{"id":48735,"date":"2014-09-28T22:03:03","date_gmt":"2014-09-29T02:33:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=48735"},"modified":"2014-09-30T21:03:43","modified_gmt":"2014-10-01T01:33:43","slug":"la-libreria-de-los-recuerdos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2014\/09\/28\/la-libreria-de-los-recuerdos\/","title":{"rendered":"La librer\u00eda de los recuerdos."},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"48742\" data-permalink=\"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2014\/09\/28\/la-libreria-de-los-recuerdos\/1394369_491559740958190_1544122477_n\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2014\/09\/1394369_491559740958190_1544122477_n.jpg?fit=720%2C718&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"720,718\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"1394369_491559740958190_1544122477_n\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2014\/09\/1394369_491559740958190_1544122477_n.jpg?fit=640%2C360&amp;ssl=1\" class=\"aligncenter size-full wp-image-48742\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2014\/09\/1394369_491559740958190_1544122477_n.jpg?resize=696%2C694\" alt=\"1394369_491559740958190_1544122477_n\" width=\"696\" height=\"694\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2014\/09\/1394369_491559740958190_1544122477_n.jpg?w=720&amp;ssl=1 720w, https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2014\/09\/1394369_491559740958190_1544122477_n.jpg?resize=110%2C110&amp;ssl=1 110w, https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2014\/09\/1394369_491559740958190_1544122477_n.jpg?resize=32%2C32&amp;ssl=1 32w, https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2014\/09\/1394369_491559740958190_1544122477_n.jpg?resize=64%2C64&amp;ssl=1 64w, https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2014\/09\/1394369_491559740958190_1544122477_n.jpg?resize=96%2C96&amp;ssl=1 96w, https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2014\/09\/1394369_491559740958190_1544122477_n.jpg?resize=128%2C128&amp;ssl=1 128w\" sizes=\"auto, (max-width: 696px) 100vw, 696px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Era un ni\u00f1o que jugaba sin pensar en la noche, sin saber de amores que no sean el de sus padres que, locos el uno por el otro con 20 a\u00f1os de casado, se amaban. Era aquel ni\u00f1o un sinverg\u00fcenza de 10 a\u00f1os. Se paseaba por el monte, el rascacielos de tres metros que se encontraba cerca de su casa de verano. Ten\u00eda 10 a\u00f1os aquel peque\u00f1o, sin aburrimiento pero con una ilusi\u00f3n de mil luces que se aferran a sentir los pasos del ne\u00f3n. Sebasti\u00e1n era el nombre que sus padres le dieron al nacer, heredado de su abuelo al que tres meses antes le asombr\u00f3 la muerte cuando, justamente, iba manejando el carro que choc\u00f3 con su futuro.<\/p>\n<p>Sebasti\u00e1n abuelo qued\u00f3 mudo cuando conoci\u00f3 a Sof\u00eda, bella e inspiradora de noches desveladas. Ese incre\u00edble amor fue de repente, sin salideras ni mediod\u00edas al cine, sin una taza de caf\u00e9 de por medio. S\u00f3lo eran ellos de frente. Se casaron a los 3 a\u00f1os de noviazgo. Fue una boda elegante, digno de bohemios y burgueses parisinos. Su orquesta s\u00f3lo cantaba para los enamorados, no para los olvidados. Sof\u00eda visti\u00f3 un blanco imponente. Sebasti\u00e1n, con su esmoqu\u00edn, se dio el lujo de derramar copas completas de vino tinto para su ebriadez. El amor no tuvo fronteras, ni delirios interminables, s\u00f3lo pas\u00f3 como pasa el tiempo en su instante fecundo.<\/p>\n<p>La choza que hab\u00edan construido, en dos meses, se convirti\u00f3 en su casa digna de clase media francesa. Su jard\u00edn se desvest\u00eda de grama coleada por los devenires de el oto\u00f1o. En aqu\u00e9l jard\u00edn se hizo Pierre, el \u00fanico hijo de la amorosa pareja. Pierre sufri\u00f3 como ning\u00fan ni\u00f1o ha sufrido la partida de un ser querido. Una noche en donde los fantasmas salen de su aldea glamurosa del cementerio, un bandido entr\u00f3 al jard\u00edn de la casa de Sebasti\u00e1n, Pierre y Sof\u00eda. Pero \u00e9sta \u00faltima fue la \u00fanica que escuch\u00f3 al ladr\u00f3n merodearse por los confines de la cocina. No avis\u00e1ndole a nadie, Sof\u00eda se levant\u00f3 a enfrentar al ladr\u00f3n, grave error. Un grito de los mil demonios se oy\u00f3 desde la cocina hasta la \u00faltima casa de el vecindario. Pierre se desprende de su cama, y nota que su esposa no est\u00e1 en la cama. Baja hacia la cocina para averiguar aquellos gritos de su esposa, pero no encontr\u00f3 nada. Ni a ella ni al provocador de aquel grito sollozante.\u00a0Desde aquel d\u00eda Sebasti\u00e1n y Pierre se convirtieron en huerfanos de amor. Sus vidas se volvieron una tempestad desde aquella noche. Aquella desaparici\u00f3n\u00a0dej\u00f3 malherido a Sebasti\u00e1n y lleno de odio, de desidia, de furor.\u00a0La polic\u00eda no encontr\u00f3 nunca rastro alguno del ladr\u00f3n de casas, ni del cuerpo de Sof\u00eda, y eso frustraba los pensamientos de Sebasti\u00e1n. La perdi\u00f3, y jam\u00e1s la pudo encontrar.<\/p>\n<p>A la librer\u00eda en que tanto hab\u00eda invertido Sebasti\u00e1n, la llam\u00f3 Sof\u00eda en homenaje a su bella y siempre recordada esposa. Luego de \u00e9l haber muerto, su hijo Pierre la hered\u00f3. Pierre llevaba todos los d\u00edas a Sebasti\u00e1n hijo a la librer\u00eda para que jugara entre los libros disueltos y llenos de polvo por lo viejo que eran. Su vida eran los libros. Mientras los compa\u00f1eritos jugaban con juguetes de personajes de acci\u00f3n, y con carritos de pl\u00e1stico, Sebasti\u00e1n hijo jugaba con los libros y con los granos de caf\u00e9 que dejaba regado su padre por el intenso trabajo. En uno de aquellos d\u00edas, en que la diversi\u00f3n y las carcajadas de Sebasti\u00e1n hijo eran parte fundamental de la librer\u00eda, el ni\u00f1o extrovertido encontr\u00f3 un libro viejo, muy viejo. La tapa de aquel libro no ten\u00eda t\u00edtulo, ni autor, s\u00f3lo dentro se pod\u00eda divisar las diminutas letras que Sebasti\u00e1n no pod\u00eda entender por ser todav\u00eda un aprendiz de lectura cotidiana. Al merodear aquellas diminutas letras que conten\u00eda el misterioso libro, de pronto, como si el destino quisiera jugar con \u00e9l, como la noche volverse taciturna, se resbala del libro poco ortodoxo una carta de esas que parecen de amor, de las que se le dedican a la aventura, a la vida misma, al sol.<\/p>\n<p>Sebasti\u00e1n coge de prisa la carta del piso: <em>\u00bbPara la \u00fanica Sof\u00eda\u00bb<\/em>. As\u00ed dec\u00eda en la cara de la carta sin sello. El ni\u00f1o, quien nunca conoci\u00f3 a su abuela por su pronta ausencia a causa de la suerte de un cuchillo y un ladr\u00f3n, hab\u00eda escuchado varias veces el nombre de Sof\u00eda. Su padre siempre la nombraba. Cuando lo hac\u00eda se encog\u00eda de brazos y hombros. Cuando le mostraban una foto de su madre se dejaba llevar por sus sentimientos. Al abrir la carta, el ni\u00f1o Sebasti\u00e1n se dispuso a leerla con detenimiento:<\/p>\n<p><em>-Para la due\u00f1a de la luna, de las madrugadas, de las noches y de los soles horneados de mis besos&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Lo que vino despu\u00e9s s\u00f3lo fue un pasaje extraordinario de poes\u00eda pura, de romanticismo que jam\u00e1s se olvida, ni se debe perdonar. Al terminar de leer aquellas bellas palabras que estaban inscritas por un lapicero de pluma y con una marca de caf\u00e9 a un lado de las palabras, al final de ella terminaba:<\/p>\n<p><em>-Tu eterno alumno de cari\u00f1os, Sebasti\u00e1n.<\/em><\/p>\n<p>Todo cobr\u00f3 sentido, era la letra de su abuelo y su tocayo en nombre y en alma. Sebasti\u00e1n hijo corri\u00f3 hacia la entrada de la librer\u00eda donde se encontraba su padre filosofando sobre pol\u00edticos corruptos:<\/p>\n<p><em>Todos son iguales, son unos puercos. Yo dejo de votar, los mandar\u00e9 a la mierda.<\/em>&#8211; replicaba el amigo de Pierre, el profesor hippie de la Universidad de Par\u00eds.<\/p>\n<p>Era de esos t\u00edpicos profesores que, en su momento de juventud, particip\u00f3 en las protestas estudiantiles en mayo de 1968. Su ilusi\u00f3n era un mundo donde los pobres caminen sin dejar de conocer, sin dejar de amar.<\/p>\n<p>Al llegar Sebasti\u00e1n a los brazos de su padre, le entreg\u00f3 la carta. Pierre estaba asombrado, ya que jam\u00e1s pudo encontrar un recuerdo tan id\u00f3neo y fugaz de sus enamorado y humildes padres como el que le entreg\u00f3 su hijo. Al abrirlo lo mir\u00f3 con detenimiento, el mismo con que su hijo lo revis\u00f3. La ley\u00f3 con una admiraci\u00f3n fecunda las bellas palabras que su padre escrib\u00eda en la carta. No supo qu\u00e9 hacer, si llorar, si pensar, si cerrar la librer\u00eda por el nivel de asombro. Se sent\u00f3 en uno de los muebles que adornaba la librer\u00eda, y pidi\u00f3 un caf\u00e9 a su amigo, el profesor hippie. Un expresso para tomarselo de un solo trago, y tratar de despertarse en caso de que fuera un mal sue\u00f1o, de esos que te caes de la cama y te ganas un chich\u00f3n. No lo pod\u00eda creer, se encontraba en una eterna nostagia de las mil ma\u00f1anas. Por su mente pas\u00f3 el d\u00eda en que sus padres le ense\u00f1aron a andar en bicicleta. Record\u00f3 el d\u00eda en que su padre le hab\u00eda regalado el primer libro sobre los poemas de un tal sudamericano, llamado\u00a0Pablo Neruda. Record\u00f3 cuando su madre le acariciaba el cabello por las noches para quedarse dormido. Al recordar todo esto, Pierre dej\u00f3 a cargo de la librer\u00eda a su amigo hippie, y se lanz\u00f3 con su hijo hacia el cementerio de Passy, que se encontraba a par de minutos\u00a0de la librer\u00eda.<\/p>\n<p>En aquel gran cementerio de Par\u00eds se encontraba la tumba de su padre. \u00a0Todo era gris en el cementerio de Passy. Nada hab\u00eda cambiado desde el entierro de Sebasti\u00e1n. Las mismas flores arrugadas frente a las l\u00e1pidas. Los mismos cuervos dando vueltas por las cercan\u00edas para no despertar a los muertos. Despu\u00e9s de una larga traves\u00eda por todo el cementerio, Pierre llev\u00f3 a Sebasti\u00e1n hijo a la tumba de su abuelo. Al llegar encontr\u00f3 a una mujer un poco vieja, de contextura delgada y con un pa\u00f1uelo escondiendo su cabello gris. Por un momento Pierre pens\u00f3 que era de esas vagabundas que se quedaban a dormir en los cementerios porque, simplemente, no ten\u00eda a donde ir.<\/p>\n<p><em>\u00a1Lev\u00e1ntate de la l\u00e1pida de mi padre!<\/em>&#8211; exclam\u00f3 Pierre.<\/p>\n<p>La mujer se volte\u00f3 con un susto imprudente. Ten\u00eda unos lentes oscuros que le cubr\u00edan sus ojos, parec\u00eda que estaba llorando. Bajo su brazo ten\u00eda un libro y una carta exactamente igual a la que Sebasti\u00e1n hijo hab\u00eda encontrado en la librer\u00eda.<\/p>\n<p><em>Mira pap\u00e1. Tiene el mismo libro que nosotros<\/em>.- explic\u00f3 Sebasti\u00e1n.<\/p>\n<p><em>\u00bfDe d\u00f3nde lo sacaste?<\/em>.- pregunt\u00f3 Pierre.<\/p>\n<p><i>Me lo regal\u00f3 tu padre o, quise decir, nuestro padre<\/i>.-\u00a0explica la desconocida.<\/p>\n<p>Pierre, desarmado totalmente por lo que acababa de decir la se\u00f1ora misteriosa, no consigue explicarse nada. Y antes de que interrumpiera, la desconocida prosigui\u00f3:<\/p>\n<p><em>Nuestro padre nunca te lo dijo. Cuando tu mam\u00e1 Sof\u00eda muri\u00f3, \u00e9l acud\u00eda a los burdeles de la noche parisina para olvidar su nostalgia. En una de esas noches desenfrenadas y llenas de alcohol, conoci\u00f3 a mi madre. Una noche bast\u00f3 para que yo naciera<\/em>.- concluy\u00f3 la desconocida<\/p>\n<p>Sebasti\u00e1n hijo, al ver la escena desde su peque\u00f1o e inocente mundo le pregunta a su padre <em>-Papa \u00bfqu\u00e9 es un burdel?<\/em><\/p>\n<p>Y, como queriendo evitar una pregunta inc\u00f3moda. Como cuando los pol\u00edticos evitan las preguntas directas y secas de los periodistas, Pierre hizo como si su hijo nunca hubiera abierto la boca.<\/p>\n<p><em>Lo siento, pero no puedo creerlo<\/em>.- le contest\u00f3 Pierre a la desconocida.<\/p>\n<p>Y como verse al espejo y nadar en miles de recuerdos y cr\u00f3nicas no anunciadas, como verse joven a\u00fan as\u00ed teniendo m\u00e1s de 30 a\u00f1os, as\u00ed se sinti\u00f3 Pierre. Pero no conforme con eso, se acerc\u00f3 a la bella, pero extra\u00f1a desconocida. Le rob\u00f3 un abrazo tan fuerte como su imaginaci\u00f3n, como si su esp\u00edritu estuviera deseoso de conocerla, o de ya haberlo hecho. La chica no se qued\u00f3 atr\u00e1s. No s\u00f3lo recibi\u00f3 el abrazo, sino lo comparti\u00f3 con gotas de lagrimas que bajaban de sus azules ojos. Era un momento hecho recuerdos. Sebasti\u00e1n hijo no entend\u00eda mucho la escena que ve\u00eda desde su peque\u00f1a estatura.<\/p>\n<p><em>Papi, no entiendo nada<\/em>.- dijo Sebasti\u00e1n a su padre, mientras le jalaba la camisa para llamar su atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Con las lagrimas que sal\u00edan de los ojos intensos de Pierre, respondi\u00f3:<\/p>\n<p><em>Es tu abuela, ven a saludarla.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Era un ni\u00f1o que jugaba sin pensar en la noche, sin saber de amores que no sean el de sus padres que, locos el uno por el otro con 20 a\u00f1os de casado, se amaban. Era aquel ni\u00f1o un sinverg\u00fcenza de 10 a\u00f1os. 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