{"id":50867,"date":"2015-04-27T23:06:48","date_gmt":"2015-04-28T03:36:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=50867"},"modified":"2015-04-27T23:08:58","modified_gmt":"2015-04-28T03:38:58","slug":"el-diario-y-las-fresas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2015\/04\/27\/el-diario-y-las-fresas\/","title":{"rendered":"El diario y las fresas."},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/41.media.tumblr.com\/2eda27488c834b5d626e42185a0a6621\/tumblr_mgv28d0yY91ru640fo1_500.jpg?resize=490%2C750\" alt=\"\" width=\"490\" height=\"750\" \/><\/p>\n<p>Su vida originaba de los frutos de una familia casi por desaparecer, producto de las bombas incipientes de una guerra que no era de nadie. Era una guerra donde todos mor\u00edan y nadie re\u00eda con eterna tranquilidad. Toda esta situaci\u00f3n gener\u00f3 que la familia Heiddeger saliera de la Europa azotada por la Segunda Guerra Mundial. Esta peculiar familia lograba desarrollarse y sobresalir en las artes y la m\u00fasica, tal como Ernest, hijo \u00fanico de una relaci\u00f3n tan mon\u00f3tona como la de sus padres Peter Heiddeger\u00a0 Shophie Nusset. Peter y Sophie se hab\u00edan conocido en un campo de concentraci\u00f3n de la Alemania nazi. Los dos eran orgullosamente jud\u00edos, y ser\u00edan perseguidos y dominados en una sociedad de contradicciones. Fueron uno de los pocos jud\u00edos que lograron escapar de las balas infernales y tomar uno de los \u00faltimos barcos con destino a un pa\u00eds tropical de Am\u00e9rica. Todo eso por all\u00e1 a 1943.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Nunca se supo si Ernest era venezolano o alem\u00e1n. Su existencia a veces da muchas vueltas, y hace que nazcas en un barco donde la esperanza era el pan de cada d\u00eda, donde las l\u00e1grimas del pasado eran remplazadas por un futuro renovador, en un pa\u00eds donde el idioma era desconocido por muchos alemanes. La familia Heiddeger logr\u00f3 llegar a la tierra prometida del sur de Am\u00e9rica, a Venezuela. Junto a otros alemanes, logran formar caba\u00f1as en lo m\u00e1s alto de la monta\u00f1a, en donde fundan la Colonia Tovar. Cosechando m\u00e1s que ilusiones en un mero para\u00edso tropical, se dedicaron a sembrar fresas por toda la parcela de tierra que le hab\u00edan tocado. A\u00f1os despu\u00e9s, la peque\u00f1a parcela de doscientos metros se convirti\u00f3 en uno de los mejores sembrad\u00edos de fresa de Venezuela.<\/p>\n<p>Al igual que la mayor\u00eda de las familias de origen \u00e1rabe en Venezuela, la familia Assef ven\u00eda de Palestina, en Medio Oriente. Rebeca era hija de Olivia Hezzen y de Habeeb Assef, una familia muy estricta de las creencias musulmanas. Rebeca siempre fue una rebelde esperando llegar a su cometido: librarse de las reglas de los dogmas religiosos y ser una chica cualquiera. S\u00f3lo deseaba no ser otra \u00e1rabe con Hiyab, quer\u00eda ser la chica promedio, escuchar la m\u00fasica que quisiera, colocarse los tatuajes que quisiera, y salir con los chicos que m\u00e1s le llamara la atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>-Pero madre \u2013dijo Rebeca con cierto recelo a su madre-, no quiero ser la burla de todos al usar esa cosa en la cabeza.<\/p>\n<p>-Pero hija, ya te acostumbrar\u00e1s. Yo dec\u00eda lo mismo a tu edad.<\/p>\n<p>-Mam\u00e1, t\u00fa bien sabes que nunca me gust\u00f3 eso de las religiones.<\/p>\n<p>Olivia sab\u00eda bien que discutir con su hija Rebeca sobre los temas religiosos siempre conllevaba a un largo proceso de desencantos, en donde la rudeza de su esposo Habeeb har\u00edan acabar con la protesta de Rebeca con una simple \u2013pero ruda- cachetada.<\/p>\n<p>Con el fin de apaciguar los ideales de su hija, Olivia y Habeeb deciden, como toda familia caraque\u00f1a, despejar dudas, olvidarse de la abrumadora ciudad por un rato, y dedicar los fines de semana a un viaje hacia la Colonia Tovar.<\/p>\n<p>Entre monta\u00f1as y neblinas. Entre caba\u00f1as de fachada blanca y enormes sembrad\u00edos de fresas, la familia Assef pasaba un s\u00e1bado. A Rebeca le encantaba ir a la Colonia Tovar. La verde monta\u00f1a que arropa a los residentes de descendencia alemana \u2013en su mayor\u00eda- le produce cierta relajaci\u00f3n significante. Y entre tantas ofertas de las populares fresas con cremas del lugar, Rebeca se interes\u00f3 en una tiendita, con una puerta tan peque\u00f1a que cualquiera podr\u00eda pensar que ah\u00ed trabajaban duendes.<\/p>\n<p>Le parec\u00eda una linda casa, con adornos fant\u00e1sticos y \u00fanicos entre tanta monoton\u00eda comercial.<\/p>\n<p>-Mam\u00e1, creo que me gustar\u00eda una fresa con crema.<\/p>\n<p>-Bueno, Rebeca \u00bfEn cu\u00e1nto est\u00e1?<\/p>\n<p>-Creo que en 10 bol\u00edvares.<\/p>\n<p>Rebeca, con su cara de adorno y de inter\u00e9s se queda viendo a la mam\u00e1. La madre, a su vez, se le queda viendo al esposo, Habeeb.<\/p>\n<p>-Toma 50 bol\u00edvares, dice Habeeb mientras hurga su billetera.<\/p>\n<p>-Pero eso s\u00ed -contin\u00faa el Pap\u00e1-, tienes que traernos unos dulces a nosotros y tienes que darme un beso antes de darte el dinero.<\/p>\n<p>A pesar de su furia interna por lo dogm\u00e1tico que llega a ser su padre, Rebeca no duda ni medio segundo para lanzarle un beso. Lo quiere, lo ama. A pesar de ser tan terco, ella sabe que \u00e9l nunca perder\u00e1 la condici\u00f3n de padre.<\/p>\n<p>Rebeca toma el dinero y se va corriendo a la tienda. A ella lo que en verdad no le interesaba era la fresa con crema, s\u00f3lo quer\u00eda entrar en la casita y ver los adornos con que recib\u00eda a los turistas. Al entrar se dio cuenta de lo majestuosa y sencilla que era la tienda. En la repisa se encontraba un joven. Catire, pero con rasgos latinos. A ella le pareci\u00f3 lindo a primera vista, pero \u00e9l no se dio cuenta de la presencia afrodis\u00edaca de ella, solamente le\u00eda un libro peque\u00f1o titulado \u201cEl diario de Ana Frank\u201d.<\/p>\n<p>-\u00bfMe puedes dar dos fresas con crema?- Pregunta la dulce Rebeca.<\/p>\n<p>-Son 20 bol\u00edvares -responde el joven sin quitar de la vista las hojas del libro que ten\u00eda en sus manos.<\/p>\n<p>-Aqu\u00ed los tiene -evoca Rebeca con cierta rabia por la ignorancia del joven ante el pedido.<\/p>\n<p>El chico no se apresura a tomar los billetes, s\u00f3lo sigue leyendo el libro, como si estuviera hipnotizado con las palabras que all\u00ed yace. Ante esto, Rebeca se molesta de una manera iracunda.<\/p>\n<p>-\u00a1Mira, chico. Te acabo de pedir dos fresas con crema! \u2013grita desaforada.<\/p>\n<p>El joven, ante el grito necesario de la chica, se asusta y cierra el libro.<\/p>\n<p>-Disc\u00falpame chica. Ya te hago las fresas con\u2026<\/p>\n<p>Se call\u00f3 por un momento, justo despu\u00e9s que levant\u00f3 la cara para conocer su rostro. Le gust\u00f3 al instante, sin remordimientos de invitarle un caf\u00e9, o que ella le haya gritado en su cara.<\/p>\n<p>-Ya, ya te hago la crema con fresa\u2026 Quise decir, la fresa con crema.<\/p>\n<p>-Por cierto, mi nombre es Ernest, y disc\u00falpame pero andaba leyendo un libro.<\/p>\n<p>Ella se r\u00ede de la cara inocente del joven. Al parecer a ella le gust\u00f3 su manera de disculparse.<\/p>\n<p>-Tranquilo, Ernest. Yo me llamo Rebeca, pero me puedes decir \u201cBeca\u201d. Por cierto, \u00bfqu\u00e9 lees?<\/p>\n<p>-El diario de Ana Frank, \u00bflo has le\u00eddo? Pregunta con intriga Ernest.<\/p>\n<p>-No. Lo he escuchado en la radio justo antes de venir, \u00bfde qu\u00e9 trata?<\/p>\n<p>-\u00a1Qu\u00e9 bien, Eres jud\u00edo! Yo, bueno \u2013dice Rebeca con cierto desaliento- soy musulmana.<\/p>\n<p>-Y \u00bfPor qu\u00e9 lo dices con esa tristeza? Es bueno ser musulmana en un pa\u00eds de puros cat\u00f3licos. Bueno, eso creo. Adem\u00e1s que tienen una m\u00fasica muy buena y ustedes las mujeres son muy\u2026<\/p>\n<p>Ernest detuvo su voz y su boca por un instante. Pens\u00f3 lo que iba a decir, se le iba a salir un piropo sin querer.<\/p>\n<p>Rebeca lo sab\u00eda, tanto ella como \u00e9l se sonrojaron. Se rieron al mismo tiempo.<\/p>\n<p>Para volver a romper el hielo, Ernest por fin le entrega las fresas con crema que ella hab\u00eda comprado. Y antes de salir de la tienda, Rebeca le extiende un saludo.<\/p>\n<p>-Si alg\u00fan d\u00eda bajas a la capital, no dudes en llamar a este n\u00famero.<\/p>\n<p>Le da una de las servilletas que \u00e9l le entreg\u00f3 junto a la fresa con crema, pero en \u00e9l se encontraba el n\u00famero de la casa de Rebeca.<\/p>\n<p>-No lo dudes, Beca.<\/p>\n<p>Al dejar de verse supieron que algo sucedi\u00f3, que algo los marco pero no saben qu\u00e9 fue exactamente. Tal vez fue el suspiro de un amor a primera vista, o de que los dos se divirtieron mientras se hablaban. Ah\u00ed est\u00e1 el problema. Cuando tratas de entender c\u00f3mo funciona el amor, se pierde toda claridad de la realidad sollozada. Porque el amor no se trata de funcionamiento, sino de que es y vive como ning\u00fan otro sentimiento inerte del ser humano.<\/p>\n<p>-\u00bfHabr\u00e1 sido su sonrisa? -se preguntaron en voz alta los dos cuando trataban de dormir horas despu\u00e9s de la inesperada conversaci\u00f3n que sostuvieron.<\/p>\n<p>Pero nada qued\u00f3 en una mera conversaci\u00f3n. Ernest baj\u00f3 a Caracas tres d\u00edas despu\u00e9s de haber conocido a la bella y esplendida Rebeca. Llam\u00f3 a la casa de la chica, lo hab\u00eda atendido la madre y desde ese d\u00eda Olivia sab\u00eda que en la mente de su hija hab\u00eda un chico.<\/p>\n<p>Luego de varias citas que tuvieron juntos, varios besos que se impartieron sobre ellos, decidieron confrontar cada uno a su familia. B\u00e1sicamente para Ernest no le fue dif\u00edcil informar a sus padres de la existencia inerte de Rebeca, la chica que conoci\u00f3 mientras atend\u00eda la tienda, la chica de su primer beso y que luego de varias citas se enamor\u00f3 perdidamente. Peter, su padre, nunca tuvo problema con que ella fuera \u00e1rabe, m\u00e1s bien le agradaba.<\/p>\n<p>-Hijo, cuando conoc\u00ed a tu madre supe a primera vista que era la chica m\u00e1s especial del mundo. Procura que ella sea especial para ti, y tr\u00e1tala como tal.<\/p>\n<p>Su madre Shopie, a pesar de que nunca la aprob\u00f3 como tal, siempre le daba consejos a su hijo de qu\u00e9 regalarle.<\/p>\n<p>-A las mujeres nos gusta un hombre detallista, que sepa apreciar cada momento, cada instante. Tu padre, por ejemplo, lo primero que hizo para que llamara su atenci\u00f3n fue escribirme un poema. Era corto, pero su significado fue muy \u00fanico para m\u00ed. \u2013Y tratando de ayudar a su hijo, Sophie le sugiere hacerle un poema.<\/p>\n<p>Ernest pens\u00f3 bastante el hecho de escribirle un poema a su <em>Beca, <\/em>pero al fin se decidi\u00f3. Se sent\u00f3 en la mesa de la sala de la peque\u00f1a caba\u00f1a en donde viv\u00eda la familia Heiddeger, esas caba\u00f1as alemanas, que por dentro son casi en su plenitud de madera barnizada. Ernest pens\u00f3 varias horas cada palabra que escribir\u00eda en la hoja, hasta que por fin logr\u00f3 redactar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00ab<em>Tus ojos demuestran \u00a0que eres \u00fanica y alegre.<\/em><\/p>\n<p><em>Tu piel morena me contagia y me demuestra que en verdad<\/em><\/p>\n<p><em>eres tan espl\u00e9ndida como la fresa que se cosecha en estas monta\u00f1as.<\/em><\/p>\n<p><em>Aqu\u00ed sigo, loco y empedernido, porque te pienso cada instante,<\/em><\/p>\n<p><em>porque te pienso sin cesar. Porque s\u00ed, porque te pienso\u2026<\/em> \u00bb<\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p>En casa de la familia Assef todo iba de mal en peor. Los padres de Rebeca, al enterarse de que con el chico que ella estaba saliendo era de origen jud\u00edo, le prohibieron volver a verlo. Sent\u00edan un claro odio hacia los jud\u00edos.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 es lo que tengo que entender? -pregunta Rebeca confundida y a la vez con ganas de llorar por el inexplicable odio hacia los jud\u00edos.<\/p>\n<p>-Ellos son los culpables de la desgracia de miles de \u00e1rabes en Medo Oriente. Nos quitaron nuestras tierras y nos tildaron luego de ladrones.<\/p>\n<p>-Pap\u00e1 -replica Rebeca-, \u00bfQu\u00e9 culpa tiene un joven de mi edad en lo que sucede en Medio Oriente, que que nunca ha pisado m\u00e1s all\u00e1 de Caracas y sus aleda\u00f1os?<\/p>\n<p>-Rebeca \u2013interviene Olivia de manera tenaz-, tu padre y yo hab\u00edamos pensado que por todos los problemas que has tenido, y porque nos importas, hemos decidido mandarte a Europa a estudiar.<\/p>\n<p>Rebeca no aguanta, quiere llorar, no quiere irse a Europa. No por ahora. Rebeca no aguanta, y rompe en llanto. No sabe c\u00f3mo dec\u00edrselo a Ernest y entre tantas salidas a escondida de sus padres, Rebeca decide por fin decirle a su querido la noticia de su partida.<\/p>\n<p>-Me voy del pa\u00eds. Mis padres no me quieren aqu\u00ed. Me voy en tres d\u00edas a Polonia \u2013sonr\u00ede con cierto desaliento-. All\u00ed mi pap\u00e1 tiene un primo con un sembrad\u00edo de fresas. Las coincidencias a veces existen \u00bfNo crees?<\/p>\n<p>-\u00bfYa no te podr\u00e9 ver m\u00e1s?<\/p>\n<p>Ernest no supo qu\u00e9 m\u00e1s preguntarle, s\u00f3lo se qued\u00f3 callado y mirando los ojos de su amada Beca. Ella hizo lo mismo por m\u00e1s de media hora, sentados en los jardines del Parque del este.<\/p>\n<p>Se abrazaron como nunca lo hab\u00edan hecho. Se dieron el \u00faltimo beso, el m\u00e1s doloroso de todos los besos: el de despedida, ese que nadie quiere dar o quiere llegar a esas circunstancias.<\/p>\n<p>-Toma, un regalo que quise darte hace mucho tiempo, y creo que esta es la ocasi\u00f3n ideal -dice Ernest sacando de su bolso un libro-.<\/p>\n<p>All\u00ed se encontraba Rebeca, en los asientos del aeropuerto de Caracas. \u00a0A veces la vida depara futuros tan incipientes como el sonido nost\u00e1lgico de un avi\u00f3n saliendo a un destino imaginario. El vuelo hacia Polonia se hab\u00eda demorado una hora por problemas de la turbina de avi\u00f3n. Saca de su mochila el libro que le regal\u00f3 Ernest, que no era cualquier libro, sino con el libro con que se conocieron: El diario de Ana Frank. y mientras lo hojea cae del libro una carta sellada. Se sorprende ante su existencia, lo recoge del piso y lo abre. Lee poco a poco cada palabra que all\u00ed yace. No era de las chicas que le gustaban los poemas, pero ese en particular le pareci\u00f3 hermoso, sublime. Luego de terminarlo, sus l\u00e1grimas brotaron desde lo m\u00e1s profundo de su alma. Estaba perdidamente enamorada del alem\u00e1n de las fresas, de su amado Ernest.<\/p>\n<p>Los a\u00f1os pasaron. Ninguno cont\u00f3 el tiempo exacto en que crecieron sin verse o escribirse. Simplemente se dedicaron a lo suyo, a vivir su adolescencia, a graduarse del colegio y querer ser ingenieros, m\u00e9dicos o abogados. Nunca se supo si Rebeca logr\u00f3 llegar a Polonia o si se devolvi\u00f3 a su hogar. Nadie logr\u00f3 tener contacto con sus padres.<\/p>\n<p>Ernest continu\u00f3 con sus deseos de ser m\u00e9dico. Present\u00f3 la prueba en la Universidad Central de Venezuela y al buscar sus resultados tuvo la buena noticia de que hab\u00eda sido aceptado. Su gran noticia la quiso llevar a su casa. Al llegar, vio en la sala de su casa un peque\u00f1o sobre manila amarillo con las siglas E.H puestas en su frente. Ernest decide abrirlo y en su interior hab\u00eda una postal de Holanda, espec\u00edficamente del museo de Anna Frank. En la postal ten\u00eda dos palabras escritas con sencillez pero con cierto aire de un porvenir mejor. Dos palabras que hac\u00edan de los recuerdos un buen acompa\u00f1ante:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em>\u201cTe pienso\u201d<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Su vida originaba de los frutos de una familia casi por desaparecer, producto de las bombas incipientes de una guerra que no era de nadie. 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