{"id":3049,"date":"2009-05-07T22:00:33","date_gmt":"2009-05-08T02:30:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=3049"},"modified":"2009-05-08T08:37:44","modified_gmt":"2009-05-08T13:07:44","slug":"el-viaje-en-primera-clase-desde-el-materialismo-historico-a-la-santeria-militante-del-diputado-marcano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2009\/05\/07\/el-viaje-en-primera-clase-desde-el-materialismo-historico-a-la-santeria-militante-del-diputado-marcano\/","title":{"rendered":"El viaje en primera clase desde el Materialismo Hist\u00f3rico a la Santer\u00eda Militante del Diputado Marcano."},"content":{"rendered":"<p>Desde su adolescencia, casi toda su vida la hab\u00eda pasado tratando de entrarle a los conceptos elementales del materialismo hist\u00f3rico que se encontraban en las p\u00e1ginas de los libros de Marx, Engels y Lenin, publicados por la extinta uni\u00f3n sovi\u00e9tica y conservados como tesoros bibliogr\u00e1ficos entre alguno que otro tomo de literatura. Luchaba en cada l\u00ednea contra el aburrimiento, contra las ideas planteadas con palabras que pesaban como el plomo y el acero, para forjarse un esp\u00edritu, o mejor corregimos esta palabra que no formaba parte de su argot, una voluntad f\u00e9rrea como un tren siberiano que avanza entre los paisajes y climas inh\u00f3spitos, abriendo las p\u00e1ginas de la historia. Hab\u00eda hecho esfuerzos sobrehumanos para intentar levantar aquel pesado mamut que result\u00f3 ser El Capital y apenas pudo darle alguno que otro pellizco memoriz\u00e1ndose algunas frases de tanto sacarse debajo del brazo el primer tomo ya perfumado por los efluentes de la axila derecha, para abrirlo e intentar mantener una lectura mientras se tomaba un caf\u00e9 y se fumaba un cigarrillo en la universidad. <\/p>\n<\/p>\n<p>Pero hoy estaba all\u00ed, y se preguntaba varias veces el por qu\u00e9, con el gusanillo de la duda carcomi\u00e9ndole el pensamiento, vestido de blanco con la sangre del gallo, que a\u00fan se sacud\u00eda los coletazos de la muerte, corri\u00e9ndole desde la cabeza hacia el pecho y hacia la espalda. Mientras el babalao entonaba una canci\u00f3n yoruba y lo cubr\u00eda con el humo de un tabaco. A sus pies, c\u00edrculos de frutas y de p\u00f3lvora que incendiaba uno a uno, mandalas de p\u00e9talos de flores y esencias de olores fuertes como belladona y cuerno e\u2019 ciervo, tambores de doble vibrafon\u00eda sacud\u00edan el aire con sonoridades africanas mientras las iniciadas bailaban y cantaban a los lados y una cabra esperaba, con estoica mirada, la hora de su sacrificio.<span style=\"mso-spacerun: yes;\"> <\/span><\/p>\n<\/p>\n<p>El diputado hab\u00eda comprendido que la pol\u00edtica, sin importar que fuese de derecha o de izquierda, era un juego de ajedrez, pero donde cada pieza pod\u00eda esconder un pu\u00f1al bajo la manga con el cual pod\u00edan acuchillarle si se descuidaba. Hasta los colaboradores m\u00e1s cercanos pod\u00edan traicionarle. Hab\u00eda visto piezas pactar en las sombras con las del otro color, reinas que traicionaban con alfiles y hasta con caballos, \u00e9l mismo hab\u00eda tenido que hundirle, metaf\u00f3ricamente y sin anestesia, la daga a alguno que otro compa\u00f1ero de la universidad que alguna vez lograron llamarse amigos. O eran ellos o era \u00e9l el que sub\u00eda. No hab\u00eda otra opci\u00f3n, tener piel de cocodrilo y estar preparado para el enroque y para los jaques. Ya desconfiaba hasta de su guardaespaldas. As\u00ed que la protecci\u00f3n venida de otro mundo no estar\u00eda dem\u00e1s y desde que el jefe hab\u00eda tenido sus primeras visitas a la isla se corr\u00eda el rumor entre sus m\u00e1s allegados de que hab\u00eda consultado a los m\u00e1s viejos babalaos y sacerdotes del culto, aquellos que conoc\u00edan los secretos m\u00e1s codiciados de la longevidad y de la sobrevivencia. Y no era de dudarlo porque su consejero era pr\u00e1cticamente piel y huesos que a\u00fan parlamentaban<span style=\"mso-spacerun: yes;\"> <\/span>con una cordura inusual para los a\u00f1os que hab\u00eda vivido. Hasta \u00e9l mismo pareci\u00f3 haberle visto el mazo de collares asomarse por debajo del cuello de la camisa blindada. As\u00ed que la santer\u00eda se hizo materia obligada para todo militante que pudiese costearse el capricho espiritual. Pero lejos de ser el culto sincr\u00e9tico popular, cargado de fe y sentimientos,<span style=\"mso-spacerun: yes;\"> <\/span>con el que alegremente en coloridas, pintorescas y musicales ceremonias, vanagloriaban en las calles y playas de Salvador de Bah\u00eda, a Yemanya en al mar y a Ochum en el r\u00edo, era m\u00e1s bien un juego de ceremonias secretas pagadas a buen precio gracias a las bondades caritativas de contratistas y empresarios que generosamente colaboraban en efectivo con el diezmo para mantener la fe de los funcionarios en el r\u00e9gimen. Una suerte de cofrad\u00eda de contados y seleccionados miembros. No era un culto para los plebeyos que ten\u00edan que conformarse con una biblia desgastada, la cruz de cristo y los anquilosados discursos de los curas cat\u00f3licos. <\/p>\n<\/p>\n<p>En cuanto el sacerdote vio a Marcano, en la primera consulta, con el rostro acechado por las dudas,<span style=\"mso-spacerun: yes;\"> <\/span>le apunt\u00f3 directamente al ego con su voz antillana. En un lenguaje de caracoles, conchas de coco y cartas, ilumin\u00f3 en su pasada vida sus dotes de guerrero. Aunque no estaba claro si hab\u00eda sido a Atila o a Anibal a quien hab\u00eda acompa\u00f1ado fielmente en las conquistas, lo ve\u00eda n\u00edtidamente en las batallas masacrando a sus enemigos. Y disfrutaba de la sonrisa de Marcano, que se hab\u00eda acostumbrado con facilidad a la lisonja y a la galanter\u00eda, cuando escuchaba sus palabras. Le hablaba de los harenes de hermosas mujeres que hab\u00eda pose\u00eddo y, porque no, pese a su anti-galanesca figura, volver\u00eda a tener distribuidos de distinta forma gracias a la protecci\u00f3n divina.<\/p>\n<\/p>\n<p>Sali\u00f3 del local vestido con nuevas ropas blancas, a\u00fan perfumado por las hierbas del agua con la que fue despojado y limpiado de la cabeza a los pies. Pose\u00eda una nueva sensaci\u00f3n de levitablidad y claridad de pensamiento. Se sent\u00eda protegido e invencible. El chofer le abri\u00f3 la puerta trasera de la blindada Hummer negra en donde se arrellan\u00f3 como un gato sobre el mullido asiento de cuero. Record\u00f3 la ingenua pr\u00e1ctica inicial de meter los papelitos con los nombre de sus enemigos y competidores en el congelador de la nevera o dentro de los zapatos para tenerlos pisados y se ri\u00f3 de s\u00ed mismo. Por ahora, aquella ceremonia y su sacerdote le brindaban protecci\u00f3n, si fallaban a\u00fan ten\u00eda los m\u00e1s oscuros recursos de aquellos que trabajaban con tierras de cementerio, huesos de muertos, figuras de voodoo y animales de m\u00e1s baja ralea, pero nadie lo detendr\u00eda, ahora que le hab\u00eda agarrado el gustico al poder nadie le impedir\u00eda continuar por aquel camino de sombras hasta llegar donde s\u00f3lo su mente lo hab\u00eda previsto como destino. <span style=\"mso-spacerun: yes;\"> <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"text-justify: inter-ideograph; margin: 0in 0in 0pt; text-align: justify;\"><span style=\"mso-ansi-language: ES-VE;\" lang=\"ES-VE\"><span style=\"font-size: x-small;\"><\/span><\/span><\/p>\n<p><span style=\"mso-spacerun: yes;\">William Guaregua<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desde su adolescencia, casi toda su vida la hab\u00eda pasado tratando de entrarle a los conceptos elementales del materialismo hist\u00f3rico que se encontraban en las p\u00e1ginas de los libros de Marx, Engels y Lenin, publicados por la extinta uni\u00f3n sovi\u00e9tica y conservados como tesoros bibliogr\u00e1ficos entre alguno que otro tomo de literatura. 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