{"id":34406,"date":"2013-01-26T11:00:46","date_gmt":"2013-01-26T15:30:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=34406"},"modified":"2013-10-03T04:07:02","modified_gmt":"2013-10-03T08:37:02","slug":"mi-vida-a-traves-de-los-perros-xxxix","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2013\/01\/26\/mi-vida-a-traves-de-los-perros-xxxix\/","title":{"rendered":"Mi vida, a trav\u00e9s de los perros (XXXIX)"},"content":{"rendered":"<div class=\"separator\" style=\"clear: both; text-align: center;\">\n<a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/media-cache-lt0.pinterest.com\/upload\/85146249176697668_2KeTmraa_b.jpg\" imageanchor=\"1\" style=\"margin-left: 1em; margin-right: 1em;\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" border=\"0\" height=\"264\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/media-cache-lt0.pinterest.com\/upload\/85146249176697668_2KeTmraa_b.jpg?resize=400%2C264\" width=\"400\" \/><\/a><\/div>\n<p>A pesar de la hora &#8211; ser\u00eda m\u00e1s o menos la una de la tarde &#8211; el fr\u00edo del lugar era bastante notorio, por lo que antes de salir del carro nos abrigamos bien. Alrededor de nosotros se form\u00f3 una peque\u00f1a algarab\u00eda de muchachitos andrajosos, con sus mejillas rojas y cuarteadas, calzando unas alpargatas sin medias, y como protecci\u00f3n contra el clima unas ruanas muy r\u00fasticas, te\u00f1idas de colores que al principio debieron haber sido &nbsp;vivos pero el paso del tiempo hab\u00eda deste\u00f1ido. Nos miraban con curiosidad, lo que nos dio a entender que no era para nada frecuente la visita de turistas en ese lugar apartado del mundo. A sabiendas de las duras condiciones de vida en esos p\u00e1ramos hab\u00eda hecho una peque\u00f1a provisi\u00f3n de galletas, dulcitos y chocolates, que desapareci\u00f3 en un santiam\u00e9n. Byron salt\u00f3 de su lugar en el asiento de atr\u00e1s del Mercury, pero con la misma volvi\u00f3 a refugiarse en el calor del carro.<\/p>\n<p>Al rato de haber llegado, ya ganada la confianza de los chicos con nuestros obsequios, Helga fue al grano.<\/p>\n<p>-Estamos buscando a la se\u00f1ora Teresa, \u00bfalguno sabe en donde est\u00e1?<\/p>\n<p>Los ni\u00f1os pusieron cara de indiferencia, como si el nombre no les dijera nada. Sin embargo, el mayorcito de ellos le contest\u00f3:<\/p>\n<p>-Si quiere la llevo a casa de mi ag\u00fcela, a lo mejor ella sabe.<\/p>\n<p>El ni\u00f1o nos gui\u00f3 por la calle principal del caser\u00edo, que m\u00e1s bien era la \u00fanica, y al llegar a una casita tan desvencijada como sus vecinas, peg\u00f3 un grito:<\/p>\n<p>-\u00a1\u00a1\u00a1Ag\u00fcela!!! \u00a1Te busca una gente, sal pa\u00b4 juera!<\/p>\n<p>Al corto rato sali\u00f3 de la casa una se\u00f1ora delgada, con el pelo completamente blanco, arrastrando los pies como si el peso de ese cuerpo tan enjuto fuera demasiada carga para ellos. Lo \u00fanico que denotaba vida en ella eran sus ojos: negros, brillantes y escrutadores. Nos lanz\u00f3 una mirada cargada de desconfianza at\u00e1vica ante lo no conocido, pero nos pregunt\u00f3 casi con cortes\u00eda:<\/p>\n<p>-\u00bfPara qu\u00e9 soy buena?<\/p>\n<p>-Como est\u00e1, se\u00f1ora. Estamos buscando a una persona que se llama Teresa, nos dijeron que est\u00e1 viviendo en este pueblo. Ella es de la capital, pero hace a\u00f1os se mud\u00f3 y la \u00faltima direcci\u00f3n que dej\u00f3 queda en este pueblo.<\/p>\n<p>La se\u00f1ora se qued\u00f3 pensando, y al rato dijo:<\/p>\n<p>-Teresa, Teresa como tal que venga de la ciud\u00e1 no hay niguna, pero s\u00ed hay una se\u00f1ora que hace a\u00f1os se vino de all\u00e1.<\/p>\n<p>Helga no pudo reprimir su emoci\u00f3n y su impaciencia, y pregunt\u00f3:<\/p>\n<p>-\u00bfNos puede decir en donde queda su casa?<\/p>\n<p>-Eso no se va a poder ahor\u00edta, se\u00f1orita.<\/p>\n<p>-\u00bfPor qu\u00e9?<\/p>\n<p>-La se\u00f1ora Aminta tuvo un percance, y se la llevaron al hospital de la ciud\u00e1.<\/p>\n<p>La cara de desilusi\u00f3n de Helga era conmovedora, no pod\u00eda creer que le costara tanto conseguir a su madre. Sin embargo, con mucha preocupaci\u00f3n logr\u00f3 que la anciana le contara la naturaleza de sus dolencias; hab\u00eda sufrido fuertes dolores en la regi\u00f3n abdominal, causados por una apendicitis, y cuando se volvieron insoportables un camionero se la llev\u00f3 al mismo hospital en donde me atendieran, cuando el accidente.<\/p>\n<p>Helga volvi\u00f3 su mirada hacia mi, con algo de s\u00faplica en sus ojos, con una petici\u00f3n impl\u00edcita. S\u00f3lo dije, a\u00fan a sabiendas de lo complicado que iba a resultar llegar a la ciudad ese mismo d\u00eda:<\/p>\n<p>-Bueno, vamos all\u00e1.<\/p>\n<p>Pero ella misma, a pesar de su impaciencia, comprendi\u00f3 que no era buena idea afrontar otra vez esa carretera con tan poco tiempo de luz diurna, y propuso hacer noche en el poblado.<\/p>\n<p>-Se\u00f1ora, \u00bfhabr\u00e1 alguien que de posada en este pueblo?<\/p>\n<p>-Ay, mija, imag\u00ednese.. este no es lugar pa&#8217; turistas, y es demasiado pobrecito. Yo le dijera que se quedara en mi casa, pero no hay espacio pa&#8217; m\u00e1s nadie. Ya va, esp\u00e9rese&#8230; me estoy acordando, hay una casa que tiene a\u00f1os abandonada, los due\u00f1os se murieron y nadie la reclam\u00f3 m\u00e1s nunca. Pudieran acomodarse all\u00ed, por esta noche.<\/p>\n<p>Nos miramos a las caras, como buscando entendimiento. Yo dije:<\/p>\n<p>-En el carro tengo un par de sacos de dormir, es mejor dormir bajo techo que al descampado, o dentro del carro.<\/p>\n<p>-\u00a1Juancho, ven pa&#8217; c\u00e1! Lleva a los se\u00f1ores a la casa de los Ochoa.<\/p>\n<p>-Zape, \u00bfla casa embrujada?<\/p>\n<p>-No seas zoquete, muchacho. Eso no existe.<\/p>\n<p>-Porque no has ido all\u00e1, ag\u00fcela. All\u00ed salen espantos.<\/p>\n<p>-Vas a espant\u00e1 a los se\u00f1ores de la capital. No le hagan caso, estos muchachos son faramalleros.<\/p>\n<p>Algo divertidos con lo que asociamos con ingenuidad pueblerina, nos dejamos guiar hacia la casa que los se\u00f1ores Ochoa hab\u00edan dejado disponible. No fue mucho peor que lo que me hab\u00eda imaginado: era una humilde construcci\u00f3n, con una puerta que cedi\u00f3 al primer empuj\u00f3n que le propinara Juancho, con un par de ventanas hu\u00e9rfanas de vidrios y por donde supusimos que el viento entrar\u00eda a sus anchas. El interior de la vivienda estaba desnudo, no ten\u00eda ning\u00fan objeto salvo una gruesa capa de polvo que recubr\u00eda todo el piso. Ba\u00f1o, por supuesto, no ten\u00eda. Tan s\u00f3lo una letrina en el exterior de la vivienda, que no quisimos conocer.<br \/>\nDentro de todo, no estaba tan mal. Nos acomodar\u00edamos con los sacos de dormir, tapar\u00edamos las ventanas con algunos cartones, y al amanecer arrancar\u00edamos de ese pobre caser\u00edo.<\/p>\n<p>El resto de la tarde lo ocupamos en acomodar el improvisado refugio. El primer percance ocurri\u00f3 con Byron, que qued\u00f3 empolvado por completo al entrar en el lugar, antes de que pudi\u00e9ramos siquiera pasar una escoba. Parec\u00eda el perro de un pordiosero, casi no se le ve\u00eda su color original. No pensamos siquiera en tratar de limpiarlo, hac\u00eda demasiado fr\u00edo para ello; ya lo ba\u00f1ar\u00edamos cuando se pudiera. En un par de horas pusimos el lugar medianamente habitable, y matamos el tiempo haciendo una breve excursi\u00f3n por el pueblito. &nbsp;Entramos en la \u00fanica tienda de comestibles, en donde nos aprovisionamos con unos embutidos propios de la regi\u00f3n, queso ahumado y una especie de pan. Con eso resolver\u00edamos la cena.<\/p>\n<p>Con esas actividades terminamos de pasar el d\u00eda, y lleg\u00f3 el momento de acostarnos. Acomodamos los sacos de dormir muy cerca el uno del otro, dejando apenas espacio para que se acomodara el cuerpecito de Byron entre los dos. Tratamos de conciliar el sue\u00f1o, pero aquella fue una noche para el recuerdo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A pesar de la hora &#8211; ser\u00eda m\u00e1s o menos la una de la tarde &#8211; el fr\u00edo del lugar era bastante notorio, por lo que antes de salir del carro nos abrigamos bien. 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