{"id":48790,"date":"2014-10-03T23:22:21","date_gmt":"2014-10-04T03:52:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=48790"},"modified":"2014-10-03T23:22:21","modified_gmt":"2014-10-04T03:52:21","slug":"peso-pluma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2014\/10\/03\/peso-pluma\/","title":{"rendered":"Peso pluma"},"content":{"rendered":"<p>El fin se acerca dec\u00eda con euforia a los transe\u00fantes de la primera hora del d\u00eda, luego se retorc\u00eda en una carcajada que le hac\u00eda olvidar su soledad. La gente apertrechada, como sardinas en lata, abordaban los autobuses con direcci\u00f3n a sus respectivos empleos. Lo miraban con espasmo y tambi\u00e9n en muchos casos hasta asco. Pero no era para menos, con unos andrajos que habr\u00edan de espantar la plaga de las cosechas. Perucho, el viejo vagabundo del Boulevard de Sabana Grande, ya llevaba una generosa cantidad de a\u00f1os recorriendo esa zona de la capital.<\/p>\n<p>Con su caracter\u00edstica barba hasta ya bien comenzado el pecho y sus lentes, que lo hac\u00edan ver como un tipo bien pr\u00f3ximo a la lectura, unos zapatos bien gastados, una camisa de bolsillos y un morral en el que cargaba un verdadero universo de artefactos. Entre la fauna que adorna el interior de su morral se encuentra: un guante de boxeo, una peluca de carnaval, una revista que habla sobre el ingenioso m\u00e9todo de las c\u00e9lulas madres, un peine, y una fotograf\u00eda de la que en alguna \u00e9poca fue su novia. Perucho, no dejaba en paz a los transe\u00fantes con sus representaciones de una pelea de boxeo. La gente perd\u00eda inter\u00e9s al relato, cuando de pronto se le ve\u00eda tendido en el suelo, hasta que se levantaba estrepitosamente y gritaba que hab\u00eda sido knockout voluntario. Los fines de semana cuando hab\u00eda mayor incidencia de ni\u00f1os en el Boulevard, se acomodaba su peluca y hacia las veces de un payaso amigable para incomodidad de los ni\u00f1os que sal\u00edan llorando asustados y buscando los brazos de sus padres. No le importaba en lo absoluto las burlas o el rechazo de los ni\u00f1os, cada d\u00eda era una carcajada que el ganaba.<\/p>\n<p>Sabana grande lucia tan desolado por las noches, cuando los bares de turno y los billares obligaban a marcharse a los rezagados. Por esas horas de profundo silencio, Perucho, buscaba en su morral la fotograf\u00eda de su antigua novia, una chica de larga cabellera, con ojos grandes y sonrisa tierna que dejaba escapar un halo de tristeza. Al reverso de la misma, volv\u00eda a leer en voz baja la dedicatoria que le hizo Lorena en aquella ocasi\u00f3n del a\u00f1o 1982:<\/p>\n<p>-No sabes c\u00f3mo voy a extra\u00f1arte cuando te vayas de viaje a pelear por el t\u00edtulo de peso ligero a M\u00e9xico. Toda mi humanidad estar\u00e1 contando las horas frente a la ventana, frente a la puerta, frente al reloj. Porque la verdad, tu ausencia me pone en graves aprietos. Sin llenarte de tanta palabrer\u00eda, y contando las horas a partir de este momento, se despide con un sabor agridulce en los labios.<\/p>\n<p>Tu querida Lorena-<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El fin se acerca dec\u00eda con euforia a los transe\u00fantes de la primera hora del d\u00eda, luego se retorc\u00eda en una carcajada que le hac\u00eda olvidar su soledad. La gente apertrechada, como sardinas en lata, abordaban los autobuses con direcci\u00f3n a sus respectivos empleos. Lo miraban con espasmo y tambi\u00e9n en muchos casos hasta asco. 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