{"id":34863,"date":"2013-02-09T12:58:07","date_gmt":"2013-02-09T17:28:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=34863"},"modified":"2013-10-03T04:07:02","modified_gmt":"2013-10-03T08:37:02","slug":"mi-vida-a-traves-de-los-perros-xl","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2013\/02\/09\/mi-vida-a-traves-de-los-perros-xl\/","title":{"rendered":"Mi vida, a trav\u00e9s de los perros (XL)"},"content":{"rendered":"<div class=\"separator\" style=\"clear: both; text-align: center;\">\n<a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.thepunch.com.au\/images\/uploads\/bulldog-2.jpg\" imageanchor=\"1\" style=\"margin-left: 1em; margin-right: 1em;\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" border=\"0\" height=\"364\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.thepunch.com.au\/images\/uploads\/bulldog-2.jpg?resize=640%2C364\" width=\"640\" \/><\/a><\/div>\n<p>No recuerdo quien fue el que comenz\u00f3 la conversaci\u00f3n, pero en todo caso el ambiente fantasmag\u00f3rico nos incit\u00f3 a hablar sobre esp\u00edritus, aparecidos y experiencias metaf\u00edsicas. Por mi lado lo \u00fanico que pude aportar fueron experiencias de segunda mano, recogidas a trav\u00e9s de lecturas y cuentos de camino escuchados en algunos de mis viajes. Pero al parecer Helga ven\u00eda de las tierras encantadas, y me narr\u00f3 algunas an\u00e9cdotas escalofriantes. Poco a poco el miedo fue materializ\u00e1ndose, y comenzamos a escuchar ruidos inquietantes. Por supuesto que no hab\u00eda nada de sobrenatural en ellos (maderas crujiendo, el viento silbando entre los resquicios) pero los temores son irracionales, y se potencian en la oscuridad, algo at\u00e1vico con seguridad. Hasta Byron estaba inquieto, por otra parte. No pod\u00edamos conciliar el sue\u00f1o a pesar de estar agotados. Algo nos manten\u00eda alerta, alimentado por los cuentos que ella se sab\u00eda a montones. Creo que en el fondo se estaba burlando de m\u00ed, &nbsp;divirti\u00e9ndose a mis costillas con sus historias quien sabe si inventadas. Estaba justo en el medio de uno de ellos, cuando la puerta de entrada de nuestro refugio, la cual hab\u00edamos asegurado con unas piedras, se abri\u00f3 con gran estruendo, con nuestro respectivo sobresalto. Busqu\u00e9 mi linterna y la enfoqu\u00e9 hacia la entrada, pero lo \u00fanico que pude ver fue que la puerta estaba abierta, sin ning\u00fan indicio sobre quien lo hubiera hecho. A todas \u00e9stas, el reloj marcaba las 3:30. Faltaban al menos 2 horas para que algo de claridad comenzara a despuntar, pero ambos decidimos que lo mejor ser\u00eda comenzar a alistarnos para salir de ese lugar. Recogimos el improvisado campamento, cargamos el Mercury y apenas despunt\u00f3 el alba tomamos la carreterita de vuelta.<\/p>\n<p>En cuesti\u00f3n de dos horas est\u00e1bamos entrando en la ciudad donde transcurrieron mis estudios universitarios. Estaba igual, sin mayores cambios. El tiempo parec\u00eda detenerse en el peque\u00f1o centro poblado. Me invadi\u00f3 una gran nostalgia, debo admitirlo. Sin embargo procur\u00e9 no demostrar esas emociones, tal vez por cierto pudor. Helga estaba encantada, en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n me coment\u00f3 cu\u00e1nto le recordaba a su segunda patria. Conduje el veh\u00edculo hasta el hospital, y all\u00ed la acompa\u00f1\u00e9 hasta el mostrador; una vez que fue informada sobre la secci\u00f3n en donde podr\u00eda encontrar a su madre, me pidi\u00f3 que la dejara sola. La complac\u00ed y sal\u00ed del lugar; aprovech\u00e9 para dar un paseo a pie por esas calles que tantas veces hab\u00eda transitado antes. Byron me acompa\u00f1aba, por supuesto, con su aire aristocr\u00e1tico y su andar pausado. Llegamos a la placita aquella en donde le\u00ed la carta que me dejara Claudia. Ten\u00eda tiempo que no pensaba en ella, cosa que me sorprendi\u00f3: parece mentira que alguien que fuera tan importante haya podido ser olvidado con tanta facilidad. Pero as\u00ed funcionan las cosas, supongo.<\/p>\n<p>Continu\u00e9 mi paseo por la ciudad. No hab\u00edamos tenido tiempo ni ganas de desayunar, y ya me estaba pegando el hambre. No sab\u00eda si era prudente regresar al hospital, pues le quer\u00eda dar espacio a Helga para ese reencuentro, por lo que me fui a un peque\u00f1o restaurancito. El desayuno t\u00edpico: una sopa de leche, con un huevo cocinado en ella, espolvoreada con la cantidad adecuada de cilantro, que me supo a gloria. Con eso y un par de arepas con nata me di por satisfecho. Para seguir matando el tiempo, me acerqu\u00e9 al mercado municipal, una algarab\u00eda de mercanc\u00eda variopinta, gritos de los marchantes, olores y sabores variados. Me di algunos gustos adicionales, como la exuberancia de un batido \u00abbomba\u00bb, entre cuyos ingredientes figuran el ojo de buey y el vino fortificado (supuse que, dados los acontecimientos recientes, un poco de vigor adicional no me vendr\u00eda mal). Compr\u00e9 algunos dulcitos t\u00edpicos de la regi\u00f3n y una ruana que me pareci\u00f3 bell\u00edsima, como regalo para Helga.<\/p>\n<p>Con esas actividades pude quemar unas dos o tres horas; calcul\u00e9 que ya era tiempo de acercarme a ver como estaba la situaci\u00f3n, y me regres\u00e9 al hospital. Lo conoc\u00eda muy bien, y encontr\u00e9 la sala en donde &nbsp;nos dijeron que estaba recluida la se\u00f1ora sin mayores contratiempos. Al entrar en ella, un gran cuarto con unas 10 camas de barandas blancas, todas ocupadas, vi una escena enternecedora: Helga estaba sentada al lado de una de ellas, sosteniendo la mano descarnada y p\u00e1lida de una anciana mujer, de pelo encanecido, que se perd\u00eda entre las s\u00e1banas. No imagin\u00e9 que estuviera en tal estado, ni que fuera tan anciana. Parec\u00eda estar dormida, por lo que me acerqu\u00e9 de la manera m\u00e1s silenciosa que pude. Al llegar al lado de Helga pude notar que hab\u00eda llorado; sus ojos enrojecidos lo confirmaban. Me mir\u00f3 con alivio, y con una se\u00f1al me dijo que me retirara. Sal\u00ed del cuarto y a los pocos momentos ella me alcanz\u00f3.<\/p>\n<p>-Llegu\u00e9 a tiempo&#8230;- y me abraz\u00f3, estallando en llanto.<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo, a tiempo?<\/p>\n<p>-A tiempo para verla con vida&#8230; est\u00e1 muy mal, los m\u00e9dicos no me dan muchas esperanzas, tiene una infecci\u00f3n generalizada, y no est\u00e1 reaccionando a los antibi\u00f3ticos.<\/p>\n<p>-No puede ser&#8230; Mira, Helga: \u00bfque te parece si la trasladamos a la capital?<\/p>\n<p>-Est\u00e1s loco, no soportar\u00eda un viaje tan largo por tierra.<\/p>\n<p>-No estoy pensando en eso, sino en un avi\u00f3n. Una aeroambulancia.<\/p>\n<p>-Ojal\u00e1 pudiera, pero eso es demasiado caro para m\u00ed.<\/p>\n<p>-Por eso no te preocupes, te va a costar algunos cuadros m\u00e1s pero despu\u00e9s hablamos. Lo importante ahora es actuar con rapidez, cada minuto cuenta.<\/p>\n<p>-\u00bfEn serio? \u00a1Tom\u00e1s, jam\u00e1s podr\u00e9 pagarte tanto que haz hecho por m\u00ed!<\/p>\n<p>-Bah, lo hago con todo el placer del mundo. T\u00fa deber\u00edas saberlo.<\/p>\n<p>Deb\u00eda moverme con agilidad, de eso depender\u00eda la vida de la se\u00f1ora. Corr\u00ed al aeropuerto para agenciar la aeronave, mientras Helga se ocupaba de los tr\u00e1mites en la c\u00ednica. Ambas gestiones fueron problem\u00e1ticas, pero por fin pudimos solventar todos los problemas y la ma\u00f1ana siguiente Helga y su madre estaban despegando del aeropuerto de aquella ciudad con rumbo a la capital. Por mi parte, me tocaba recorrer la carretera, acompa\u00f1ado por mi perro. Otra vez.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No recuerdo quien fue el que comenz\u00f3 la conversaci\u00f3n, pero en todo caso el ambiente fantasmag\u00f3rico nos incit\u00f3 a hablar sobre esp\u00edritus, aparecidos y experiencias metaf\u00edsicas. Por mi lado lo \u00fanico que pude aportar fueron experiencias de segunda mano, recogidas a trav\u00e9s de lecturas y cuentos de camino escuchados en algunos de mis viajes. 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