{"id":30980,"date":"2012-10-21T07:48:38","date_gmt":"2012-10-21T12:18:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=30980"},"modified":"2013-10-03T04:07:03","modified_gmt":"2013-10-03T08:37:03","slug":"mi-vida-a-traves-de-los-perros-xxvii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2012\/10\/21\/mi-vida-a-traves-de-los-perros-xxvii\/","title":{"rendered":"Mi vida, a trav\u00e9s de los perros (XXVII)"},"content":{"rendered":"<div class=\"separator\" style=\"clear: both; text-align: center;\">\n<a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.mascotissimo.com\/wp-content\/uploads\/2007\/03\/bulldog-ingles-03.jpg\" imageanchor=\"1\" style=\"margin-left: 1em; margin-right: 1em;\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" border=\"0\" height=\"640\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.mascotissimo.com\/wp-content\/uploads\/2007\/03\/bulldog-ingles-03.jpg?resize=504%2C640\" width=\"504\" \/><\/a><\/div>\n<p>Tal vez no sea un gran hallazgo, pero puedo afirmar con conocimiento de causa que la vida no es otra cosa que una combinatoria de casualidades, m\u00e1s o menos afortunadas. Por mucho cuidado que se tenga en la planificaci\u00f3n del curso que se le pretenda dar a la propia existencia, las circunstancias har\u00e1n que se desv\u00ede hacia alguna direcci\u00f3n diferente a la imaginada en primer lugar. Pongamos la m\u00eda como ejemplo: seg\u00fan mi temperamento e inclinaciones juveniles, hubiera debido dedicarme a alg\u00fan oficio relacionado con la literatura, tal vez bibliotecario o forzando un poco la barra, porqu\u00e9 no, escritor. Sin embargo emprend\u00ed una carrera diametralmente opuesta como lo es la ingenier\u00eda civil. Cuando ya me hab\u00eda hecho a la idea, tuve que convertirme en tendero. Y as\u00ed por el estilo sucedi\u00f3 en todas las esferas de mi vida. En realidad no ten\u00eda mucho de que quejarme: estaba llegando a los 30 a\u00f1os y hab\u00eda tenido una serie de vivencias de todo tipo que me hab\u00edan obligado a madurar y me defin\u00edan como hombre. Los 30 a\u00f1os constituyen una especie de hito &nbsp;en el cual corresponde hacer un alto y echar una mirada retrospectiva. Yo no escap\u00e9 a ese ritual, y realic\u00e9 mi balance respectivo: en el plano econ\u00f3mico no ten\u00eda nada de qu\u00e9 quejarme, pues por fortuna la tienda no dejaba de producir dinero. Pero en el aspecto personal era un pordiosero, un mendigo. Casi no ten\u00eda relaciones, m\u00e1s all\u00e1 de las forjadas alrededor de mi actividad comercial: ve\u00eda con envidia como, al llegar la noche, mis dependientes sal\u00edan charlando animadamente, cit\u00e1ndose para tomar algo en los bares de la zona, o tomados del brazo de la pareja que los aguardaba en la acera. Yo no ten\u00eda a nadie quien me esperara. Cerraba la pesada santamar\u00eda, buscaba mi carro y me iba a casa, a tomar una cena frugal, o bien a alg\u00fan restaurante anodino cuando no ten\u00eda \u00e1nimos para siquiera prepararme un sandwich. Total, all\u00e1 en la casa no hab\u00eda nadie aguardando mi llegada: ni siquiera las dos perras que hab\u00edan quedado de la camada inicial, pues no sobrevivieron por mucho tiempo, despu\u00e9s de la muerte de mi madre. En esos momentos de soledad pensaba que hubiera podido contar con la compa\u00f1\u00eda del hijo que por la decisi\u00f3n de Luc\u00eda no lleg\u00f3 a nacer. Aunque ella me hab\u00eda aclarado que no ten\u00eda por qu\u00e9 ser m\u00edo, en el fondo de mi ser sab\u00eda que s\u00ed lo era. Pero ya hab\u00eda quedado en el pasado. Aunque cuando pensaba en eso me invad\u00eda una sensaci\u00f3n entre la amargura, la tristeza y la rabia, esos episodios sol\u00edan pasar pronto.<\/p>\n<p>Hab\u00eda algo cierto: deb\u00eda sacudirme esa soledad de alguna manera. Para ello decid\u00ed reanudar mi vida social. &nbsp;Compr\u00e9 una acci\u00f3n en un club de playa, el cual comenc\u00e9 a frecuentar de manera constante. All\u00ed me inscrib\u00ed en cuanta actividad grupal estuviera disponible: desde clases de velerismo hasta partidas de p\u00f3ker. Nunca hab\u00eda sido asiduo a los juegos de azar, pero empec\u00e9 a agarrarle el gusto. Era evidente que en el fondo mi \u00e1nimo era d\u00e9bil y f\u00e1cil de ser atrapado por el lado oscuro: pronto me hice asiduo a esa actividad, y llegu\u00e9 a &nbsp;adquirir destreza en las artes del enga\u00f1o y el envite. Como es com\u00fan, esa actividad comenz\u00f3 a convertirse en un vicio acompa\u00f1ado de otros, y llegaba a pasar noches enteras en interminables manos, regadas con cuantioso licor. A la ma\u00f1ana siguiente, despu\u00e9s de una ducha reparadora y un caf\u00e9 cargado, me tiraba en la playa a dormir la resaca. En esas ocasiones mi estado era lamentable, y lograba el efecto contrario al que estaba buscando, pues empec\u00e9 a cobrar fama de libertino. Despu\u00e9s de unos cuantos bochornos y una llamada de atenci\u00f3n a tiempo, recapacit\u00e9 y me alej\u00e9 de las mesas de juego, en procura de actividades menos escandalosas.<\/p>\n<p>Otra cosa que ya me estaba faltando era la compa\u00f1\u00eda de un perro, y empec\u00e9 las gestiones para conseguirlo. Quer\u00eda un can que llegara a ser fuerte, pero a la vez tem\u00eda que se fuera demasiado pronto, por lo que emprend\u00ed una investigaci\u00f3n para hallar la raza que satisficiera ambas necesidades. Tras largas consultas en enciclopedias de animales, me decid\u00ed por el bulldog ingl\u00e9s: no llegan a ser demasiado grandes, pero s\u00ed poderosos, y su expectativa de vida es bastante larga. Hice las averiguaciones pertinentes, y al cabo de unos meses recib\u00ed la llamada telef\u00f3nica que estaba aguardando: un criador acababa de tener una camada de esos perros, y me pon\u00eda a disposici\u00f3n un macho. Lo fui a ver, y me gust\u00f3 enseguida. Fiel a mi tradici\u00f3n literaria, lo llam\u00e9 Byron, en honor al lord y poeta ingl\u00e9s, esperando que su vida fuera menos tr\u00e1gica que la de su hom\u00f3nimo.<\/p>\n<p>Poco a poco mis cosas comenzaban a encaminarse de nuevo, dentro de cierta normalidad. Me faltaba, sin embargo, lo m\u00e1s importante: la compa\u00f1\u00eda de una mujer, que compartiera conmigo el trecho de vida que ten\u00eda por delante. Esas cosas, se sabe, no se decretan. Suceden cuando tienen que hacerlo, y por lo general de maneras inesperadas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tal vez no sea un gran hallazgo, pero puedo afirmar con conocimiento de causa que la vida no es otra cosa que una combinatoria de casualidades, m\u00e1s o menos afortunadas. 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