{"id":54313,"date":"2016-06-29T08:39:08","date_gmt":"2016-06-29T12:39:08","guid":{"rendered":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=54313"},"modified":"2016-06-29T08:41:14","modified_gmt":"2016-06-29T12:41:14","slug":"del-flux-lino-la-braga-naranja","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2016\/06\/29\/del-flux-lino-la-braga-naranja\/","title":{"rendered":"Del flux de lino a la braga naranja"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"54314\" data-permalink=\"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2016\/06\/29\/del-flux-lino-la-braga-naranja\/centro-comercial-concresa\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/centro-comercial-concresa.jpg?fit=539%2C440&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"539,440\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"centro-comercial-concresa\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/centro-comercial-concresa.jpg?fit=539%2C440&amp;ssl=1\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/centro-comercial-concresa.jpg?resize=539%2C440&#038;ssl=1\" alt=\"centro-comercial-concresa\" width=\"539\" height=\"440\" class=\"alignleft size-full wp-image-54314\" \/><\/p>\n<p>Los a\u00f1os 80 marcaron el comienzo del deterioro para nuestro pa\u00eds, eso es indudable. El viernes negro de 1983 nos explot\u00f3 en la cara, y no supimos bien c\u00f3mo encarar esa situaci\u00f3n, nov\u00edsima para nosotros. Sin embargo, por lo menos al principio, procuramos hacer como que no pasaba nada, y por unos a\u00f1os logramos fingirlo decorosamente.<\/p>\n<p>Esa d\u00e9cada confluy\u00f3 con mi inicio en el \u00e1mbito laboral. Termin\u00e9 mis estudios justamente en el 83, con mis sue\u00f1os de realizar un postgrado en  Francia frustrados gracias al acontecimiento del a\u00f1o, y tuve que resignarme a buscar trabajo y dejar para m\u00e1s tarde mi actualizaci\u00f3n acad\u00e9mica. Logr\u00e9 entrar en una de las compa\u00f1\u00edas m\u00e1s importantes del pa\u00eds para ese momento, en lo que a consultor\u00eda el el \u00e1rea de la computaci\u00f3n se refiere: la Empresa Nacional de Inform\u00e1tica, Automatizaci\u00f3n y Control, mejor conocida por su acr\u00f3nimo ENIAC, un obvio gui\u00f1o a la primera computadora digna de ese nombre. En ENIAC ten\u00edan una pol\u00edtica bastante agresiva con los empleados: los soltaban al ruedo, es decir a los clientes, sin mucho miramiento, a hacer cosas que en teor\u00eda estaban a su alcance pero que todav\u00eda no hab\u00edan puesto en pr\u00e1ctica. La palabra clave aqu\u00ed es clientes: la cartera de ENIAC era selecta, y abarcaba petroleras, manufacturadoras y empresas de servicio. Era normal estar sentado en el puesto de trabajo, leyendo un manual o experimentando en alguna de las computadoras, y recibir la orden: \u00abponte la corbata, que vamos a X\u00bb. Eso de la corbata era literal: ten\u00edamos un perchero que parec\u00eda un arbolito de navidad, con la variedad m\u00e1s disparatada de corbatas que hubiera visto. As\u00ed que uno buscaba el trapo que mejor combinara con la camisa que tuviera puesta, y corr\u00eda a la cita. Mi primer trabajo real fue para la Gallup, en apoyo a las elecciones que vieron triunfando a Lusinchi sobre un desgastado Caldera. Despu\u00e9s tuve ocasi\u00f3n de trabajar en Lagov\u00e9n, Corpov\u00e9n y PDVSA, tanto en labores de programaci\u00f3n como en calidad de instructor. Total que mi pasant\u00eda por ENIAC me sirvi\u00f3 para meterme de lleno en la profesi\u00f3n, y hubiera sido un lugar ideal para hacer carrera. Sin embargo, al a\u00f1o y medio de estar all\u00ed me llegaron cantos de sirena (de sireno en realidad, pues fue un ex empleado de ENIAC quien me lanz\u00f3 el anzuelo) y recal\u00e9 en una empresa que a\u00f1os m\u00e1s tarde estar\u00eda en boca de todo el mundo: Latinoamericana de Seguros.<\/p>\n<p>De Orlando Castro padre se podr\u00e1 decir cualquier cosa peyorativa, pero es innegable su carisma y el ascendente que ten\u00eda sobre su personal. Personaje venido de abajo en el \u00e1mbito empresarial, me contaban llenos de admiraci\u00f3n mis colegas: comenz\u00f3 vendiendo casas prefabricadas en los altos mirandinos, con un malet\u00edn por oficina,  a la orilla de la carretera. Su trabajo no era de puerta en puerta, sino de carro en carro. Poco a poco fue escalando posiciones, y para el momento de mi contrataci\u00f3n ya era un se\u00f1or cercano a los 60 a\u00f1os, due\u00f1o de algo que iba acerc\u00e1ndose r\u00e1pidamente a ser una corporaci\u00f3n gigantesca. Pero nunca perdi\u00f3 de vista a sus empleados, conocedor de que la verdadera fuerza de su organizaci\u00f3n proven\u00eda justamente de ellos. Se empecinaba en conocer personalmente a cada uno, y con ese fin organizaba \u00abel desayuno del mes\u00bb, en el cual participaban los nuevos ingresos, y por supuesto \u00e9l como anfitri\u00f3n. Durante ese encuentro intercambiaba palabras con cada nuevo empleado. En realidad era una especie de cuestionario prefabricado, con preguntas obvias como nombre, edad y \u00e1rea en donde se laboraba. Pero el hombre derrochaba su encanto con acento cubano y lograba que por un breve instante uno se sintiera especial.<\/p>\n<p>De mi \u00e9poca en Latino, como le dec\u00edamos (no confundir con el Banco Latino, ese era otro grupo, diferentes filibusteros), tengo varias an\u00e9cdotas, como la de las juergas interminables cuando picaba diciembre y a partir del 13 del mes nos declar\u00e1bamos en fiesta permanente y abr\u00edamos el bar a las 10 de la ma\u00f1ana, con la anuencia de las cabezas del departamento (gente rumbosa por excelencia: la gerente estaba casada con el m\u00e1nager de Los Mel\u00f3dicos, y alguna vez nos invit\u00f3 a alguna de las versiones de la disco gigante del CCCT, creo que en ese momento era Palladium, a bailar con la popular orquesta como ejecutante) quienes solicitaban que su vaso nunca estuviera vac\u00edo, para lo cual hab\u00eda un servidor designado que se encargaba de mantenerlos contentos. O el cuento de la secretaria (en esa \u00e9poca todav\u00eda se estilaban) del VP de sistemas, que sufr\u00eda de calor en sus partes bajas e iba frecuentemente al ba\u00f1o a refresc\u00e1rselas, con el mismo vaso en el cual despu\u00e9s le serv\u00eda agua a su jefe. O el primer trabajo sucio que me encomendaron en mi vida laboral, un programa que redistribuyera los ingresos de la compa\u00f1\u00eda por estados para evadir impuestos. O la gestaci\u00f3n del Grupo Progreso: un d\u00eda me contaron, literalmente: \u00abEl viejo (as\u00ed le dec\u00edan a Castro) se compr\u00f3 un computador y un banco, y ahora hay que ponerlos a funcionar\u00bb. Se trataba del Banco Zulia, que posteriormente cambiar\u00eda su raz\u00f3n social a Banco Progreso, y funcionar\u00eda como soporte de Seguros Progreso, empresa que logr\u00f3 lo impensable: se dedic\u00f3 al ramo m\u00e1s siniestroso en el pa\u00eds como lo es el de Veh\u00edculos y lleg\u00f3 a posicionarse entre las primeras cinco compa\u00f1\u00edas del pa\u00eds en primas cobradas. O la vez que Orlando Castro convirti\u00f3 a todos sus empleados en agentes de seguros, al entregarle a cada uno un talonario de p\u00f3lizas de responsabilidad civil, aprovechando la ley que impuso la obligatoriedad de dichas p\u00f3lizas para todos los veh\u00edculos automotores.<\/p>\n<p>Pero el acontecimiento m\u00e1s celebrado durante mi estad\u00eda en Latinoamericana fue la invitaci\u00f3n que me extendi\u00f3 un d\u00eda Orlandito, como le dec\u00edan al hijo de Castro. No recuerdo bien lo que motiv\u00f3 el hecho; tal vez fuera una estrategia de fidelizaci\u00f3n para empleados clave (en inform\u00e1tica el robo de talento siempre ha sido moneda corriente, y es normal que las empresas procuren mantener al personal del \u00e1rea contento, ya que cuando se va se lleva parte importante del know how), o la recompensa por alg\u00fan proyecto exitoso. El asunto fue que nos lleg\u00f3 a un peque\u00f1o grupo de empeados del departamento una comunicaci\u00f3n formal, invit\u00e1ndonos a participar en un almuerzo ofrecido por Orlando Castro Junior, a nombre de la empresa, en el restaurant Da Emore. Valga resaltar que en ese momento Da Emore era uno de los grandes restaurantes de la ciudad, y que nos quedaba justo encima de la oficina, all\u00e1 en el Centro Comercial  Concresa. El grupo de los elegidos, como nos bautiz\u00f3 alg\u00fan compa\u00f1ero burl\u00f3n, goz\u00f3 durante la semana que medi\u00f3 entre la invitaci\u00f3n y la fecha pautada para el almuerzo de una fama desproporcionada por lo inusual del hecho, y probablemente fue blanco de la envidia de ciertos individuos. En lo concerniente a m\u00ed, un pelado que no estaba todav\u00eda en la treintena, la incredulidad y la sospecha de no merecer tal distinci\u00f3n me hicieron esperar con cierta ansia el momento.<\/p>\n<p>Esa fue tal vez la tercera vez que entraba en ese lugar, y tambi\u00e9n la \u00faltima. Orlandito se sent\u00f3 a la mesa con nosotros, trajeado como de costumbre con un flux de lino, que se notaba hecho a la medida (nada que ver con los puya\u00edtos que llev\u00e1bamos los dem\u00e1s comensales); ser\u00edamos tal vez unas 8 o 10 personas, cont\u00e1ndolo a \u00e9l. De ese almuerzo recuerdo, por supuesto, la comilona de 7 platos que constitu\u00eda el men\u00fa de degustaci\u00f3n del lugar, la generosidad y variedad de la bebida, con posibilidad de escoger entre escoc\u00e9s y vino, y la actitud entre solemne y embarazosa de Orlando Junior, que no calzaba los puntos de su padre a la hora de confraternizar con el personal. Sin embargo puso todo su empe\u00f1o para hacernos sentir bien, como importantes figuras dentro de la organizaci\u00f3n. Ahora no recuerdo casi nada sobre los temas de conversaci\u00f3n que abordamos durante el almuerzo &#8211; han pasado casi 30 a\u00f1os &#8211; pero s\u00ed  que al salir del restaurant, llenos y prendidos, jur\u00e1bamos fidelidad eterna a la empresa.<\/p>\n<p>A los tres meses m\u00e1s o menos ya hab\u00eda renunciado; es que las promesas de borracho no deben ser tomadas en cuenta. La canibalizaci\u00f3n empresarial me hizo convertirme en un mercenario, y me fui por una paga unas tres veces mayor a la que devengaba en Latino. De 8.000 Bs pas\u00e9 a ganar 24.000, y me sent\u00eda como un magnate. El tiempo me ense\u00f1ar\u00eda que no se le debe tomar cari\u00f1o a los sueldos, por lo menos en Venezuela, ya que la inflaci\u00f3n se los devora. Pero por un par de a\u00f1os, tal vez un poco m\u00e1s, estuve tranquilo en el aspecto econ\u00f3mico, y hasta pude darme ciertos lujos.<\/p>\n<p>Pas\u00f3 el tiempo, y ya me hab\u00eda olvidado de mis antiguos patrones, hasta que una cu\u00f1a estremeci\u00f3 el ambiente: la famosa \u00abaqu\u00ed estamos, aqu\u00ed seguimos\u00bb, transmitida cuando ya Orlando padre e hijo hab\u00edan picado cabos. El castillo de naipes de las finanzas criollas comenzaba a derrumbarse. La siguiente vez que vi a los Castro, esta vez gracias a una foto en alg\u00fan peri\u00f3dico, hab\u00edan desechado el flux de marca, luciendo en su lugar una reluciente braga color anaranjado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los a\u00f1os 80 marcaron el comienzo del deterioro para nuestro pa\u00eds, eso es indudable. El viernes negro de 1983 nos explot\u00f3 en la cara, y no supimos bien c\u00f3mo encarar esa situaci\u00f3n, nov\u00edsima para nosotros. 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