{"id":50758,"date":"2015-04-21T05:35:15","date_gmt":"2015-04-21T10:05:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=50758"},"modified":"2015-04-21T10:27:03","modified_gmt":"2015-04-21T14:57:03","slug":"primer-concurso-de-arte-contemporaneo-iberoamericano-del-canal-ito","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2015\/04\/21\/primer-concurso-de-arte-contemporaneo-iberoamericano-del-canal-ito\/","title":{"rendered":"Primer concurso de arte contempor\u00e1neo iberoamericano del Canal-Ito"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/1premio.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"50759\" data-permalink=\"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2015\/04\/21\/primer-concurso-de-arte-contemporaneo-iberoamericano-del-canal-ito\/1premio\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/1premio.jpg?fit=180%2C317&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"180,317\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"1premio\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/1premio.jpg?fit=180%2C317&amp;ssl=1\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/1premio.jpg?resize=180%2C317\" alt=\"1premio\" width=\"180\" height=\"317\" class=\"alignleft size-full wp-image-50759\" \/><\/a> Todo empez\u00f3 por mera casualidad. Encontrar esa pieza de madera en medio de la calle, como si lo estuviera esperando, fue tomado por \u00e9l &#8211; a pesar de considerarse un esc\u00e9ptico en todo lo que ten\u00eda que ver con la c\u00e1bala y las supersticiones  &#8211; como una se\u00f1al. La forma del objeto, una especie de K, llam\u00f3 su atenci\u00f3n de inmediato, pues esa era la consonante que encabezaba el nombre de la mujer que lo ten\u00eda obsesionado pero estaba fuera de su alcance. Sin pensar mucho en qu\u00e9 le servir\u00eda, decidi\u00f3 llevarlo a su casa.<\/p>\n<p>Pero retrocedamos un poco. Leonardo ven\u00eda de una serie de fracasos en el campo laboral que en poco tiempo le dieron de manera parad\u00f3jica lo mejor y lo peor en lo que a calidad de vida se refiere: todo el tiempo libre al que pudiera aspirar, pero una cuenta bancaria rid\u00edcula, casi inexistente. Hab\u00eda sido un consultor en materia inform\u00e1tica con relativo \u00e9xito en los 90, pero la r\u00e1pida evoluci\u00f3n del campo, junto con las nuevas generaciones de programadores, aut\u00e9nticos \u00abbaby boomers\u00bb tecnol\u00f3gicos, lo hab\u00edan relegado a posiciones de segunda y poco a poco se encontr\u00f3 fuera del juego. Apenas conservaba un par de clientes que de tanto en tanto, y casi  por l\u00e1stima, le encargaban alg\u00fan proyectico menor. Eso explicaba que anduviese paseando por aquella calle un d\u00eda mi\u00e9rcoles a las 2:30 de la tarde. Era un expediente que utilizaba a menudo para matar el tiempo y buscar ideas que lo sacaran del hueco en el que estaba metido. No se preocupaba por su propia subsistencia, pues se hab\u00eda habituado a sobrevivir con poco, pero s\u00ed por los seres que ten\u00eda a su cargo: dos enormes labradores que demandaban grotescas cantidades de comida a diario. Eso lo ten\u00eda agobiado, pues cada d\u00eda le era m\u00e1s dif\u00edcil cubrir sus necesidades, tanto por lo costoso del alimento como por la escasez generalizada, que lo obligaba a recorrer varios comercios en su b\u00fasqueda.<\/p>\n<p>Al llegar a su casa meti\u00f3 la K gigante en un cl\u00f3set y se olvid\u00f3 de ella, hasta que un par de semanas despu\u00e9s de su hallazgo se encontr\u00f3 con una noticia inveros\u00edmil mientras navegaba por internet, aprovechando el wifi libre que alg\u00fan vecino samaritano o ingenuo hab\u00eda dejado libre (su propia conexi\u00f3n hab\u00eda sido cortada hac\u00eda meses por falta de pago). La noticia la ley\u00f3 en Twitter: un programa de televisi\u00f3n, dedicado a las manifestaciones art\u00edsticas, hab\u00eda anunciado un concurso de arte contempor\u00e1neo, que promet\u00eda un premio de cien mil d\u00f3lares a la obra que resultara ganadora. Para garantizar la imparcialidad del veredicto, el concurso contaba con un jurado compuesto por los nombres m\u00e1s importantes e influyentes en el mundo de las artes en Iberoam\u00e9rica. Leonardo no sab\u00eda nada de arte, pero la cifra se le grab\u00f3 en la mente, y por asociaci\u00f3n de ideas record\u00f3 la pieza que hab\u00eda recogido cual ropavejero en la calle. \u00bfY si interven\u00eda la pieza de alguna manera, y la transformaba en algo que pudiese considerarse arte conceptual? Total, hab\u00eda visto en sus visitas espor\u00e1dicas a museos y galer\u00edas algunos esperpentos que pasaban por obras valios\u00edsimas. Cien mil d\u00f3lares le garantizaban toda la estabilidad que requer\u00eda por el resto de su vida, y comenz\u00f3 a fantasear con la posibilidad de ganar el concurso.<\/p>\n<p>Leonardo habr\u00e1 podido ser poco h\u00e1bil o poco afortunado en los negocios, pero tonto no era, as\u00ed que urdi\u00f3 un plan para tener alg\u00fan chance. Sab\u00eda que el plagio, cuando es demostrable, es causa de descalificaci\u00f3n autom\u00e1tica tanto de la obra como del autor, por lo que hizo la investigaci\u00f3n m\u00e1s exhaustiva de la que fue capaz, navegando por los sitios de galer\u00edas de arte en la web y acudiendo a la biblioteca nacional. Despu\u00e9s de muchas horas de revisi\u00f3n, pudo alcanzar una razonable certeza: nadie reconocido hab\u00eda expuesto nunca una obra parecida a la que \u00e9l pensaba realizar.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n se enfrent\u00f3 al objeto: lo examin\u00f3 desde todos los \u00e1ngulos, tratando de buscar inspiraci\u00f3n para intervenirlo de una manera original. Era de madera natural, sin pintar ni barnizar. De \u00e1ngulos rectos, sin lijar. Ten\u00eda varios rayones profundos, casi que rasgu\u00f1os, y estaba manchado de grasa negra, como la que dejan los carros pegada al piso. Trat\u00f3 de imaginar cu\u00e1l hab\u00eda sido su uso original, pero no pudo desentra\u00f1arlo. Al parecer hizo parte de alg\u00fan tipo de proyecto fallido, y fue arrojado sin muchas ceremonias a la calle, tal vez como muestra de la frustraci\u00f3n que embarg\u00f3 al fallido constructor. Pero ahora, si ten\u00eda la fortuna suficiente, iba a redimir a aquella K.<\/p>\n<p>Ensay\u00f3 m\u00faltiples posibilidades, pero ninguna de ellas lo satisfizo.Su nula aptitud hacia el arte, aunada a sus escasas habilidades manuales, no le permitieron elaborar nada interesante. Despu\u00e9s de algunas semanas de intentos sin resultados, viendo que se acercaba  la fecha de clausura para la recepci\u00f3n de las obras participantes, tuvo una repentina inspiraci\u00f3n: mandar\u00eda el objeto sin intervenci\u00f3n alguna, tal cual lo hab\u00eda recogido de la calle. Apenas le pas\u00f3 una capa de sellante por encima, sin limpiarlo previamente, para preservar los manchones que ostentaba.<\/p>\n<p>Embal\u00f3 con mucho cuidado su pieza, y elabor\u00f3 las plicas exigidas por el concurso. En una de ellas deb\u00eda constar el seud\u00f3nimo del autor y el nombre de la creaci\u00f3n, en la otra ir\u00edan los datos personales del artista. Eligi\u00f3 como nombre postizo \u00abPascal\u00bb, en honor al primer lenguaje de programaci\u00f3n que hab\u00eda utilizado en la universidad, y a la obra, en un alarde de simpleza,  la bautiz\u00f3 como \u00abConsonante para mi soledad\u00bb. Una vez entregadas la obra y las plicas en la recepci\u00f3n del Canal-Ito, como se llamaba la planta de televisi\u00f3n que promocionaba el concurso, s\u00f3lo le qued\u00f3 esperar los dos meses que faltaban para que fuese anunciado el veredicto del concurso.<\/p>\n<p>El tiempo le pas\u00f3 muy lento, y a medida que transcurr\u00edan los d\u00edas iba creciendo su esperanza. Aunque su lado racional le aconsejaba desechar la idea de que ten\u00eda el m\u00e1s m\u00ednimo chance de ganar, una vocecita en su interior le dec\u00eda que eso no era imposible. Ya cuando faltaba poco para que se anunciara el veredicto, se aferraba a esa posibilidad como si fuese la \u00faltima oportunidad de lograr algo en su vida, y en su mente dispon\u00eda de la fabulosa cantidad, que emplear\u00eda en viajes y lujos que hac\u00eda a\u00f1os no se conced\u00eda. Y en un apartamento mayor al que habitaba, una ratonera insuficiente para albergarlo a \u00e9l y a sus perros.Tambi\u00e9n lleg\u00f3 a fabular que, gracias a la fama procurada por la victoria en el concurso, su amor imposible, la due\u00f1a del nombre que comenzaba por K, llegar\u00eda a fijarse en \u00e9l, por fin.<\/p>\n<p>El d\u00eda pautado para el anuncio del ganador del concurso se instal\u00f3 frente al televisor Sony Trinitron y trat\u00f3 de sintonizar de la manera menos penosa posible el canal, haciendo malabarismos con la antena de bigotes. Cuando logr\u00f3 una imagen m\u00e1s o menos aceptable se sent\u00f3 en la \u00fanica poltrona de su hogar a esperar que fuera la hora. Tras unos treinta minutos de banalidades intercaladas con publicidad, un locutor en off anunci\u00f3 el comienzo del programa. El conductor del mismo, con su voz engolada, habl\u00f3 un rato sobre la importancia del arte en general y la del concurso en particular, deteni\u00e9ndose un largo rato para alabar la filantrop\u00eda del mecenas que hab\u00eda financiado el concurso, nada menos que el due\u00f1o del canal. Acto seguido, anunci\u00f3 la lectura del veredicto del jurado. Leonardo no pod\u00eda con los nervios, pues en ese momento estaba convencido de que pod\u00eda ganar. El veredicto que ley\u00f3 el locutor estaba redactado en los siguientes t\u00e9rminos:<\/p>\n<p>\u00abNosotros, J.B, A.Z, y N.Q, en calidad de jurados del primer concurso de arte contempor\u00e1neo iberoamericano del Canal-Ito, declaramos como ganadora por unanimidad a la obra denominada &#8216;Inicial&#8217;, del artista identificado con el seud\u00f3nimo Nicholas Schmutzigenarsch, por la original conceptualizaci\u00f3n de una obsesi\u00f3n recurrente mediante el acertado empleo  de materiales primigenios casi sin intervenciones externas, logrando un significado que va m\u00e1s all\u00e1 de la intenci\u00f3n pl\u00e1stica del autor, quien una vez abierta la segunda plica result\u00f3 ser el conocido escultor Braulio Sarmiento, miembro em\u00e9rito de la escuela de artes figurativas Salom\u00f3n Rengifo\u00bb.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n apareci\u00f3 en pantalla una imagen de la obra. Leonardo no pudo dar cr\u00e9dito a lo que estaba viendo: se trataba de una M, de gran tama\u00f1o, de madera sin tratar, con manchones de grasa y ara\u00f1azos sobre toda la superficie.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Todo empez\u00f3 por mera casualidad. Encontrar esa pieza de madera en medio de la calle, como si lo estuviera esperando, fue tomado por \u00e9l &#8211; a pesar de considerarse un esc\u00e9ptico en todo lo que ten\u00eda que ver con la c\u00e1bala y las supersticiones &#8211; como una se\u00f1al. 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