M\u00e9ndez y Espejo en su art\u00edculo. Nos encontramos tratando de acoplarnos a esta nueva cultura, a estos nuevos ingredientes a los que no est\u00e1bamos acostumbrados. Tenemos que empezar a sacar el mayor provecho de las papas, la yuca, el br\u00f3coli, la avena, todos elementos que ya utiliz\u00e1bamos pero solo como herramientas accesorias, no como ingredientes centrales. Pero tratamos de mantenernos ligados a nuestra cultura de origen, entonces buscamos hacer arepas de pl\u00e1tano o de \u00f1ame, pasticho con papas, incluso carne mechada con conchas de pl\u00e1tano o bistecs hechos de harina de trigo. Buscamos mantener esos elementos que nos recuerdan la Venezuela en la que viv\u00edamos, las comidas que nos traen los elementos que conectan con nuestra identidad nacional, grupal e individual. Dice Rossi (2013) que a trav\u00e9s de la comida los inmigrantes recrean el hogar perdido; y en ese recrear, en esa b\u00fasqueda se nos pasan buena parte de las horas de esta vivencia.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">Y es que, al menos desde mi punto de vista, nuestra identidad se extiende a todo lo que hacemos, a todo lo que tenemos, a todo lo que <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">somos<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">. En mi caso, por ejemplo, tendr\u00eda que hablar aqu\u00ed de las chucher\u00edas. Caminar por kioscos de Caracas sin poder encontrar mis galletas favoritas o vi\u00e9ndolas a precios exorbitantes, me hace sentir que estoy caminando por calles desconocidas. Se nos est\u00e1 diluyendo parte de la identidad en esas p\u00e9rdidas que pueden parecer tan peque\u00f1as. Se nos pierden los puentes que nos conectan con quienes somos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">Pero, como dicen, a una puerta que se cierra, muchas otras se abren. Hemos ido encontrando sustitutos. Yo, al menos, he empezado a buscar otras galletas, otros chocolates, otras marcas que me ayuden a cubrir mi necesidad de az\u00facar. Cuando voy a un establecimiento ya con el objetivo de buscar una de estas galletas extra\u00f1as, siendo que me desconozco, pero a la vez siento que me reconstruyo. Es asumir una identidad distinta porque, a fin de cuentas, estoy en un pa\u00eds distinto y tengo que asumir actitudes distintas para poder adaptarme. De aqu\u00ed a unos a\u00f1os, imagino a mis hijos o a mis nietos comprando galleticas de coco porque \u201cestas son las que le gustan al viejo C\u00e9sar, porque eran las que se consegu\u00edan cuando Maduro era presidente\u201d.<\/span><\/p>\n<h2 style=\"text-align: justify\"><b>El \u00e1gape se diluye<\/b><\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">Festejar incluye comida. No es algo exclusivo de Venezuela ni mucho menos. Los momentos especiales, incluso no necesariamente festejos, suponen una especie de comida ritual. En nuestros encuentros sociales lo vemos. La conversaci\u00f3n se da alrededor de una comida, de unos \u201csnacks\u201d, de \u201calgo para picar que trajo fulana o mengano\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">En otros momentos, el anfitri\u00f3n se jactaba y dec\u00eda \u201cno se preocupen, que yo pongo la comida\u201d. Semejante sentencia nunca ha sido tomada en broma por los comensales. Supone un compromiso de al menos preguntar si se lleva algo. Pero en otras \u00e9pocas tambi\u00e9n escuch\u00e1bamos cosas como \u201csi Fulano dice que pone todo, es que pone todo; a \u00e9l le gusta eso\u201d. Y no es raro que le guste. Formar un \u00e1gape es algo que nos agrada a todos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">\u201c\u00c1gape\u201d, seg\u00fan la segunda acepci\u00f3n de la RAE, es un banquete. Se ha ido consolidando como una palabra para describir una comida abundante y con cierta connotaci\u00f3n fraternal. No en balde, para los griegos \u201c\u00e1gape\u201d hac\u00eda referencia a un amor incondicional, un amor donde quien ama s\u00f3lo tiene en mente el bienestar del otro; que el ser amado est\u00e9 bien es el \u00fanico objetivo. \u00bfNo se parece esto a lo que ya les hab\u00eda comentado del amor maternal y la comida? \u00bfNo son entonces las celebraciones donde incluimos comida una forma de proteger, de amar, de querer, de cuidar al otro? \u00bfNo le estamos ofreciendo nuestro cari\u00f1o m\u00e1s profundo a alguien al invitarlo a comer, al llevarlo a una reuni\u00f3n, a un \u201cbanquete\u201d?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">Para Rossi (2013), el \u00e1gape es amor; ofrecer comida a los amigos es la forma por excelencia de mostrar amor. Traemos a alguien m\u00e1s para que consuma el producto de nuestro esfuerzo o el de nuestro hogar. Muchas de las personas con las que he conversado \u00faltimamente me dicen lo mismo: una de las cosas que m\u00e1s disfrutan de cocinar es el hecho de poder agradar a los dem\u00e1s, de que todos queden satisfechos, de escuchar las alabanzas a la comida que prepararon, de lograr generar sensaciones positivas en los dem\u00e1s. Para quienes tienen hijos, cocinar y alimentar son actos de protecci\u00f3n; es lo m\u00e1s primitivo: \u201ctengo que velar por el bienestar y la supervivencia de este cachorro que est\u00e1 a mi cargo\u201d. Traer a alguien a tu casa a comer es la demostraci\u00f3n m\u00e1s grande de tus ganas de protegerlo, de darle cari\u00f1o, de incluirlo en tu grupo. No en vano las parejas parecieran formarse en torno a la comida, a las salidas a cenar, a los desayunos compartidos, a los almuerzos con la familia de alguno de los dos; un chiste en internet versa \u201cuna relaci\u00f3n consiste en preguntarse mutuamente qu\u00e9 quieren comer, hasta que alguno de los dos muere\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">Sin embargo, aqu\u00ed en Venezuela, la instituci\u00f3n del \u00e1gape pareciera estarse cayendo o, al menos, diluyendo. La comida sigue manteniendo su valor como un elemento que denota protecci\u00f3n, amor, cari\u00f1o, pero las condiciones no est\u00e1n para compartirla con todos todo el tiempo. Ahora las invitaciones a comer se piensan. Que alguien se quede a dormir se analiza mejor, se advierte \u201cpero sabes que ya no podemos comer arepas, como antes\u201d. El invitado ya lo sabe, comenta \u201cyo me quedo, pero me voy temprano para no fastidiar con la comida\u201d. Cada vez son menos las fiestas o las reuniones en que el anfitri\u00f3n anuncia a boca llena que \u00e9l pone todo, que no se preocupen por la comida. Ahora los invitados, por iniciativa propia, llevan sus cosas. Las celebraciones son menos ostentosas. Pareciera que la situaci\u00f3n nos restringe de cierta forma y atenta con nuestra comensalidad grupal, que se considera uno de los pilares de la sociedad humana tal cual como la conocemos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">\u00bfEsto quiere decir de alguna forma que nos estamos deshumanizando? Bueno, esa respuesta va a depender de a qui\u00e9n le preguntes y sobre qu\u00e9 elemento en espec\u00edfico de la \u201chumanidad\u201d estemos hablando. En lo que respecta al \u00e1gape en Venezuela, me parece que no. M\u00e1s all\u00e1 de que cada vez se haga m\u00e1s dif\u00edcil montar las comilonas que hac\u00edamos hace unos a\u00f1os o, incluso, hace meses, la gente todav\u00eda lo sigue intentando. \u00bfPor qu\u00e9?, porque como dice la misma Rossi: \u201cno hay festejo sin comida tot\u00e9mica compartida\u201d (p. 18, 2013). Se buscan alternativas, se buscan maneras, la gente utiliza las fiestas para \u201cdarse un gustico\u201d. Lejos de perder su valor social, la comida va adquiriendo una significaci\u00f3n de gusto y de placer, de conectar con una vida anterior. Hace mucho que la comida dej\u00f3 de ser una necesidad fisiol\u00f3gica b\u00e1sica; estamos hablando de una necesidad social y psicol\u00f3gica. Una b\u00fasqueda de nuestras cualidades sociales a trav\u00e9s de la \u201cexcusa\u201d de la comida. La alimentaci\u00f3n puede ser uno de los s\u00edmbolos principales de nuestra crisis y decadencia, pero tambi\u00e9n se convierte en una de las banderas con las cuales buscamos recuperar nuestra naturalidad, nuestra venezolanidad, nuestra vida com\u00fan. Tratamos de que la comida siga estando presente, hoy m\u00e1s que nunca, as\u00ed sea en las malas, porque \u201cmomento en que se degusta, se recuerda, se r\u00ede, se charla, se discute, se traga, se mastican cuestiones humanas, se tejen acuerdos\u201d (Rossi, 2013, p. 18).<\/span><\/p>\n<h2 style=\"text-align: justify\"><b>Resistencia<\/b><\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">Esta cita de Ocarina Castillo, me parece crucial:<\/span><\/p>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">Y hablamos de elecci\u00f3n porque el hecho de comer (\u2026) encierra un acto de libertad al escoger entre las posibles opciones que se ofrecen al sujeto. Limitadas solamente por los criterios de valoraci\u00f3n que cada comunidad hace en funci\u00f3n de su sistema de representaciones. (\u2026) Escoger lo que se come y c\u00f3mo se come es, adem\u00e1s de una experiencia liberadora y autocomplaciente, una forma de autoidentificaci\u00f3n y comunicaci\u00f3n (2012, p. 64).<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">Es mucho lo que se puede desglosar y analizar de esta afirmaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">No deber\u00eda chocarnos esa concepci\u00f3n de la alimentaci\u00f3n como un acto de libertad. Sin embargo, recuerdo que la primera vez que le\u00ed ese texto, hace ya un a\u00f1o y medio, me activ\u00f3 muchas alarmas en el cerebro. \u00bfPor qu\u00e9? Porque en Venezuela parece que comer se va haciendo cada vez menos un acto de libertad. Esa escogencia entre las \u201cposibles opciones que se ofrecen al sujeto\u201d est\u00e1 alej\u00e1ndose de la realidad que vivimos. Me recuerda esta concepci\u00f3n de la libertad \u201cbuena\u201d y la \u201cmala\u201d, donde la buena es un estado ideal en el que realmente puedes elegir entre todas las opciones posibles, donde realmente hay una elecci\u00f3n, donde de verdad escoges lo que quieres de toda la gama de posibilidades; mientras que la mala es aquella libertad en la que puedes \u201cescoger\u201d entre el pu\u00f1ado de opciones que una instancia de poder te da a elegir. Hay una \u201csensaci\u00f3n de libertad\u201d. Tienes que elegir entre lo menos malo. Como nos pasa en la pol\u00edtica muy a menudo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">Comer en este momento, a menos que se goce de una posici\u00f3n econ\u00f3mica m\u00e1s o menos acomodada y\/o de los contactos adecuados, se ha convertido en un acto de esa libertad mala. Escogemos entre lo que hay, si es que hay suficiente como para elegir. Los \u201ccriterios de valoraci\u00f3n\u201d de los que habla Castillo se han diluido. Las preferencias culinarias que una persona pod\u00eda tener otrora, en este momento sucumben ante la imposibilidad de actuar en funci\u00f3n de esos gustos. Hace unos meses, mi jefa nos contaba con preocupaci\u00f3n c\u00f3mo su hija (ahora la mayor, en ese momento hija \u00fanica; una ni\u00f1a querida y consentida, de todos modos), ante la pregunta de qu\u00e9 quer\u00eda de chucher\u00eda, contest\u00f3 \u201clo que haya, mami\u201d. Se ha renunciado a la libertad a escoger. En las casas ya no se pregunta \u201c\u00bfqu\u00e9 hay hoy de comer?\u201d con esa intenci\u00f3n de poder combinar varias de las comidas ya hechas, sino que se pregunta \u201c\u00bfqu\u00e9 hay hoy de comer?\u201d con la angustia de quien no est\u00e1 seguro de si efectivamente hay algo de comer en la casa.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">Comer se convierte en el primer objetivo de la fuerza laboral del pa\u00eds. \u201cSe trabaja para comprar comida\u201d escucho cada vez m\u00e1s seguido. En el Metro, en la camioneta, en la calle, en las entrevistas que hago; la opini\u00f3n general es que se ha dejado de aspirar m\u00e1s, simplemente comer. \u201cSimplemente\u201d comer. Pero tambi\u00e9n comer, con ciertos art\u00edculos en espec\u00edfico, en ciertas ocasiones puntuales, se convierte un lujo. Un lujo que las personas se atreven a darse de vez en cuando. Y es all\u00ed cuando comienza la resistencia.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">Pocas cosas hay que me molesten tanto como ver una cola por comida. Puedo de alguna forma entender algunas de las causas, pero me molesta sobremanera. En especial las colas para comprar pan. Me parece lo m\u00e1s humillante que puede haber y, en ocasiones, he llegado a decir con total convicci\u00f3n que a la gente le gusta hacer colas. Obviamente es un juicio que viene de una molestia profunda que poco tiene que ver con (la mayor\u00eda de) quienes est\u00e1n all\u00ed intentando encontrar un sustento para sus familias. Quienes se lucran de la situaci\u00f3n, quienes no tienen escr\u00fapulos a la hora de poner precios absurdos para la reventa a eso que han conseguido despu\u00e9s de una cola o por otros medios, esos s\u00ed pueden \u201cdisfrutar\u201d estar en la cola, pero quien necesita la leche que est\u00e1n vendiendo en el mercado para poder darle de comer a su hijo ese d\u00eda, no. La sufre.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">Sin embargo siguen ah\u00ed. La gente sigue haciendo las colas. Poco a poco he ido resignific\u00e1ndolas de un acto de sumisi\u00f3n a un acto de resistencia (una resignificaci\u00f3n un poco rara; algunos dir\u00edan que disociativa o negadora, pero de las resignificaciones hablar\u00e9 en otro texto). Me gusta pensar que en esas colas lo que veo es a un grupo de gente que se niega a que el sistema en el que se encuentran los lleve a morir de hambre. En los grupos de trueque e intercambio veo personas que no est\u00e1n dispuestas a que sus hijos est\u00e9n sin pa\u00f1ales, a que sus familiares se mueran de mengua esperando una medicina. En aquellos que compran alg\u00fan producto as\u00ed no lo necesiten para poder luego donarlo, regalarlo o intercambiarlo, veo a personas que piensan en el otro y entienden lo dif\u00edcil que puede ser encontrar cualquier cosa en este momento; personas que entienden lo absurdas y retr\u00f3gradas que son las regulaciones de todo tipo cuando se trata de adquirir productos de primera necesidad y que intentan de sortear esas regulaciones de alguna forma.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">Darse un lujo. Darse un lujo tambi\u00e9n se convierte en un acto de resistencia. Hace un a\u00f1o escrib\u00eda un peque\u00f1o texto donde listaba algunas \u201cimprudencias econ\u00f3micas\u201d. Entre ellas, estaban las que yo suelo cometer a diario y sin poder detenerme: comprar galletas, chocolates, tortas. Es una imprudencia econ\u00f3mica en este momento, s\u00ed, pero de facto no lo es, no deber\u00eda serlo. Una chucher\u00eda no deber\u00eda descuadrarte el presupuesto mensual. Y sin embargo vamos renunciando a ellas por el hecho de que se hacen incosteables. Pero guardan tanto de nuestra identidad, tanto personal como grupal, que debemos volver a ellas para no abandonarnos a nosotros. Cuando nos comemos un chocolate y cerramos los ojos para conectar con las im\u00e1genes que evoca, nos estamos resistiendo de cierta forma a un sistema que pretende por todos los medios pensados e impensados destruir los puentes que nos conectan con la felicidad; esa felicidad peque\u00f1a, fr\u00e1gil, pero luminosa, que guardan los sencillos placeres cotidianos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">Como se\u00f1ala Ocarina Castillo, comer no es solo un acto de libertad, sino que tambi\u00e9n se constituye como una acci\u00f3n liberadora y autocomplaciente; al darnos ese \u201clujo\u201d tambi\u00e9n nos estamos liberando. Los juegos del lenguaje y los significados han llevado a que cataloguemos de \u201cmillonarios\u201d a quienes se atreven a comerse alguna de estas imprudencias econ\u00f3micas. No. Esas personas (a veces nosotros mismos) nunca fueron ni son millonarios. No. Son personas normales intentando darse gustos normales. Gustos, no lujos. Hay que volver a llamar a las cosas como son, recuperar los t\u00e9rminos correctos. La guerra dial\u00e9ctica es mucho m\u00e1s real y peligrosa que la econ\u00f3mica.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">La lucha por poder comer nos ha llevado de vuelta a las casas, nos ha hecho explotar la creatividad, nos ha llevado a crear, afianzar y fortalecer redes de apoyo, nos ha sensibilizado m\u00e1s con el otro. Un pueblo hambriento es mucho m\u00e1s f\u00e1cil de dominar, de ideologizar, de controlar y dirigir; frente a eso veo a un mont\u00f3n de personas plant\u00e1ndose con entereza. Ante un sistema que nos golpea por todos los frentes y que nos trata de disminuir de todas las maneras posibles, algo tan \u201csencillo\u201d y cotidiano como comer se convierte en uno de los actos m\u00e1s firmes de resistencia.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>C\u00e9sar Aram\u00eds Contreras.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Originalmente publicado en \u00ab<a href=\"http:\/\/elavc.wordpress.com\">El Absurdo Venezolano Contempor\u00e1neo<\/a>\u00ab<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">Referencias<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">Anigstein, Mar\u00eda (2013). Alimentaci\u00f3n de estudiantes de pregrado chilenos en el contexto de la modernidad alimentaria. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">Rev.Chil. Nutr 40<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\"> (3) pp. 243-249.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">Castillo, Ocarina (2012). Entre multis\u00e1pdias y balas fr\u00edas. Algunas notas sobre Antropolog\u00eda Alimentaria en la Venezuela de hoy. En Alzuru, A., Browne, R., y Mancilla, M. (Eds.), <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">Ficciones culturales. Arte pop y taquigraf\u00eda de lo social<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\"> (pp. 63-75). Caracas: bid&amp;co. editor.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">M\u00e9ndez, Cecilia y Espejo, Isabel (2014). La mirada sociol\u00f3gica hacia la alimentaci\u00f3n: an\u00e1lisis cr\u00edtico del desarrollo de la investigaci\u00f3n en el campo alimentario. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">Pol\u00edtica y Sociedad, 51 <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">(1), pp. 15-49.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><span style=\"font-weight: 400\">Rossi, Luc\u00eda (2013). Historia del comer. Lazo social y tradici\u00f3n cultural. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">Intersecciones PSI, 3 <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">(7), pp. 16-18.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Introducci\u00f3n El primer t\u00edtulo que pens\u00e9 para este texto fue \u201cHambre\u201d. Quer\u00eda hablar del dolor y de los terrores de la falta de alimentos. Mi plan no era muy ambicioso tampoco. 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