{"id":37162,"date":"2013-04-25T17:04:46","date_gmt":"2013-04-25T21:34:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=37162"},"modified":"2013-04-25T17:04:46","modified_gmt":"2013-04-25T21:34:46","slug":"tecleo-movimiento-detenido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2013\/04\/25\/tecleo-movimiento-detenido\/","title":{"rendered":"Tecleo \/ Movimiento Detenido"},"content":{"rendered":"<p>El gesto indeciso del portero, mientras afuera hacen hilera hombres en abrigo, mujeres en abrigo, manchados de cal, promiscuamente ordenados por sus rostros, esperando la llegada de sacos de alimento que resuelvan un largo invierno del polvo en las entra\u00f1as. Gris de utiler\u00eda. Ciudad de teatro. Caracas\/Madrid y regreso. Teatro de la puerta estrecha. Final de Partida. Opera de los dos centavos. Jard\u00edn de los Cerezos. Dramo. Caf\u00e9 de los tulipanes en Chacao. Falsa Europa y una fila de hombres frente al teatro de los est\u00f3magos, y las puntas de los dedos secos por la guerra de los d\u00edas. Abrigos gruesos, llenos a reventar de repuestos para teclas, que al llegar se deshacen en esta habitaci\u00f3n de cancelas de aluminio y santamar\u00edas a medio abrir, indecisamente abiertas a la calle. Todo el gris entra, plomo de teclas, y es la inminencia de un himno mudo, por la ciudad y los est\u00f3magos, por el papel (pulpa o p\u00edxel, atento a los dedos) y su infinito resplandor de nada.<\/p>\n<p>Por el borde del balc\u00f3n, el sonido de una Olivetti aceitada que nada por el viento. El desvelo del adolecente en insensatos ejercicios de mecanograf\u00eda oficinesca, Educaci\u00f3n para el Trabajo, o en melanc\u00f3licos e interminables trabajos escolares sobre geograf\u00eda o Educaci\u00f3n F\u00edsica. Es torpe el sonido de la Olivetti. Y muere apenas unos pocos metros despu\u00e9s de esta ventana de celos\u00edas estrechas, clausuradas al mon\u00f3xido de los garajes y playas de parqueo.<\/p>\n<p>El aire est\u00e1 convertido en pegoste brilloso sobre las cancelas del t\u00f3rax. Consumo mi dieta frugal, parado sobre el aire, o echando ra\u00edces sobre el tiempo que me excede. Hay una puerta abierta en mi ojo que conjuro con la mecanicidad tipogr\u00e1fica de obsesivas combinaciones, exhaustas. Un ni\u00f1o espiando desde el marco de una puerta pasada la declara o la revienta. Desde alguna habitaci\u00f3n de clausura y descubrimiento temeroso, mis dedos tocan en las teclas puntiagudas, violencias hacia dentro en la memoria; que se raja como una cabra en sacrificio sobre un suelo caliente y \u00e1rido, o sobre un tarant\u00edn de palos en alg\u00fan camino de Jadacaquiva por el centro pleno de una pen\u00ednsula polvorienta. Una caravana de motores calientes atraviesa el polvo de Paraguan\u00e1 de Lara en la memoria.<\/p>\n<p>Autom\u00f3viles detenidos hablan su termodin\u00e1mica en coma por la autopista: pulpo, ara\u00f1a, escorpi\u00f3n, sumidero, guaire, llave de paso Capital. (El techo carnoso de un pulido carro que acelera en la pantalla y al segundo se detiene, imposible). Bord(e)ada de cauchos va siempre mi estad\u00eda en los suburbios. En la esquina, grasa de luna de un cuerpo partido de perro: olor que no se olvida. Se escuchan tacones descabezando un zippo por las escaleras. Una mano asegura la gaceta h\u00edpica en el bolsillo r\u00e1pido por las escaleras hacia el vag\u00f3n. Y dos hombres se cruzan en las escaleras, chocan los hombros con su rabia sin ni siquiera mirarse ni hablar, abstra\u00eddos en una meta imprecisa, convertida en gl\u00fateos que proliferan. La falda roja. Un buen culo bien puesto en un bluy\u00edn. Agua mineral, pornograf\u00eda de quiosco, bolsa de papel estrujada, cuellos preparados, aguakina. El olor morboso del cuarto de un t\u00edo alcoh\u00f3lico. Las alfombras rojas, que enloquecen minuto a minuto los ojos que nos las miran. La ceguera adaptativa de los olores, trazando topograf\u00edas incomprensibles en la miseria del mapa. Dedos sucios hundi\u00e9ndose en cera, hundi\u00e9ndose en helado, en grasa para cocinar jab\u00f3n. Vengo siempre de lejos. Escribo las maquetas de un r\u00edo en cuyas horas (\u00bforillas?) no descanso. Publico y leo maquetas de un r\u00edo.<\/p>\n<p>Escribo palabras en una rep\u00fablica de aire fundada de peste. La palabra \u2014manos sobre hombros desnudos. La palabra \u2014manos sobre telas imprecisas. La palabra \u2014lenguas sobre pared fr\u00eda. Me levanto y camino: Agua alzada: Cocadas en trapecio: Escamas de pescado cayendo en plena v\u00eda: Jugo de naranja en hilillos sec\u00e1ndose bajo el sol de la calle. Todo junto y, abajo, el brillo del carite sobre asfalto. Lhasa de Sela que suena en el repro de la cocina, mientras repollos morados sueltan sus jugos en el sart\u00e9n. El aire festivo, el aire estancado de domingo en domingo, el calor de agosto y el permanente estruendo motor de la Urbina, ext\u00e1tico tras una corta barrera de \u00e1rboles y brocal levantado.<\/p>\n<p>Desayunos de madrugada. Fan\u00e1ticos tecleos. Ciudadan\u00eda de teclas ejercida sin pausa. Ej\u00e9rcito de cuerpos desnudos a las puertas del hambre, a las puertas estrechas de la ciudadan\u00eda de ropas cortas, rotas. La necesidad. Pensamientos lerdos de madrugada: hierve en una olla la palabra\u00a0<i>huevo.<\/i>\u00a0Hace burbujas de agua casi seca sobre la peque\u00f1a olla. Cae la palabra\u00a0<i>huevo<\/i>\u00a0en el sedimento calcinado, blanco sobre el aluminio, como un sudor de agua ida, l\u00e1minas de hambre alineadas pulcramente. Huevos cocidos para el desayuno, y pan. Horas del desayuno: personas que trotan de madrugada en mis c(s)ienes: una palabra doble que se convierte de repente en secuencia interminable, serial. El vestuario en punto sobre la cama desordenada. La higiene: el mensaje de los m\u00fasculos en partida. El loro que repite desde su ventana piropos aprendidos de lejos en el taller mec\u00e1nico de la avenida Victoria. La palabra\u00a0<i>agua<\/i>. La palabra\u00a0<i>cal<\/i>. La palabra\u00a0<i>suelo<\/i>. La palabra\u00a0<i>masa<\/i>\u00a0corporal. La palabra\u00a0<i>carrito<\/i>,\u00a0<i>camionetica<\/i>,\u00a0<i>cafecito<\/i>. El ritual de lo que despierta y siempre es lerdo, insistente, necesario. Un poema de Vallejo recitado a media voz sobre la cama, inaudible tras los muros. Muelen los huesos de un perro en el callej\u00f3n. Mueve la cola un perro. Aparecen los remos de la cruz sobre la pared blanca. Los golpes de Dios son mi par de ojos bizcos plantados sobre la hiperabundancia del tarant\u00edn urbano. Puntual, a pie siempre, desde la Urbina hasta Petare, entre las venas congeladas de la tranca con mi suela. Puntual. Con prisa. En el gent\u00edo.<\/p>\n<p>En mi suela, un microcirujano mutila lacrimales in\u00fatiles. La comarca de las anulaciones est\u00e1 servida; como raci\u00f3n; sobre el polietileno. 230 puertas abiertas se combinan en el tiempo para el desperezamiento. El pasillo deste\u00f1ido de rombos. Papel tapiz de ni\u00f1os monta\u00f1eses del Tirol. Papel tapiz de cascadas en la sala de espera de la odont\u00f3loga de la cuadra. Papel tapiz que arranco entre dientes de sue\u00f1o. Doy saltos en el tiempo que se raja como el avi\u00f3n entre las nubes raja la presencia de lo celeste y de lo inmenso. Doy saltos de turbina y aspa de abanico, perd\u00f3n, de ventilador. La enfermedad buscada de la memoria. Alguien de cortos a\u00f1os tras la puerta se masturba con hielo, y tras la pantalla, en los p\u00edxeles, un mar de polvo nieva hacia las s\u00e1banas. Lo llaman espera. Lo llaman ociosidad. Lo llaman lascivia prematura. Quiz\u00e1 sea la mendicidad violenta que siempre ejercemos sobre nuestros cuerpos. Un ser aleg\u00f3rico que se da la mano todos los d\u00edas con su amigo, el morbo intangible. Viene la costra invisible por el cerebro de las calles atravesadas de mentes. Unos viejos juegan ajedrez en Sabana Grande. Alguna gente busca municiones que se le terminaron.<\/p>\n<p>Tecleo, mientras nos aglomeramos en hervideros est\u00e1ticos, violentos, ociosos, inm\u00f3viles. Tecleo un poco m\u00e1s. Soy ciudadano de teclas, y me escondo de la calle a ratos, pero no puedo. Fundo plomo \/ de abrigos \/ de inviernos ausentes \/ de hombres en fila \/ de teatros estrechos \/ en \u00e1ticos de vida. El minutero est\u00e1 rojo-inerte en la resonante dimensi\u00f3n tel\u00farica del cuerpo dormido mientras yo estoy despierto. Siempre hay un cuerpo dormido, o roto y despierto, en esta palabra que escribe y que despierta al filo de la frase con ganas de ayuno. Suena la palabra\u00a0<i>alba<\/i>. Suena fuerte; como un silbido, como un pedo, como el arranque reparado por el abuelo Miguel o la libaci\u00f3n de la gasolina de su boca al carburador abierto \/ quemadera celeste, como un mechero negro abierto al cielo. Suena la palabra\u00a0<i>alba<\/i>\u00a0como un pedo. Me despierta y voy por el desayuno. Decapito entonces la noche, con\u00a0 las noticias del d\u00eda, y luego de gastar mis teclas una vez m\u00e1s, me visto, como que jode, preparo mis ojos bizcos, envidia de lo omnipresente, y salgo a la calle.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El gesto indeciso del portero, mientras afuera hacen hilera hombres en abrigo, mujeres en abrigo, manchados de cal, promiscuamente ordenados por sus rostros, esperando la llegada de sacos de alimento que resuelvan un largo invierno del polvo en las entra\u00f1as. Gris de utiler\u00eda. Ciudad de teatro. Caracas\/Madrid y regreso. Teatro de la puerta estrecha. 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