{"id":5258,"date":"2009-11-03T18:46:36","date_gmt":"2009-11-03T23:16:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=5258"},"modified":"2009-11-16T19:35:12","modified_gmt":"2009-11-17T00:05:12","slug":"adios-macuro-adios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2009\/11\/03\/adios-macuro-adios\/","title":{"rendered":"Adios Macuro, Adios"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"5260\" data-permalink=\"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2009\/11\/03\/adios-macuro-adios\/n628396619_2083761_1260\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2009\/11\/n628396619_2083761_1260.jpg?fit=500%2C375&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"500,375\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"n628396619_2083761_1260\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2009\/11\/n628396619_2083761_1260.jpg?fit=500%2C375&amp;ssl=1\" class=\"alignleft size-medium wp-image-5260\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2009\/11\/n628396619_2083761_1260-300x225.jpg?resize=300%2C225\" alt=\"n628396619_2083761_1260\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2009\/11\/n628396619_2083761_1260.jpg?resize=300%2C225&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2009\/11\/n628396619_2083761_1260.jpg?w=500&amp;ssl=1 500w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>Llegar a Macuro siempre era una traves\u00eda. Una vez que se pasan los ranchitos sin agua que venden empanadas en El Palito, se esquiva a los siempre mal estacionados adoradores del colesterol y la hepatitis, se enfila hacia Puerto Cabello y se cruza donde se ve la tolva gigante de una cementera a la orilla del mar. All\u00ed terminan juntas, tanto la v\u00eda asfaltada como la v\u00eda reconocida por todos; pues luego de cruzar un umbral de manglares, a continuaci\u00f3n se abre un inmenso peladero de chivos que se pierde de vista en el horizonte, salpicado de grandes salinas inundadas, canales naturales de drenaje y matorrales que cambian de un d\u00eda para otro. Son unos 5 kil\u00f3metros sin una \u00fanica ruta para cruzarlos; se trata de avanzar evitando los obst\u00e1culos y tanteando el terreno, a veces firme, a veces no. No hay que dejarse enga\u00f1ar por las apariencias secas y nunca se es demasiado cauto con los peque\u00f1os charcos. Hay cient\u00edficos que aseguran que las arenas movedizas no existen, pero apuesto a que es porque nunca han venido hasta aqu\u00ed. Si Puerto Cabello fuese Las Vegas, este es el lugar donde los mafiosos vendr\u00edan a deshacerse de los cad\u00e1veres.<\/p>\n<p>Esa vez era un d\u00eda de semana, uno de los permitidos por mi absurdo horario universitario, as\u00ed que junto a mi compa\u00f1ero Jos\u00e9 Antonio esper\u00e1bamos encontrar un para\u00edso con buenas olas y sin el gent\u00edo que sol\u00eda venir a surfear los fines de semana. And\u00e1bamos en su carro, un\u00a0<em>Dodge Coronet<\/em> del a\u00f1o de la pera que alguna vez fue vinotinto, con un volante chiquitico y unos rines demasiado anchos para mi gusto. En fin, un pedazo de carro tan niche y feo como fiel y potente. Aceleraba tan bien como frenaba de mal. El t\u00edpico\u00a0<em>muscle car<\/em> de los \u201970 al que de cari\u00f1o llam\u00e1bamos \u201c<em>Thunderbird<\/em>\u201d o \u201c<em>General Lee<\/em>\u201d, dependiendo de si la v\u00eda era asfaltada y lisa o de tierra y accidentada. Lo mejor de todo es que era tan espacioso que pod\u00edamos llevar las tablas dentro como unos pasajeros mas.<\/p>\n<p>Llegamos a la playa muy temprano sin mayores contratiempos, efectivamente hab\u00eda buen oleaje y solo un par de surfistas que de hecho conoc\u00edamos. De no ser as\u00ed, hubi\u00e9semos emprendido el regreso de inmediato, pues Macuro es una playa sin ning\u00fan encanto. No es mas que una loma de arena rodeada de matorrales bajos, y entre estos, un basurero descomunal dejado por los mismos surfistas que usan franelitas de\u00a0<em>Greenpeace<\/em> y solo fuman hierbas naturales. Tal vez lo \u00fanico digno de foto es un barco de mediano calado, encallado a pocos metros de la orilla que es golpeado incesantemente por la espuma y el salitre, casi borrando de su popa el nombre que ahora comparte con este lugar. Un gran bloque de coral muerto corta la arena en la orilla y se proyecta por debajo del mar intern\u00e1ndose unos 100 metros, lo que crea un fondo firme que se levanta abruptamente contra la marejada para formar as\u00ed unas olas fuertes, entubadas y de labio delgado por las que vale la pena tanta odisea.<\/p>\n<p>El oleaje estaba bueno ese d\u00eda, pero tal vez lo mas memorable de la sesi\u00f3n fue la ausencia de la muchedumbre t\u00edpica de los fines de semana, por lo que en el agua comenzamos a pensar en las tantas an\u00e9cdotas de robos que hab\u00edamos escuchado de ese lugar tan solitario y remoto. Siempre se trataba de un primo de un amigo del hijo de un vecino de un compa\u00f1ero de clases, pero por si las moscas, decidimos irnos antes del mediod\u00eda para no exponernos tanto. A media ma\u00f1ana ya est\u00e1bamos cansados, hab\u00edamos agarrado el equivalente a cuatro fines de semana de olas, y a decir verdad, ninguno de los dos estaba en forma f\u00edsica como para seguir. Por otro lado, el par de surfistas con quienes compartimos la playa, ya estaban recogiendo sus peroles y se dispon\u00edan a partir. No lo pensamos mucho y empezamos a remar hacia la orilla para descansar, secarnos y dar el d\u00eda por terminado.<\/p>\n<p>Salimos unos 15 minutos mas tarde, dejando atr\u00e1s la playa vac\u00eda y un oleaje que ya empezaba a estropearse con la creciente brisa de la ma\u00f1ana. A medio camino por el descampado, vimos al otro carro estacionado de frente mientras sus ocupantes se bajaban y nos hac\u00edan se\u00f1as desesperadas. Como los conoc\u00edamos, nos acercamos a ellos pensando que se hab\u00edan accidentado y necesitaban ayuda. Nada de eso, nos dijeron que se hab\u00edan regresado desde el umbral de manglares, el \u00fanico punto de acceso que conociamos a la salina, porque alguien hab\u00eda colocado una barricada con tablas y cauchos. Co\u00f1o! as\u00ed mismito es como nos hab\u00edan contado que robaban a la gente!: Los enca\u00f1onaban en ese estrecho pasillo, les quitaban las carteras, las tablas, los shorts y despu\u00e9s los dejaban desnudos en la playa mientras se iban en el carro que, con suerte, era abandonado junto a la planta de cemento. Sin suerte, era desvalijado y quemado.<\/p>\n<p>Estuvimos un rato analizando nuestras posibilidades, por as\u00ed decirlo, porque mas bien la conversaci\u00f3n giraba en torno a la fantas\u00eda de tener un tanque blindado y una bazooka. Lo que si pudimos concluir es que deb\u00edamos encontrar el lugar mas abierto y descampado posible para que nadie pudiese acercarse a emboscarnos sin ser visto desde lejos. As\u00ed lo hicimos, ubicamos un pasillo de arena firme entre dos grandes salinas inundadas y nos montamos en los techos de cada carro para vigilar mejor toda el \u00e1rea circundante. Tambi\u00e9n trat\u00e1bamos de ver entre los matorrales alg\u00fan camino alterno, pues todos hab\u00edamos escuchado el mito de una trilla que desembocaba directamente en la pista de aterrizaje del aeropuerto militar que queda junto a la autopista. Pas\u00f3 algo mas de una hora, empez\u00e1bamos a desesperarnos por el calor y a bajar la guardia, prestando mas atenci\u00f3n en buscar esta salida m\u00edtica hacia el aeropuerto que a vigilar propiamente. De pronto, una seguidilla de golpes secos a lo lejos, como un martilleo, nos hizo voltear. Al otro lado de la salina, dir\u00eda que a unos 300 metros, un par siluetas delgadas y vaporosas como espejismos se apresuraban a bordear la laguna. En ese instante se detuvieron e hicieron una maniobra como si nos se\u00f1alaran, y seguidamente vimos como se levantaba el agua en peque\u00f1as explosiones a unos cuantos metros frente a nosotros. Casi de inmediato aprendimos a distinguir claramente entre un martilleo y una detonaci\u00f3n de arma de fuego. Nos estaban disparando a mansalva y por unos segundos, fui mujer. Mas bien, mujercita. Dej\u00e9moslo en jeva. Jevita, pues.<\/p>\n<p>Nos refugiamos en los carros y emprendimos la huida hacia otro lado de la salina. En plena carrera, de carro a carro, nos hac\u00edamos se\u00f1as y grit\u00e1bamos indicaciones sobre que direcci\u00f3n tomar. Era el rally Paris-Dakar en la versi\u00f3n de los autos locos y cagaos. Nos detuvimos en otro claro del terreno y analizamos otra vez nuestras posibilidades. Superado el tema de los tanques blindados y las bazookas, a\u00f1adiendo esta vez algo de granadas fragmentarias y potros de tortura, decidimos que la mejor opci\u00f3n era atravesar la barricada, llev\u00e1ndonos por delante cualquier cosa, viva o muerta o zombie, que se nos atravesara. Cont\u00e1bamos con que solo se tratase de ese par de malditos que nos dispararon en la salina, as\u00ed que si nos apur\u00e1bamos llegar\u00edamos primero que ellos al punto de acceso y saldr\u00edamos bien librados de todo esto. \u201cChola y volante\u201d fue la frase acu\u00f1ada para la operaci\u00f3n de escape. No se habl\u00f3 mas del asunto y corrimos.<\/p>\n<p>Nunca nos pusimos de acuerdo acerca de quien iba a pasar de primero y derrumbar las barricadas, pero se decidi\u00f3 unilateralmente en la v\u00eda al irse quedando rezagado el otro carro. \u201cQue tipos tan cobardes\u201d gritaba yo como una soprano, mientras me contorsionaba y acurrucaba en el piso del carro. A \u00faltima hora se me ocurri\u00f3 que hubiese sido buena idea meterme en la maleta, pero ya \u00edbamos embalados hacia la primera hilera de cauchos. Desde mi escondite pod\u00eda ver a Jos\u00e9 Antonio agazapado en la butaca, apenas viendo la v\u00eda por sobre el tablero. Por el ruido del motor y los rebotes del carro deduzco que \u00edbamos a unos 100 Km\/h. Sent\u00ed el golpe de los cauchos, tablas que se part\u00edan y algo que son\u00f3 como un pipote met\u00e1lico; y tras lo que pareci\u00f3 una eternidad de sacudones y golpes, sent\u00ed cuando comenzamos a hacer tracci\u00f3n sobre la v\u00eda asfaltada. Nos sentimos grandes y valientes. Hab\u00edamos vencido a\u00a0<em>Alien<\/em>, acribillado a\u00a0<em>Depredador<\/em> y enterrado a\u00a0<em>Terminator<\/em>. La vida era bella otra vez.<\/p>\n<p>En una licorer\u00eda de la v\u00eda nos paramos a celebrar la haza\u00f1a junto con los in\u00fatiles del otro carro. \u201c<em>General Lee\/Thunderbird<\/em>\u201d no mostraba da\u00f1os evidentes, y si los tuvo, se disimulaban muy bien entre tantos otros acontecimientos de latoner\u00eda. Brindamos con cerveza mientras que a todo volumen y en estereo recreamos los pormenores de la operaci\u00f3n. Ya no hablamos de tanques, bazookas, granadas ni torturas. Nuestros superpoderes eran la inteligencia y la valent\u00eda, infinitamente superiores a cualquier hamp\u00f3n armado. Habl\u00e1bamos euf\u00f3ricamente y repet\u00edamos incesantemente la misma historia, cada vez con mayor lujo de detalles, y si alg\u00fan desconocido volteaba y sin querer prestaba algo de atenci\u00f3n, era forzado a ser parte del p\u00fablico de este ciclo de cine continuado. Cuando ya hab\u00edamos perfeccionado el cuento, un se\u00f1or que reci\u00e9n se incorporaba a la audiencia nos interrumpi\u00f3 casi al inicio. Con voz pausada, como quien habla desde la propia experiencia, nos cont\u00f3 que el\u00a0<em>modus operandi<\/em> de esa banda de ladrones consiste en poner una barricada en los manglares para que nadie pueda pasar por all\u00ed y luego se esconden en el camino alterno, \u201cel que todo el mundo conoce, ese que va desde la salina al aeropuerto\u201d, donde emboscan a sus victimas cuando menos se lo esperan. En ese momento dejamos de sentirnos tan inteligentes y valientes, y mas bien empezamos a tragar grueso y agradecer a la diosa\u00a0<em>Fortuna, Imperatrix Mundi.<\/em><\/p>\n<p>Mas nunca volv\u00ed a Macuro, y eventualmente todos sus visitantes pasaron un mal rato a manos del hampa que se hizo con el control absoluto de esa playa. En este momento no se de nadie que se atreva a ir hasta all\u00e1. Supongo que ya la herrumbre devor\u00f3 lo que quedaba del barco y ni siquiera deben haber olas surfeables; as\u00ed como el \u00e1rbol que cae en medio del bosque y si no hay alguien para escucharlo, no hace ruido. Una vez me invitaron unos amigos a ir en lancha desde Puerto Cabello, me aseguran que as\u00ed es muy seguro pues se anclan lejos de la orilla y nunca pisan la arena. Rechac\u00e9 la invitaci\u00f3n sin dudarlo, pues me consta que esos ladrones no tienen ning\u00fan escr\u00fapulo pero si bastante punter\u00eda.<\/p>\n<p>Lo \u00fanico que me alegra, es que ya el basurero debe haberse consumido&#8230;. o mudado a Cuyagua. Surfista no es gente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Llegar a Macuro siempre era una traves\u00eda. 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