{"id":40731,"date":"2013-10-27T16:26:14","date_gmt":"2013-10-27T20:56:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=40731"},"modified":"2013-11-04T19:46:34","modified_gmt":"2013-11-05T00:16:34","slug":"recordando-mi-primo-ludwig-wittgenstein-por-friedrich-hayek","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2013\/10\/27\/recordando-mi-primo-ludwig-wittgenstein-por-friedrich-hayek\/","title":{"rendered":"\u00abRecordando a mi primo, Ludwig Wittgenstein\u00bb, por Friedrich A. Hayek"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.andyross.net\/images\/wittgensteins.jpg?w=696\" alt=\"De izquierda a derecha: la mucama Rosalie Hermann, Hermine Wittgenstein, la abuela Kalmus, Paul Wittgenstein, Margarete Wittgenstein, Ludwig Wittgenstein.\" \/><\/p>\n<p>Entre los rieles y el edificio de la estaci\u00f3n ferroviaria Bad Ischl sol\u00eda haber un amplio espacio en el que, hace sesenta a\u00f1os, en la temporada, un desfile regular se desarrollaba antes de la salida del tren nocturno a Viena.<\/p>\n<p>Creo que fue en el \u00faltimo d\u00eda del mes de agosto de 1918 que all\u00ed, entre una multitud bulliciosa de j\u00f3venes oficiales que volv\u00edan al frente despu\u00e9s de visitar a sus familias de permiso en el distrito de Salzkammergut, dos alf\u00e9rez de artiller\u00eda se hicieron vagamente conscientes de que se conoc\u00edan. No estoy seguro de si se trataba de un parecido con otros miembros de nuestras familias, o porque en realidad nos hab\u00edamos encontrado antes lo que nos llev\u00f3 a preguntar uno al otro: \u00ab\u00bfNo eres un Wittgenstein?\u00bb (o, tal vez, \u00ab\u00bfNo eres un Hayek?\u00bb). En todo caso, esto nos llev\u00f3 a compartir nuestro viaje a trav\u00e9s de la noche a Viena, y aunque la mayor parte del tiempo, naturalmente, tratamos de dormir nos las arreglamos para conversar un poco.<\/p>\n<p>Algunas partes de esa conversaci\u00f3n hicieron una fuerte impresi\u00f3n en m\u00ed. \u00c9l no estaba s\u00f3lo muy irritado por los exaltados de la ruidosa y, probablemente, semi-embriagada fiesta de los compa\u00f1eros oficiales con los que compartimos el carro sin temor a ocultar su desprecio por la humanidad en general, sino porque tambi\u00e9n di\u00f3 por sentado que cualquier pariente suyo, sin importar cu\u00e1n remotamente emparentados pudieran estar, deb\u00eda tener los mismos est\u00e1ndares que \u00e9l. \u00a1No estaba tan equivocado! Yo era entonces muy joven e inexperto, de apenas diecinueve a\u00f1os y el producto de lo que ahora se llamar\u00eda una educaci\u00f3n puritana: de la clase en la que el ba\u00f1o helado que mi padre tomaba todas las ma\u00f1anas era el m\u00e1s admirado (aunque rara vez imitado) est\u00e1ndar de la disciplina para cuerpo y mente. Y Ludwig Wittgenstein era s\u00f3lo diez a\u00f1os mayor que yo.<\/p>\n<p>Lo que m\u00e1s me impact\u00f3 de aquella conversaci\u00f3n fue la pasi\u00f3n radical de veracidad en todo (lo que llegu\u00e9 a conocer, s\u00f3lo en mis a\u00f1os universitarios por venir, como una moda caracter\u00edstica entre los intelectuales vieneses j\u00f3venes de la generaci\u00f3n inmediatamente anterior a la m\u00eda). Esta verdad se convirti\u00f3 casi en una moda en ese grupo en la frontera entre los extremos de la intelectualidad puramente-jud\u00edo y puramente-gentil en la que llegu\u00e9 a moverme mucho. Eso significaba mucho m\u00e1s que la verdad en el discurso. Hab\u00eda que \u00abvivir\u00bb la verdad y no tolerar ninguna pretensi\u00f3n en uno mismo o en otros. A veces produc\u00eda groser\u00eda absoluta y, por supuesto, desagradable. Cada convenci\u00f3n fue disecada y toda forma convencional expuesta como fraude. Wittgenstein s\u00f3lo llev\u00f3 esto m\u00e1s all\u00e1 en su aplicaci\u00f3n a s\u00ed mismo. A veces yo sent\u00eda que \u00e9l obten\u00eda un perverso placer en descubrir la falsedad en sus propios sentimientos y que estaba constantemente tratando de purgarse de todo fraude.<\/p>\n<p>Que \u00e9l estaba muy muy nervioso, incluso en ese entonces no se puede dudar. Entre los parientes m\u00e1s remotos se le consideraba (aunque poco conocido por ellos) como el miembro m\u00e1s loco de una familia bastante extraordinaria, todos los cuales estaban excepcionalmentes dotados, tanto listos como en condiciones para vivir por lo que m\u00e1s quer\u00edan. Antes de 1914 yo hab\u00eda o\u00eddo mucho (a pesar de ser muy joven para asistir) de las famosas veladas musicales en el \u00abPalais Wittgenstein\u00bb, que dej\u00f3 de ser un centro social despu\u00e9s de 1914. Durante muchos a\u00f1os el nombre lo asociaba sobre todo con la anciana amable que, cuando ten\u00eda seis a\u00f1os, me hab\u00eda llevado en mi primer paseo en coche  -en un electromobile descapotado por la Ringstrasse.<\/p>\n<p>Aparte de un recuerdo incluso anterior de ser llevado al lujoso apartamento de una dama muy anciana y de hac\u00e9rseme entender que ella era la hermana de mi bisabuelo materno -y, como ahora lo s\u00e9, abuela materna de Ludwig Wittgenstein- no ten\u00eda conocimiento directo de la familia Wittgenstein y de la altura de su posici\u00f3n social en Viena. La tragedia de los tres hijos mayores, que aparentemente terminaron con sus vidas por suicidio, hab\u00eda atenuado a\u00fan m\u00e1s ese conocimiento de lo que la muerte del gran industrial cabeza de familia, habr\u00eda hecho de todos formas. Me temo que mi primer recuerdo del nombre de Wittgenstein se conecta con la narraci\u00f3n asombrada de una de mis t\u00edas abuelas solteras  de origen estiriano, sin duda inspirado m\u00e1s por la envidia que por la malicia, de que su abuelo \u00abvendi\u00f3 a su hija a un rico banquero jud\u00edo&#8230;\u00bb Esta fue la clase de amable anciana que recuerdo -solamente.<\/p>\n<p>No me encontr\u00e9 con Ludwig Wittgenstein de nuevo durante diez a\u00f1os, pero o\u00eda de \u00e9l de vez en cuando a trav\u00e9s de su hermana mayor, que era una prima segunda, contempor\u00e1nea m\u00eda y muy amiga de mi madre. Las visitas regulares hicieron de \u00abT\u00eda Minning\u00bb una figura familiar para m\u00ed (en realidad , ella escrib\u00eda su nombre, que es una abreviatura de Hermine, con una sola \u00ab<em>n<\/em>\u00ab, pero esto podr\u00eda sonar extra\u00f1o a los o\u00eddos ingl\u00e9s), y permaneci\u00f3 como un visitante frecuente. Los problemas de su hermano m\u00e1s joven evidentemente la absorbian mucho, y aunque rechazada toda charla sobre el \u00abSonderling\u00bb, el mani\u00e1tico, y fuertemente lo defend\u00eda cuando las historias ocasionales y, sin duda, a menudo muy distorsionadas de sus obras circulaban, pronto nos dimos cuenta de ellas. La opini\u00f3n p\u00fablica no se fij\u00f3 en \u00e9l, mientras que su hermano Paul Wittgenstein, un pianista manco, se convirti\u00f3 en una figura reconocida .<\/p>\n<p>Pero yo, a trav\u00e9s de estas conexiones, me convert\u00ed probablemente uno de los primeros lectores del <em>Tractatus<\/em> cuando apareci\u00f3 en 1922. Dado que, como la mayor\u00eda filos\u00f3ficamente interesada de nuestra generaci\u00f3n, yo estaba, como Wittgenstein, muy influenciado por Ernst Mach, hizo una gran impresi\u00f3n en m\u00ed.<\/p>\n<p>La siguiente vez que me encontr\u00e9 con Ludwig Wittgenstein fue en la primavera de 1928, cuando el economista Dennis Robertson, quien me llevaba a pasear por los jardines de los becarios del Trinity College, Cambridge, de pronto decidi\u00f3 cambiar de rumbo, porque en la parte superior de una peque\u00f1a colina percibi\u00f3 la forma del fil\u00f3sofo cubierto sobre una tumbona. Evidentemente estaba m\u00e1s bien temeroso de \u00e9l, y no quer\u00eda molestarlo. Naturalmente, me acerqu\u00e9 a \u00e9l, fui saludado con sorprendente amabilidad, y nos sumergimos en una conversaci\u00f3n agradable pero poco interesante (en alem\u00e1n) sobre el hogar y la familia, por lo que Robertson pronto nos dej\u00f3. Mucho antes de que el inter\u00e9s de Wittgenstein decayera, y los signos evidentes de que no sab\u00eda qu\u00e9 hacer conmigo me hicieron dejarlo poco despu\u00e9s.<\/p>\n<p>Debe haber sido casi doce a\u00f1os despu\u00e9s que el primero de la \u00fanica serie real de reuniones que tuve con \u00e9l se llev\u00f3 a cabo. Cuando fui a Cambridge en 1939 con la Escuela de Econom\u00eda de Londres pronto me enter\u00e9 de que estaba fuera trabajando en alg\u00fan hospital de guerra. Sin embargo, un a\u00f1o o dos m\u00e1s tarde lo encontr\u00e9 inesperadamente. John Maynard Keynes hab\u00eda dispuesto para m\u00ed habitaciones en el edificio Gibbs del King&#8217;s College, y tiempo despu\u00e9s Richard Braithwaite me invit\u00f3 a participar en las reuniones del Club de Ciencia Moral (creo que \u00e9se era el nombre), que se llev\u00f3 a cabo en sus habitaciones justo debajo de las m\u00edas.<\/p>\n<p>Fue al final de una de esas reuniones que Wittgenstein surgi\u00f3 de repente y dram\u00e1ticamente. La reuni\u00f3n trataba sobre un documento que particularmente no me interesaba y de cuyo tema no me acuerdo. De repente, Wittgenstein se puso en pie, atizador en mano, indignado en grado sumo, y procedi\u00f3 a demostrar con el implemento lo sencillo y evidente que el asunto <em>(Matter)<\/em> era en realidad. Ver a este hombre desenfrenado en el centro de la habitaci\u00f3n blandiendo un atizador era ciertamente bastante alarmante, y uno se sent\u00eda inclinado a escapar a un rinc\u00f3n seguro. Francamente, \u00a1en ese momento mi impresi\u00f3n fue que se hab\u00eda vuelto loco!<\/p>\n<p>Fue poco tiempo despu\u00e9s, probablemente un a\u00f1o o dos, que reun\u00ed el valor de ir a verlo, despu\u00e9s de enterarme que estaba de nuevo en Cambridge. Por entonces viv\u00eda (como siempre, creo) en las habitaciones altas de un edificio fuera de la universidad. La habitaci\u00f3n vac\u00eda con la estufa de hierro, a la que tuvo que traer una silla para m\u00ed desde su habitaci\u00f3n, ha sido descrita a menudo. Hablamos gratamente sobre una variedad de temas fuera de la filosof\u00eda y la pol\u00edtica (sab\u00edamos que discrep\u00e1bamos en pol\u00edtica), y parec\u00eda que le gustaba el hecho de que estrictamente yo evitara la \u00abtertulia\u00bb, no muy diferente a una o dos figuras curiosas que hab\u00eda conocido en Cambridge. Pero, a pesar de que esas visitas fueron muy agradables y \u00e9l parec\u00eda favorecer su repetici\u00f3n, fueron tambi\u00e9n bastante aburridas y yo fui s\u00f3lo dos o tres veces m\u00e1s.<\/p>\n<p>Tras el final de la Guerra, cuando yo ya hab\u00eda regresado a Londres, un nuevo tipo de contacto por carta comenz\u00f3 cuando surgi\u00f3 la posibilidad, primero para enviar paquetes de alimentos, y m\u00e1s tarde para visitar a nuestros familiares en Viena. Esto involucr\u00f3 todo tipo de complicados contactos con las organizaciones burocr\u00e1ticas sobre las que, asum\u00eda \u00e9l con raz\u00f3n, yo hab\u00eda encontrado detalles antes que \u00e9l. En esto \u00e9l mostr\u00f3 una curiosa combinaci\u00f3n de inviabilidad y atenci\u00f3n meticulosa por los detalles que debe de haber hecho todos los contactos con los asuntos ordinarios de la vida muy inquietante para \u00e9l. Sin embargo, se las arregl\u00f3 para llegar a Viena poco despu\u00e9s de m\u00ed (cosa que hab\u00eda conseguido yo por primera vez en 1946), y creo que fue all\u00ed una o dos veces m\u00e1s.<\/p>\n<p>Creo que fue en el curso del regreso de su \u00faltima visita a Viena, que nos vimos por \u00faltima vez. Hab\u00eda ido a ver a su hermana moribunda Minning una vez m\u00e1s, y \u00e9l mismo estaba (aunque yo no lo sab\u00eda) ya mortalmente enfermo. Yo hab\u00eda interrumpido el habitual viaje en tren de Viena a trav\u00e9s de Suiza y Francia en Basilea y hab\u00eda subido all\u00ed al coche-cama a medianoche del d\u00eda siguiente. Como el ocupante del compartimiento parec\u00eda estar ya dormido me desnud\u00e9 en la semioscuridad. Mientras me preparaba para subir a la litera superior una cabeza despeinada sali\u00f3 r\u00e1pidamente de la inferior y casi me grit\u00f3: \u00ab\u00a1T\u00fa eres el profesor Hayek!\u00bb Antes de que me recuperara lo suficiente como para darse cuenta de que se trataba de Wittgenstein y asentir, \u00e9l hab\u00eda regresado al lado de la pared.<\/p>\n<p>Cuando me despert\u00e9 a la ma\u00f1ana siguiente, hab\u00eda desaparecido, presumiblemente para ir al coche restaurante. Cuando regres\u00e9 lo encontr\u00e9 profundamente absorto en una novela de detectives y al parecer no quer\u00eda hablar. Esto dur\u00f3 hasta que termin\u00f3 su libro de bolsillo. Luego me involucr\u00f3 en la conversaci\u00f3n m\u00e1s animada, comenzando con sus impresiones sobre los rusos en Viena, una experiencia que, evidentemente, lo hab\u00eda sacudido profundamente y hab\u00eda destru\u00eddo ciertas ilusiones largamente acariciadas. Poco a poco llegamos a temas m\u00e1s generales de filosof\u00eda moral, pero justo cuando se estaba poniendo emocionante, llegamos al puerto (en Boulogne, creo). Wittgenstein parec\u00eda muy ansioso por continuar nuestra discusi\u00f3n y, de hecho, dijo que hab\u00eda que hacerlo a bordo del buque.<\/p>\n<p>Pero simplemente no pude encontrarlo. Ya sea porque se arrepinti\u00f3 por haberse comprometido tan profundamente, o porque hab\u00eda descubierto que, despu\u00e9s de todo, yo era s\u00f3lo otro filisteo, no lo s\u00e9. En cualquier caso, nunca lo volv\u00ed a ver.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Entre los rieles y el edificio de la estaci\u00f3n ferroviaria Bad Ischl sol\u00eda haber un amplio espacio en el que, hace sesenta a\u00f1os, en la temporada, un desfile regular se desarrollaba antes de la salida del tren nocturno a Viena. 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