{"id":52298,"date":"2015-11-05T21:20:17","date_gmt":"2015-11-06T01:50:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=52298"},"modified":"2015-11-05T21:27:57","modified_gmt":"2015-11-06T01:57:57","slug":"venezuela-una-nacion-de-estafadores-morales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2015\/11\/05\/venezuela-una-nacion-de-estafadores-morales\/","title":{"rendered":"VENEZUELA:  UNA NACI\u00d3N DE ESTAFADO(RE)S MORALES."},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/VENEZUELAESTAFADA2.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"52299\" data-permalink=\"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2015\/11\/05\/venezuela-una-nacion-de-estafadores-morales\/venezuelaestafada2\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/VENEZUELAESTAFADA2.jpg?fit=579%2C412&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"579,412\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;Leomolin&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1446582600&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"VENEZUELAESTAFADA2\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/VENEZUELAESTAFADA2.jpg?fit=579%2C412&amp;ssl=1\" class=\"size-full wp-image-52299 aligncenter\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/VENEZUELAESTAFADA2.jpg?resize=579%2C412\" alt=\"VENEZUELAESTAFADA2\" width=\"579\" height=\"412\" \/><\/a><\/p>\n<p>Que un texto est\u00e9 bellamente escrito o que su escritura sea \u201cinmaculada\u201d, como alguien lo calificar\u00eda, pertenece al \u00e1mbito de la ret\u00f3rica, no al de la l\u00f3gica. Esta \u00faltima tiene que ver con los aspectos formales del lenguaje; es decir, con su verdad o falsedad como parte de una argumentaci\u00f3n coherentemente elaborada.<br \/>\n\u201cSi a entonces b, y si a y b, entonces c, a entonces c, y b entonces c\u201d, es una proposici\u00f3n l\u00f3gica.<br \/>\nPero si x roba a z, y lo descubre w, quien lo denuncia, y x va (o no va preso), eso no pertenece al \u00e1mbito de lo l\u00f3gico solamente, sino al terreno de lo factual. Aqu\u00ed est\u00e1n involucrados hechos, no simples signos ling\u00fc\u00edsticos. \u201cActos\u201d, acciones o eso que los fil\u00f3sofos de la \u201cEscuela Cr\u00edtica de Frankfurt\u201d llamar\u00edan \u201cpraxis\u201d.<br \/>\nEn un cuento \u201cbellamente escrito\u201d, sin embargo, pudiera suceder que el ladr\u00f3n, como resultado de sus actos no terminara preso sino que, m\u00e1s bien, fuese\u00a0 la v\u00edctima la que terminara detr\u00e1s de las rejas. Eso podr\u00eda formar parte de una trama perversa que dar\u00eda placer al \u201cinstinto perverso\u201d del lector. Por ejemplo, en un cuento de Kafka.\u00a0 En este ejemplo el lenguaje podr\u00eda ser usado con fines ret\u00f3ricos diferentes a los fines puramente l\u00f3gicos y factuales.\u00a0 Los signos ling\u00fc\u00edsticos podr\u00edan estar siendo usados de manera \u201cbella\u201d o \u201cinmaculada\u201d; es decir, \u201cret\u00f3ricamente\u201d bien empleados.<br \/>\nSin embargo, se cometer\u00eda una falacia l\u00f3gica si de algo escrito para expresar una denuncia se intentara inferir consecuencias normativas, (\u00e9tico-morales o pol\u00edticas), partiendo de aspectos factuales descritos, intentando persuadir con ello al lector\u00a0 a trav\u00e9s de un contra-texto (un an\u00e1lisis del texto como instrumento ret\u00f3rico-pol\u00edtico, por ejemplo), sobre un pretendido \u201cerror\u201d moral de quien hizo la denuncia, o de quien hizo la defensa de dicha denuncia. Ve\u00e1moslo de otro modo, o desde otra perspectiva.<br \/>\nCuando se afirma que se est\u00e1 en todo derecho a expresar una protesta porque x situaci\u00f3n ocurri\u00f3, \u00bfqui\u00e9n podr\u00eda negar tal derecho? El expresarlo es una forma de acci\u00f3n subjetivamente v\u00e1lida; es decir individualmente justa. \u201cYo fulano de tal, denuncio que x\u201d. Eso es v\u00e1lido; es para m\u00ed \u201ccorrecto\u201d.<br \/>\nNo obstante, el sustentar la (mi) denuncia es otra cosa bien diferente. Podr\u00eda ser que los aspectos relevantes para el denunciante no lo fuesen para quienes leyeran su denuncia, por diversos motivos, intereses o deseos escondidos, suprimidos o reprimidas; consciente o inconscientemente.<br \/>\nDe ah\u00ed que se haga necesario que el denunciante, si es racional, en lugar de sustentar su denuncia en aspectos subjetivos solamente, la deba fundamentar sobre aspectos objetivos, a los cuales se les califica de \u201cfactuales\u201d. Ha de sustentarla, entonces, en hechos. En suma, en un texto-denuncia se presentan tres aspectos ling\u00fc\u00edsticos juntos o entremezclados: un aspecto ret\u00f3rico, otro aspecto l\u00f3gico y otro de tipo factual.<br \/>\nPero sucede que en este \u00faltimo aspecto, en lo factual, siempre hay algo valorativo escondido que mancha, por as\u00ed decirlo, los hechos y que exige limpieza l\u00f3gica o \u201cformal\u201d.<br \/>\nA ello se le denomina \u201can\u00e1lisis\u201d ling\u00fc\u00edstico-conceptual.<br \/>\nLa mezcla de los valores, (morales, religiosos o pol\u00edticos) con los hechos, sirve magn\u00edficamente para confundir, enga\u00f1ar y manipular cuando quienes leen o escuchan discursos con gran persuasi\u00f3n ret\u00f3rica, carecen de las habilidades en este tipo de an\u00e1lisis; es decir, para separar lo valorativo de lo factual. A alguien le hicieron una trastada: a un individuo con nombre y apellido, un \u201calguien\u201d factualmente existente. Y la trastada (un hecho, cabe suponer) se la hizo un ente abstracto, no un individuo: \u201cEl Estado\u201d.<br \/>\nRecordemos un caso abominable como ilustraci\u00f3n. \u201cEl Estado Nazi\u201d elimin\u00f3 a muchos individuos jud\u00edos. A trav\u00e9s de otros individuos obrando como \u201crepresentantes\u201d o \u201cencarnaciones\u201d de ese ente abstracto llamado \u201cEstado Nazi\u201d; muchos de tales seres humanos \u2013bien reales, individualmente considerados- sufrieron persecuci\u00f3n, tortura y muerte.<br \/>\nDemostrar que el exterminio ocurri\u00f3 factualmente es algo diferente a demostrar que eso mismo ocurri\u00f3 porque un individuo (Hitler), o muchos lo hicieron. Al ser cr\u00edmenes colectivos, las responsabilidades morales se diluyen o diseminan, convirti\u00e9ndose en una \u201cverdad moral\u201d con validez o fuerza persuasiva, y de acci\u00f3n, para muchos, quienes podr\u00edan obrar individualmente, creyendo o no creyendo en la validez de las acciones as\u00ed emprendidas como \u201cacciones correctas\u201d. Entonces, demostrar que alguien form\u00f3 parte del exterminio de los jud\u00edos llevado a cabo por los Nazis, y que lo hizo de manera moralmente perversa, es mucho m\u00e1s complejo que demostrar que ese hecho hist\u00f3rico y factual ocurri\u00f3 realmente. Aunque haya quienes lo nieguen.<br \/>\nEn uno y otro caso los argumentos y la manera de argumentar son de diferente tipo l\u00f3gico.<br \/>\nPero es un hecho que al argumentar lo hacemos como lo que somos: como seres humanos encarnados, con un cuerpo y viviendo colectivamente con otros seres humanos tambi\u00e9n corporales. Por ello no argumentamos s\u00f3lo l\u00f3gicamente, sino que lo hacemos cargados de emociones, intereses o deseos. Estamos corrientemente interesados en el placer o en el \u00e9xito, o en el poder que todo eso produce. Si todos nuestros intereses se resumen en una palabra: \u201cdinero\u201d, al argumentar se argumentar\u00eda, no por amor a la verdad l\u00f3gica o factual, sino por amor al dinero involucrado.<br \/>\nEso exactamente es lo que ocurri\u00f3 en el caso del detenido Leopoldo L\u00f3pez y del acusador, el Fiscal Nieves. Ambos son individuos con nombres y apellidos, pero ambos forman parte de estructuras institucionales y organizativas que los convierten en entes tan abstractos como \u201cEL Estado\u201d. Que uno no haya realmente llamado a la rebeli\u00f3n, y que el otro lo haya condenado sin pruebas, es tan v\u00e1lido como haber llamado a la paz y que el otro busque apoyarlo igualmente con pruebas. La f\u00e1brica de las \u201cpruebas\u201d podr\u00eda ser de un signo valorativo a favor o en contra de una causa o de otra. Todo depende de las motivaciones, intereses o deseos de los involucrados.<br \/>\nY desde luego, de los hechos.<br \/>\nPero precisamente lo que se somete a prueba, por simples intereses valorativos, son los hechos.<br \/>\nDedicarse a discutir el aspecto legal de lo ocurrido temporalmente, las acciones de quienes llamaron o no a la rebeli\u00f3n de un colectivo, para \u201cpersuadir\u201d al lector de un escrito en el cual eso se discute (un art\u00edculo period\u00edstico en una revista pol\u00edtica, por ejemplo), no se reduce a un solo aspecto discursivo (lo jur\u00eddico), sino que involucra otro aspecto que dif\u00edcilmente se disociar\u00eda de ese primer aspecto: lo moral. Y es dif\u00edcil de disociar lo jur\u00eddico de lo moral, ya que lo jur\u00eddico siempre implicar\u00eda lo moral, siendo que no siempre su contraria es posible. Hay aspectos morales ajenos a los aspectos jur\u00eddicos. Casos de actuaciones morales que contradicen y hasta entran en conflicto con los aspectos jur\u00eddicos.<br \/>\nEl caso del juicio a S\u00f3crates, es en este sentido paradigm\u00e1tico.<br \/>\nEntonces lo jur\u00eddico-legal no siempre es moral, y viceversa. De ah\u00ed que cuando se dice que es tan importante el sufrimiento individual como el colectivo, por simple motivos legales o jur\u00eddicos (por los Derechos Humanos que supuestamente a todos los seres humanos asisten), se dice una gran verdad, pero que se queda corta, muy corta al referirse al ser humano y sus circunstancias existenciales. Quien sufre no es el colectivo, sufre el individuo: Ud., yo, \u00e9l de m\u00e1s all\u00e1. Los individuos en plural no sufren, pues conforman eso que llamamos \u201ccolectividades\u201d, o totales de \u201ctodos\u201d.<br \/>\nAnalizar tales \u201ctodos\u201d es tarea de las ciencias humanas, sociales o de la conducta. Y la discusi\u00f3n sobre la \u201crealidad\u201d de esos \u201ctodos\u201d es motivo de agudas controversias metodol\u00f3gicas, epistemol\u00f3gicas y ontol\u00f3gicas en cada una de las disciplinas cient\u00edfico-sociales involucradas.<br \/>\nEntonces, a lo \u00fanico que podr\u00edamos se\u00f1alar haciendo uso de nuestro sentido com\u00fan, o sin temor a equivocarnos, es al sufrimiento individual y a quien sufre concreta o realmente; ese alguien que carece de lo b\u00e1sico para sobrevivir, y que frente a nosotros muere en la cama de un hospital del Estado, por ejemplo. Todos los grandes redentores de la humanidad, los h\u00e9roes y libertadores, han se\u00f1alado ese tipo de sufrimiento, y han partido de \u00e9l para llamar la atenci\u00f3n de los colectivos en relaci\u00f3n a la necesidad de erradicarlo. Buscando hacerlo, ellos como individuos, (muchos de ellos, quiz\u00e1s la mayor\u00eda), sin embargo, quedaron atrapados en las mara\u00f1as y ambig\u00fcedades que la conexi\u00f3n entre lo individual y lo colectivo entra\u00f1a. Muchos de ellos carec\u00edan de los instrumentos l\u00f3gico-conceptuales para realizar los correspondientes an\u00e1lisis racionales.<br \/>\nY por carecer de tales instrumentos l\u00f3gico-racionales, muchos se dejaron conducir s\u00f3lo por sus aspectos valorativos: intereses, deseos, emociones, etc. Un caso paradigm\u00e1tico lo representa Ch\u00e1vez. Su excelencia en cuanto al uso ret\u00f3rico del lenguaje nunca corri\u00f3 pareja a la excelencia de sus an\u00e1lisis factuales y morales. Todo en \u00e9l se redujo al uso y abuso de las descripciones ret\u00f3rico-pol\u00edticas. Y quienes heredaron su legado pol\u00edtico, heredaron sus errores y perversiones morales, tanto como sus errores l\u00f3gico-factuales. Tales \u201cerrores\u201d se podr\u00edan resumir en una sola palabra: \u201ccorrupci\u00f3n\u201d.<br \/>\nCorrupci\u00f3n moral sobre todo, pero sustentada en aspectos legales y factuales cuidadosamente armados y utilizados.<br \/>\nPodr\u00edamos, entonces, se\u00f1alar \u00fanicamente el sufrimiento individual; que dicho sufrimiento se convierta en sufrimiento colectivo deber\u00eda ser demostrado, aunque los \u201chechos\u201d los tengamos frente a nosotros.<br \/>\nEso es as\u00ed \u2013y no podr\u00eda ser de otro modo- cuando se act\u00faa p\u00fablica e institucionalmente; no sucede lo mismo al actuar de manera personal o privada.<br \/>\nQue alguien sufra frente a m\u00ed ha de mover mi compasi\u00f3n. Yo, como individuo, podr\u00eda evitar -si cuento con los recurso necesarios-, ese sufrimiento individual. Pero podr\u00eda nunca hacerlo. Por el inter\u00e9s o motivo que sea. Si ese es el caso, sin embargo, soy culpable, moralmente hablando, del sufrimiento del otro.<br \/>\nExactamente eso fue lo que hizo Ch\u00e1vez en el caso de Franklin Brito.<br \/>\nEl sufrimiento de ese ciudadano venezolano, uno m\u00e1s del colectivo \u201cVenezuela\u201d, pero un individuo bien real, fue diluido ret\u00f3ricamente por Ch\u00e1vez, ignor\u00e1ndolo por no ser parte del sufrimiento colectivo del \u201cpueblo pobre\u201d a quien \u00e9l, supuestamente estaba totalmente entregado. Y ah\u00ed radica su falta moral, que con su muerte y la de Brito, se transform\u00f3 en falta eterna. En vida nunca busc\u00f3 su redenci\u00f3n en relaci\u00f3n a ese caso tan denigrante moralmente considerado. En cualquier religi\u00f3n, tal falta moral conducir\u00eda a quien en vida la cometiera, al castigo eterno; de no arrepentirse en vida. En el caso de la religi\u00f3n cristiana, por ejemplo, a un individuo actuando de esa manera le esperar\u00eda el infierno eterno. Nada m\u00e1s ese caso lo condenar\u00eda.<br \/>\nNo es excusa, entonces, el saber si hay otros que sufren como ese que, frente a nosotros, sufre realmente; y que \u00e9l sufre del mismo modo, o de modo diferente, a como sufre un supuesto \u201ccolectivo\u201d. Por no haber prestado atenci\u00f3n a tal situaci\u00f3n de sufrimiento individual, sino por el contrario, por usarla perversamente con fines aviesamente ret\u00f3rico-pol\u00edticos, el caso Brito resalta como un caso de perversi\u00f3n moral que se\u00f1alar\u00e1 a Ch\u00e1vez eternamente.<br \/>\nDe lo dicho hasta ahora una cosa se nos hace evidente: lo \u201ccolectivo\u201d existe de otra manera a como existe lo individual.<br \/>\nEs la confusi\u00f3n de ambas realidades la que le permite a los pol\u00edticos y a los religiosos, vender sus mercanc\u00edas ideol\u00f3gico-valorativas como si fueran hechos; o confundir aviesamente espejitos \u201csentimentales\u201d con joyas factuales verdaderas.<br \/>\nEntonces, son esos aspectos supuestamente universales, \u201cEl Sufrimiento\u201d por ejemplo, en los cuales creemos que todos participamos colectivamente, los que se han de clarificar individualmente.<br \/>\nQue X persona o individuo haya sido estafado por \u201cEL Estado\u201d, por ejemplo, es tan reprobable como lo es que el mismo Estado estafe a los pensionados en el cobro de sus pensiones, o a los profesores universitarios en el cobro de sus prestaciones sociales. En ambos casos, que eso ocurra es moralmente reprobable. Pero no lo es en el mismo sentido, ni factual ni moralmente, que a alguien lo estafe el mismo Estado en un concurso literario, por ejemplo, porque en lugar de darle d\u00f3lares SIMADI le dieron d\u00f3lares a 6,30.<br \/>\nColocar este caso particular, individual, al mismo nivel del caso de los ancianos estafados en sus prestaciones, o de los enfermos tirados en las camas de un hospital p\u00fablico, us\u00e1ndolo como un caso universal de inmoralidad p\u00fablica-pol\u00edtica, es l\u00f3gicamente inv\u00e1lido, y adem\u00e1s moralmente perverso. Hacerlo se\u00f1ala a algo deleznable en quien argumenta de esta manera falaz (l\u00f3gicamente) para persuadir (ret\u00f3ricamente) a alguien que lo escucha o lee, de sus \u201csufrimientos\u201d (factuales y morales). Tan deleznable lo es en el caso individual, como deleznable es que \u201cEl Estado\u201d estafe a alguien ofreci\u00e9ndole lo que nunca le dar\u00eda, para luego, a trav\u00e9s de sus funcionarios, buscar justificarlo. Por ello, alguien que dice haber sido estafado en un concurso literario, por ejemplo, si recibe el premio en met\u00e1lico, por aceptarlo factualmente, ya ha convenido, igualmente de manera factual, en que \u201cEl Estado\u201d le ha dado \u201clo suyo\u201d, legal y factualmente.<br \/>\nQue el \u201cpremiado\u201d considere que no le dieron el premio factual recibido, como \u201cmoralmente\u201d \u00e9l cree que le correspond\u00eda, es la interpretaci\u00f3n valorativa de un hecho que exigir\u00eda un tipo de argumentaci\u00f3n que en \u00faltima instancia se acercar\u00eda a la decisi\u00f3n moral y factual de Franklin Brito, de morir en una huelga de hambre defendiendo sus propiedades y sus valores ideales.<br \/>\nEn efecto, a Brito no lo movieron sus tierras; con su muerte qued\u00f3 demostrado que lo movieron sus valores.<br \/>\nPero en un pa\u00eds como la Venezuela en la cual dominaba para el momento cuando ocurri\u00f3 el caso Brito, la ret\u00f3rica de Ch\u00e1vez, esa actitud moral, propia de un h\u00e9roe o un santo, cay\u00f3 en un vac\u00edo, precisamente moral.<br \/>\nEl colectivo \u2013de derecha y de izquierda, pudiente o pobre- estaba en ese momento hist\u00f3rico drogado, o encantado por la ret\u00f3rica \u201cinmoral\u201d de ese sofista p\u00e9simo pero muy locuaz, y falso ret\u00f3ricamente hablando, que era Ch\u00e1vez. Su discurso siempre estaba \u201cbellamente\u201d armado para sus seguidores. Y aun rechaz\u00e1ndolo, todos los venezolanos permanec\u00edan embelesados \u2013paralizados \u00e9tica y pol\u00edticamente- por su \u201ccarisma\u201d comunicacional, mientras que Brito \u2013y otros como \u00e9l- mor\u00edan en el anonimato o gritando su injusticia, como lo hizo Brito tan valientemente. De ah\u00ed que este real m\u00e1rtir del desprecio del chavismo por el sufrimiento de los \u201cindividuos venezolanos\u201d \u2013no del \u201ccolectivo\u201d- desapareci\u00f3 como la briza, y su rastro se perdi\u00f3 en la noche de los tiempos morales. La historia ha de redimirlo.<br \/>\nHoy, nadie en este pa\u00eds lo recuerda, ni aun cuando los hechos exigir\u00edan recordarlo y ponerlo como ejemplo y ejemplar moral. Continuamos drogados. Borrachos de ret\u00f3rica politiquera, sea de izquierda o de derecha. Muy ajustada a lo \u201ccolectivo\u201d, creyendo a\u00fan que los \u201cvenezolanos\u201d \u2013todos- son intercambiables con los \u201cindividuos\u201d venezolanos.<br \/>\nAl obrar de ese modo cometemos una falacia l\u00f3gica y, a la vez, somos corruptos morales, si sabiendo que entre ambos niveles de realidad no hay equivalencia, insistimos en identificarlos \u2013el individuo y la masa o el colectivo- por intereses, motivos, o deseos \u201cfactualmente inmorales\u201d (lo que de hecho nos conviene individualmente).<br \/>\nEso ocurre exactamente as\u00ed al hacer equivalente una aparente estafa individual, a la real estafa de una naci\u00f3n llamada Venezuela, por parte de quienes hoy tan aviesamente la gobiernan.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Que un texto est\u00e9 bellamente escrito o que su escritura sea \u201cinmaculada\u201d, como alguien lo calificar\u00eda, pertenece al \u00e1mbito de la ret\u00f3rica, no al de la l\u00f3gica. 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