{"id":41787,"date":"2014-01-03T09:33:35","date_gmt":"2014-01-03T14:03:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=41787"},"modified":"2014-01-03T09:35:37","modified_gmt":"2014-01-03T14:05:37","slug":"mi-vida-traves-de-los-perros-lxii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2014\/01\/03\/mi-vida-traves-de-los-perros-lxii\/","title":{"rendered":"Mi vida, a trav\u00e9s de los perros (LXII)"},"content":{"rendered":"<div class=\"separator\" style=\"clear: both; text-align: center;\">\n<a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/fotos.euroresidentes.com\/fotos\/mascotas\/Mastin-Napolitano\/images\/Mora%20%2806%29.JPG\" imageanchor=\"1\" style=\"margin-left: 1em; margin-right: 1em;\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" border=\"0\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/fotos.euroresidentes.com\/fotos\/mascotas\/Mastin-Napolitano\/images\/Mora%20%2806%29.JPG?resize=400%2C300\" height=\"300\" width=\"400\" \/><\/a><\/div>\n<div class=\"separator\" style=\"clear: both; text-align: center;\">\n<\/div>\n<p>Juntando todo el valor, el autocontrol y la calma que pude, llam\u00e9 un d\u00eda a Helga. Fue, que otra cosa ha podido ser, una conversaci\u00f3n trist\u00edsima. Trat\u00e9 de no cuestionarle nada, de escucharla sin emitir ning\u00fan juicio, de asentir y aceptar mis culpas. Pero cuando la fui llevando, casi sin querer, fuera de su zona de comodidad, reaccion\u00f3 mal. Eso me dio a entender que hab\u00eda algo m\u00e1s tras su decisi\u00f3n, por otra parte l\u00f3gica, de terminar nuestro matrimonio. Fue, de mi parte, algo inocente. Le pregunt\u00e9 por su vida, a qu\u00e9 se estaba dedicando, si segu\u00eda pintando. Me dijo que en ese momento estaba preparando una exposici\u00f3n itinerante, que la llevar\u00eda de gira por varias ciudades del pa\u00eds. Sali\u00f3 a relucir, m\u00e1s de una vez, un nombre: Michael. C\u00f3mo nunca lo hab\u00eda escuchado, la tercera vez que lo mencion\u00f3 le pregunt\u00e9 quien era. All\u00ed le cambi\u00f3 el tono conciliatorio que se estaba esforzando en mantener, y me dijo g\u00e9lida que \u00abeso\u00bb no era de mi incumbencia. Entonces comenc\u00e9 a perder la compostura, y le dije que era todo lo contrario: mientras sigui\u00e9ramos casados \u00abeso\u00bb me concern\u00eda, y mucho. Comenz\u00f3 una serie de dimes y diretes que no voy a relatar porque llegaron a ser de una bajeza intolerable. Para cortar esa inc\u00f3moda situaci\u00f3n le dije que la volver\u00eda a llamar m\u00e1s tarde, cuando se hubiera calmado. Me respondi\u00f3 que no la volviera a llamar m\u00e1s nunca, y que en adelante los abogados se encargar\u00edan de todo. Y tranc\u00f3.<\/p>\n<p>Por supuesto llam\u00e9 enseguida varias veces, pero nunca levant\u00f3 el auricular. Hab\u00eda logrado justo lo contrario a lo que me propuse al efectuar esa llamada: enemistarme a\u00fan m\u00e1s con Helga. Ya nuestra relaci\u00f3n era hostil, y este acontecimiento la termin\u00f3 de perjudicar. Dada la distancia que nos separaba, arreglar ese entuerto iba a ser muy dif\u00edcil. La vida me estaba forzando a hacer algo en contra de todas mis convicciones: comenc\u00e9 a preparar mi viaje, para tratar de salvar algo en el naufragio de mi matrimonio.<\/p>\n<p>Una de mis principales preocupaciones fue Caruso. Estaba comenzando apenas a domesticarlo, y era todav\u00eda un cachorro. Un domingo fui a visitar a Mart\u00edn a ver qu\u00e9 me aconsejaba. y por suerte se ofreci\u00f3 a darle pensi\u00f3n all\u00ed mismo, en su criadero. En condiciones normales nunca habr\u00eda aceptado ese arreglo, pero no me quedaban muchas alternativas y por eso le tom\u00e9 la palabra.<\/p>\n<p>Para todos los aspectos relacionados con el viaje me puse en manos de una agencia que quedaba cerca de mi tienda. Ni siquiera ten\u00eda pasaporte, tal era mi adversi\u00f3n a moverme de mi pa\u00eds. Mientras los tr\u00e1mites segu\u00edan su curso puse al corriente de todos los aspectos administrativos a mis dos empleados, quienes se iban a encargar por s\u00ed solos de la tienda en mi ausencia.<\/p>\n<div class=\"separator\" style=\"clear: both; text-align: center;\">\n<\/div>\n<p>A los 20 d\u00edas ya ten\u00eda todo preparado, incluida la fecha del vuelo. Faltaba una semana escasa. Ya los nervios se comenzaban a manifestar, y me puse m\u00e1s gru\u00f1\u00f3n que de costumbre. Sin embargo, por lo menos algo iba a sacar de ganancia: ver\u00eda nuevamente a mi hija, volver\u00eda a abrazar a Aurora. S\u00f3lo por eso val\u00eda la pena todo el sacrificio que constitu\u00eda para m\u00ed aquel traslado. En ese tiempo hice algunas compras de ropa, pues se acercaba la temporada fr\u00eda y no ten\u00eda nada adecuado para esos climas invernales. Tambi\u00e9n compr\u00e9 todas las chucher\u00edas que le gustaban a Aurora, y algunos obsequios. Todos para ella, llevarle algo a Helga hubiera sido hip\u00f3crita e impostado.<\/p>\n<p>\nPor fin lleg\u00f3 el d\u00eda tan esperado y temido a la vez. A la v\u00edspera hab\u00eda dejado a mi perro en su pensi\u00f3n provisional, y me pareci\u00f3 que se hab\u00eda quedado triste, lo que me deprimi\u00f3 un poco. Pero Mart\u00edn me asegur\u00f3 que estar\u00eda bien, ya que despu\u00e9s de todo esa hab\u00eda sido su primera casa, y ese razonamiento me tranquiliz\u00f3 un poco. El taxi pas\u00f3 a recogerme de madrugada, cuando a\u00fan no hab\u00eda salido el sol. En 45 minutos estaba ante a la taquilla de la linea a\u00e9rea, resolviendo la burocracia administrativa que me permitir\u00eda salir del pa\u00eds.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de una espera que me pareci\u00f3 larga, llamaron a embarcar el avi\u00f3n. Al pasar por el acorde\u00f3n sent\u00ed algo parecido al p\u00e1nico, y tuve el impulso de correr hacia atr\u00e1s y abandonar los planes. Sin embargo pude recomponerme y abord\u00e9 el enorme aparato. Era la primera vez que me montaba en una aeronave de ese tama\u00f1o: en los viajes que hac\u00eda por motivo de trabajo iba en peque\u00f1os avioncitos, lo m\u00e1s grande que hab\u00eda utilizado fue un DC-9. Ahora estaba a punto de volar en un Jumbo 747, una bestia enorme que infund\u00eda respeto y temor reverencial.<\/p>\n<p>La azafata revis\u00f3 mi pase de abordaje y me condujo al asiento que me hab\u00edan asignado. Por fortuna me toc\u00f3 un puesto de ventanilla, lo que har\u00eda un poco m\u00e1s agradable el vuelo, sobre todo en la parte del viaje que pasar\u00eda por encima del continente. De todas maneras ten\u00eda dentro de mi equipaje de mano varios libros con los que pretend\u00eda pasar el tiempo. En ese tiempo me hab\u00eda aficionado a Kundera y de \u00e9l eran la mayor\u00eda de los textos que llevaba conmigo. Pens\u00e9 que \u00abLa despedida\u00bb ser\u00eda una buena lectura para acompa\u00f1ar ese viaje, que probablemente girar\u00eda en torno a eso.<\/p>\n<p>Luego de un rato de estar sentado en mi puesto, cuando el resto de los pasajeros ya estaban ubicados, el t\u00edpico sonido de las turbinas indic\u00f3 que el vuelo era inminente. Cierto nerviosismo se me present\u00f3, manifestado como un vac\u00edo en el est\u00f3mago. En algunos minutos estar\u00eda cruzando un oc\u00e9ano inmenso, y eso me causaba cierta aprensi\u00f3n. Las azafatas cumplieron su rutina de demostraci\u00f3n del uso de los chalecos salvavidas y las m\u00e1scaras de ox\u00edgeno, y se encendieron los avisos de no fumar y abrocharse el cintur\u00f3n de seguridad. El aeroplano comenz\u00f3 a moverse, buscando su ubicaci\u00f3n en la cabecera de la pista. Sent\u00eda que el coraz\u00f3n se me aceleraba, como me pasaba cada vez que volaba. Ya no pod\u00eda hacer m\u00e1s nada sino esperar. En menos de 11 horas estar\u00eda llegando a mi destino, y all\u00ed decidir\u00eda mi siguiente paso.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Juntando todo el valor, el autocontrol y la calma que pude, llam\u00e9 un d\u00eda a Helga. Fue, que otra cosa ha podido ser, una conversaci\u00f3n trist\u00edsima. Trat\u00e9 de no cuestionarle nada, de escucharla sin emitir ning\u00fan juicio, de asentir y aceptar mis culpas. 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