{"id":4208,"date":"2009-09-07T11:00:27","date_gmt":"2009-09-07T15:30:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=4208"},"modified":"2014-06-07T12:09:44","modified_gmt":"2014-06-07T16:39:44","slug":"cual-es-la-situacion-de-la-literatura-venezolana-actual","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2009\/09\/07\/cual-es-la-situacion-de-la-literatura-venezolana-actual\/","title":{"rendered":"\u00bfCu\u00e1l es la situaci\u00f3n de la literatura venezolana actual?"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"4221\" data-permalink=\"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2009\/09\/07\/cual-es-la-situacion-de-la-literatura-venezolana-actual\/cuartas\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2009\/08\/cuartas.gif?fit=182%2C300&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"182,300\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"cuartas\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2009\/08\/cuartas.gif?fit=182%2C300&amp;ssl=1\" class=\"size-full wp-image-4221 alignright\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2009\/08\/cuartas.gif?resize=182%2C300\" alt=\"cuartas\" width=\"182\" height=\"300\" \/>Si un peat\u00f3n cualquiera me detuviera en mis habituales tr\u00e1nsitos urbanos para preguntarme, con mirada inquisidora y una obstinada sed de respuesta: \u00bfCu\u00e1l es la situaci\u00f3n de la literatura venezolana actual? Podr\u00eda f\u00e1cilmente elegir entre dos reacciones.<br \/>\nPrimera: saldr\u00eda corriendo lo m\u00e1s r\u00e1pido posible, porque la muerte me espera al cruzar la calle, o un avi\u00f3n me va a caer en la cabeza, o un grupo de terroristas isl\u00e1micos quiere bombardear la cuidad, o alg\u00fan malvado individuo, de la cala\u00f1a de los hechiceros como Frest\u00f3n, ha liberado un maleficio sobre los ciudadanos felices y despreocupados, para que atiendan el inusitado caso de una literatura que se desvanece en la elocuente edici\u00f3n de libros, y la maravillosa palabrer\u00eda de peri\u00f3dicos sin sabor, que critican hasta m\u00e1s no poder los defectos de un sistema, pero sin acertar en el blanco. Todo ello envuelto en un nervosismo apocal\u00edptico, levantado los brazos y gritando a todo pulm\u00f3n: de la noche venimos y hacia la noche vamos, mientras mi cabeza realizase millones de piruetas para estar atento del posible derrumbe de un rascacielos o de alguna ancianita asesina que quisiese clavarme su puntiagudo paraguas en el costado. S\u00ed, definitivamente la primera de mi reacciones ser\u00eda una experiencia paranoica, una huida grave y letal del problema que aflige a los intelectuales, es decir, que no aflige a nadie, que vale menos que un libro del perro y la rana, o importa tanto como la colecci\u00f3n de cuentos er\u00f3ticos de Boris Izaguirre; en pocas palabras un problema que visitamos por masoquismo, un problema que compramos porque, para no tener nada, es mejor tener un problema.<br \/>\nLa SEGUNDA: tambi\u00e9n ser\u00eda una huida, pero m\u00e1s pol\u00edtica, m\u00e1s adeca, m\u00e1s socialista, m\u00e1s de lo que sea, lo importante es convencer a la persona de que todo est\u00e1 muy bien, con el menor n\u00famero de razones posibles, con todos los ejemplos vagos que se atraviesen por tu mente, con esas palabras en franc\u00e9s que sabes utilizar muy bien para hacer que la gente pierda el inter\u00e9s en tu pl\u00e1tica o simplemente huyan por la derecha, o por la izquierda, ambas son aceptables en este caso. Pero la segunda reacci\u00f3n no termina all\u00ed, es un efecto domin\u00f3 inevitable que te obliga a sentarte en un banco de la plaza, en la misma acera donde fuiste interpelado, en la silla c\u00f3moda de un cibercaf\u00e9 o en el inodoro m\u00e1s cercano&#8230; para concentrarte&#8230; buscar en lo m\u00e1s profundo de tu ser, una respuesta franca y l\u00f3gica de lo que est\u00e1 sucediendo. Y no me refiero a los ni\u00f1os que mueren en Irak, ni a todos lo que matar\u00e1 el estado de Israel la pr\u00f3xima semana, y mucho menos a esa mujer secuestrada, o ese hombre que est\u00e1n atracado ahora en el centro; no, no es esa la situaci\u00f3n a la que me refiero&#8230; yo hablo de una literatura que descansa en la cuerda floja, un monumento hist\u00f3rico que levantaron consabidos sabiondos sabios de nuestras letras, esa legi\u00f3n de hombres ilustres que nunca pasaron hambre, y si la pasaron prefieren olvidarse de ella: ellos, Don Mariano Pic\u00f3n, Don Arturo Uslar, Don Pedro D\u00edaz Seijas, y los otros de la camada que bien llevan el t\u00edtulo de padres de la Historia de la Literatura Venezolana. A ellos, y su pacata visi\u00f3n, le debemos amigos m\u00edos lo que hoy llamamos literatura venezolana. Y \u00f3igase que los admiro a todos, pero como pich\u00f3n de ensayista que soy, no me aguanto tanto olvido, no me soporto tanto centralismo, tanta literatura caraque\u00f1a en lo deber\u00eda ser un comp\u00e1s abierto de maravillas nacionales. Una verdadera literatura nacional construida sin recelos, sin miedo a decir que en las \u00abprovincias\u00bb la modernidad lleg\u00f3 primero, que el hallazgo de la literatura toc\u00f3 a hombres m\u00e1s sensibles, \u00bfo acaso se es m\u00e1s poeta por vivir en Caracas?, \u00bfdebes recibir un premio en Francia para que se den cuenta que en Maracaibo se escribe?, \u00bfo en que Tucupita se escribe?. Basta de la historia literatura nacional mis\u00f3gina, xen\u00f3foba, machista, y por supuesto centralista. Basta de literaturas regionales que son expresiones de un centralismo chiquito. Basta de todo ello y de m\u00e1s. Y perdonen si parezco malcriado, lo que pasa es que hablar de la promisoria literatura venezolana, es igual de decir lo que somos. Describirse a uno mismo y lo uno significa. Hablar de lo que quieres enmendar, de los fulanos triunfos que no te parecen m\u00e1s que adulaciones elocuentes, de las barreras que se impone este sistema. De lo injusto de la categor\u00eda: Venezolano, o el cataclismo categ\u00f3rico: Nacional. Se\u00f1ores, hablar de la literatura venezolana actual, o aun m\u00e1s dif\u00edcil, hablar de la literatura venezolana que se est\u00e1 gestando, esa que pide y construye sus nuevos paradigmas, es un imposible, ya que todo lo esa literatura significa no se ha publicado; ya que lo actual es igual que lo pasado, y que las rupturas de este tiempo no se han dado por la comodidad de los presente, y lo que es a\u00fan peor, la flojera de los ausentes. Hablar de una literatura venezolana en gestaci\u00f3n, es hablar de una utop\u00eda, y estas \u00faltimas s\u00f3lo se puedes describir desde la pasionalidad de su inventor, desde lo m\u00e1s profundo del cuerpo que la hace suya, el cuerpo que le suma esperanzas y la hace brillar. Si queremos hablar de la literatura venezolana que se est\u00e1 construyendo, d\u00e9jenme hablar de la que estoy construyendo yo, que no es muy diferente a la de mis compa\u00f1eros en esta mesa, ni a la que quisieron construir los j\u00f3venes poetas del Grupo Apocalipsis, o la que se inici\u00f3 con la revista Sardio, o la que tendi\u00f3 carne podrida con poemas comprometidos desde el Techo de la Ballena; d\u00e9jenme hablar de esta literatura, que nuestro profeta (o mi profeta particular) Tristan Tzara, nos dej\u00f3, cual Centurias en la desconstrucci\u00f3n dada\u00edsta del arte, para que nosotros tom\u00e1semos lo que quisi\u00e9ramos, como recortes de prensa tirados, y arm\u00e1semos con ellos el poema m\u00e1s propio, m\u00e1s intimo, \u00fanico e irrepetible. Se\u00f1ores, hablemos de una literatura venezolana que necesita nuevos cr\u00edticos, gente que se atreva a afirmar, que no tema gastar sus ideas, que piense como ejercicio y actu\u00e9 como poeta. Necesitamos cr\u00edticos e historiadores que reorganicen las bases de nuestra literatura, que le den forma a este monstruo de mil cabezas y nos dejen apreciar, sistem\u00e1ticamente o al alzar, la voz m\u00e1s clamorosa de nuestras necesidades. Hallar madre, padre, hijos y familia entera en este cementerio. Observemos un momento a la narrativa venezolana de padres y abuelos aut\u00f3ctonos. Miremos nuestras manos, apret\u00e9moslas hasta que en medio nazca una flor, pero no una orqu\u00eddea, o una hoja de araguaney; ojala nazca una matica de trinitarias, o alguna planta que pertenezca a nuestro paisaje com\u00fan. La literatura nacional debe convertirse en el reflejo de nosotros mismo. Debemos innovar en conceptos, en formas, en estigmas. Pero no buscando la Originalidad, ya que \u00e9sta se extingui\u00f3 con el p\u00e1jaro Dodo, ya que la originalidad, tal y como le pasar\u00e1 al Derecho de Autor en unos cuantos a\u00f1os, fue desplazada por algo m\u00e1s sustancioso y po\u00e9tico, por la autenticidad. Pronto s\u00f3lo quedaran en la tierra las huellas digitales, la forma de comerse las u\u00f1as y la autenticidad po\u00e9tica, para definir al hombre. Somos tantos, y hacemos tanto mal, que importa poco si te llamas igual que otro, o si tienes un doble exacto en Singapur. Lo importante es cuan verdaderamente autentico seas en tus actos y tu palabra. Lo peor del caso, es que la literatura venezolana a\u00fan no es autentica. Le pertenece a otras necesidades glamorosas, a las razones del prestigio, a una meta editorial, o a los impuestos que se impongan sobre el libro. El poema se relaja en un purismo soso, al joven le gusta la palabra mierda, a si como a los traductores de Bukowski le fascina la palabra co\u00f1o. Y poco a poco vamos dejando lo que de verdad nos debe interesar. \u00bfQu\u00e9 es? No s\u00e9, a mi me interesa la sensaci\u00f3n urbana, pero no la caraque\u00f1a, aunque me guste mucho Caracas, sino la de mi Maracaibo, la de esta M\u00e9rida ciudad libro, la de esas plantas, me interesa lo Montejo que descansa en estos paisajes. Me interesa lo Adriano Gonz\u00e1lez que huye en la vejez, o que flota en el lago, me llama hasta la puerta y el camino lo Luis Alberto Crespo que pueda habitar en el llano. Me reclama el yo presente, el poeta interior, el ser amarrado a este barro, me reclama que mire quien soy, y que llevo dentro, que descifre mi identidad, y por consecuencia lo autentico de mis pasos. Para crear una literatura nacional hay que marcar el punto de ruptura entre los derroteros de los setenta y ochenta, y sembrar el cincel en el piso, abrir la grieta que separe los intereses expresivos del poeta, aunque estos al final, como todos los esfuerzos de la humanidad, se conviertan en continuidad de procesos, en ruptura de rupturas, en banderas iguales enarboladas en astas diferentes.<\/p>\n<p>Sea como sea, sea la reacci\u00f3n que sea, si alguien me detuviera en mis habituales tr\u00e1nsitos urbanos para preguntarme, con mirada inquisidora y una obstinada sed de respuesta: \u00bfCu\u00e1l es la situaci\u00f3n de la literatura venezolana actual? Yo lo mirar\u00eda con fijeza extra\u00f1a, buscar\u00eda alg\u00fan raz\u00f3n de locura en entre sus ojos. Y luego le responder\u00eda, como una respuesta gen\u00e9rica para todos los problemas del pa\u00eds: Estamos jodidos, pero hasta que decidamos dejar de estarlo<\/p>\n<p>[Palabras le\u00eddas en el Debate sobre la situaci\u00f3n actual de la literatura venezolana \u00abhablan las nuevas voces\u00bb. En el marco de la IV Jornada de Creaci\u00f3n Literaria \u00abLas Formas del Fuego\u00bb de la Universidad de Los Andres. Mayo 2009]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Si un peat\u00f3n cualquiera me detuviera en mis habituales tr\u00e1nsitos urbanos para preguntarme, con mirada inquisidora y una obstinada sed de respuesta: \u00bfCu\u00e1l es la situaci\u00f3n de la literatura venezolana actual? Podr\u00eda f\u00e1cilmente elegir entre dos reacciones. 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