{"id":31167,"date":"2012-10-27T10:47:27","date_gmt":"2012-10-27T15:17:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=31167"},"modified":"2013-10-03T04:07:03","modified_gmt":"2013-10-03T08:37:03","slug":"mi-vida-a-traves-de-los-perros-xxviii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2012\/10\/27\/mi-vida-a-traves-de-los-perros-xxviii\/","title":{"rendered":"Mi vida, a trav\u00e9s de los perros (XXVIII)"},"content":{"rendered":"<div class=\"separator\" style=\"clear: both; text-align: center;\">\n<a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/images.quebarato.com.es\/T160x160\/bulldog%2Bingles%2Bcachorros%2Bcomarca%2Bde%2Bbadajoz%2Bbadajoz%2Bespana__51C888_1.jpg\" imageanchor=\"1\" style=\"margin-left: 1em; margin-right: 1em;\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" border=\"0\" height=\"480\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/images.quebarato.com.es\/T160x160\/bulldog%2Bingles%2Bcachorros%2Bcomarca%2Bde%2Bbadajoz%2Bbadajoz%2Bespana__51C888_1.jpg?resize=640%2C480\" width=\"640\" \/><\/a><\/div>\n<p>Una ma\u00f1ana de Septiembre, de un d\u00eda lunes para m\u00e1s se\u00f1as, ocurri\u00f3 la serie de eventos que le dar\u00eda un nuevo vuelco a mi vida. El c\u00famulo de actos inmutables que se suced\u00edan ordinariamente en las jornadas de trabajo se vio intervenido por una circunstancia imprevista: al tratar de encender el carro tuve la desagradable sorpresa de que la bater\u00eda estaba descargada. Era el \u00fanico veh\u00edculo operativo que ten\u00eda a disposici\u00f3n; aunque mi ya vetusto Bel Air todav\u00eda estaba en el garaje, hac\u00eda a\u00f1os que nadie lo utilizaba, ten\u00eda los cauchos desinflados, y ni hablar de la bater\u00eda: deb\u00eda estar muerta hac\u00eda rato. Resignado, entr\u00e9 a la casa, busqu\u00e9 la gu\u00eda telef\u00f3nica para localizar un taxi, y cuando me dispon\u00eda a marcar uno de los n\u00fameros encontrados en el tel\u00e9fono, ning\u00fan sonido eman\u00f3 de \u00e9l. De inmediato record\u00e9 que ten\u00eda el recibo en la mesa de la cocina, lo busqu\u00e9 y mis sospechas iniciales se confirmaron: ten\u00eda 15 d\u00edas de vencido, por lo cual la compa\u00f1\u00eda de tel\u00e9fonos, con su proverbial diligencia, hab\u00eda procedido al corte correspondiente.<\/p>\n<p>Mientras Byron daba vueltas a mi alrededor, ladrando alegremente y tal vez sorprendido por el cambio en la rutina, sopes\u00e9 mis posibilidades y comprend\u00ed la precariedad de mi situaci\u00f3n: estaba en lo alto de la colina en donde se posaba mi casa, el vecino m\u00e1s cercano (con el cual jam\u00e1s hab\u00eda entablado conversaci\u00f3n alguna) se encontraba a unos diez minutos de distancia, y esperar que un taxi se presentara a las puertas de mi casa era an\u00e1logo a tener la esperanza de ver la materializaci\u00f3n de alguna figura mitol\u00f3gica en el centro de la ciudad. Tom\u00e9 la \u00fanica decisi\u00f3n que ten\u00eda disponible, y emprend\u00ed mi camino hacia la avenida principal, que estaba a kil\u00f3metros de distancia. Afortunadamente era temprano, no hac\u00eda mucho sol y mis zapatos eran bastante c\u00f3modos; eso pensaba al principio para darme \u00e1nimos, pero cuando ten\u00eda veinte minutos andando sent\u00eda que avanzaba por un extra\u00f1o desierto en bajada, portando un calzado de cemento. Por supuesto no hab\u00edan aceras, y largos tramos de la v\u00eda estaban en construcci\u00f3n, por lo que en la pr\u00e1ctica estaba caminando sobre guijarros. En un pasaje particularmente comprometido de la v\u00eda ocurri\u00f3 el accidente: pis\u00e9 mal, el tobillo se me dobl\u00f3 de manera innatural, y fui a dar cuan largo era sobre el proyecto de carretera. Por fortuna no hab\u00eda nadie que hubiera visto el accidente, con lo cual me salv\u00e9 de ser atracci\u00f3n ocasional y p\u00fablica; por desventura no hab\u00eda nadie que me pudiera socorrer. Me levant\u00e9, pero al tratar de pisar vi las estrellas: algo se me hab\u00eda lastimado, o roto, en el pie. El mal d\u00eda parec\u00eda ir para peor.<\/p>\n<p>No pod\u00eda caminar, ya era un hecho. La hinchaz\u00f3n apareci\u00f3 de inmediato: parec\u00eda tener un bal\u00f3n acoplado al pie. Me sent\u00e9 a un lado de la carretera, a hacer lo \u00fanico que pod\u00eda: esperar por alg\u00fan samaritano imprevisto que circulara por all\u00ed, que tuviera la amabilidad de detenerse a ayudarme, y que no lo animaran intenciones de robarme. Todas esas conjeturas las iba elaborando durante el largo rato que estuve sentado, bajo el sol inclemente de la ma\u00f1ana que comenzaba a picar fuerte. Pasaron unos dos o tres carros, pero sus tripulantes se limitaron a echarme una mirada furtiva y curiosa, y a rociarme de polvo; yo como compensaci\u00f3n los maldije en silencio. Ya empezaba a desesperar: la tienda sin abrir, los empleados aglomerados en la puerta, los parroquianos que en cualquier momento comenzar\u00edan a llegar&#8230; me rega\u00f1\u00e9 a m\u00ed mismo por no haber tomado medidas de contingencia antes, por no haber previsto que eso podr\u00eda suceder, por no tener alg\u00fan empleado de confianza a quien delegarle funciones vitales. En fin, estaba bastante entretenido en esa sesi\u00f3n de autoflagelo, por lo que no me di cuenta del momento en que un Jeep se detuvo a mi lado, y una voz femenina, de acento extranjero, me pregunt\u00f3:<\/p>\n<p>-Caballero, \u00bfest\u00e1 usted en apuros?<\/p>\n<p>Esos modos me tomaron por sorpresa, pero \u00e9sta se acrecent\u00f3 al ver que la persona quien me interrogaba era una espl\u00e9ndida mujer, vestida con un overol de trabajo, desgastado, una pa\u00f1oleta en la cabeza y una sonrisa inolvidable. Pens\u00e9 que estaba delirando por el sol, pero decid\u00ed seguirle la corriente, y contest\u00e9:<\/p>\n<p>-Es as\u00ed, espero que tenga el tiempo y la amabilidad de ayudarme.<\/p>\n<p>-\u00bfQue le ha ocurrido?<\/p>\n<p>Le relat\u00e9 con rapidez los acontecimientos, y sin m\u00e1s se ape\u00f3 del r\u00fastico, me tom\u00f3 de un brazo y en un gesto atl\u00e9tico me subi\u00f3 al asiento del copiloto. Todo ocurri\u00f3 tan r\u00e1pido que no me dio tiempo de nada. Me sent\u00ed como un enano en contraposici\u00f3n a una gigante.<\/p>\n<p>-\u00bfA donde quiere que lo lleve?<\/p>\n<p>-Creo que lo m\u00e1s prudente ser\u00eda ir a un hospital&#8230;<\/p>\n<p>-\u00bfA un hospital? \u00bfPor una torcedura insignificante? No me haga re\u00edr, y s\u00e1quese el zapato.<\/p>\n<p>No ten\u00eda fuerzas para discutir con la gigante, as\u00ed que la obedec\u00ed de inmediato.<\/p>\n<p>-Lo que sospechaba. Es una peque\u00f1a luxaci\u00f3n. Si no le importa, soy enfermera graduada y puedo resolverle ese asunto.<\/p>\n<p>Sin estar muy convencido, pero muy intrigado por la mujer, le dije:<\/p>\n<p>-Vivo a algunos kil\u00f3metros, si quiere me puede llevar a mi casa.<\/p>\n<p>As\u00ed hicimos, y en unos cinco minutos est\u00e1bamos traspasando el port\u00f3n de entrada de mi hogar. Byron, quien se la pasaba vagando por los jardines, se acerc\u00f3 curioso al Jeep, y una vez que la extranjera se baj\u00f3 procedi\u00f3 a olfatearla con gran ah\u00ednco. Pareci\u00f3 estar satisfecho con lo que oli\u00f3, pues en un instante estaba haci\u00e9ndole fiestas, meneando el toc\u00f3n de rabo y ladrando de manera amistosa. Vaya, la gigante ten\u00eda sangre para los animales: eso me agrad\u00f3. Y m\u00e1s me agrad\u00f3 cuando, una vez acostado en el sof\u00e1, se arrodill\u00f3 en el suelo y con un solo movimiento me templ\u00f3 el pie. Por un instante me pareci\u00f3 descender a los infiernos del dolor, pero esa sensaci\u00f3n pas\u00f3 de inmediato d\u00e1ndole lugar a un estado de bienestar.<\/p>\n<p>-Caramba, usted es experta en lo que hace. Disculpe mi descortes\u00eda: mi nombre es Tom\u00e1s, \u00bfpudiera saber el suyo?<\/p>\n<p>-Helga.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una ma\u00f1ana de Septiembre, de un d\u00eda lunes para m\u00e1s se\u00f1as, ocurri\u00f3 la serie de eventos que le dar\u00eda un nuevo vuelco a mi vida. 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