{"id":52274,"date":"2015-11-03T14:11:59","date_gmt":"2015-11-03T18:41:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=52274"},"modified":"2015-11-03T14:11:59","modified_gmt":"2015-11-03T18:41:59","slug":"orquidea","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2015\/11\/03\/orquidea\/","title":{"rendered":"Orqu\u00eddea"},"content":{"rendered":"<p>Orqu\u00eddea<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los \u00e1rboles del jard\u00edn trasero se acongojaron como presas en apuros; las aguas del r\u00edo que se encontraba a un\u00a0kil\u00f3metro\u00a0 comenzaron a correr m\u00e1s lentamente; las gallinas y los gallos invadieron con la afon\u00eda de sus voces toda la casa y los turpiales se encargaron de sobrevolar la tragedia para corear el r\u00e9quiem anhelado y de enamorar\u00a0 al cielo rojo que una vez m\u00e1s anunciaba la muerte de otra orqu\u00eddea.<\/p>\n<p>En la parte trasera de la casa estaba el anciano \u00a0observando la orqu\u00eddea que acababa de asesinar. Mir\u00f3 al cielo y escrut\u00f3 con rostro energ\u00fameno las aves que no cesaban de cantar.<\/p>\n<p>\u201cAves al co\u00f1o que no hacen m\u00e1s que ruido\u201d dijo convencido de su acritud.<\/p>\n<p>Se acerc\u00f3 otra vez al cad\u00e1ver de la orqu\u00eddea, lo tom\u00f3 y lo oli\u00f3 por m\u00e1s de tres segundos mientras sus cejas se encorvaron de incertidumbre. Arroj\u00f3 de nuevo al piso lo que quedaba de ella y con la amargura eterna y veros\u00edmil de su coraz\u00f3n, se quit\u00f3 su sombrero, se deshizo de los zapatos hediondos de toda la vida, se despoj\u00f3 de toda la ropa\u00a0 estropeada y se traslad\u00f3 hacia el porche de su casa a esperar a la muerte de la misma manera en que hab\u00eda llegado a este mundo: desnudo.<\/p>\n<p>Diez minutos m\u00e1s tarde lleg\u00f3 Marta, su esposa. Feliz, con dos bolsas de jab\u00f3n en polvo que hab\u00eda comprado tras una larga espera que de unas seis horas en un supermercado (o al menso lo que queda de \u00e9l).\u00a0\u00a0 Lo observ\u00f3 con la mirada de costumbre. La anciana hab\u00eda aprendido a lidiar con la muerte psicol\u00f3gica de su compa\u00f1ero desde hac\u00eda muchos a\u00f1os atr\u00e1s. Limpiaba sus desastres, le recordaba cada hora quien era, y lo vest\u00eda de nuevo cuando \u00e9ste, dominado por el capricho de la paranoia, decid\u00eda esperar desnudo cada tarde en el porche a una muerte que no se molestaba en acabar con todo esto de una vez por todas.<\/p>\n<p>\u201cDebe ser que tiene algo mejor que hacer\u201d dec\u00eda cada vez el anciano refiri\u00e9ndose a la muerte.<\/p>\n<p>\u201cQuiz\u00e1s tienes que hacerle una carta como si fuera el ni\u00f1o Jes\u00fas\u201d brome\u00f3 Marta con tono sarc\u00e1stico.<\/p>\n<p>\u201cO tal vez est\u00e1 haciendo una cola pa conseguirte los pa\u00f1ales\u201d continu\u00f3.<\/p>\n<p>Marta lo mir\u00f3 como si se tratara del hijo que nunca pudo tener. Agarr\u00f3 el sombrero rancio que se encontraba en el piso y con gesto de ternura se lo coloc\u00f3 a su marido en la cabeza mientras este la observaba con una mirada pueril.<\/p>\n<p>\u201cToma viejo loco pa\u2019 que te veas m\u00e1s bonito\u201d<\/p>\n<p>El la mir\u00f3 fijamente y comenz\u00f3 a re\u00edr muy lentamente mientras le se\u00f1alaba el patio trasero. Marta no comprendi\u00f3. Sin embargo entr\u00f3 a la casa, se despoj\u00f3 de casi toda su ropa, observ\u00f3 \u00a0todo el desastre que hab\u00eda en la cocina y la suciedad de las paredes que no se cansaba de pintar a diario porque el pobre demente se empe\u00f1aba todos los d\u00edas en\u00a0rallarlas\u00a0para dejar mensajes a una muerte indiferente.<\/p>\n<p>Marta respir\u00f3 profundo y sali\u00f3 al patio. Sinti\u00f3 desde un principio que algo no estaba bien; por lo tanto se acerc\u00f3 un poco m\u00e1s, con el peso de la incertidumbre, a su jard\u00edn que era lo \u00fanico impecable que siempre hab\u00eda podido conservar en esa casa de chiflados. Mir\u00f3 al tope del sauce y observ\u00f3 dos turpiales que tambi\u00e9n la observaban como si tuvieran conciencia de que algo malo acababa de suceder. Se abri\u00f3 paso entre los lirios y las azucenas y lleg\u00f3 al fondo del jard\u00edn donde ten\u00eda a su eterna, \u00a0su hija silvestre como la llamaba algunas \u00a0veces.<br \/>\nSe trataba de la orqu\u00eddea que el viejo demente hab\u00eda destruido algunos minutos atr\u00e1s y Marta, al ver que su majestuoso milagro no se encontraba en su lugar se desplom\u00f3 en el piso produciendo un sonido tan fuerte que hizo que todas las aves que se encontraban en los sauces de los alrededores de la casa se dispararan temerosos. Se trababa de una Orqu\u00eddea que ten\u00eda un poco m\u00e1s de cuatro a\u00f1os sin marchitarse y con el tiempo su fragancia se hab\u00eda hecho m\u00e1s intima y exquisita. Fue por esta raz\u00f3n que Marta corri\u00f3 hacia al porche a gritar como si un demonio la hubiese pose\u00eddo y estuviera luchando por perpetuar su cuerpo. Grit\u00f3 como jam\u00e1s hab\u00eda gritado en toda su vida<\/p>\n<p>\u201cEsa Orqu\u00eddea era lo \u00fanico bueno que hab\u00eda en esta casa\u201d grit\u00f3 una y otra vez, incluso algunas veces muy cerca del rostro del anciano que permanec\u00eda inm\u00f3vil\u00a0e ignorando con una sonrisa de otro mundo lo que su esposa dec\u00eda.<br \/>\nLa pobre mujer \u00a0se desplom\u00f3 completamente, impaciente y cansada de ser esclava de una circunstancia\u00a0 a la cual\u00a0hab\u00eda\u00a0tratado de acostumbrarse por\u00a0 tantos a\u00f1os pero que nunca\u00a0 hab\u00eda tenido la decencia de pagarle, al menos, con la muerte.<\/p>\n<p>Se sent\u00eda agotada y con ganas de dejar este mundo. Sin embargo ella m\u00e1s que nadie sab\u00eda que era incapaz de quitarse la vida, as\u00ed que se ech\u00f3 a llorar como un ni\u00f1o impotente y no le qued\u00f3 m\u00e1s \u00a0remedio que \u00a0aferrarse a su desgracia y a lo que le hab\u00eda tocado vivir por tanto tiempo sin hab\u00e9rselo pedido a nadie. Se quit\u00f3 toda la ropa; Se acomod\u00f3 en el piso del patio como dios la trajo al mundo\u00a0 y se enroll\u00f3 como una oruga\u00a0 asustada a esperar lo que su esposo esperaba cada tarde desnudo en el porche: la Muerte.<\/p>\n<p>Dur\u00f3 un poco m\u00e1s de dos horas arrojada en la tierra mojada observando las hormigas que recorr\u00edan su cuerpo y las aves que sobrevolaban su desgracia, envidi\u00f3 y anhel\u00f3 la libertad que \u00e9stas pose\u00edan e incluso imagin\u00f3 ser una de ellas \u00a0y fue entonces en ese momento de epifan\u00eda cuando Marta se levant\u00f3 y entr\u00f3 corriendo a su casa. Tom\u00f3 una pala, se coloc\u00f3 encima los trapos sucios de trabajo y sali\u00f3 otra vez al patio trasero con la determinaci\u00f3n de una tormenta perdida en el verano. Se abri\u00f3 paso entre las fastuosas azucenas. Se amarr\u00f3 la herramienta entre sus brazos y comenz\u00f3 a cavar tan vertiginosamente como un perro en b\u00fasqueda de su tesoro. Tom\u00f3 una l\u00e1mina de concreto que se encontraba arrojada en el piso y la coloc\u00f3 en el hoyo con m\u00e1s de la mitad de esta sobresaliendo hacia la superficie. Tom\u00f3 un pincel y con pintura de un rojo sangre escribi\u00f3:<\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>\u201cAqu\u00ed yace\u00a0 Marta de nadie,<\/em><\/p>\n<p><em>Esposa de nadie<\/em><\/p>\n<p><em>Madre de nadie\u201d<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Entr\u00f3 a la casa completamente sucia, mientras su esposo segu\u00eda en el porche esperando la muerte. \u00a0Entr\u00f3 a su cuarto, se quit\u00f3 toda la ropa de nuevo y\u00a0 sali\u00f3 desnuda como un \u00a0ave despojada de sus plumas. Respir\u00f3 m\u00e1s r\u00e1pido que nunca y se larg\u00f3 de esa casa como un ave f\u00e9nix endemoniada, sin ropas, sin recuerdos, marchando hacia la nada a seguir viviendo de la nada, solamente con la certeza y el desconsuelo de que sus fastuosas orqu\u00eddeas no habr\u00edan de volver a crecer nunca m\u00e1s por los siglos de los siglos en esa casa de locos.<\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Fin<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Orqu\u00eddea &nbsp; Los \u00e1rboles del jard\u00edn trasero se acongojaron como presas en apuros; las aguas del r\u00edo que se encontraba a un\u00a0kil\u00f3metro\u00a0 comenzaron a correr m\u00e1s lentamente; las gallinas y los gallos invadieron con la afon\u00eda de sus voces toda la casa y los turpiales se encargaron de sobrevolar la tragedia para corear el r\u00e9quiem [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":3552,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[2693],"tags":[],"class_list":{"0":"post-52274","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-narrativa"},"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/sfpCD-orquidea","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/52274","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3552"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=52274"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/52274\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=52274"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=52274"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=52274"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}