{"id":522,"date":"2007-03-01T15:48:35","date_gmt":"2007-03-01T19:48:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2007\/03\/01\/hollywoodlandtrue-e-story\/"},"modified":"2007-03-03T13:08:59","modified_gmt":"2007-03-03T17:08:59","slug":"hollywoodlandtrue-e-story","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2007\/03\/01\/hollywoodlandtrue-e-story\/","title":{"rendered":"Hollywoodland:True E! Story"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" decoding=\"async\" align=\"right\" alt=\"hollywoodland_poster.jpg\" id=\"image524\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2007\/03\/hollywoodland_poster.jpg?w=696\" \/>Desnudo y sin su traje de colores primarios, el int\u00e9rprete George Reeves fulmin\u00f3 a su alter ego, el hombre de acero,con una Luger autom\u00e1tica, la pistola preferida por los nazis. De tal modo, el palad\u00edn de la justicia se ajustici\u00f3 as\u00ed mismo a la manera de Hitler en <strong>The Downfall<\/strong>. Por tanto, <strong>Hollywoodland<\/strong> es <strong>La Ca\u00edda de Superman<\/strong> como s\u00edntoma del hundimiento de la meca y del star system.<\/p>\n<p><em>L. A. Confidential<\/em><\/p>\n<p>Para el momento del suceso, el actor estaba desempleado, alcoholizado y vencido por la kriptonita del fracaso, incapaz de dominar sus demonios superheroicos. Al principio se pens\u00f3 que era otro suicidio de un actor venido a menos, pero pronto comenz\u00f3 a cobrar fuerza la hip\u00f3tesis del asesinato, estimulada sobre todo por el af\u00e1n amarillista de vender peri\u00f3dicos, a costa de magnificar las peores miserias humanas y las m\u00e1s absurdas teor\u00edas de complot.<\/p>\n<div align=\"left\">La paradoja de <strong>Hollywoodland <\/strong>estriba en denunciar este mal estado de cosas, pero sin dejar de sacarle provecho al estilo de los documentales sensacionalistas de<em> E! Entertainment<\/em>. Como en <strong>True Hollywood Story<\/strong>, se parte de un escenario decadente para concluir en una moraleja puritana.<\/div>\n<p><em>Sex, Mistery and Scandals <\/em><br \/>\nAl inicio de las investigaciones, las culpas del crimen recayeron sobre las espaldas de tres sospechosos habituales: dos mujeres fatales y un siniestro potentado de los estudios.<br \/>\nLeonore Lemon, la novia del gal\u00e1n en horas bajas, fue la primera dama en ser se\u00f1alada como \u201csupuesta\u201d autora material del homicidio. La rebelde sin causa Robin Tunney la resucita en la pel\u00edcula, esterotip\u00e1ndola como una escaladora de la Gran Manzana. En realidad, era una chica \u201cde la alta sociedad neoyorquina\u201d, en palabras de Kenneth Anger para su libro <strong>Hollywood Babilonia<\/strong>.<br \/>\nEn segundo lugar, los dedos de la prensa del coraz\u00f3n apuntaron en direcci\u00f3n de la acaudalada amante del protagonista, Mrs. Toni Manix, fielmente incorporada por la infielidad en pasta, Diane Laine,estancada en su arquetipo de Madame Bovary.<br \/>\nLo que nos lleva al tercer integrante de la lista roja, Mr. Eddie Manix, el esposo cornudo de la trama y el magnate de la MGM. En la ficci\u00f3n es un villano plano, carente de matices, personificado por un demon\u00edaco Bob Hopkins, siempre en la lupa del Sherlock Holmes de la partida, Adrien Brody, a sus anchas en la piel del vulnerable detective de esta novela negra, m\u00e1s blanca y respetuosa de su herencia pasada, de lo que uno quisiera.<br \/>\nEsto en vez de ser un <em>film noir <\/em>abstracto y rupturista como <strong>Lost Highway<\/strong>, es uno literal, pudoroso y conservador como <strong>Munich<\/strong>, con una peque\u00f1a y apreciable diferencia: <strong>Hollywoodland<\/strong> se atreve a lavar y a quemar en p\u00fablico los trapos sucios de la industria, con la gasolina de los iconoclastas.<\/p>\n<p><em>El Crep\u00fasculo de los Dioses<\/em><\/p>\n<p>El poder desmitificador de la cinta reside en la fortaleza autopar\u00f3dica de Ben Afleck en el tragic\u00f3mico disfraz del hombre de hierro, explotado por la serie b de la televisi\u00f3n inf\u00e1ntil, para luego ser desechado como un traste viejo. El chiste cruel de la pieza consiste en revelar el lado gris del personaje, caricaturiz\u00e1ndolo salvajemente como en <strong>Superman III<\/strong>, cuando lo descubrimos borracho y derrumbado, gracias a la vena sat\u00edrica de Richard Lester, el obvio referente de Allen Coulter para su <strong>Hollywoodland<\/strong>, una especie de <strong>The Last Action Hero<\/strong> en clave de Chapul\u00edn Colorado.<\/p>\n<p>Para rematar, el film contar\u00e1 con la astucia de reeditar el malestar anti Hollywood de cl\u00e1sicos como <strong>Sunset Boulevard <\/strong>y <strong>The Player<\/strong>, con lo cual compartir\u00e1 la tesis del m\u00e1s reciente largo de David Lynch, <strong>Inland Empire<\/strong>, el imperio del cine convertido en un inframundo del horror poblado por almas en pena. En fin, <strong>The Last Days<\/strong> o los \u00faltimos d\u00edas de George Reeves en la cr\u00f3nica de una muerte anunciada para la f\u00e1brica de sue\u00f1os.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desnudo y sin su traje de colores primarios, el int\u00e9rprete George Reeves fulmin\u00f3 a su alter ego, el hombre de acero,con una Luger autom\u00e1tica, la pistola preferida por los nazis. De tal modo, el palad\u00edn de la justicia se ajustici\u00f3 as\u00ed mismo a la manera de Hitler en The Downfall. 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