{"id":42233,"date":"2014-02-08T11:41:09","date_gmt":"2014-02-08T16:11:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=42233"},"modified":"2014-02-08T11:58:59","modified_gmt":"2014-02-08T16:28:59","slug":"mi-vida-traves-de-los-perros-lxvi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2014\/02\/08\/mi-vida-traves-de-los-perros-lxvi\/","title":{"rendered":"Mi vida, a trav\u00e9s de los perros (LXVI)"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: 12px;\">\u00a0<\/span><\/p>\n<div id=\"post-body-686414540062577854\" itemprop=\"description articleBody\">\n<div><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.clinica-veterinaria.cl\/inicio\/images\/stories\/perro-en-computadora.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.clinica-veterinaria.cl\/inicio\/images\/stories\/perro-en-computadora.jpg?resize=400%2C312\" width=\"400\" height=\"312\" border=\"0\" \/><\/a><\/div>\n<p>Una de las primeras cosas de las que me ocup\u00e9 a mi regreso fue, como le hab\u00eda ofrecido a Aurora, de la compra de un computador personal para estar en mayor contacto con ella. Ya nuestra comunicaci\u00f3n no iba a depender de la ineficiencia habitual de las compa\u00f1\u00edas de correo, sino que viajar\u00eda r\u00e1pida y sin obst\u00e1culos a trav\u00e9s de internet. Claro, esa era la expectativa, pero la realidad era bastante decepcionante: la velocidad que brindaban los proveedores de internet, a trav\u00e9s de las l\u00edneas telef\u00f3nicas a las cuales se conectaban los computadores utilizando un m\u00f3dem de 28 KBS, o a lo sumo 56, era \u00ednfima. Sin embargo era siempre mejor que esperar semanas y semanas por una carta.<\/p>\n<p>Ese aparato instalado en la sala de mi casa fue toda una revelaci\u00f3n. Como mencion\u00e9 anteriormente, era un lego en temas relacionados con la tecnolog\u00eda. Pero las posibilidades que me brindaba ese computador me subyugaron desde un principio. Era un paliativo para la soledad: no ve\u00eda el momento de regresar a casa despu\u00e9s de un largo d\u00eda de trabajo para sentarme frente a \u00e9l y pasar horas y horas navegando por las diferentes p\u00e1ginas que iba descubriendo. A\u00fan en esos tiempos primitivos ya hab\u00eda de todo: p\u00e1ginas de viaje, literatura, arte, sexo, cocina y cualquier otra \u00e1rea del conocimiento ten\u00edan cabida en lo que ya comenzaba a llamarse el ciberespacio.En un principio mis b\u00fasquedas fueron atolondradas y sin mucho m\u00e9todo, era como entrar en una enorme tienda por departamentos y no tener muy claro lo que se quer\u00eda, y marearse por la enorme oferta de mercanc\u00eda. Pero poco a poco fui entendiendo mejor los mecanismos, y diferenciar entre los contenidos valiosos y las chatarras que andaban diseminadas por all\u00ed.<\/p>\n<p>Por supuesto me empleaba a fondo con el correo electr\u00f3nico, raz\u00f3n principal de esa adquisici\u00f3n. Creo que le mandaba a Aurora unos cuatro o cinco correos diarios, con cualquier tonter\u00eda que se me ocurriera, y ella me los respond\u00eda de buena gana al principio, pero como es natural poco a poco se fue aburriendo y muchas veces mis mensajes quedaban sin respuesta. Eso me generaba cierta angustia, revisaba el buz\u00f3n de correos recibidos cada cinco minutos a ver si hab\u00eda correspondencia, y me impacientaba cuando no era as\u00ed. Comenc\u00e9 a desarrollar una especie de obsesi\u00f3n, hasta que por mi propio bien logr\u00e9 calmarme y entender que las cosas no ten\u00edan por qu\u00e9 ir al ritmo que yo esperaba. Y tambi\u00e9n me moder\u00e9 en los env\u00edos, y mandaba solamente cosas que consideraba relevantes o interesantes. Como las fotos que le tomaba a Caruso: le hab\u00eda hablado bastante de \u00e9l a la ni\u00f1a, tal vez magnificando un poco sus reales dimensiones (aunque en realidad era un animal grande y poderoso) y ella manifestaba curiosidad por verlo. Entonces, utilizando un scanner que hab\u00eda comprado junto con el computador, digitalizaba las fotograf\u00edas que le tomaba al perro y se las enviaba a Aurora. Ella hac\u00eda lo mismo con su pastor alem\u00e1n, y entramos en una sana competencia a ver cual perro era m\u00e1s fiero, m\u00e1s inteligente o m\u00e1s fuerte. Sus respectivas proezas eran inventariadas, comparadas y comentadas por nosotros. As\u00ed pod\u00edamos pasar largos per\u00edodos, sinti\u00e9ndonos m\u00e1s cercanos a pesar de la enorme distancia que nos separaba.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, en esas navegaciones errantes, llegu\u00e9 a una sala de chat. Ya algo me hab\u00edan comentado sobre esos lugares, y me hab\u00edan advertido que no fuera a dar detalles privados, as\u00ed que me cree una personalidad ficticia y un seud\u00f3nimo, y comenc\u00e9 a participar. Era un submundo extra\u00f1o y surrealista, en donde todo pod\u00eda tener cabida, y gracias al anonimato no hab\u00eda moderaci\u00f3n en las confesiones. Al principio me limitaba a leer y si acaso a responder con monos\u00edlabos, pero poco a poco comenc\u00e9 a involucrarme m\u00e1s y a interactuar con algunas participantes (claro que me refiero a la identidad virtual, me imagino que muchas de las personas que se identificaban como muchachas de 25 a\u00f1os eran en realidad hombres de 50 cumpliendo alguna fantas\u00eda). Aunque estaba advertido de los chascos en los que podr\u00eda caer, la soledad es mala consejera y fui relajando poco a poco la guardia. Llegu\u00e9 a entablar amistades virtuales con algunas de ellas, llegando a deslizar alg\u00fan detalle que hubiera sido mejor dejar oculto, tal como mi profesi\u00f3n, mi zona aproximada de trabajo, mis horarios. La necesidad de contacto humano y la facilidad de ese medio se conjugaron para ser suced\u00e1neo de las relaciones interpersonales.<\/p>\n<p>Un d\u00eda ocurri\u00f3 lo inevitable: una de las mujeres con las que era m\u00e1s asiduo me propuso saltar de lo virtual a lo real. Me mand\u00f3 algunas fotograf\u00edas, y me pidi\u00f3 encontrarse conmigo en un local nocturno. A pesar de que todo me dec\u00eda que esa era una p\u00e9sima idea, la curiosidad me impel\u00eda a aceptar esa proposici\u00f3n, y acced\u00ed a ella. Sin embargo a \u00faltima hora algo de sentido com\u00fan aflor\u00f3, y no acud\u00ed a la cita. Quien sabe, tal vez me perd\u00ed de la mujer de mi vida, o me salv\u00e9 de haber sido secuestrado, robado, o quien sabe qu\u00e9 otra cosa. Eso es lo bueno de la vida virtual: uno puede zafarse de ella sin muchos contratiempos. De hecho, m\u00e1s nunca volv\u00ed a entrar en esa sala de chat, y desaparec\u00ed en la noche cibern\u00e9tica sin dejar rastros.<\/p>\n<p>Mientras tanto continuaba la convulsi\u00f3n en el pa\u00eds. Se acercaba el cierre de la campa\u00f1a pol\u00edtica y la candidatura del exgolpista, contradiciendo mis pron\u00f3sticos de pobre analista pol\u00edtico, sub\u00eda como la espuma. En un acto de p\u00e1nico el resto de los partidos, presintiendo que se acercaba una debacle de proporciones escandalosas, decidieron aglutinarse alrededor del \u00fanico candidato que pod\u00eda hacerle alg\u00fan contrapeso a esa figura que crec\u00eda cada d\u00eda en las encuestas, gracias en parte a su carisma personal pero sobre todo por el apoyo irreflexivo que le proporcion\u00f3 cierta \u00e9lite del pa\u00eds, poseedora de medios masivos de comunicaci\u00f3n y de gran influencia en la opini\u00f3n p\u00fablica. Fue as\u00ed como la ex reina de belleza y el viejo caudillo ve\u00edan como su propia gente los abandonaba, en un f\u00fatil intento de parar esa fuerza inexplicable para ellos.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 Una de las primeras cosas de las que me ocup\u00e9 a mi regreso fue, como le hab\u00eda ofrecido a Aurora, de la compra de un computador personal para estar en mayor contacto con ella. 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