{"id":49062,"date":"2014-11-03T22:29:34","date_gmt":"2014-11-04T02:59:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=49062"},"modified":"2014-11-05T08:22:59","modified_gmt":"2014-11-05T12:52:59","slug":"la-utopia-estudiantil","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2014\/11\/03\/la-utopia-estudiantil\/","title":{"rendered":"La utop\u00eda estudiantil&#8230;"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2014\/11\/13141813674_be022f1888_o.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"49074\" data-permalink=\"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2014\/11\/03\/la-utopia-estudiantil\/processed-with-vscocam-with-b2-preset\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2014\/11\/13141813674_be022f1888_o.jpg?fit=1811%2C1811&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"1811,1811\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;2.4&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;iPhone 5&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1394636125&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;Copyright 2014 Nestor Carvajal. 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Se alcanza a descifrar los olores a caf\u00e9 que salen de los cafetines. J\u00f3venes entrando a sus Facultades para aprender y ense\u00f1ar, para conocer y desaparecer. Casi siempre a los profesores que caminan lentamente se les reconoce por el saco que usan, el anillo de grado que no se quitan desde que se graduaron hace 20 o 30 a\u00f1os. Viejos que pueden ganarse los insultos estudiantiles, las burlas cotidianas. Profesores que son llamados los \u00bbtumba birretes\u00bb. As\u00ed se vive la Universidad, as\u00ed es de adentro la UCV.<\/p>\n<p>Entre tanto murmullo, entre tantos cigarros colgantes de estudiantes que apenas empiezan a descifrar la vida misma, se encuentra Braulio Romanov, hijo de inmigrantes rusos que escaparon de la dictadura de Stalin. Braulio hab\u00eda crecido en una familia muy inestable y casi n\u00f3mada. Su padre Sergei Romanov fue el que tom\u00f3 la decisi\u00f3n de girar hacia Sur Am\u00e9rica para salvar su inocencia revolucionaria.<\/p>\n<p>Braulio era conocido dentro de la UCV como un revoltoso. Le gustaba gritar consignas con un parlante contra el sistema, contra la apat\u00eda, contra todo. Era un rebelde que nadie supo si ten\u00eda una causa espec\u00edfica, o si todo era un teatro intangible, innecesario. Era adicto a tres cosas: a leer, al alcohol y a la capucha. Su d\u00eda a d\u00eda comenzaba en el cafet\u00edn de Arquitectura. Se sentaba en una de las mesas alumbradas con el sol ma\u00f1anero para poder leer uno de los libros. Pero este d\u00eda no era regular para Braulio, hoy hab\u00eda marcha estudiantil por el presupuesto universitario, por la revoluci\u00f3n a ciegas. Hoy su bolso no estaba lleno de libros como acostumbraba. Hoy su bolso estaba lleno de piedras, de bombas molotov y de vinagre para calmar la asfixia de las bombas lacrim\u00f3genas.<\/p>\n<p>Termina su caf\u00e9 y de leer la prensa que titula en primera plana \u00bbEstudiantes se movilizan hacia la casa de gobierno\u00bb. Al instante en que se levanta de su silla llega inesperadamente su amiga, y su amante a la vez, la linda Patricia Bermud. Hija de burgueses canadienses. Ojos tan claros como su color de piel. Vest\u00eda un pantal\u00f3n tan ajustado que provocaba la vista y el piropo de todos los transe\u00fantes. Aunque suene descabellado, la relaci\u00f3n entre Patricia y Braulio estaba impedida por los ideales que defend\u00eda cada uno. Ella, al contrario de Braulio, defend\u00eda las rosas, la paz, el amor conciliado entre burgueses y obreros. Fan empedernida de los Beatles y del LSD. Pero, a\u00fan as\u00ed, Braulio la amaba con todos los soles. Se o\u00eda la presencia de Patricia porque siempre le exclamaba al pobre Braulio\u00a0<em>\u00ab\u00bfY mi beso?\u00bb <\/em>y en esta ocasi\u00f3n no era la excepci\u00f3n:<\/p>\n<p><em>\u00ab\u00bfY mi beso?\u00bb<\/em> pregunta inquieta Patricia.<\/p>\n<p>Patricia le coloca la mejilla -cu\u00e1nto le encantaba los besos de Braulio- pero \u00e9l se lo niega por estar leyendo las declaraciones del Director de la Polic\u00eda: \u00bbNo dejaremos que unos ni\u00f1itos universitarios destruyan Caracas.\u00bb<\/p>\n<p><em>\u00abEso lo veremos\u00bb<\/em> pens\u00f3 en voz alta Braulio.<\/p>\n<p><em>\u00ab\u00bfNo pensar\u00e1s ir a esa marcha, verdad?\u00bb<\/em> pregunt\u00f3 Patricia, sabiendo ya la respuesta de su amado amigo.<\/p>\n<p><em>\u00abPor favor, no empieces con tus mariqueras pacifistas. No quiero discutir tan temprano\u00bb<\/em> respondi\u00f3 Braulio r\u00e1pidamente y sin disimulo.<\/p>\n<p>Y con una r\u00e9plica que jam\u00e1s esperar\u00eda de su querida hippie burguesa, Patricia exclam\u00f3:<\/p>\n<p><em>\u00abYo quiero ir\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Braulio la mir\u00f3 fijamente, sin parpadear de lo sorprendido que estaba por esa proposici\u00f3n.<\/p>\n<p><em>\u00ab\u00bfSegura que no te vas a cagar con las bombitas y con los pacos? Bueno, s\u00ed va\u00bb<\/em><\/p>\n<p>En ese mismo lugar, a esa misma hora, ya los antimotines de la Polic\u00eda se apostaban en la entrada Tamanaco de la UCV que da hacia Plaza Venezuela. Robots vestidos de hombres con armas largas desfilaban al ritmo de los sables. La oscuridad se apostaba con sus grandes camiones de miseria frente a la luz del universo de las ciencias, frente a la ilustre Universidad. Un silencio adornaba los movimientos impotentes de las maquinarias, esperando el combate.<\/p>\n<p>Del otro lado, a pocos metros de la oscuridad, se oye llegando estudiantes con meg\u00e1fonos a plaza el Rectorado de la UCV. Otros tantos con grandes telas en donde hacen hincapi\u00e9 de la Facultad de donde estudian: Humanidades presente; Farmacia presente; Ciencias presente&#8230; Todas se iban congregando debajo del reloj de la UCV que marcaba las 10 y punto de la ma\u00f1ana. El grupo de la Federaci\u00f3n de Centros organiza a d\u00f3nde deben ir las pancartas, los cantos que se inventaron para esa ocasi\u00f3n. Ya son m\u00e1s de mil estudiantes congregados, y se va escuchando poco a poco&#8230;\u00a0<em>\u00ab\u00a1Viva la U, Viva la U, Viva la Universidad!\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Braulio y Patricia subieron desde la Facultad de Arquitectura hasta Plaza el Rectorado. El peque\u00f1o viaje estuvo impregnado de besos y caricias, de deseos y morbos que se cuentan uno al otro en la oreja. Conversaciones que no es digna de escucharse a viva voz por los ecos que retumban en los pasillos. Antes de llegar a la plaza, se sentaron en la grama de Tierra de nadie, espacio verde que se pierde entre los arbustos.<\/p>\n<p><em>\u00abAntes de que marchemos quiero que escuches muy bien lo que haremos. Si me pierdo usted se va a su casa\u00bb<\/em> exclam\u00f3 seriamente Braulio a Patricia.<\/p>\n<p>Al llegar a la plaza, ya casi llena por unos tres mil estudiantes, Braulio y Patricia se encuentran con un chico de compostura flaca, con una barba que no se la quitaba desde hace meses y una boina azul, esas de las que se les recuerda a las generaciones pasadas, a las que uno quiere imitar, y hasta quiere mejorar. Aquel chico recib\u00eda el nombre de\u00a0Domingo Salazar, meride\u00f1o moribundo y adeco. Cuando lleg\u00f3 a Caracas para estudiar en la UCV se sent\u00eda un poco frustrado, quer\u00eda estudiar en la Universidad en donde sus padres hab\u00edan estudiado, en la Universidad de los Andes.\u00a0<em>\u00abQu\u00e9 m\u00e1s da\u00bb<\/em> fue la primera frase que esput\u00f3 Domingo al bajarse del autob\u00fas que lo llev\u00f3 desde M\u00e9rida hacia la eterna capital. Domingo hab\u00eda conocido a Braulio en una de las reuniones de Centros de Estudiantes, aunque era adeco, estaba de acuerdo con muchas cosas que \u00e9ste \u00faltimo vociferaba. Luego de un largo debate que tuvieron -no se sabe qui\u00e9n gan\u00f3- los dos se hicieron buenos amigos, compa\u00f1eros codo a codo. Mientras uno gritaba consignas en contra de los polic\u00edas, el otro lanzaba piedras. Mientras uno ayudaba a los asfixiados por los gases, otro repart\u00eda gasolina y botellas para las bombas caseras.<\/p>\n<p><em>\u00abExpl\u00edcame, \u00bfviene la hippie?\u00bb\u00a0<\/em>fue la primera reacci\u00f3n que tuvo Salazar al ver que detr\u00e1s de Braulio ven\u00eda Patricia.<\/p>\n<p><em>\u00ab\u00bf\u00a1Alg\u00fan peo!?\u00bb <\/em>exclam\u00f3 Braulio. Y prosigui\u00f3:\u00a0<em>\u00abNo te preocupes, que ella se va en un rato\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Al fondo de la conversaci\u00f3n se escuchaba el nuevo canto que hab\u00eda inventado Salazar\u00a0<em>\u00ab\u00a1Hay que estudiar, hay que estudiar. El que no estudie a polic\u00eda va a parar!\u00bb. <\/em>El ambiente estaba listo para despejar las dudas, para hacerle saber a los miedosos que es ahora o nunca. El ambiente era de estr\u00e9s, picard\u00eda y distracci\u00f3n para unos tantos. Para otros era de valent\u00eda, demostrar qui\u00e9n tiene la raz\u00f3n, si la mayor\u00eda o las balas aturdidas de los robots. \u00bbSomos el poder\u00bb se lee en la fachada de la escuela de Comunicaci\u00f3n Social. La marcha se mueve, los cantos se hacen m\u00e1s fuertes y hacen que las masas se unan en una sola vocaci\u00f3n, en un solo espect\u00e1culo que desaf\u00eda al sistema. Mientras todo eso sucede, la marcha ve por primera vez a su enemigo con sus tanquetas, con su arsenal. \u00bfQui\u00e9n habr\u00e1 decidido que los estudiantes y la polic\u00eda se convirtieran en enemigos hist\u00f3ricos? Tal vez no se trate de ser amigo-enemigo, sino de saber lo que defendemos cada uno, y demostrar a ultranza que daremos la vida por eso. No se pretende ser indispensable, se pretende tratar de cambiar el mundo.<\/p>\n<p>Al llegar la marcha a la entrada Tamanaco de la UCV los estudiantes con sus boinas azules, sudados del intenso calor que Caracas desata, se agarran unos a otros para hacer una cadena humana. Nadie pasa esa cadena, pero tampoco dan un paso hacia atr\u00e1s. Se quedan quietos, esperando que la polic\u00eda haga algo contra ellos. Se escuchan los cantos repetidos para calmar la incertidumbre que deja una mirada entre un polic\u00eda y un estudiante. Un grupo de estudiantes se acerca al cord\u00f3n para mediar palabras, pero la respuesta es negativa. Se llevan detenidos -por pendejos- a los j\u00f3venes, eso desata m\u00e1s la furia retenida de los protestantes.<\/p>\n<p><em>\u00abHacia adelante\u00bb <\/em>grita alg\u00fan extra\u00f1o, pero le hacen caso. Todos se mueven junto al paso apresurado. Ya se empiezan a ver la primeras caras cubiertas. Las banderas de la libertad se guardan moment\u00e1neamente para librar una batalla que muy pocas veces deja muertos, pero las deja. Las banderas se guardan para que no sean fastidiosas, para que el combatiente pueda levantarse a s\u00ed mismo sin ning\u00fan riesgo. Los mal llamado cobardes se refugian en la UCV, no quieren perderse ning\u00fan detalle del espect\u00e1culo. El imperio ataca, y sus balas son los gases que se dispersan por toda la entrada. Unos tratan de agarrar las bombas y devolverlas, quieren que los polic\u00edas sepan que ac\u00e1 se resisten, que hace falta m\u00e1s que unos gases para frenar la avanzada de la revoluci\u00f3n cultural, de los peligros que ellos representan para el status quo.<\/p>\n<p>Braulio, junto con Patricia ven desde la entrada de la UCV c\u00f3mo sus compa\u00f1eros pelean contra las fuerzas represivas, c\u00f3mo patean los gases y tratan de esquivar, con una suerte de mil demonios, las balas. Nos tiramos piedras a nosotros mismos, al futuro incierto y melanc\u00f3lico. Asfixiamos el futuro, porque nos avergonzamos de los que hoy somos, de lo que nunca fuimos. Asesinamos nuestras ganas de vivir, de querer. Entre ese desorden totalmente normal, Braulio y Patricia se pierden y se confunden el uno al otro. No saben qu\u00e9 hacer. Patricia le hab\u00eda prometido a Braulio irse de la universidad en caso de que estas cosas pasaran, pero sinti\u00f3 un cosquilleo, un sexto sentido que todas las mujeres tienen. Sent\u00eda miedo de lo que le pasara a Braulio, no quiere perderle para siempre y que nunca sepa que dentro de ella, en su barriga, se encuentra su pr\u00f3ximo hijo. Una caba\u00f1a, unas copas de vino y uno que otro poema recitado fueron suficiente para que la noche y la lluvia dejaran de ser milagros del atardecer. Pensando todo esto, Patricia se decidi\u00f3 ir hacia adelante en busca de su amado.<\/p>\n<p>Mientras todo esto suced\u00eda, Braulio y Salazar se escond\u00edan en el piso de cemento, estaban acostados para esquivar el olor de los gases. Al no ver a Patricia a su lado, Braulio dio por entendido que ella se fue. Salazar solt\u00f3 un comentario:<\/p>\n<p><em>\u00abLa sifrinita no la soport\u00f3\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Entre tanto humo indescifrable, entre tanto estallido emocional, entre tanta euforia desmantelada en un solo lugar, Braulio logr\u00f3 ver c\u00f3mo \u00bbla sifrinita\u00bb se iba asfixiando poco a poco, como si alguien la estuviera estrangulando pero ese alguien era el humo y los gritos impresos de los compa\u00f1eros estudiantes tratando de huir. Estaba ah\u00ed, en el suelo y a pocos metros de la polic\u00eda, de los grandes merecedores de insultos. No hay que gastar tanto tiempo insultando a un profesor porque te rasp\u00f3 en un examen cuando tienes al polic\u00eda en la entrada de la universidad.<\/p>\n<p>Braulio se abalanza, pues, para ayudar a su amada. Sali\u00f3 como una r\u00e1faga, en busca de su querencia. Si no fuera por la ocasi\u00f3n bastante desastrosa al rededor, Braulio tal vez le hubiera pedido matrimonio, qui\u00e9n sabe. Lo que s\u00ed es cierto es que al llegar a la escena, ya Patricia estaba dormida pero Braulio se acerc\u00f3 \u00a1tiene pulso todav\u00eda! Agarra toda la fuerza de sus ancestros rusos y levanta a Patricia para cargarla hasta la grama de la Escuela de Comunicaci\u00f3n. Corre como nunca, ya la grama se siente, se desvela por tu llegada. Pero algo ocurri\u00f3, algo sucede en el est\u00f3mago de Braulio Romanov \u00bfDe d\u00f3nde sale tanta sangre? Todo empieza a tambalearse o, mejor dicho, \u00e9l empieza a tambalear al mundo con su presencia inocente hacia la muerte. Patricia cae desmesuradamente en la grama, se le cae a Braulio que empieza a ver borroso. No es un perdig\u00f3n, ni un rasgu\u00f1o, mucho menos una bomba lacrim\u00f3gena. S\u00ed, una bala se incrust\u00f3 en su est\u00f3mago. Sale tanta sangre que alimenta las plantas con chorro inaudito. Las personas hacen un circulo al rededor de Patricia y de Braulio, para ver c\u00f3mo \u00e9ste \u00faltimo viv\u00eda su agon\u00eda pulsante, su inesperada partida.!<\/p>\n<p>Domingo Salazar se acerca a la escena. Llora desconsolado:\u00a0<em>\u00ab\u00a1Hijos de puta, los mataron!\u00bb<\/em>\u00a0Se acerca a Braulio, sigue con vida moment\u00e1neamente:\u00a0<em>\u00abNo me ayudes a m\u00ed, g\u00fcev\u00f3n. Ay\u00fadala a<\/em> ella\u00bb grita Braulio. Salazar<em>\u00a0<\/em>\u00a0se acerca a Patricia, se da cuenta que sigue viva. Saca de su mochila vinagre, lo moja en un pa\u00f1o y se lo pasa por la nariz de la hippie enamoradiza. Despierta, co\u00f1o, despierta. Lo hace, pero lo primero que ve es a Braulio casi anonadado, casi sin vida. Desconsolada Patricia se acerca a Braulio, lo mira fijamente, y antes de que ella pudiera decir algo, Braulio abre la boca con toda la fuerza que le queda, sonr\u00ede y exclama sus \u00faltimas palabras:<\/p>\n<p><em>\u00ab\u00bfY mi beso?\u00bb<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se escucha de lejos las carcajadas en los pasillos de concreto que poco a poco se llena de juventud caminando con un cuaderno en la mano, con un bolso llevando a cuesta su memoria hist\u00f3rica y, por supuesto, sus tareas. Se alcanza a descifrar los olores a caf\u00e9 que salen de los cafetines. 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