{"id":27672,"date":"2012-08-05T20:53:31","date_gmt":"2012-08-06T01:23:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=27672"},"modified":"2014-06-07T11:54:36","modified_gmt":"2014-06-07T16:24:36","slug":"catia-segun-cabrujas-jose-ignacio-cabrujas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2012\/08\/05\/catia-segun-cabrujas-jose-ignacio-cabrujas\/","title":{"rendered":"Catia (seg\u00fan Cabrujas) by Jos\u00e9 Ignacio Cabrujas"},"content":{"rendered":"<figure id=\"attachment_27676\" aria-describedby=\"caption-attachment-27676\" style=\"width: 179px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/cabrujas.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"27676\" data-permalink=\"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2012\/08\/05\/catia-segun-cabrujas-jose-ignacio-cabrujas\/cabrujas\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/cabrujas.jpg?fit=200%2C335&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"200,335\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"cabrujas\" data-image-description=\"&lt;p&gt;Jos\u00e9 Ignacio Cabrujas&lt;\/p&gt;\n\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Jos\u00e9 Ignacio Cabrujas &lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/cabrujas.jpg?fit=200%2C335&amp;ssl=1\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/cabrujas-179x300.jpg?resize=179%2C300\" alt=\"Cabrujas\" title=\"cabrujas\" width=\"179\" height=\"300\" class=\"size-medium wp-image-27676\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/cabrujas.jpg?resize=179%2C300&amp;ssl=1 179w, https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/cabrujas.jpg?resize=145%2C242&amp;ssl=1 145w, https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/cabrujas.jpg?w=200&amp;ssl=1 200w\" sizes=\"auto, (max-width: 179px) 100vw, 179px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-27676\" class=\"wp-caption-text\">Jos\u00e9 Ignacio Cabrujas<\/figcaption><\/figure>\n<p>Soy una creyente de las casualidades, hoy, conversaba con mis amigos de Cabrujas. Un bro, dijo: \u00abGracias a quien quiera que sea que subi\u00f3 el ensayo de Cabrujas al DropBox. Es, sin lugar a dudas, el \u00faltimo intelectual, en el sentido Zola, de Venezuela.\u00bb, y estoy totalmente de acuerdo.<\/p>\n<p>Y hoy, precisamente, me encuentro con este art\u00edculo, que no est\u00e1 incluido en \u00abEl Mundo seg\u00fan Cabrujas\u00bb, adem\u00e1s <\/p>\n<p>A m\u00ed NO me gusta recomendar nada, mucho menos libros, cada quien tiene sus gustos, pero si vienes a Venezuela, o la padeces, compra \u00abEl Mundo seg\u00fan Cabrujas\u00bb. No s\u00f3lo te deprimir\u00e1s, tambi\u00e9n te quedar\u00e1 el consuelo de que alguien, lucido, estuvo de paso por Venezuela. <\/p>\n<p>Era lo que dec\u00eda a mis amigos, la lucidez de Cabruja est\u00e1 fuera de lote, es improbable en Venezuela, pero, a veces pasa, y hay que aprovecharlo. <\/p>\n<p>Por eso replico este texto de JOS\u00c9 IGNACIO CABRUJAS (quiero que se entienda, porque de verdad, yo quisiera escribir como Cabrujas, para m\u00ed bastar\u00eda, pero no puedo, ni siquiiera puedo ser tan boleta y loca, y no citarlo, pero dar\u00eda lo que no tengo por escribir as\u00ed, les juro.)<\/p>\n<p>Es m\u00e1s, este se\u00f1or tiene un estilo \u00fanico, (el p\u00e1rrafo sobre Pedro Infante, lo pueden catalogar como uno de los mejores sobre el asunto). Y estoy convencida, que sus textos deben ser piratiados y vendidos por nada en la autopista, (y a la par, ser prospero, como Paulo Cohelo, se lo merece m\u00e1s que nadie, pero eso ya no importa.) En hora pico. <\/p>\n<p>Por eso lo replico, porque es como un deber, tenemos que hacerlo. Es largo, el texto, pero guarden el link, y cuando tengan un tiempo, lo leen. <\/p>\n<p>\u00bfSe acuerdan de la lucidez? Esa palabra&#8230; <\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>Catia (seg\u00fan Cabrujas) <\/p>\n<p>Por Jos\u00e9 ignacio Cabrujas <\/p>\n<p>I<\/p>\n<p>Seg\u00fan me cuenta mi madre, yo ten\u00eda tres o cuatro a\u00f1os cuando me fui a vivir a Catia. Ven\u00edamos del Centro, de una esquina que nadie puede encontrar hoy en d\u00eda: de Poleo a Buena Vista, muy cerca de Miraflores, donde ahora est\u00e1 el Palacio Blanco. En la actualidad hay una colina debajo de la cual se supone que debe estar la calle donde yo nac\u00ed. Siempre he pensado que Caracas es una ciudad donde no puede existir ning\u00fan recuerdo. Es una ciudad en permanente demolici\u00f3n que conspira contra cualquier memoria; ese es su goce, su espect\u00e1culo, su principal caracter\u00edstica. En alg\u00fan momento de mi vida me he horrorizado ante esta situaci\u00f3n; hoy no. Hoy pienso que es una legitimidad, y as\u00ed como hay pueblos que construyen, hay otros que destruyen. Hay pueblos que tienen en la destrucci\u00f3n un sentido de la vida, como algunos lo encuentran en la construcci\u00f3n. El caraque\u00f1o es un pueblo demoledor, no por nada, solo por ser fiel a su propia historia. Esta es una ciudad de terremotos, los sismos han jugado un papel preponderante en la forma de desarrollo de la ciudad, la propia naturaleza es la primera causante de la destrucci\u00f3n del proyecto de la ciudad. Pero aparte de eso, Caracas responde a un ideal, algo que est\u00e1 por verse. Caracas siempre fue un lugar de paso, un lugar intermedio, en sus or\u00edgenes no fue un sitio para quedarse, apenas un tr\u00e1nsito para ir hacia el sur: pasar por aqu\u00ed y seguir avanzando. Quedarse en Caracas fue siempre una desgracia, entonces esta ciudad fue construida con un concepto provisional, todos los edificios de la conquista y aun de la Colonia son muy simples y apenas parecidos a los que quieren representar, pero sin llegar a ser nada. Por eso la Catedral de Caracas no es una Catedral, es una aspiraci\u00f3n de algo que no lleg\u00f3 a hacerse. Y cada uno la puede visitar y la encuentra vetusta pero inacabada. En Caracas nada se concluy\u00f3. Por eso, los caraque\u00f1os hemos so\u00f1ado siempre con el d\u00eda en que inauguraremos la ciudad, una ciudad que se parezca a nosotros mismos; lo cual es virtualmente imposible, pero al mismo tiempo un delirio colectivo. De all\u00ed que el caraque\u00f1o goce con el espect\u00e1culo de la destrucci\u00f3n de aquello que considera provisional, esperando que en ese hueco aparezca lo definitivo. Yo tengo muchos recuerdos de haber presenciado en mi infancia la demolici\u00f3n de edificios como el Hotel Majestic, donde lleg\u00f3 Gardel; la casa donde se cre\u00eda que hab\u00eda nacido Andr\u00e9s Bello \u2013y que para m\u00ed es la casa donde naci\u00f3 Andr\u00e9s Bello, as\u00ed el dato no sea hist\u00f3rico\u2013; el Colegio Ch\u00e1vez, que era la mejor expresi\u00f3n de un cierto barroco pomposo, un poco peruano incluso, una casona muy llamativa con p\u00f3rtico de inspiraci\u00f3n churrigueresca muy complicado, y yo vi c\u00f3mo la bola los desbarat\u00f3. Pero los que \u00e9ramos testigos de esto no lo lament\u00e1bamos, m\u00e1s a\u00fan, lo ve\u00edamos con gran regocijo, observ\u00e1bamos la ca\u00edda del Hotel Majestic \u2013que hoy entiendo que era muy bello, pero que entonces lo ve\u00eda como un trasto\u2013 e interpret\u00e1bamos que aquello se hac\u00eda en aras de una modernidad que iba a suceder a las edificaciones viejas, y de un confort que todos busc\u00e1bamos, algo donde pudi\u00e9ramos caber.<\/p>\n<p>Mis padres me llevaron a Catia. Primero, porque mi madrina, Francisca Calca\u00f1o, era una mujer muy religiosa y pertenec\u00eda a una cofrad\u00eda de laicos muy adheridos a una estructura eclesi\u00e1stica. Mi padre era tambi\u00e9n un hombre absolutamente cat\u00f3lico, no solo por convicci\u00f3n sino tambi\u00e9n por militancia, por pasi\u00f3n; entonces, cuando yo nac\u00ed \u2013en una familia pobre, mi padre era un sastre y no ten\u00eda casa sino que viv\u00eda en una alquilada\u2013, la se\u00f1ora Calca\u00f1o me regal\u00f3 un terreno en Catia, en la calle Argentina, entre quinta y sexta avenida.<\/p>\n<p>Y entonces mi padre empez\u00f3 a construir all\u00ed, muy lentamente, una casa que nunca se termin\u00f3, nunca fue frisada, por ejemplo, nunca fue pintada por fuera. Nunca la pude conocer porque nunca fue definitiva. Mi padre ten\u00eda una pasi\u00f3n, inexplicable realmente, por hacer cuartos, una exagerada e in\u00fatil cantidad de cuartos, para una familia peque\u00f1a, porque durante nueve a\u00f1os la formamos mi padre, mi madre y yo. A los nueve a\u00f1os naci\u00f3 mi hermana Marta y otros nueve a\u00f1os despu\u00e9s naci\u00f3 mi hermano menor, Francisco. Mi madre daba a luz cada nueve a\u00f1os. Al final \u00e9ramos tres hijos, mi padre y mi madre, y la casa ten\u00eda nueve cuartos. As\u00ed que yo me mudaba, a lo largo del a\u00f1o, de cuarto en cuarto; de donde me imagino que proviene mi deseo de mudarme a cada momento. Nada me regocija m\u00e1s que esos primeros d\u00edas que paso en una casa nueva, me produce una gran alegr\u00eda, me excita una nueva casa. Yo me mudaba para el fondo de la casa, para la primera habitaci\u00f3n, para el medio\u2026, sin motivo, por el placer de hacerlo. Adem\u00e1s, la casa ten\u00eda varias salas, el comedor, la cocina, un jardincito y al final el lavandero y un corral\u00f3n con \u00e1rboles frutales, un limonero, un guayabo y algunas siembras. Una parte muy importante de la casa era la azotea.<\/p>\n<p>Se sub\u00eda por una escalera de esas de alba\u00f1il que hab\u00eda que trasladar y guardar por las noches por temor a los ladrones.<\/p>\n<p>O a veces me trepaba por la mata de guayaba que, desde luego, representaba mayor dificultad. Arriba estaba el tanque de agua, cuya bomba mi padre reparaba eternamente \u2013\u00e9l era un artesano sastre y le gustaba mucho todo tipo de trabajo f\u00edsico; si se necesitaba un alba\u00f1il, por ejemplo, nunca se contrataba, \u00e9l lo hac\u00eda todo: plomer\u00eda, electricidad, a su manera, claro, muy remendado, a veces torpemente, pero con mucha ternura\u2013.<\/p>\n<p>La azotea ten\u00eda un techito de asbesto que quedaba en el aire, solo sostenido por unos parales\u2026 Ahora que lo pienso, no entiendo por qu\u00e9 estaba ese techo ah\u00ed, ni qu\u00e9 papel jugaba, el caso es que all\u00ed estaba y a los doce a\u00f1os yo me sentaba all\u00ed y ve\u00eda todo mi mundo privado. Todo lo que so\u00f1ara, proyectara, acariciara o me pasara por la mente requer\u00eda de ese aislamiento, de irme all\u00ed, ponerme bajo techo y escuchar el sonido del agua al fluir por la tuber\u00eda y llegar al tanque; era la \u00fanica frescura que se pod\u00eda percibir en aquel lugar tan soleado. Yo me quedaba all\u00ed y me entregaba a mis fantas\u00edas, a mis enso\u00f1aciones, donde yo me ve\u00eda protagonista de algo: yo amaba muchachas y me casaba, hac\u00eda el amor, le\u00eda Los miserables. Era el \u00fanico sitio verdaderamente \u00edntimo y all\u00ed tomaba decisiones. En esa \u00e9poca, tendr\u00eda doce o trece a\u00f1os, yo ten\u00eda un cuaderno rojo, muy bonito, muy brillante, era bermell\u00f3n y no se parec\u00eda a los cuadernos Alpes del colegio, absolutamente ordinarios y faltos de imaginaci\u00f3n\u2026 Este era rojo, y en \u00e9l anotaba mi vida, hac\u00eda reflexiones sobre mi intimidad, sobre todo lo que me ocurr\u00eda. Comenc\u00e9 a escribir all\u00ed sin sentirme nunca que era un escritor, tard\u00e9 un tiempo en entender que eso pod\u00eda ser un oficio, o un modo de vida, o una actitud. Le\u00eda escritores y me parec\u00eda imposible que yo pudiera hacer esas cosas, pero s\u00ed me importaba la escritura \u2013yo dir\u00eda que se trataba de condolerme de mis vivencias\u2013; escrib\u00eda para lamentarme de m\u00ed mismo, de mis penurias, de mis verg\u00fcenzas, de mis frustraciones, de sentirme incomprendido. Desde all\u00ed dominaba el mundo, colocado en esa azotea \u2013que mi padre llamaba platabanda\u2013. Ve\u00eda a mis amigos jugar en la calle, ve\u00eda en una esquina la bodega de un bodeguero joven, muy popular, muy simp\u00e1tico, muy aficionado al beisbol; y en la otra esquina, bajando hacia la plaza P\u00e9rez Bonalde, quedaba otra bodega de un hombre sombr\u00edo, calvo, que un d\u00eda amaneci\u00f3 ahorcado, lo que constituy\u00f3 el gran suceso de la calle y del barrio. Yo iba a esa bodega a comprar un jam\u00f3n que hoy se llamar\u00eda jam\u00f3n crudo pero ahumado, no el jam\u00f3n de Parma ni el de los espa\u00f1oles, sino uno crudo y ahumado que ven\u00eda de la Argentina con el que mi madre hac\u00eda una sopa muy especial a la que agregaba papas, tallarines y arvejitas de lata (yo la hago ahora y creo que la he mejorado porque la hago con mayor generosidad que mi madre. S\u00ed, creo que le pongo m\u00e1s jam\u00f3n). Desde la azotea yo dominaba todo ese mundo, sentado en esa platabanda, sobre una casa que nunca se modulaba, que nunca se terminaba.<\/p>\n<p>Mi padre ten\u00eda en la primera sala, al principio, despu\u00e9s al fondo de la casa, su taller de sastrer\u00eda. Era un largo mes\u00f3n donde \u00e9l se sentaba \u2013arriba de la mesa, en posici\u00f3n de loto, como una especie de Buda\u2013. Era un hombre peque\u00f1o de estatura, de piel absolutamente roja, muy sangu\u00edneo, rubio y de ojos azules, muy bello en su juventud, sus fotos de joven muestran un muchacho bello. Mi padre se sentaba en esa mesa, extend\u00eda la tela y cos\u00eda, cuando no dise\u00f1aba con una tiza sobre los casimires. All\u00ed estaban las m\u00e1quinas de coser, una el\u00e9ctrica y una manual \u2013ten\u00edan usos distintos\u2013, y luego estaba una se\u00f1ora, que durante muchos a\u00f1os fue Anastasia, encargada de hacer los pantalones. Mi padre consideraba que era vil hacer un pantal\u00f3n (la jerarqu\u00eda de los sastres es muy compleja: confeccionar un pantal\u00f3n es algo reprobable, algo as\u00ed como envilecer el oficio); un aut\u00e9ntico sastre hace una chaqueta, un frac, un smoking, como dec\u00eda mi pap\u00e1: un palt\u00f3. Eso s\u00ed, eso mi padre lo hac\u00eda paso a paso; pero el pantal\u00f3n lo consideraba deleznable, as\u00ed que se limitaba a dise\u00f1arlo, conceb\u00eda las pretinas con la finalidad de evitar que el cliente se viera feo; era un verdadero experto en la cosm\u00e9tica del vestuario: con sus trajes el gordo iba a enflaquecer, el enclenque se iba a ver corpulento. Por eso era un sastre muy querido, muy solicitado. De pronto ve\u00edamos detenerse, al frente de la casa, el carro del due\u00f1o de El Universal; o llegaba el doctor Caldera, que conoci\u00f3 a mi padre en una sastrer\u00eda del Centro; y gente as\u00ed. Mi padre es el ser m\u00e1s bello que ha pasado por mi vida y su amor por m\u00ed era algo desbordado. Cuando yo era un lice\u00edsta ca\u00ed preso \u2013en tiempos de P\u00e9rez Jim\u00e9nez, creo que el a\u00f1o 55\u2013, y metieron presos tambi\u00e9n a los padres de los detenidos que eran menores de edad; los pusieron en unas colchonetas ubicadas en el pasillo que quedaba frente a nuestras celdas. Yo sab\u00eda que mi padre estaba all\u00ed, me lo hab\u00edan dicho los guardias, los polic\u00edas de la Seguridad Nacional, pero desde mi celda no pod\u00eda verlo. Una noche, como a las dos o tres de la ma\u00f1ana, llegaron muchos polic\u00edas, nos alumbraron con sus linternas y nos ordenaron que nos levant\u00e1ramos. Yo pens\u00e9 y me imagino que todos los que est\u00e1bamos all\u00ed \u2013\u00e9ramos diecis\u00e9is\u2013 pensamos que nos iban a matar. Ya llev\u00e1bamos una semana presos y ten\u00edamos motivos para saber que la Seguridad Nacional no era cosa de juego; nos hab\u00edan dado muchas golpizas en esos d\u00edas. Adem\u00e1s, siendo nosotros diecis\u00e9is detenidos, nos hab\u00edan ido a buscar treinta y dos polic\u00edas, dos por cada uno, armados hasta los dientes. Nos sacaron, en fila, hasta el primer pasillo y nos dieron la orden de avanzar. Entonces vi a mi pap\u00e1, parado, mir\u00e1ndome, con una cara que no podr\u00e9 olvidar nunca; era la cara de un animal, era un dolor tan terrible, una angustia tan enorme la que vi en el rostro de este viejo hermoso que me miraba con tal amor\u2026 Era como un tigre, algo de la naturaleza. No me dijo nada, no me pudo decir nada. Se qued\u00f3 all\u00ed con su rosario en la mano. Yo lo mir\u00e9 y segu\u00ed de largo; subimos unos cuatro pisos y llegamos hasta un sal\u00f3n muy amplio (ese edificio hab\u00eda sido construido para las oficinas de la Shell y esta compa\u00f1\u00eda se lo cedi\u00f3 a la Seguridad Nacional, creo que la Shell no lo lleg\u00f3 a usar nunca, no lo s\u00e9, no estoy seguro). All\u00ed hab\u00eda una serie de colchonetas grandes como esas de lucha libre; entramos y los polic\u00edas se fueron, pero el \u00faltimo nos dijo que permaneci\u00e9ramos de pie hasta que llegara Fulano. Entonces, yo le dije a Emilio Santana, que estaba a mi lado: \u201cA lo mejor no nos van a matar porque, f\u00edjate, estos tipos se fueron y estas colchonetas para qu\u00e9 pueden ser\u2026\u201d. Y \u00e9l, en medio de su p\u00e1nico, me respondi\u00f3, tan bello: \u201cLas colchonetas son para que cuando nos maten no nos hagamos da\u00f1o al caer\u201d. Pues no, no nos mataron. Era que hab\u00eda ocurrido un milagro: el d\u00eda anterior, el New York Times hab\u00eda publicado un editorial titulado \u201cNo todo es paz en Venezuela\u201d, donde dec\u00eda que un grupo de muchachos del Liceo Ferm\u00edn Toro estaba en las mazmorras de la conocida polic\u00eda represiva, Seguridad Nacional, y que se tem\u00eda por sus vidas. Inmediatamente P\u00e9rez Jim\u00e9nez dijo \u201cepa, qu\u00e9 pasa con estos muchachos\u201d, y orden\u00f3 que nos pusieran en muy buenas condiciones. De manera que todo se trataba de un cambio de celda.<\/p>\n<p>En mis primeros recuerdos, de seis o siete a\u00f1os, Catia era como campestre, la calle todav\u00eda era de tierra, iluminada con unos postes que daban una luz mortecina, muy provinciana. Los alrededores eran todos pastizales y a quinientos metros de mi casa hab\u00eda vacas que pastaban y campesinos canarios que cuidaban sus peque\u00f1os huertos, vacas y chivos. Cuando ya tuve doce o trece a\u00f1os me entreten\u00eda subiendo con mis amigos los cerros cercanos, siempre en direcci\u00f3n a El Junquito; no creo que haya llegado nunca hasta El Junquito, pero esa era la v\u00eda que tom\u00e1bamos. Hab\u00eda all\u00ed una flora muy abundante, muchas flores amarillas, millones de cundeamor, violetas en cantidades incre\u00edbles y algunas plantitas misteriosas como una que nosotros llam\u00e1bamos bomba, que terminaba en una especie de canutillo y si te la llevabas a la boca y la humedec\u00edas con la punta de la lengua, luego de unos segundos explotaba, hac\u00eda \u00a1pac! y soltaba las semillas. Si calculabas mal y te estallaba en la boca no te her\u00eda, pero s\u00ed sent\u00edas una molestia. Hab\u00eda tambi\u00e9n muchos lagartijos, verdes, amarillos, verdiamarillos, moteados de rojo, que circulaban por all\u00ed, y era un espect\u00e1culo atraparlos, meterlos en una botella, examinarlos, darles de comer. Y ara\u00f1as, ara\u00f1as de todo tipo, mariposas incontables, a veces de muchos colores, tornasoladas, pero generalmente aburridas mariposas amarillas que no llamaban la atenci\u00f3n por lo corrientes. Eso era mi infancia, lo que no me hizo un hombre natural, ni un ni\u00f1o natural. Yo transcurr\u00eda por todos esos paisajes atormentado, no podr\u00eda decir que era bello, no ser\u00eda honesto conmigo mismo, o no lo ser\u00eda con ese ni\u00f1o que cruzaba el paisaje sin notarlo. Con los a\u00f1os eso se fue poblando hasta que se convirti\u00f3 en la calle Argentina, al lado de la calle Brasil, de la calle Bolivia.<\/p>\n<p>Tendr\u00eda once a\u00f1os cuando Medina hizo Propatria, que era un intento de urbanizaci\u00f3n ya de gran escala, formidable, verdaderamente hermosa, con un claro concepto de dignidad de vida. All\u00ed viv\u00eda mi primo Jos\u00e9 Antonio, hijo de un primo de mi madre. Mis abuelos maternos eran italianos, mi abuelo era un sastre venido de Calabria probablemente huyendo de la hambruna que sigui\u00f3 a la Primera Guerra Mundial. Mi padre era un aprendiz de mi abuelo, el maestro Antonio Lofiego, cuando conoci\u00f3 a mi madre, Matilde \u2013nacida en Venezuela\u2013, se enamoraron y se casaron. Estaba entonces este primo de mi madre que hab\u00eda venido de Calabria y se hab\u00eda casado con una muchacha de Clarines; un hijo de ellos, mi primo Jos\u00e9 Antonio, fue mi primera amistad intelectual. M\u00e1s a\u00fan, \u00e9l lo fue todo, todo para m\u00ed, yo soy el producto de mi relaci\u00f3n con mi primo, juntos le\u00edamos sin orden ni concierto ni por qu\u00e9. Le\u00ed esto, compr\u00e9 esto, pr\u00e9stame esto\u2026 y ya. Le\u00edamos Dostoievski, novelas policiales, todo. Nos construimos una historia literaria. La historia de la literatura, la \u00fanica que yo acepto, es esa que hicimos mi primo y yo en su casita de Propatria, donde seleccion\u00e1bamos a los escritores con gran desparpajo, con irreverencia; pero no por una actitud de protesta, sino por una actitud de soledad, en el fondo. Como no ten\u00edamos a qui\u00e9n decirle ni a qui\u00e9n monearle nuestros h\u00e1bitos, critic\u00e1bamos y aplaud\u00edamos a quien nos diera la gana, sobre todo porque no jerarquiz\u00e1bamos: los escritores se divid\u00edan para nosotros en buenos y malos; R\u00f3mulo Gallegos era malo porque no era tan bueno como Dostoievski, que era muy bueno. No nos pon\u00edamos en el lugar de, ni hac\u00edamos consideraciones de. Yo, sin embargo, era un poquito m\u00e1s considerado, yo defend\u00eda a Gallegos porque \u2013le dec\u00eda\u2013 a m\u00ed me gusta, me suena, me dice cosas. Pero mi primo lo consideraba deleznable, un escritor malo, mediocre y cursi, lo detestaba porque \u00e9l pensaba que Crimen y Castigo era una cosa importante y que Do\u00f1a B\u00e1rbara era una cosa mezquina. Cuando ya \u00e9ramos unos jovencitos, mi primo se compr\u00f3 un equipo de sonido, un hi-fi, se lo compr\u00f3 a un abogado en Casalta por un excelente precio; en esa \u00e9poca, \u00e9l estudiaba ingenier\u00eda y se ganaba la vida como top\u00f3grafo. En ese equipo o\u00edamos m\u00fasica, \u00f3pera \u2013yo creo que la mayor parte de mi vida la he pasado oyendo \u00f3pera\u2013, y despu\u00e9s, Beethoven y todos los grandes maestros, con una marcada preferencia por los compositores rom\u00e1nticos y un absoluto desprecio, muy de mi primo que me influy\u00f3 en esa etapa, por los compositores barrocos a quienes consideraba poco vitales (despu\u00e9s yo am\u00e9 a los barrocos y cada vez que escucho alguno siento que traiciono a mi primo de alguna manera, a la vez que dialogo con \u00e9l y le digo: \u201cHe descubierto que Haendel y Bach eran m\u00e1s vitales de lo que supon\u00edamos, Jos\u00e9 Antonio\u201d; pero \u00e9l ya no est\u00e1, as\u00ed que la discusi\u00f3n se queda all\u00ed mismo). Sentados en unos sof\u00e1s de pl\u00e1stico amarillo, que deben haber sido horribles, en una casita de madera que \u00e9l se hab\u00eda hecho en el corral de su casa, escuch\u00e1bamos a Tchaikovski\u2026 Grandes emociones, era un privilegio estar all\u00ed.<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>Catia se fue poblando a un ritmo vertiginoso. Y eso nos lleva ya directamente a P\u00e9rez Jim\u00e9nez. P\u00e9rez Jim\u00e9nez es Catia; Catia es P\u00e9rez Jim\u00e9nez. Para bien y para mal. Catia fue el lugar donde lleg\u00f3 una buena parte de la inmigraci\u00f3n italiana, portuguesa, espa\u00f1ola y \u00e1rabe. Catia era pr\u00f3spera, era un volc\u00e1n de trabajo, una zona industrial. Hans Neumann hab\u00eda inaugurado all\u00ed la f\u00e1brica de pinturas Montana (hoy en d\u00eda veo a Hans Neumann millonario, de edad ya provecta, y no puedo sino recordarlo como un hombre joven, muy joven, un obrero checoeslovaco batiendo pinturas en la calle Brasil, un musi\u00fa fajado haciendo pinturas para la construcci\u00f3n perezjimenista). Entonces, como all\u00ed se cre\u00f3 todo ese mundo de industrias, Catia se convirti\u00f3 en un paisaje abigarrado, toda esa etapa nost\u00e1lgica de las vacas, los lagartijos y las flores se convirti\u00f3 en polvo, en recuerdo, hasta parecer asombroso que hubiera existido alguna vez. Los parajes buc\u00f3licos fueron sustituidos r\u00e1pidamente por galpones industriales rodeados por casas donde viv\u00edan unos vecinos confortablemente, adecuadamente, sin preocuparse del entorno. La gente estaba muy contenta porque Catia prosperaba. Esos a\u00f1os de P\u00e9rez Jim\u00e9nez fueron los de la verdadera fundaci\u00f3n de ese lugar, lo que lo convierte en ese centro abigarrado y esa inmensa cantidad de habitantes que hoy en d\u00eda tiene Catia. Cerca de la plaza P\u00e9rez Bonalde se inaugur\u00f3 el Mercado de Catia, que ya era una clara se\u00f1al de progreso. Progreso, en la \u00e9poca de P\u00e9rez Jim\u00e9nez, era edificar, ese era el concepto: progresamos porque edificamos. Y todos est\u00e1bamos muy contentos de que as\u00ed fuera. Quienes nos opon\u00edamos a P\u00e9rez Jim\u00e9nez \u2013por una cuesti\u00f3n visceral, porque \u00e9ramos comunistas, porque nos persegu\u00edan\u2013 de alguna manera particip\u00e1bamos de ese mundo, ese era el mundo real. Lo que no nos gustaba era \u00e9l, el r\u00e9gimen de dictadura, la falta de libertad, pero la \u00e9poca nos gustaba, la viv\u00edamos intensamente, sent\u00edamos que progres\u00e1bamos, que no era m\u00e9rito de P\u00e9rez Jim\u00e9nez sino de las inmensas riquezas del pa\u00eds. Pens\u00e1bamos que era de caj\u00f3n que P\u00e9rez Jim\u00e9nez hiciera lo que hac\u00eda, que no faltaba m\u00e1s, pero que alguien lo pod\u00eda hacer mejor\u2026 A la larga descubrimos que no, que nadie lo hizo mejor \u2013es casi blasfemo para m\u00ed mismo decirlo, pero es la verdad, o siento que es la verdad.<\/p>\n<p>Caminar por esas calles era recorrer un bazar (una vez estuve en Ir\u00e1n, en una ciudad llamada Isfah\u00e1n, donde se hacen las alfombras persas; estuve con Mar\u00eda Teresa Acosta y con Rom\u00e1n, y caminamos por un bazar, un verdadero bazar, de esos de Las mil y una noches, igualito pero yo me sent\u00eda en Catia, incluso la jerga era la de Catia. Yo no entiendo una sola palabra del farsi, pero para m\u00ed hablaban el idioma de Catia, y entenderme con un vendedor, a quien le compr\u00e9 una tela para tra\u00e9rsela a mi esposa de ese momento, fue hablar, simplemente hablar y me entend\u00ed, porque yo estaba en el Mercado de Catia o en cualquiera de las calles laterales donde se respiraba una cosa buhonera). Hacia el final de la plaza de Catia estaban los \u00e1rabes concentrados y all\u00ed estaba la mezquita. Era una casa, ellos no ten\u00edan dinero para construirse una mezquita, pero ese era su templo y m\u00e1s de una vez, a las cinco de la tarde, vi gente en esa calle inclinarse hacia la Meca y adorar a Al\u00e1. Vi dramas como el del padre \u00e1rabe a quien la hija se le fue con un muchacho, y vi a aquel hombre gritar en un lamento terrible; nunca vi un estado de ira tan desesperado en un ser humano. Estaban los italianos, obreros que comenzaban a hacer peque\u00f1\u00edsimas trattorias que fundaban el cambio de la culinaria venezolana completa, totalmente alterada en su versi\u00f3n popular; se puede usar esa palabra porque all\u00ed viv\u00edamos los pobres, los pobres menos pobres, no los desesperados.<\/p>\n<p>Frente a la plaza P\u00e9rez Bonalde estaba el cine P\u00e9rez Bonalde. Un cine serio, donde se daban pel\u00edculas norteamericanas, rom\u00e1nticas. All\u00ed vi Casablanca, basta decir eso. Luego estaba el cine Espa\u00f1a, en la avenida Espa\u00f1a, a cuadra y media de la plaza P\u00e9rez Bonalde, bajando hacia la plaza de Catia; era el del cine mexicano que tambi\u00e9n lo ve\u00edamos. Yo entend\u00eda que el cine mexicano no se pod\u00eda comparar con el norteamericano: ve\u00edamos una torpeza, sab\u00edamos distinguirlo, ve\u00edamos que era lacrimoso y cursil\u00f3n, que no llegaba a parecerse al gesto de Humphrey Bogart cuando se da cuenta de que no puede arribar a una conclusi\u00f3n con Ingrid Bergman y est\u00e1 obligado a dejarla ir. Esa sobriedad, esa econom\u00eda conmovedora no es la que ten\u00eda propiamente Pedro Infante o Pedro Armend\u00e1riz, ese muchacho tel\u00farico, el m\u00e1s bello latinoamericano que ha existido, el \u00fanico orgullo racial que puede tener Am\u00e9rica Latina. Sin embargo, Armend\u00e1riz no nos gustaba tanto como Pedro Infante; Armend\u00e1riz representaba al mundo ind\u00edgena y lugare\u00f1o, lo ve\u00edamos con inquietud social. Pedro Armend\u00e1riz, que era la \u00fanica concreci\u00f3n real del indio pulposo que pintaba Diego Rivera, contribuy\u00f3 mucho a que nos hici\u00e9ramos comunistas. Porque \u00e9l nos hablaba de una sociolog\u00eda, su cuerpo era sociol\u00f3gico, su actitud era sociol\u00f3gica y, como ese cine mexicano estaba muy influido por una intenci\u00f3n nacionalista de izquierda, recibimos todo el imaginario del pueblo que pasa hambre, el terrateniente malvado, la injusticia vista en un sentido at\u00e1vico y, desde luego, la Revoluci\u00f3n. Para nosotros \u201cRevoluci\u00f3n\u201d era la mexicana, porque nosotros \u00e9ramos mexicanos, yo no tengo ning\u00fan empacho en reconocerlo. Nosotros \u00e9ramos de Chapultepec, esa era nuestra verdadera vida. Catia era Chapultepec. Los mexicanos se las ingeniaron para transmitirle a Latinoam\u00e9rica, hasta el Ecuador, que la verdad eran ellos y la realidad era ellos y que ellos \u00e9ramos nosotros. Al fin y al cabo, compart\u00edamos una historia, habl\u00e1bamos espa\u00f1ol y nos hab\u00eda humillado la misma gente, de manera que pod\u00edamos tener una absoluta solidaridad con los desgarramientos de Pedro Infante o de Dolores del R\u00edo. Pedro Infante ten\u00eda una caracter\u00edstica esencial: era urbano. Tras un breve per\u00edodo en que hizo el charro, Infante entendi\u00f3 muy bien que necesitaba un mundo nuevo, que no pod\u00eda seguir de charro, entonces se puso su chaquetita de cuero y empez\u00f3 a vivir los dramas urbanos. No hay palabras para describir a Pedro Infante, es el m\u00e1s grande actor que ha tenido el cine latinoamericano. No hay nadie que se le aproxime siquiera: esa dosis de irresistible simpat\u00eda, esa gracia extraordinaria que hac\u00eda que uno lo viera como un amigo, ten\u00eda \u00e9lan como nadie puede siquiera imaginarse que pueda alcanzar. Si lo comparamos con Jorge Negrete, por ejemplo, que era anterior, bueno, Negrete era machote pero no era de Catia, era rural. Pedro Infante era de Catia y nosotros lo quer\u00edamos, dese\u00e1bamos que en nuestra vida hubiera alguien as\u00ed: risue\u00f1o, p\u00edcaro, sentimental\u2026 Ten\u00eda todas las caracter\u00edsticas necesarias. Pedro Infante hizo muchas pel\u00edculas, pero hubo una que para m\u00ed, para ese mundo de Catia y de la plaza P\u00e9rez Bonalde, tuvo mucha importancia, fue Nosotros los pobres, una pel\u00edcula dirigida por Ismael Rodr\u00edguez, protagonizada por Infante y por una actriz mexicana que hab\u00eda hecho carrera desde ni\u00f1a y que para ese momento era una adolescente, casi una muchacha, se llamaba Chachita, una gordita para nada glamorosa, no era la \u201cmuchacha de la pel\u00edcula\u201d, era simplemente una joven sufrida. Pedro Infante hac\u00eda de su hermano y en la escena donde Chachita perd\u00eda las piernas en los rieles de un ferrocarril (ella hu\u00eda de la casa de los ricos donde trabajaba, despu\u00e9s de que estos le hab\u00edan hecho una maldad hasta el extremo de conducirla al suicidio), su hermano iba a verla y entonces Infante miraba el cuerpo mutilado de su hermana moribunda y gritaba: \u201c\u00a1Malditos sean los ricos!\u201d\u2026 Nadie se puede imaginar lo que esto produjo en el cine: el grito de la gente, c\u00f3mo conmovieron esas palabras insertadas en aquel gesto de Infante, aquel dolly en que la c\u00e1mara sub\u00eda y sub\u00eda, y dejaba a Infante sobre la v\u00eda del ferrocarril, gritando. La conciencia de una desigualdad social y el odio hacia el que tuviera riquezas como explotador, hambreador y cr\u00e1pula\u2026, todo eso cuaj\u00f3 en la sala, y si muchos nos hicimos comunistas fue precisamente por su imagen, porque entonces, como dice P\u00edo Miranda, un personaje m\u00edo de El d\u00eda que me quieras, yo dije \u2013\u00e9l dice\u2013: \u201c\u00bfQui\u00e9nes est\u00e1n contra esto? Y me dijeron, lee\u201d, cuando \u00e9l quiere justificar por qu\u00e9 se meti\u00f3 en el Partido Comunista. Yo, que soy parte de ese hombre, me met\u00ed en el Partido Comunista por Infante, que maldec\u00eda a los ricos; y los comunistas eran los que dec\u00edan eso o algo muy parecido a eso con su tono pomposo, protocolar y \u201ccient\u00edfico\u201d. Eso era la plaza P\u00e9rez Bonalde y eso era lo que suced\u00eda en esa comunidad.<\/p>\n<p>Y uso la palabra \u201ccomunidad\u201d con toda intenci\u00f3n porque tiene una carga afectiva para m\u00ed y no me gusta usarla sino solo en esa instancia: lo que es com\u00fan a todos, lo que le sucede a personas, la cr\u00f3nica y los est\u00edmulos comunes de las personas. Todo suced\u00eda en un lugar que era capaz de autoabastecerse; si yo recuerdo esa etapa de la plaza P\u00e9rez Bonalde, lo primero que se me viene a la mente es que el resto de la ciudad no significaba para m\u00ed nada. Es m\u00e1s, raras veces nos mov\u00edamos de Catia; era una comunidad totalmente fronteriza, amurallada, sin propon\u00e9rselo porque nadie hizo ese discurso, pero eso era lo que ocurr\u00eda. Yo me recuerdo caminando por el Centro, por Los Dos Caminos, por Los Chorros, pero eran excursiones, eso era turismo, me mov\u00eda la curiosidad pero no me involucraba y nadie all\u00ed se involucraba con el resto de la ciudad. Catia se autoabastec\u00eda de s\u00edmbolos, de mitos, de vivencias; claro que no de est\u00edmulos culturales, para eso \u00edbamos a El Silencio y al Centro Sim\u00f3n Bol\u00edvar, \u00edbamos a la librer\u00eda de Argenis Rodr\u00edguez. Pero no hab\u00eda nada all\u00ed interesante, hab\u00eda cosas que comprar que no las hab\u00eda en Catia, en Catia no hab\u00eda librer\u00edas. En ese lugar nos abastec\u00edamos de est\u00edmulos, \u00e9ramos unos muchachos de quince, diecis\u00e9is a\u00f1os, no llegamos a los veinte porque antes de cumplir esa edad nos desaparecimos de la plaza P\u00e9rez Bonalde.<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de ver aquella pel\u00edcula de Pedro Infante, no era posible que nos fu\u00e9ramos a nuestras casas sin constatar aquel milagro y aquella emoci\u00f3n que hab\u00edamos experimentado. Ten\u00edamos que felicitarnos e intentar extraer conclusiones sobre lo que hab\u00edamos visto. \u00c9ramos amigotes e \u00edbamos a la plaza a hacer bromas, a re\u00edrnos, a hacer lo que llaman los espa\u00f1oles gamberradas, a eso \u00edbamos a la plaza P\u00e9rez Bonalde: a ser muchachos. Muchachos en el sentido de que ten\u00edamos que sentarnos y hablar, sin orden ni por qu\u00e9. Con el tiempo, bien pasado el tiempo, descubrimos que \u00e9ramos algo, que ten\u00edamos una cierta identidad, claro que a nadie se le ocurri\u00f3 decir que \u00e9ramos el Grupo de la plaza P\u00e9rez Bonalde, eso era simplemente un afecto; pero algunos de nosotros empezamos a pensar que era importante vernos all\u00ed, que no ir una noche significaba perder algo, perderse una experiencia o la oportunidad de lucirse, de alardear entre nosotros mismos a ver qui\u00e9n era m\u00e1s inteligente o sacaba mejores conclusiones. Las discusiones eran incre\u00edbles, y las hab\u00eda de todo tipo; el nuevo Tarz\u00e1n, por ejemplo, fue una gran discusi\u00f3n de la plaza P\u00e9rez Bonalde.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de Johnny Weissm\u00fcller, Lex Baxter hab\u00eda ocupado ese lugar. Fuimos todos a verlo en una pel\u00edcula llamada Tarz\u00e1n y la fuente m\u00e1gica, fuimos con una gran seriedad a ver a Baxter\u2026, que no nos gust\u00f3, porque nos pareci\u00f3 que no ten\u00eda el encanto de Johnny Weissm\u00fcller. Lo encontramos muy rubio. Weissm\u00fcller, siendo un austriaco, era de pelo negro y de ojos un tanto rasgados, sus facciones eran m\u00e1s parecidas a las nuestras y su corpach\u00f3n, el de un hombre definitivamente atl\u00e9tico. Cuando ve\u00edamos a Lex Baxter, encontr\u00e1bamos un ingl\u00e9s, un rubio de pelo casta\u00f1o claro \u2013o por lo menos as\u00ed se ve\u00eda en blanco y negro\u2013 y eso nos molestaba porque entonces la relaci\u00f3n de los negros con Tarz\u00e1n, cosa que no hab\u00edamos captado con Weissm\u00fcller, la captamos en Lex Baxter. Y Baxter era un colonialista (despu\u00e9s reflexionamos que Weissm\u00fcller tambi\u00e9n, pero \u00e9l no nos daba esa imagen). Eso produjo una gran discusi\u00f3n que fue planteada por un muchacho de apellido L\u00f3pez, al que llam\u00e1bamos<br \/>\nLopito, que hasta hace poco ocupaba un gran cargo en el Banco Central de Venezuela. Despu\u00e9s de ver Tarz\u00e1n y la fuente m\u00e1gica, Lopito dijo: \u201cHemos aplaudido cuando Tarz\u00e1n salva a la muchacha de los negros, pero \u00bfqui\u00e9nes son los negros? Los negros somos nosotros\u201d. Todos quedamos marcados por este comentario de Lopito y entonces, viendo a Tarz\u00e1n, descubrimos esa maravillosa palabra de los estructuralistas: la otredad.<\/p>\n<p>Yo iba al cine Esmeralda de Catia, el m\u00e1s desprestigiado. Era el cine que estaba situado en el enclave de las prostitutas, el m\u00e1s marginado; pero era el cine donde yo pod\u00eda sobornar al portero para ver las pel\u00edculas censura B \u2013porque no hab\u00eda sino censura A y B\u2013. El portero, a mis quince a\u00f1os, me permit\u00eda entrar a las cinco de la tarde, por lo que pude ver un d\u00eda Subida al cielo de Luis Bu\u00f1uel. Yo, ni idea de quien era Luis Bu\u00f1uel, ni jam\u00e1s hab\u00eda o\u00eddo mencionar ese nombre, pero en la pel\u00edcula estaba una pasi\u00f3n er\u00f3tica de mi vida, que era Lilia Prado, mi mayor deseo en la vida era ella. Muchos a\u00f1os m\u00e1s tarde la conoc\u00ed en M\u00e9xico y la vi, a Lilia Prado, a aquel ser con el que yo hab\u00eda tenido las fantas\u00edas m\u00e1s grandes; era la due\u00f1a del cafet\u00edn de los Estudios Churubusco, puesta all\u00ed por el sindicato, era una mujer inmensamente gorda. Cuando me dijeron esta es Lilia Prado, yo mor\u00ed; porque en aquel rostro que ya era as\u00ed, redondo, logr\u00e9 ver aquella cara del pasado, era buenota pero peque\u00f1a, era asequible. Eso era lo grande de Lilia Prado, que no era una mujer excesiva, lo cual era muy importante para m\u00ed, para nosotros; aquellos mujerones los pod\u00edamos ver con embeleso\u2026 Uno ve\u00eda a Ingrid Bergman y qu\u00e9 le pod\u00eda producir, no m\u00e1s que un encanto imposible. Lilia Prado, en cambio, era cercana, bella y buenota, pero no excesivamente bella, era tocable; se pod\u00eda abarcar, que era lo fundamental. Entonces, yo fui ese d\u00eda al cine a ver Subida al cielo, una pel\u00edcula mexicana dirigida por Bu\u00f1uel, horriblemente mal hecha pero genialmente hecha al mismo tiempo, como todas las pel\u00edculas de Bu\u00f1uel en M\u00e9xico: torpes pero con destellos.<\/p>\n<p>Subida al cielo narraba el encuentro de una muchacha que iba a cobrar una herencia con el chofer del autob\u00fas donde ella iba. En un momento determinado el autob\u00fas se da\u00f1aba, en medio de una gran tempestad, y los pasajeros, con excepci\u00f3n de la muchacha, se negaban a subir nuevamente al autob\u00fas. Entonces, el chofer se decide a llevarla a cobrar su herencia, solos, ella y \u00e9l en el autob\u00fas; ella sentada en el \u00faltimo asiento y \u00e9l al frente, al volante. El clima er\u00f3tico que se produc\u00eda en esta pel\u00edcula \u2013a lo Bu\u00f1uel, que no es un director especialmente interesado en el erotismo, espa\u00f1ol al fin, un puritano que en la sexualidad ve un pecado\u2013 era algo morboso: no hab\u00eda all\u00ed un desnudo, apenas la pierna de Lilia Prado hasta la mitad del muslo\u2026, pero aquello echaba chispas. Viendo esa pel\u00edcula, pr\u00e1cticamente solo porque ese d\u00eda casi no hab\u00eda nadie en el cine Esmeralda, yo sent\u00ed una gran conmoci\u00f3n, no exactamente er\u00f3tica, claro que s\u00ed, er\u00f3tica, pero mucho m\u00e1s. Cuando llegu\u00e9 a mi casa abr\u00ed el cuaderno rojo y escrib\u00ed acerca de una sensaci\u00f3n que me hab\u00eda atrapado: era la primera vez que yo sent\u00eda el arte. A\u00f1os m\u00e1s tarde vi esa pel\u00edcula en una copia de video que consegu\u00ed en M\u00e9xico, y me di cuenta de que estaba hecha a los trancazos, casi ingenua incluso como realizaci\u00f3n, una pel\u00edcula miserable rodada con un presupuesto que no debi\u00f3 superar los tres pesos, pero vi\u00e9ndola de nuevo volv\u00ed a sentir el destello. Al d\u00eda siguiente me levant\u00e9 a las cinco de la ma\u00f1ana, fui al cine y me rob\u00e9 el afiche. Me lo llev\u00e9 a mi casa como el tesoro m\u00e1s grande del mundo, no lo mont\u00e9 siquiera, lo guard\u00e9 y lo ve\u00eda ocultamente. Y me dije: \u201cYo quiero esto, quiero entender que con este arte, con el que se pueden hacer chorradas horrendas, se pueden hacer tambi\u00e9n cosas de mucho nivel\u201d. Y no me importaba lo que dijera la historia del cine, yo hab\u00eda llegado a aquella conclusi\u00f3n y para m\u00ed eso era m\u00e1s importante que lo que dijera la historia. Y ese hallazgo pas\u00f3 a formar parte de las discusiones de la plaza P\u00e9rez Bonalde.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, por la tarde, llegu\u00e9 a la plaza y dije: \u201cTenemos que ir a ver Subida al cielo, por esto y por esto\u201d. Los muchachos, comunistas en su mayor\u00eda, me miraron con cierta sospecha porque la pel\u00edcula no planteaba un tema social. Fueron todos a verla, pero yo fui reprobado porque la pel\u00edcula no planteaba un tema social y no hab\u00eda un inter\u00e9s por el pueblo. Alguien, sin embargo, admiti\u00f3 que pod\u00eda considerarse una pel\u00edcula importante, porque ten\u00eda unas im\u00e1genes y unos di\u00e1logos que se sal\u00edan de lo com\u00fan. As\u00ed, la plaza fue transform\u00e1ndose lentamente, muy lentamente, en un sitio de discusi\u00f3n. En la medida en que nos \u00edbamos haciendo grandes, o nos arriesg\u00e1bamos m\u00e1s, o le\u00edamos m\u00e1s, se convirti\u00f3 en una costumbre importante discutir. Un d\u00eda lleg\u00f3 Jacobo Borges, ya no \u00e9ramos ni\u00f1os, \u00e9ramos j\u00f3venes ya para hombres, y apareci\u00f3 \u00e9l.<\/p>\n<p>Jacobo hab\u00eda estado all\u00ed desde siempre y nadie lo hab\u00eda tomado en cuenta. Era un \u201cnegrito\u201d, no hay otra palabra. Muy mal vestido, muy pobre, casi andrajoso. \u00c9l se sentaba y o\u00eda lo que nosotros dec\u00edamos hasta que un d\u00eda habl\u00f3 y dijo que \u00e9l quer\u00eda ser pintor, que iba a ser pintor, y que ya estaba estudiando en la Escuela de Artes Pl\u00e1sticas Crist\u00f3bal Rojas. Para nosotros un pintor era un tipo gracioso que pod\u00eda tener una habilidad manual, pero la pintura no ten\u00eda la jerarqu\u00eda de arte para nosotros en ese momento. Pero Jacobo pintaba en el suelo de la plaza P\u00e9rez Bonalde \u2013all\u00ed quedaron obras fabulosas pintadas al carboncillo\u2013, dibujaba y dibujaba. Hablaba de su pap\u00e1, que era mec\u00e1nico y ten\u00eda un proyector de cine de 16 mil\u00edmetros con el que pasaba una pel\u00edcula de Chaplin que Jacobo ponderaba mucho, y dec\u00eda que era muy graciosa (hasta el sol de hoy sigue repitiendo lo mismo. Una de las \u00faltimas veces que habl\u00e9 con Jacobo me volvi\u00f3 a hablar de Chaplin exactamente como lo hac\u00eda en P\u00e9rez Bonalde, igualito, con la misma emoci\u00f3n). \u00c9l ten\u00eda pasi\u00f3n por Chaplin, nosotros no. Chaplin era \u201cantiguo\u201d y esa palabra en Caracas, en Venezuela, en el mundo perezjimenista, era una muy mala palabra, era la barbarie, una mala costumbre, un pobrecito\u2026 Nosotros \u00e9ramos modernos a ultranza. Jacobo se pon\u00eda a hablar de Chaplin, dec\u00eda que era un poeta, bueno, entre nosotros hab\u00eda alg\u00fan sector que entend\u00eda que Chaplin era un hombre muy apegado a la izquierda y se sab\u00eda de sus l\u00edos con el Partido Comunista y de la persecuci\u00f3n del maccarthyismo, todas estas cosas empezaron a sonar all\u00ed y Chaplin fue aplaudido como un intelectual progresista, pero la figura de Charlot no era para nosotros. Era simp\u00e1tica, de ah\u00ed no pasaba. Pero Jacobo insist\u00eda en su defensa y nosotros, un poco con piedad, lo atribu\u00edamos al hecho de que a un pintor le tiene que gustar Chaplin por una empat\u00eda visual, porque era mudo y las palabras, como en la pintura, sal\u00edan sobrando. A\u00f1os m\u00e1s tarde, Jacobo se desapareci\u00f3. Yo no supe m\u00e1s de \u00e9l. En realidad, no \u00e9ramos amigos; nos conoc\u00edamos, nos salud\u00e1bamos, pero amigos no \u00e9ramos. \u00c9l ven\u00eda de El Nacimiento, un barrio sumamente pobre, yo dir\u00eda que marginal, y un d\u00eda consigui\u00f3 una beca y se fue. Como a los dos a\u00f1os regres\u00f3, despu\u00e9s se volvi\u00f3 a ir, ya eso se sabe, pero importa el d\u00eda en que regres\u00f3 por primera vez.<\/p>\n<p>Esta es una de las cosas m\u00e1s hermosas para recordar de esa plaza. Jacobo regres\u00f3, lleg\u00f3 a la plaza y anunci\u00f3 que \u00e9l llegaba de Par\u00eds. Hab\u00eda conocido a Pablo Picasso, lo que lo convirti\u00f3 en un personaje. Y nos cont\u00f3 c\u00f3mo hab\u00eda sido. Su encuentro con Picasso hab\u00eda sido en una playa \u2013Jacobo mor\u00eda por Picasso, era mucho m\u00e1s que un fan\u2013, all\u00ed vio al maestro y se puso a pintar para monearle al maestro. En eso, Picasso pas\u00f3, no interesado, simplemente pas\u00f3, y Jacobo le dijo: \u201cHola\u201d. Como Jacobo habl\u00f3 en espa\u00f1ol, y esto era en Francia, Picasso se volvi\u00f3, le respondi\u00f3 el saludo y le pregunt\u00f3 que de d\u00f3nde era \u00e9l. Jacobo le dijo que era venezolano y que era pintor. \u201c\u00bfAh s\u00ed?\u201d, le dijo Picasso, y el di\u00e1logo se cerr\u00f3. Entonces Picasso le pregunt\u00f3: \u201c\u00bfUsted me quer\u00eda decir algo?\u201d Y Jacobo le dijo: \u201cS\u00ed, yo le quer\u00eda decir una cosa: que usted es un gran pintor\u201d. Picasso sonri\u00f3 y se march\u00f3. Eso Jacobo lo contaba con una gran ternura y a nosotros nos produc\u00eda lo mismo.<\/p>\n<p>Jacobo, que siempre fue muy faramallero, pensaba, inventaba, dec\u00eda, imaginaba, era un diablo, ten\u00eda una capacidad imaginativa delirante, estaba muy protag\u00f3nico esa noche. En la plaza, en ese universo, hab\u00eda algunos que nos interes\u00e1bamos por discusiones de tipo intelectual o art\u00edstico; pero hab\u00eda otros, tambi\u00e9n amigos, que les aburr\u00edan estos asuntos. Hab\u00eda uno, un poco chulo \u2013de hecho, se contaban sobre \u00e9l historias de amantazgo con prostitutas, lo que le daba un cierto prestigio\u2013, y era un hombre que cuidaba mucho el peinado, se acicalaba mucho el pelo. De repente, este hombre le dijo a Jacobo: \u201cEntonces t\u00fa estuviste en Par\u00eds, yo no\u2026\u201d; entonces se sac\u00f3 el peine que llevaba siempre en el bolsillo y agreg\u00f3: \u201cPero t\u00fa no puedes hacer esto\u201d, y se pas\u00f3 el peine muy suavemente por el pelo. Como Jacobo ten\u00eda el pelo chicharr\u00f3n, este hombre hizo eso para humillarlo, para ponerlo en su sitio porque Jacobo no ten\u00eda el pelo liso y no pod\u00eda deslizarse un peine por la cabeza. (Jacobo y yo nos hemos contado esa historia muchas veces, nos hemos re\u00eddo mucho, creo que lo que nos ha hecho grandes amigos es recordar ese d\u00eda porque fue muy significativo todo lo que se deriv\u00f3 del gesto de aquel hombre). En ese instante comprendimos que aquel hombre era la vida corriente y que nosotros no quer\u00edamos esa vida, que no era eso lo que quer\u00edamos ser y que aquel tipo era lo que necesit\u00e1bamos superar. Esa an\u00e9cdota revelaba la mediocridad de la cual ten\u00edamos que escapar por necesidad y por supervivencia. All\u00ed se estaban deslindando dos mundos: de all\u00ed, un grupo \u2013porque aquella plaza era el \u00e1gora, era Atenas, era S\u00f3focles, era el siglo v antes de Cristo; esa fue la plaza que yo viv\u00ed\u2013 se erigi\u00f3 en foro, los que pensaban y hablaban; y qued\u00f3 otro, compuesto por los que o\u00edan. All\u00ed estaban Abigail Rojas \u2013el padre del cine venezolano actual, un gran director de fotograf\u00eda y animador de un movimiento cinematogr\u00e1fico importante en lo que \u00e9l se plante\u00f3 en los a\u00f1os sesenta y comienzos de los setenta, que tr\u00e1gicamente muri\u00f3 de aplasia medular, esa espantosa enfermedad que lo consumi\u00f3. Ah\u00ed estaba C\u00e9sar Bol\u00edvar, que era un cargacables de la primitiva televisi\u00f3n; y estaba yo, que era un muchacho que estudiaba en el Liceo Ferm\u00edn Toro, que era del Partido Comunista, que quer\u00eda escribir y hacer teatro, que ten\u00eda miedo de salir de ese \u00e1mbito, p\u00e1nico de vivir, que le aterraba el contacto con las personas, que se sent\u00eda feo, espantosamente feo, que quer\u00eda enamorarse de una mujer en la conciencia de que ninguna mujer se enamorar\u00eda de \u00e9l nunca, porque se sent\u00eda una persona torpe, que hab\u00eda descubierto la sexualidad a los trancazos.<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>Una mujer casi monstruosa, creo incluso que era boba, que era criada de la casa de al lado, me agarr\u00f3 una mano y se la puso en su sexo. Yo tendr\u00eda catorce a\u00f1os. Eso fue una cosa sexualmente extra\u00f1a, vaga, que a m\u00ed me doli\u00f3 f\u00edsicamente. Era como perder la virginidad, que raro, que un hombre pierda la virginidad y le duela\u2026 pero eso me pas\u00f3 a m\u00ed, a m\u00ed me doli\u00f3. Y despu\u00e9s fueron las prostitutas, un tr\u00e1mite inevitable, ir a donde las prostitutas, a nada, a una cosa absurda, que no ten\u00eda el menor sentido, a una cosa fr\u00eda, hiriente, absolutamente vulgar. Ir a los burdeles, luces violetas, las mujeres sentadas en las piernas de los hombres mayores, y entrar all\u00ed, acompa\u00f1ado de amigos, unos tres siempre, como unos adolescentes \u2013ni\u00f1os, casi\u2013 que \u00e9ramos vistos con cierto cari\u00f1o por los mayores que en cierta forma se ve\u00edan a s\u00ed mismos; y, en el fondo, por las prostitutas, que nos prefer\u00edan\u2026, pero no pasaba nada. Yo no s\u00e9 c\u00f3mo nuestra generaci\u00f3n logr\u00f3 sobrevivir sexualmente porque adem\u00e1s la masturbaci\u00f3n nos parec\u00eda algo despreciable, no pecaminosa, sino peor porque no se trataba de irritar a Dios, nosotros \u00e9ramos ateos y esto no obraba para nada. Lo que nos atormentaba era lo pat\u00e9tico, porque lo consider\u00e1bamos pat\u00e9tico: masturbarse era una cosa bochornosa para nosotros, era simplemente que no pod\u00edamos tener mujeres, y apel\u00e1bamos a un sustituto mental. Todo eso en un mundo donde muchos machos, mayores que nosotros, pregonaban sus conquistas sexuales, su pericia y sus proezas; masturbarse era anticlim\u00e1tico, era reconocer nuestra inferioridad. La masturbaci\u00f3n era, definitivamente, un trauma. Una vez, tendr\u00eda como catorce a\u00f1os, yo estaba en mi cama y me sobrevinieron unas im\u00e1genes er\u00f3ticas, terribles, y sent\u00ed un orgasmo. Yo era tan ignorante de la sexualidad y de mi propia genitalidad, a pesar de que ya era un estudiante de bachillerato, que cuando me toqu\u00e9 y advert\u00ed la presencia de una sustancia que se hab\u00eda escapado de m\u00ed, una cosa blanca, yo pens\u00e9: \u201cHe hecho algo terrible y voy a morir. En los pr\u00f3ximos minutos yo voy a morir\u201d. Le hab\u00eda infligido un da\u00f1o tan espantoso a mi organismo que inevitablemente iba a morir. El coraz\u00f3n me lat\u00eda desesperadamente del p\u00e1nico que ten\u00eda. Por un momento me acord\u00e9 de una clase de biolog\u00eda del colegio San Ignacio donde se hablaba del sistema sangu\u00edneo y de una cosa llamada el sistema linf\u00e1tico; yo conclu\u00ed que aquel fluido era la linfa y por lo tanto yo hab\u00eda roto mi sistema linf\u00e1tico, lo que me iba a conducir a la muerte instant\u00e1nea. Dej\u00e9 pasar los minutos en espera de la muerte pero eso no ocurri\u00f3, pasaron diez minutos, el coraz\u00f3n se me calm\u00f3 y me qued\u00e9 a la expectativa, entonces supe lo que hab\u00eda pasado y decid\u00ed que cuidado con repetir aquello. Entonces pregunt\u00e9 a los muchachos mayores que yo y el Gordo Mar\u00edn, que era cobrador de la Sociedad de Conciertos, me dijo: \u201cChico, qu\u00e9 vaina es esa, es que te masturbaste\u201d. Bueno, me lo dijo un poco m\u00e1s vulgarmente, pero yo me qued\u00e9 sin saber absolutamente de qu\u00e9 me estaba hablando. Claro que all\u00ed la cosa era fingir que uno sab\u00eda, ser c\u00e1ndido era muy feo, la inocencia era muy mal vista en nuestro mundo moderno, el perezjimenismo prohib\u00eda la inocencia, evidentemente. Entonces mi primo, una vez m\u00e1s en mi vida, acudi\u00f3 a mi auxilio en el descubrimiento de la sexualidad y me dijo: \u201cTe\u00f3ricamente, hay burdeles. Pues vayamos a los burdeles\u201d.<\/p>\n<p>Yo ahora pienso en la irresponsabilidad tan grande de esa decisi\u00f3n, en el da\u00f1o ps\u00edquico que eso pudo ocasionar\u2026 No s\u00e9 qu\u00e9 diablos me salv\u00f3. En el fondo, la sexualidad con prostitutas me era indiferente. \u00a1Cu\u00e1nto me cost\u00f3 arribar a un orgasmo con una de ellas! Mucho. Pasaban las prostitutas por mi vida y yo no ten\u00eda orgasmo y no pod\u00eda tenerlo porque yo entend\u00eda que todo era falso (no lo entend\u00eda, lo intu\u00eda) y, como era mentira, no pod\u00eda experimentar ning\u00fan sentimiento. Y, hasta el sol de hoy, no he podido distinguir la sexualidad del sentimiento; nunca pude \u2013ni puedo\u2013 utilizar a una mujer. Esto tambi\u00e9n se discut\u00eda en la plaza, pero veladamente; y claro, desde posiciones tomadas, todos \u00e9ramos expertos. Desde luego, ninguno lo era, pero todos nos fing\u00edamos expertos.<\/p>\n<p>Hab\u00eda un amigo all\u00ed, un muchacho que estudiaba ingenier\u00eda, que se hab\u00eda enamorado de una muchacha bella, de la cual todos est\u00e1bamos enamorados. Bella, bella\u2026, hija de unos zapateros italianos, sicilianos, con todo lo que significa esta palabra. Era imposible para \u00e9l tener relaciones sexuales con esta muchacha, era un amor de manitos y besitos. En esa \u00e9poca, acostarse con una muchacha, novia de uno, era jugarse la vida porque todos nos quer\u00edamos ir de Catia, todos, todos quer\u00edamos prosperar y una mujer significaba un embarazo, un hijo y una responsabilidad, y un nos quedamos aqu\u00ed. Era una tragedia decir \u201cembarac\u00e9 a fulanita\u201d. Eso simplemente no suced\u00eda, de tan tr\u00e1gico. Pero este amigo ten\u00eda una desesperada necesidad de acostarse con ella; \u00e9l no lo dec\u00eda, pero lo intu\u00edamos, era l\u00f3gico. Un d\u00eda se present\u00f3 la oportunidad. Los padres de la muchacha iban a visitar a unos parientes en el interior, y ella le hab\u00eda dicho que acceder\u00eda a tener relaciones con \u00e9l. El problema era d\u00f3nde ir con la muchacha. Un hotel era terrible: exig\u00eda una c\u00e9dula, un certificado de matrimonio, un equipaje; no era posible. A\u00fan as\u00ed, este muchacho fue de hotel en hotel hasta que encontr\u00f3 uno en la esquina de La Gorda, en el Centro, cerca de El Silencio, ah\u00ed dio con uno donde \u00e9l pod\u00eda ir, pero necesitaba una cantidad muy alta y \u00e9l apenas ten\u00eda unos veinte bol\u00edvares. \u00c9l plante\u00f3 el problema en la plaza, al c\u00edrculo m\u00e1s cercano, en t\u00e9rminos bonitos, sentimentales, no lo dijo as\u00ed vulgarmente, de verdad que el tipo se mor\u00eda por tenerla. Nosotros vimos la posibilidad de ayudarlo, pasando sobre nuestro propio enamoramiento y los celos que aquello nos produc\u00eda; tratamos de conseguirle alg\u00fan dinero, sin mucho \u00e9xito. En aquella \u00e9poca sol\u00eda ir a la plaza P\u00e9rez Bonalde un homosexual a quien llamaban Mamaota (que muri\u00f3 acuchillado en El Calvario, en un crimen muy sonado por los a\u00f1os sesenta). Mamaota iba todos los d\u00edas en un carro Pontiac a levantarse muchachos por los alrededores de la plaza. Nosotros lo ve\u00edamos como un anatema, un horror, y el tipo que se acostara con un homosexual era considerado un cr\u00e1pula; lo peor que le pod\u00eda pasar a un joven era ser sorprendido en una relaci\u00f3n homosexual, eso sencillamente abat\u00eda a un ser humano. Este muchacho se acost\u00f3 con Mamaota a cambio del dinero para pagar el hotel donde ir\u00eda con su novia. \u00bfSe ha visto imagen m\u00e1s terrible? Es verdaderamente un gran tema. Un tipo que acepta acostarse con una persona que a \u00e9l le tendr\u00eda que haber horrorizado, pero que le daba el dinero para hacerlo con esta belleza que \u00e9l iba a tener. Se fue con Mamaota el viernes y el s\u00e1bado ya ten\u00eda el dinero para invitar a su novia. Nos lo cont\u00f3 desesperado: cuando estuvo con la muchacha no le pas\u00f3 nada, no pudo. Fue terrible. As\u00ed como en la sexualidad ten\u00edamos que fingir un conocimiento y una madurez que dist\u00e1bamos de poseer, as\u00ed era en la vida toda.<\/p>\n<p>Para esa generaci\u00f3n de venezolanos, entender que hab\u00eda un mundo cosmopolita o adecuado era todo como un orgasmo: no s\u00e9 de esto. Pero debo fingir que lo s\u00e9. De esa manera, todos los que desembocamos en una vida intelectual lo hicimos mediante una ficci\u00f3n, un fingimiento. \u00bfTe le\u00edste En busca del tiempo perdido? S\u00ed. Pero no lo hab\u00eda le\u00eddo. \u00bfHas le\u00eddo Marx y El Capital? \u00bfQui\u00e9n diablos en la vida ha le\u00eddo El Capital?, yo supongo que nadie. Pero todos lo hab\u00edamos le\u00eddo. \u00bfTe le\u00edste El discurso del m\u00e9todo? S\u00ed, claro. Nadie lo hab\u00eda le\u00eddo. Pasaron muchos a\u00f1os para que ley\u00e9ramos El discurso del m\u00e9todo, pero yo hab\u00eda hecho una vida como si lo hubiera le\u00eddo; incluso adquirido una fama por haber conocido El discurso del m\u00e9todo, pero yo no lo hab\u00eda le\u00eddo; y me permit\u00eda decir que Marcel Proust era tedioso y nunca lo hab\u00eda le\u00eddo. Tambi\u00e9n era que no hab\u00edamos tenido tiempo para leerlos, ni ten\u00edamos organizaci\u00f3n o metodolog\u00eda alguna. Yo era un estudiante de Derecho \u2013lo abandon\u00e9 cuando me faltaba un semestre\u2013, y era alumno aventajado, as\u00ed que de Derecho algo sab\u00eda, pero muy poco de poes\u00eda: Francois Villon y Andr\u00e9s Eloy Blanco, lo que me bastaba para saber que Andr\u00e9s Eloy era dulcero, repostero, que sonaba a conservita de coco; o que Villon era dr\u00e1stico y rudo (y a\u00fan hoy sigue siendo mi poeta favorito, ese y Rafael Cadenas, que es el poeta m\u00e1s grande del universo, porque es el poeta que me importa).<\/p>\n<p>La plaza era el lugar donde fing\u00edamos y a medida que pasaba el tiempo fing\u00edamos m\u00e1s, nos hac\u00edamos m\u00e1s te\u00f3ricos, m\u00e1s comunistas, m\u00e1s estetas, m\u00e1s conocedores, m\u00e1s gastr\u00f3nomos, m\u00e1s mujeriegos\u2026 sin que eso fuera verdad, sin que eso fuera una experiencia. \u00c9ramos unos sofistas, unos ret\u00f3ricos, cre\u00edamos que el verbo suplantaba la realidad y nos daba poder. No \u00e9ramos honrados pero al mismo tiempo, en nuestro descargo debe decirse, \u00e9ramos muy angustiados y todo eso lo vivimos sabiendo lo que viv\u00edamos, sabiendo que lo que nos faltaba era grave y en verdad busc\u00e1bamos que nos sucediera. Eso me lo concedo y se lo concedo a la gente de la plaza P\u00e9rez Bonalde.<\/p>\n<p>V<\/p>\n<p>Hab\u00eda un dilema que a m\u00ed me marc\u00f3 much\u00edsimo: mi t\u00eda Lola dirig\u00eda la Escuela Municipal Mart\u00edn J. Sanabria que quedaba en lo que llamar\u00edamos ahora Pag\u00fcita, a la entrada de Catia, en las cercan\u00edas de Miraflores; y luego hay una cantidad de casonas viejas, en un lugar que se llamaba La Yerbera, esto es detr\u00e1s de Ca\u00f1o Amarillo. Esta escuela funcionaba en una casa inmensa donde mi padre me llevaba con mucha frecuencia, pero se trataba de un colegio p\u00fablico y mi padre hab\u00eda so\u00f1ado siempre que yo estudiara en el mejor colegio de Caracas que, por supuesto, no pod\u00eda ser nunca un colegio p\u00fablico. Yo no creo que mi padre haya cometido un error, todo lo contrario; quiz\u00e1 el principio era err\u00f3neo y hab\u00eda colegios oficiales muy buenos (de hecho, dos de mis m\u00e1s amados amigos, Rom\u00e1n Chalbaud e Isaac Chocr\u00f3n, se educaron en la Escuela Experimental Venezuela y se refieren con frecuencia y mucho amor a su colegio). Pero mi padre consideraba que ni siquiera el que dirig\u00eda su hermana Lola era suficientemente bueno porque era del Estado. Y paralelamente aqu\u00ed exist\u00eda un faro, el gran colegio de Caracas: el San Ignacio de los jesuitas. Era un colegio absolutamente privilegiado, un horizonte, y all\u00ed me llevaron. En parte, por ese concepto: voy a llevar a mi bello hijo Jos\u00e9 Ignacio, que es el centro de mi vida \u2013porque eso era yo para mi padre\u2013, al mejor colegio de Caracas. Ese colegio costaba mucho dinero, por lo menos para lo que mi padre ganaba; sin embargo, falt\u00f3 el pan, pero nunca falt\u00f3 la mensualidad del colegio, nunca se atras\u00f3 un pago, ni en las peores etapas de mi padre. Fue ingresar al mundo de la educaci\u00f3n jesu\u00edtica. Eso es toda una literatura, es Stendhal (yo leo Rojo y negro y me veo all\u00ed; porque en el fondo, la educaci\u00f3n jesu\u00edtica que recibi\u00f3 Sorel, el protagonista de Rojo y negro, es exactamente la misma que yo recib\u00ed). Los jesuitas son unos personajes a los cuales se les atribuyen muchas leyendas en el seno de la Iglesia. Mucha gente ve en ellos personajes siniestros que ejercen el poder colocando t\u00edteres, no falta quien hable de papas t\u00edteres de los jesuitas (porque ellos tienen prohibido por sus estatutos ocupar cargos en la jerarqu\u00eda eclesi\u00e1stica, por eso no existen jesuitas obispos, arzobispos ni mucho menos cardenales o papas; y eso les est\u00e1 prohibido por su fundador, San Ignacio). Yo le debo mi nombre, justamente, a este santo.<\/p>\n<p>Cuando yo iba a nacer, el embarazo de mi madre confrontaba un gran problema para la obstetricia de la \u00e9poca cuando no se par\u00eda en cl\u00ednicas ni hospitales sino en las casas. Mi madre era una mujer de pelvis sumamente estrecha, casi infantil. El m\u00e9dico, el doctor Agust\u00edn Hern\u00e1ndez, estaba muy preocupado por este embarazo porque ve\u00eda en mi madre una barriga desproporcionada en relaci\u00f3n con su cuerpo. Ella era bella, muy bella, delgada, una aut\u00e9ntica figura rom\u00e1ntica (y la palabra ces\u00e1rea que hoy es tan corriente, en el a\u00f1o 1937 en Venezuela era m\u00e1s que aparatosa). \u00c9l tem\u00eda que con el uso de f\u00f3rceps el ni\u00f1o pudiera nacer muerto o sufrir una fractura de cr\u00e1neo. El m\u00e9dico se lo dijo a mi pap\u00e1 con mucha preocupaci\u00f3n, le asom\u00f3 la posibilidad de que yo no pudiera nacer con vida. Mi padre estaba obligado por una tradici\u00f3n familiar, que ven\u00eda de mi abuelo y de mi bisabuelo, que consist\u00eda en que todo primer hijo var\u00f3n deb\u00eda llamarse Jos\u00e9; pero, adem\u00e1s, mientras transcurr\u00eda aquel parto lent\u00edsimo y agotador, mi padre le pidi\u00f3 un milagro a San Ignacio de Loyola, un santo al que nadie le pide favores quiz\u00e1 porque se lo percibe adusto, sombr\u00edo, muy extra\u00f1o: un jesuita cuya preocupaci\u00f3n b\u00e1sica en la vida fue derrotar la Reforma e instaurar la Contrarreforma y acabar con Lutero y todo eso. El caso es que yo nac\u00ed con todas estas dificultades, muy golpeado, muy magullado. Era un gordo, muy grande, producto del criterio de las madres de la \u00e9poca que se entregaban a comer treinta gallinas a lo largo del proceso de embarazo. Lo natural era, entonces, que yo asistiera al colegio de mi santo patrono; pero lo cierto es que estudiar con los jesuitas introdujo en mi vida una verdadera esquizofrenia.<\/p>\n<p>Era esquizoide en un doble sentido. El ambiente del colegio, en la esquina de Jesuitas (donde est\u00e1 todav\u00eda y a\u00fan hoy cuando entro se me encoge el est\u00f3mago, a veces de amor, a veces de angustia. Yo no s\u00e9 qu\u00e9 me pasa con ese lugar que me angustia much\u00edsimo y a la vez amo tanto. Debe haber algo all\u00ed que nunca he resuelto porque cuando paso por ah\u00ed y me asomo por una puerta met\u00e1lica, que es la misma de mi infancia, y veo el patio grande, el front\u00f3n donde los jesuitas jugaban pelota vasca, me parece o\u00edr los golpes de la pelota en la pared y ver a los pelotari, todo ese mundo vasco\u2026 es mucho\u2026 Siento que algo me acecha, me aguarda, me estremece). El ambiente, era el de un mundo vasco, un mundo rudo, muy eficaz, muy competitivo, donde la inteligencia era aplaudida, brillaba y era apreciada. Pero es un mundo rudo: de los jesuitas se podr\u00e1 decir todo lo bueno y lo malo, pero nunca que hay ternura en su mundo; no es un car\u00e1cter dulce el suyo. En realidad, la personalidad de su fundador, San Ignacio de Loyola, priva en esa Compa\u00f1\u00eda como si fuera ayer que \u00e9l los hubiera organizado; se trata de una compa\u00f1\u00eda creada por un militar y la organizaci\u00f3n es absolutamente cuartelaria. De un jesuita se puede esperar bondad, grande, y entrega, grande; pero ternura no. La primera esquizofrenia era Catia y ese lugar.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9nes eran mis compa\u00f1eros? Henry Lord Boulton, digamos (nunca m\u00e1s nos vimos, pero era mi compa\u00f1ero de clases) que viv\u00eda en una espl\u00e9ndida y fabulosa casa en El Para\u00edso. Era un mundo al que acced\u00eda la aristocracia goda caraque\u00f1a y alg\u00fan miembro de las familias ricas del interior; y no porque los jesuitas buscaran a los ricos, ellos simplemente buscaban a los ni\u00f1os (despu\u00e9s le\u00ed que esa era una estrategia de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas) que luego iban a tener el poder, a controlar el pa\u00eds (debo decir, para ser justo con ellos, que jam\u00e1s vi que se vetara a nadie del colegio por ser pobre: simplemente hab\u00eda que pagar una mensualidad y quiz\u00e1 hab\u00eda alguno que no lo hiciera, no lo s\u00e9). Pero, de hecho, eran ni\u00f1os ricos, ninguno viv\u00eda en Catia, ninguno. Cuando yo dec\u00eda que viv\u00eda en Catia, me miraban con asombro, porque la imagen que ten\u00edan de Catia era el degredo. Yo viv\u00eda en Catia en la marginalidad \u2013una palabra que nadie hubiera usado en esa \u00e9poca\u2013, los pobres viv\u00edan en Catia. Cuando era muy peque\u00f1o, mi mam\u00e1 me iba a buscar a las cuatro de la tarde y de all\u00ed me llevaba al autob\u00fas, cerca de Ca\u00f1o Amarillo, y lleg\u00e1bamos a Catia. Cuando ya lleg\u00e1bamos a la avenida Sucre \u2013que no se llamaba as\u00ed, sino Calle Principal\u2013, empezaba a notarse el mundo buhoneril, el de las lucecitas mortecinas, y todo se defin\u00eda cuando lleg\u00e1bamos a la parada de autob\u00fas, que ya era la ruta hacia Catia, porque hab\u00eda una venta de fritos \u2013comida que hemos perdido los caraque\u00f1os, de la cual viene esa expresi\u00f3n brutal que es huelefrito\u2013, una cosa que se hace de pulm\u00f3n y bazo del ganado, dos carnes que usualmente se daba a los perros. Los caraque\u00f1os inventaron esto \u2013que tambi\u00e9n los franceses lo comen, preparado m\u00e1s sofisticadamente, y todav\u00eda le pido a mi mam\u00e1 que me lo haga\u2013 que consist\u00eda en cortar estas carnes en filetes, adobarlas con una mezcla de vinagre, mucho or\u00e9gano y sal, las dejaban macerar por unas horas en esta mezcla y las fre\u00edan en un caldero; luego se com\u00edan con hallaquitas. Esta era la comida del pobre y para m\u00ed era un placer. A partir del frito entraba Catia. Catia era la prolongaci\u00f3n de ese frito hasta la plaza P\u00e9rez Bonalde y la calle Argentina. Lleg\u00e1bamos a la casa, yo me daba un ba\u00f1o y sal\u00eda a la calle. Entonces, lo que yo hab\u00eda vivido desde las siete de la ma\u00f1ana no ten\u00eda nada que ver con lo que empezaba a vivir a partir de las cinco; all\u00ed estaban mis amigos de Catia: rudos, vulgares, agresivos, astutos. Por supuesto, yo pensaba que la verdad estaba en el San Ignacio, esa era la verdad, all\u00ed estaba la gente que hab\u00eda triunfado en la vida, que ten\u00eda modales finos. Cuando a m\u00ed me invitaron los Boulton a su casa y vi manteles, la institutriz inglesa, las cuidadoras trinitarias, las tortas, la se\u00f1ora Boulton\u2026 y la am\u00e9, yo me enamor\u00e9 de la se\u00f1ora Boulton cuando la vi, tan bella, tan vaporosa, tan distinta a Catia, con su hijo tan lindo, tan catirito, de ojos azules\u2026 Mi casa era torpe, fea, desordenada, y su entorno sucio; la casa de los Boulton era impecable, ten\u00eda una biblioteca, completamente inglesa, grande, con una impresionante estanter\u00eda repleta de libros encuadernados\u2026 y un globo terr\u00e1queo bell\u00edsimo, de colores ocres. En Catia lo que exist\u00eda era el mundo de los lagartijos, que ten\u00eda su encanto, su particularidad, su chisme. Pero cuando yo llegaba del Colegio San Ignacio donde estaban los ganadores, lo que se recortaba era mi mundo: el de los perdedores. \u00bfCu\u00e1l podr\u00eda ser mi principal m\u00f3vil entonces? Escapar de Catia, cuando volv\u00eda a Catia me dec\u00eda: \u201cAlguna vez escapar\u00e9 de aqu\u00ed. Me ir\u00e9 a vivir como vive Henry Lord Boulton, que es como hay que vivir\u201d. Esa era la primera esquizofrenia, y la segunda era la esquizofrenia de la mujer.<\/p>\n<p>El Colegio San Ignacio nunca acept\u00f3 que hubiera muchachas (hoy en d\u00eda s\u00ed, pero entonces no). Aparte de las madres de los alumnos, que llegaban hasta la entrada y hasta la oficina del rector, el resto de las instalaciones jam\u00e1s fueron pisadas por una mujer, mucho menos una muchacha, mucho menos una ni\u00f1a. Los domingos, de acuerdo a la costumbre, se permit\u00eda que las hermanas de los alumnos asistieran a misa de diez en el colegio. All\u00ed estaban, muy recatadamente, sentadas atr\u00e1s, las hermanas de nuestros compa\u00f1eros (para mirarlas hab\u00eda que voltearse, cosa que no era correcta mientras se desarrollaba la misa). La \u00fanica mujer que viv\u00eda all\u00ed era la Virgen Mar\u00eda, que reinaba en el colegio. Los jesuitas suelen ser marianos y acostumbran representarla mediante un icono que muestra a la Virgen con un manto azul, una t\u00fanica blanca y, al pie, una cantidad de lirios o calas blancas (lo aconsejable era llevarle ramos de calas a la Virgen). Esta era la \u00fanica mujer que exist\u00eda, una mujer que fue para nosotros la mujer. Al principio, yo la ve\u00eda como una hermana porque se la representaba como una muchacha; luego, empec\u00e9 a verla como una mujer hasta que se me convirti\u00f3 en un objeto sexual, debo reconocerlo y decirlo para mi tormento. Me asaltaba en los sue\u00f1os. Yo hac\u00eda el amor con la Virgen Mar\u00eda, date cuenta, con esa cara tan dulce. Hay una \u00f3pera que en m\u00ed ejerce una fascinaci\u00f3n muy grande, mucho m\u00e1s all\u00e1 de sus valores musicales, que es Tannhausser de Wagner; el tema es este: un caballero andante, Tannhausser, sale al mundo en busca del placer y de la sensualidad y encuentra a Venus quien se lo lleva a vivir a la Monta\u00f1a de Venus \u2013Venusberg\u2013 y \u00e9l pasa all\u00ed varios a\u00f1os en medio de grandes org\u00edas y bacanales. Pero un d\u00eda \u00e9l le dice que ya est\u00e1 aburrido, harto, y que no quiere seguir m\u00e1s all\u00ed; ahora quiere la pureza. Venus se ofende y lo deja ir. Entonces, \u00e9l aparece en la Tierra donde lo recibe un pastorcillo que forma parte de un coro de peregrinos en viaje a Roma. Tannhausser se pone un sayo y es entonces cuando nos enteramos de que \u00e9l ha vuelto al mundo de los vivos para buscar a Elizabeth. El tenor dice esa palabra: Elizabeth\u2026 Ese sonido a m\u00ed me persigue, toda la vida hubiera querido decir eso, decirlo as\u00ed\u2026 Elizabeth\u2026 Esa es la Virgen Mar\u00eda, parte de mi veneraci\u00f3n por la Virgen viene de que ella era Elizabeth. Uno lo dice y es m\u00e1gico: muere la carne, muere el pecado y surge el amor, di\u00e1fano, azul\u2026, como el propio manto de la Virgen. Pero cuando yo llegaba a Catia, las mujeres no eran la Virgen Mar\u00eda.<\/p>\n<p>Las muchachas de Catia o\u00edan a Celia Cruz y La Sonora Matancera. Eran burlonas \u2013la burla es el estado natural del pobre y su comunicaci\u00f3n con el mundo es as\u00ed, burlona, la comunicaci\u00f3n del gracejo; no es humor, puede ser que algunos pobres tengan humor, pero no es frecuente encontrarlos; lo que s\u00ed es frecuente son los pobres que r\u00eden, que se burlan, que hacen sarcasmo directo y brutal. Hay una cierta crueldad; la propia pobreza crea una cierta crueldad que se expresa a trav\u00e9s de la burla al otro y tambi\u00e9n a s\u00ed mismo, tumbando cualquier dignidad, emparejando todo\u2013. Cuando yo llegaba a Catia, encontraba ese mundo parejero, vulgar, hiriente, sard\u00f3nico\u2026, burl\u00f3n. Y las muchachas no se parec\u00edan a la Virgen Mar\u00eda porque no eran sublimes, ni se pod\u00eda esperar de ellas nada sublime. \u00bfQu\u00e9 hac\u00edan las muchachas de Catia? Se burlaban. Est\u00e1 hablando un neur\u00f3tico, por lo tanto, una persona que sufr\u00eda de delirios de persecuci\u00f3n y todo tipo de complejos (no hay un solo complejo que no me haya sido otorgado por la vida). Mi gran complejo eran las muchachas que, en general, no participaban en nuestros juegos mientras fuimos ni\u00f1os y adolescentes. Cuando empezaron a atraernos, ya, desde luego, no intentaban jugar con nosotros; comenzaron a hacer una ceremonia entre ellas que consist\u00eda en reunirse en las salitas de las casitas de Catia, hablaban y se re\u00edan. Ellas lo que hac\u00edan era re\u00edrse y uno percib\u00eda \u2013yo cre\u00eda percibir, dentro de mi neurosis\u2013 que se burlaban de m\u00ed y de todos nosotros. Por supuesto, como yo no sab\u00eda manejar un elemento femenino puesto que en mi colegio brillaba por su ausencia, una ni\u00f1a era para m\u00ed un fen\u00f3meno, una cosa extra\u00f1a, algo atractivo pero imposible al mismo tiempo. Yo era muy t\u00edmido (lo sigo siendo, espantosamente t\u00edmido) por lo que ni so\u00f1ar con tener algo con alguna de esas ni\u00f1as, ni so\u00f1arlo. Cuando ten\u00eda alrededor de catorce a\u00f1os, comenc\u00e9 a asistir a las fiestas, los bailecitos de los s\u00e1bados, matrimonios, bautizos, cumplea\u00f1os. Yo iba \u2013ten\u00eda que ir\u2013, empezaba a sonar esta m\u00fasica caribe\u00f1a, sal\u00edan las muchachas, y se cern\u00eda el enigma, el baile era un enigma, las muchachas eran un enigma, lo que conversaban ellas sentadas en esas sillas adosadas a las paredes era un enigma que involucraba risas, risas y risas como chispazos. Y mi enorme complejo me dec\u00eda: \u201cSe burlan de ti\u201d. \u00bfPor qu\u00e9 yo pensaba que se estaban burlando de m\u00ed? Porque yo era torpe, y usaba unos anteojitos, y era muy miope, muy flaco, as\u00ed, como un palito; porque yo no sab\u00eda bailar y odiaba hacerlo, porque la m\u00fasica de La Sonora Matancera era para m\u00ed la abominaci\u00f3n, sencillamente me resultaba hiriente (hoy pienso, por v\u00edas intelectuales, que esa es una m\u00fasica de identidad caribe\u00f1a y es respetable. Y si fuera Ministro de Cultura propiciar\u00eda su desarrollo hasta el m\u00e1ximo. Pero a m\u00ed no me gusta, la considero importante pero la verdad es que me disgusta). Ya para esa \u00e9poca yo le dec\u00eda a mi primo Jos\u00e9 Antonio: \u201cEs que a m\u00ed lo que me gusta es Beethoven\u201d. Y \u00e9l me apoyaba perfectamente. No era que a m\u00ed me gustaba Beethoven, era que a nosotros nos gustaba Beethoven. C\u00f3mo nos iba a gustar Celia Cruz, que era el exterminio de la belleza y de toda est\u00e9tica. Las ni\u00f1as bailaban, muy seriecitas, muy modosas y, desde luego, yo nunca me atrev\u00ed a sacar a bailar a ninguna, por lo que me tomaban de sopa mis amigos: me empujaban, me se\u00f1alaban alguna que supuestamente quer\u00eda bailar conmigo. Una vez bail\u00e9 un bolero con una muchacha. Qu\u00e9 mal me sent\u00ed, qu\u00e9 horrible, me mor\u00eda por ella pero aquella era justamente la peor manera de abordarla. Ya para ese momento odiaba las fiestas, todo lo que implique una concentraci\u00f3n de m\u00e1s de cinco personas; tomaba un refresco y me dec\u00eda: \u201cDentro de una hora ya no estar\u00e9 aqu\u00ed\u201d, solo as\u00ed pod\u00eda soportarlo. Todo eso fortaleci\u00f3 la idea de que el colegio era mi mundo real, un mundo donde no hab\u00eda ni\u00f1as, ni pobres, ni nadie pon\u00eda La Sonora Matancera (los jesuitas son antimusicales. Se deber\u00eda escribir un ensayo sobre la m\u00fasica y los jesuitas. Ser\u00eda desolador). Nosotros est\u00e1bamos siendo educados de acuerdo al principio de San Ignacio de Loyola: Ad majorem gloria Dei (A la mayor gloria de Dios). Nosotros est\u00e1bamos destinados a magnificar la gloria de Dios; fueras o no religioso, ese principio estaba instalado, se esperaba de uno grandes cosas: se esperaba que uno se ganara el Premio Nobel como una manifestaci\u00f3n de la grandeza de Dios, no que escribieras sobre Dios. Mientras, viv\u00eda en un mundo transitorio y carnal que era Catia.<\/p>\n<p>VI<\/p>\n<p>Muy pocos escritores pueden se\u00f1alar el d\u00eda y la hora en que decidieron ser escritores; yo s\u00ed. Fue exactamente en el instante en que termin\u00e9 de leer Los miserables de Victor Hugo, cosa que hice en medio de un mar de llanto. No pod\u00eda parar de llorar encaramado en mi platabanda, debo haber suspirado ochenta y seis veces consecutivas. Entonces me dije: \u201cEsto es lo que yo quiero hacer en la vida; que estas letras, estas p\u00e1ginas, me hayan producido toda esta emoci\u00f3n es un milagro; yo quiero formar parte de ese milagro\u201d. Si las muchachas no me quer\u00edan, yo ten\u00eda que ser escritor para que me quisieran\u2026, y de alguna manera funcion\u00f3 despu\u00e9s. Si yo iba a ser escritor, ten\u00eda que ser uno grande, famoso. Me la pasaba fabulando con el momento en que yo, ya c\u00e9lebre, regresaba a Catia y las muchachas me ve\u00edan pasar desde sus ventanas: all\u00e1 va Jos\u00e9 Ignacio, flaco, tartamudo, pero mira d\u00f3nde lleg\u00f3, ahora es un potentado. Yo ligaba la idea de la literatura al poder, a la magnificencia. Iba a ser escritor y eso se lo dije, a partir de all\u00ed, a todo el mundo, absolutamente a todo el mundo: al bodeguero de la esquina de arriba, al bodeguero que se suicid\u00f3, a mis amigos, a los padres de mis amigos. Resp\u00e9tenme, resp\u00e9tenme, porque yo voy a ser un escritor, yo no soy como ustedes, yo exijo un trato especial en esta comunidad, porque yo soy el predestinado y voy a ser un gran escritor. Desde luego, no lo dec\u00eda as\u00ed exactamente, esas cosas presuntuosas no se pod\u00edan decir en Catia, pero eso era lo que sent\u00eda y lo que, de alguna manera, les hac\u00eda sentir, sin ser antip\u00e1tico de una manera directa. No, yo no voy a ir donde las putas ni voy a jugar beisbol porque no, porque yo soy un escritor, yo no hago esas cosas. Hab\u00eda cosas de Catia que ten\u00edan un gran significado, aun para un ni\u00f1o, como el clima, por ejemplo. El arquitecto Cruz Vegas sol\u00eda decir que lo incomprensible de Caracas eran las zonas donde viv\u00edan los ricos y donde viv\u00edan los pobres, porque lo l\u00f3gico era que los ricos vivieran en Catia y los pobres en el Este. El clima verdaderamente privilegiado de la ciudad es el de Catia: hay algo de brisa de mar, por lejos que est\u00e9; pero Catia es un abra, es la \u00fanica zona de Caracas que no tiene monta\u00f1as sino que desemboca en un abra monta\u00f1osa. Yo conoc\u00ed una Catia de neblinas a las seis de la ma\u00f1ana, a las seis de la tarde, hab\u00eda d\u00edas en que hac\u00eda verdadero fr\u00edo. Era bonito, vigorizante, daba ganas de hacer cosas. El problema era la gente, cierta gente.<\/p>\n<p>El problema era el de una sociedad deprimida, el problema de la pobreza. Yo le ten\u00eda p\u00e1nico a la pobreza, siempre se lo tuve, porque mi padre me lo transmiti\u00f3. \u00c9l viv\u00eda al d\u00eda y le aterrorizaba que pudiera fallar uno; de hecho, a veces fall\u00f3 y hab\u00eda solo espaguetis con margarina para comer. Se trataba de escapar de all\u00ed, huir del mundo pobre, del miedo. Yo no tengo cultura de barrio, quiero decir: yo no amo el barrio como instituci\u00f3n. Catia es mis afectos y es mi propia visi\u00f3n, pero jam\u00e1s pensar\u00eda \u201cen el barrio era mejor\u201d o \u201call\u00ed la gente era m\u00e1s pura\u201d. Eso no es cierto, para m\u00ed no lo es. Me fui de Catia y nunca la ech\u00e9 de menos. Vuelvo, voy, paso por ah\u00ed y \u00bfqu\u00e9 veo?, \u00bfa qui\u00e9n veo?, \u00bfveo a la gente? No. Me veo a m\u00ed. Veo a un ni\u00f1o, aterido de fiebre, por ejemplo. Me acuerdo de un d\u00eda en que caminaba por la calle Argentina, en medio de la neblina, temblando de fiebre. Algo me picaba en el vello p\u00fabico\u2026 \u00bfSe dice as\u00ed en los hombres? \u00bfC\u00f3mo se llama ese vello en los hombres?, \u00bfp\u00fabico?; bueno, all\u00ed\u2026 algo me picaba y yo me rascaba. Llegu\u00e9 a mi casa y me acost\u00e9 intentando dormir pero me segu\u00eda picando y entonces descubr\u00ed una especie de gusano recubierto de un caparaz\u00f3n, como una rosca, que por alg\u00fan motivo estaba all\u00ed, enredado en el vello y adherido a la piel. Entonces yo lo estruj\u00e9 con un asco indecible, era quebradizo, algo as\u00ed como un gusano pardo y baboso metido en su cris\u00e1lida. Toda la noche me atorment\u00f3 el hecho de que un hombre pudiera tener una criatura tan repugnante y odiosa pegada a sus pelos, tan cerca de su sexo. C\u00f3mo hab\u00eda llegado eso all\u00ed, no pod\u00eda comprenderlo. Se me abri\u00f3 paso una idea de maldici\u00f3n. Yo ten\u00eda que irme de all\u00ed antes de que aquello terminara por atraparme; era algo inconfesable: \u00bfa qui\u00e9n pod\u00eda decirle que un animal se me hab\u00eda enquistado all\u00ed? (Esto nunca lo hab\u00eda mencionado). Me sent\u00ed un hombre maldito y maldije todo: la vida, ese lugar torpe y brutal que produc\u00eda gusanos que se me incrustaban. No era una imagen de miseria, no es eso, mi casa no era miserable\u2026, pero ese horror estaba ah\u00ed, entre las paredes, se descolgaba de los \u00e1rboles, algo viscoso que estaba all\u00ed y que no alcanzaba a Henry Lord Boulton, \u00bfme comprendes? El gusano era Catia, pero era yo, tambi\u00e9n, feo, ruin, moralmente deshecho, rumiando una moral que se me hab\u00eda ido\u2026, no ten\u00eda una moral para vivir. \u00bfQu\u00e9 pasa contigo?, era la pregunta que me hac\u00eda. Yo recuerdo mis catorce, quince a\u00f1os, tormentosos, masturbatorios\u2026, ten\u00edan que ser fiebre; yo deb\u00ed pasar todo ese tiempo afiebrado, quem\u00e1ndome. \u00bfQu\u00e9 hago yo aqu\u00ed?, \u00bfqu\u00e9 hago yo aqu\u00ed?, \u00bfc\u00f3mo me salgo? \u00bfC\u00f3mo me rescato a m\u00ed mismo?<\/p>\n<p>A los quince a\u00f1os ya hab\u00eda empezado a trabajar de maestro. En esa \u00e9poca P\u00e9rez Jim\u00e9nez hab\u00eda inaugurado varias escuelas en Catia y hab\u00eda una de ellas, la Escuela Municipal Teresa Carre\u00f1o, que ofrec\u00eda cursos nocturnos. Y no hab\u00eda maestros en el pa\u00eds, hac\u00eda falta gente espont\u00e1nea. Yo fui, alguien me present\u00f3, me palanque\u00f3, no s\u00e9, y me dieron un curso. A esa edad yo era maestro, a las siete de la noche, y daba clases a se\u00f1ores de cuarenta a\u00f1os que me llamaban profesor y me dec\u00edan: \u201cUsted s\u00ed habla bonito\u201d. A los diecisiete ya era profesor de liceo, de Historia Universal y de Venezuela. Y nunca dej\u00e9 de trabajar, hasta hoy. Yo no s\u00e9 c\u00f3mo descubr\u00ed la palabra artista\u2026, intelectual\u2026, no lo s\u00e9. Pienso en m\u00ed mismo como un artista, es lo que m\u00e1s me gusta. En el fondo, es que deseo serlo; me gratifico a m\u00ed mismo llam\u00e1ndome as\u00ed, me complazco. El caso es que un d\u00eda descubr\u00ed que exist\u00eda el arte. \u00bfQu\u00e9 hago yo con esto?, me dec\u00eda. \u00bfC\u00f3mo traspaso el universo donde est\u00e1 el arte? El arte estaba en el Este, ya desde esa \u00e9poca lo estaba, en la plaza Morelos. A los diecisiete a\u00f1os estaba en un coctel en un teatro del Centro de Caracas, el Teatro M\u00e1scaras, donde todos eran comunistas, al que asist\u00eda la se\u00f1ora Coronil, la Nena Coronil, la bailarina de ballet que hablaba franc\u00e9s perfectamente. Era hermosa, deslumbrante, imposible de lo bella, grandota. Ella estaba diciendo exactamente estas palabras: \u201cQu\u00e9 deliciosa esa m\u00fasica de Tchaikovski de El lago de los cisnes, esa es una m\u00fasica de circo; su valor musical es nulo pero tiene el encanto de la m\u00fasica de circo\u201d. Ay, co\u00f1o, qu\u00e9 terrible para un muchacho como yo, que hab\u00eda escuchado El lago de los cisnes como una proeza, que me parec\u00eda lo m\u00e1s profundo del mundo, lo m\u00e1s bello, y que adem\u00e1s era de los pocos discos que ten\u00eda; y la se\u00f1ora Coronil dec\u00eda que era m\u00fasica de circo. A\u00f1os m\u00e1s tarde conoc\u00ed a Alejo Carpentier \u2013deb\u00eda tener diecinueve a\u00f1os\u2013, \u00e9l organizaba unas tertulias muy elegantes en la mansi\u00f3n de Altamira donde viv\u00eda (para el momento, Alejo, que era un hombre extremadamente culto, no era famoso, no hab\u00eda escrito a\u00fan su obra). Estas tertulias de los s\u00e1bados estaban dedicadas al vanguardismo. Una tarde, yo entr\u00e9 y los asistentes estaban oyendo una \u00f3pera de Alban Berg, Woizzeck; era la avant garde llevada a los extremos. Todo el mundo se ve\u00eda tenso, concentrado \u2013pero yo sospecho que ah\u00ed nadie entend\u00eda nada\u2013. En esto sucedi\u00f3 algo muy gracioso: a uno de los se\u00f1ores que estaban all\u00ed se le hab\u00eda da\u00f1ado el autom\u00f3vil y hab\u00eda quedado con el mec\u00e1nico en que, cuando lo hubiera reparado, pasara por all\u00ed a buscarlo. A eso de las cinco, el mec\u00e1nico, un cubano, lleg\u00f3 a la reuni\u00f3n y empez\u00f3 a escuchar aquella cosa atonal, \u00e1spera y terrible de Woizzeck. El mec\u00e1nico se qued\u00f3 all\u00ed parado unos minutos y de pronto se acerc\u00f3 al due\u00f1o del autom\u00f3vil y le dijo: \u201c\u00d3yeme, fulano, v\u00e1monos de aqu\u00ed que esta gente est\u00e1 comiendo mierda\u201d. Cuando este chisme le lleg\u00f3 a Carpentier, \u00e9l mor\u00eda de risa, le pareci\u00f3 muy divertido. Es que era verdad, aquello era pretencios\u00edsimo. Algunas veces pasaba por la librer\u00eda Sardio, en el Centro, frente al Teatro Municipal, donde se reun\u00eda el Grupo Sardio, abanderado de las vanguardias, y una vez escuch\u00e9 a Rodolfo Izaguirre leyendo su traducci\u00f3n de Esperando a Godot de Samuel Beckett. En fin, yo ten\u00eda est\u00edmulos. Oswaldo Trejo era de la plaza P\u00e9rez Bonalde, pero ya se hab\u00eda retirado de all\u00ed. Era mayor que nosotros, sin embargo algunas veces iba por ah\u00ed y hablaba con nosotros.<\/p>\n<p>Trejo es un hombre muy culto \u2013para entonces era\u2013 y no participaba en chusmeros; nuestras conversaciones comunistas no eran precisamente lo que m\u00e1s lo entusiasmaba, no obstante su posici\u00f3n convencidamente antiperezjimenista. Oswaldo Trejo nos cont\u00f3, a un grupo de zagaletones, nada menos que el argumento de una de las m\u00e1s singulares novelas que se escribieron en el siglo xix, \u00c0 rebours [A contrapelo] de Huysmans, que \u00e9l hab\u00eda le\u00eddo (yo creo que Trejo era el \u00fanico venezolano, muy probablemente el \u00fanico latinoamericano, que hab\u00eda le\u00eddo a Huysmans, en una \u00e9poca donde nadie le\u00eda a este autor que tuvo la desgracia de ser contempor\u00e1neo de Zola, cuya gloria masacr\u00f3 a Huysmans, siendo este cincuenta veces mejor escritor que Zola). Trejo nos contaba de qu\u00e9 trataba \u00c0 rebours, que \u00e9l hab\u00eda le\u00eddo en franc\u00e9s. Tambi\u00e9n iba mucho a la plaza Oscar Guaramato, que escrib\u00eda estos cuentos sobrios, ominosos, fundadores del estilo que hoy conocemos como el estilo de Concurso de Cuentos de El Nacional, que ha ofuscado tanto la cuent\u00edstica venezolana: estos personajes que, en hamacas, mueren de gangrena en medio de una insurrecci\u00f3n federal; mujeres que hacen arepas muy cerca de un bahareque mientras el hombre est\u00e1, siempre en su hamaca, pensando en lo que puede suceder. Guaramato iba y contaba eso; hablaba pestes de R\u00f3mulo Gallegos, horrores. Entonces, eso y el Woizzeck y Esperando a Godot, era entender nuestra contemporaneidad. Ninguna persona que ande por los treinta puede calibrar con exactitud un problema que es dif\u00edcil de transferir. Yo he mencionado a R\u00f3mulo Gallegos, un nombre clave. R\u00f3mulo Gallegos era lo que ten\u00edamos.<\/p>\n<p>Gallegos era un escritor que hab\u00eda hecho una obra, y \u00bfc\u00f3mo no \u00edbamos a hablar mal de \u00e9l? M\u00e1s a\u00fan, nosotros deb\u00edamos hablar mal de \u00e9l; nos complac\u00edamos porque Guaramato lo consideraba un autor deleznable (cosa que nosotros suscrib\u00edamos). Pero, a fin de cuentas, era lo que hab\u00eda y no era el peor ejemplo de lo que hab\u00eda. Yo en esa \u00e9poca lo hab\u00eda le\u00eddo \u00edntegro y con placer, pero inmediatamente me di cuenta de que no pod\u00eda aceptar eso en p\u00fablico, porque nosotros no \u00e9ramos de esos, nosotros ten\u00edamos que ser los nuevos. Con la dictadura instalada sobre nuestras cabezas, la opci\u00f3n era ir hacia adelante (hab\u00eda otra, que era ir hacia Acci\u00f3n Democr\u00e1tica; era interpretar el golpe de P\u00e9rez Jim\u00e9nez como un agravio a Acci\u00f3n Democr\u00e1tica y reponerlo en el poder. Nosotros no quer\u00edamos a AD, quer\u00edamos otra cosa; qu\u00e9 era, no se sab\u00eda, pero s\u00ed est\u00e1bamos seguros de que aspir\u00e1bamos a algo totalmente distinto a eso). Cuando apareci\u00f3 Fidel, se convirti\u00f3 en la concreci\u00f3n de lo que pod\u00edamos querer, \u00e9l nos daba la respuesta. Todo eso nos hizo ser muy injustos en la plaza P\u00e9rez Bonalde \u2013que era un tribunal, en ocasiones carbonario, jacobino, brutal\u2013: todo era malo, todo era asqueroso, todo era bochornoso\u2026 Andr\u00e9s Eloy Blanco\u2026 p\u00edntame angelitos negros\u2026 \u00a1Eco! \u00a1Asco! Esa poes\u00eda demag\u00f3gica, populera, mediocre, que le gusta a las t\u00edas de uno y a la se\u00f1ora tal que tiene Giraluna en su casa. El disco<br \/>\nde Andr\u00e9s Eloy Blanco, Dios m\u00edo, el 31 de diciembre, recitando Las uvas del tiempo y los venezolanos comiendo uvas. Era abominable, una cosa horrenda y ciertamente muy mediocre. Con el tiempo, que todo lo lima y lo hace amable, yo fui queriendo a Andr\u00e9s Eloy Blanco, a quien nadie defiende \u2013nadie, ni Canache Mata dice que es gran poeta\u2013. Yo recuerdo un art\u00edculo de Ludovico Silva, en los a\u00f1os sesenta, donde dec\u00eda que Andr\u00e9s Eloy Blanco era un modesto poeta popular y que, si lo coloc\u00e1bamos en su sitio, lo \u00edbamos a disfrutar m\u00e1s\u2026 \u00a1Anatema! Ludovico fue acusado de todo y por todos, porque hasta los comunistas adoraban a Andr\u00e9s Eloy Blanco. Es una cosa venezolana: t\u00fa lees a Andr\u00e9s Eloy y te comes una parrilla, y cierras un c\u00edrculo; funciona, se articula. Pero, claro, hab\u00eda sutilezas. De pronto, Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n dec\u00eda: \u201cLeyendo a Gallegos, encontramos ciertos pasajes de Cantaclaro que son apreciables\u201d. Y nosotros corr\u00edamos a leer Cantaclaro otra vez. A\u00f1os m\u00e1s tarde se lo escuchamos decir a Garc\u00eda M\u00e1rquez en el Ateneo: \u201cNadie sabr\u00e1 nunca lo que le debo al cap\u00edtulo de \u00d1o Pernalete en la Jefatura, en Do\u00f1a B\u00e1rbara. Yo all\u00ed descubr\u00ed todo\u201d. Garc\u00eda M\u00e1rquez descubri\u00f3 todo all\u00ed porque ah\u00ed estaban las gallinas; sobre el escritorio de \u00d1o Pernalete hay unas gallinas (y Garc\u00eda M\u00e1rquez no ha hecho m\u00e1s que distribuir gallinas por los escritorios). Lo que pasa es que Gallegos era un tonto, un moralista; esta era su desgracia, inmensa. Mi t\u00eda Lola me lo dec\u00eda: \u201cC\u00f3mo va a ser un escritor ese pendejo\u201d. Mi t\u00eda lo que quer\u00eda decir es que a Gallegos le faltaba tormento. Gallegos era equilibrado, ponderado, porque \u00e9l lo que quer\u00eda era ser \u00fatil, hacer un servicio. Nosotros habl\u00e1bamos mal de todo el mundo. Habl\u00e1bamos mal de Uslar Pietri, dec\u00edamos que era un representante de la oligarqu\u00eda; de Miguel Otero Silva, consider\u00e1bamos que era pesimista y Casas muertas, una novela muy mal escrita; pens\u00e1bamos que la imagen de un hombre en una hamaca esperando un v\u00f3mito no pod\u00eda ser la que reflejara al venezolano\u2026, un hombre enchinchorrado, pendiente de un v\u00f3mito, qu\u00e9 asco. Nosotros prefer\u00edamos mirar al pa\u00eds del futuro y algo de eso tuvimos un d\u00eda.<\/p>\n<p>VII<\/p>\n<p>A\u00f1o 1954, s\u00e1bado, la plaza P\u00e9rez Bonalde en efervescencia. Nos dispon\u00edamos a asistir a la inauguraci\u00f3n del Centro Sim\u00f3n Bol\u00edvar. Hab\u00edamos sido testigos de su largo y laborioso proceso de construcci\u00f3n, hab\u00edamos visto su fachada, pero no lo conoc\u00edamos por dentro. P\u00e9rez Jim\u00e9nez hab\u00eda montado all\u00ed una exposici\u00f3n, la Primera Exposici\u00f3n de Venezuela, que pretend\u00eda ser un panorama global del futuro del pa\u00eds y del di\u00e1fano e impetuoso presente venezolano: \u00edbamos para arriba como un cohete. Entonces fuimos a aquella gigantesca exposici\u00f3n (hoy en d\u00eda todo en Caracas es min\u00fasculo, minimalista y modesto. Es una tragedia de esta ciudad: ha perdido sus pretensiones) que, cualquiera que tenga mi edad lo recordar\u00e1, fue magna, impactante. Todo el s\u00f3tano del Centro Sim\u00f3n Bol\u00edvar, un espacio colosal, lleno de stands de la exposici\u00f3n donde los venezolanos \u00edbamos a encontrar nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro. El Pasado eran los ej\u00e9rcitos de la Independencia, los uniformes (P\u00e9rez Jim\u00e9nez hab\u00eda encargado a un equipo de costureras que reprodujeran los uniformes de los soldados de la Independencia, pero los maniqu\u00edes eran todos catires \u2013\u00bfqui\u00e9n diablos fabrica maniqu\u00edes sino los gringos?\u2013), ca\u00f1ones espa\u00f1oles. De all\u00ed transit\u00e1bamos hasta el Presente. Y nos encontr\u00e1bamos con un motor con un r\u00f3tulo que dec\u00eda: \u201cPrimer motor venezolano\u201d. Era Dios, porque qu\u00e9 es Dios sino un motor. Era que est\u00e1bamos viendo el primer motor fabricado \u00edntegramente en Venezuela. Todos nosotros, que odi\u00e1bamos a P\u00e9rez Jim\u00e9nez, en lo profundo de nuestro coraz\u00f3n est\u00e1bamos apabullados. Hab\u00eda una mala conciencia en nosotros: entend\u00edamos que el general P\u00e9rez Jim\u00e9nez hab\u00eda rescatado al pa\u00eds de la ignominia, solo que no nos gustaban sus procedimientos. En el fondo, P\u00e9rez Jim\u00e9nez \u00e9ramos nosotros; \u00e9l quer\u00eda gobernar para nosotros, no para el pasado ni para rendirle pleites\u00eda a la tradici\u00f3n del pueblo venezolano. P\u00e9rez Jim\u00e9nez quer\u00eda superar al pueblo venezolano, ese era su postulado; \u00e9l lo cre\u00eda, puede ser que disparatadamente, probablemente era un ingenuo. Pero eso era lo que \u00e9l quer\u00eda: se sent\u00eda un hombre contempor\u00e1neo. \u00bfA qui\u00e9n atacaba P\u00e9rez Jim\u00e9nez? A G\u00f3mez, al mundo anterior, y \u00e9l ve\u00eda en los adecos a los prolongadores de G\u00f3mez, de la Venezuela del an\u00f3feles y del paludismo. Por eso nos estaba convocando para que nos vi\u00e9ramos en el espejo del pasado\u2026 y en el del presente, que culminaba en un caballo monumental disecado por un cient\u00edfico venezolano que hab\u00eda inventado una inyecci\u00f3n capaz de momificar cualquier cosa: el grande y genial doctor Fern\u00e1ndez Mor\u00e1n, que entre la pila de vainas que hab\u00eda inventado (con las que hab\u00eda triunfado en los Estados Unidos, donde estaba la ciencia) hab\u00eda dado con esta f\u00f3rmula que momificaba caballos inmensos. Y un poco m\u00e1s all\u00e1 estaba el otro gran invento de Fern\u00e1ndez Mor\u00e1n: el bistur\u00ed electr\u00f3nico, capaz de picar un caballo en cincuenta partes o m\u00e1s, no s\u00e9, longitudinalmente. Y al final estaba el Futuro, lo que Venezuela iba a ser, lo que P\u00e9rez Jim\u00e9nez denominaba el Nuevo Ideal Venezolano.<\/p>\n<p>All\u00ed estaban las maquetas de la gran ciudad. As\u00ed conocimos la Ciudad Universitaria, la arquitectura de Malaussena (a quien hoy en d\u00eda amo por encima de todos los arquitectos y que en esa \u00e9poca odi\u00e9 por debajo de todos los arquitectos). Malaussena hab\u00eda concebido una Ciudad Universitaria desde el final de la calle La L\u00ednea, que ven\u00eda del Centro hacia Sabana Grande, hasta el C\u00edrculo Militar; y propon\u00eda un ideal: unas residencias estudiantiles-militares. Mitad militares para los muchachos que estudiaban de cadetes; y la otra mitad para los universitarios. Era una fantas\u00eda: la fusi\u00f3n del ej\u00e9rcito y los civiles en un todo arm\u00f3nico. Ese era el sue\u00f1o de Malaussena y all\u00ed estaba, ante nuestros ojos, en maqueta. Como tambi\u00e9n estaba la autopista Caracas-La Guaira; la autopista que ir\u00eda para Puerto Cabello. Ah\u00ed estaba el pa\u00eds que P\u00e9rez Jim\u00e9nez nos promet\u00eda: edificios, hormig\u00f3n, construcciones\u2026 Houston\u2026, una ciudad rica, petrolera\u2026, Texas. Todo eso nos conmovi\u00f3 mucho esa tarde y dio pie para una larga conversaci\u00f3n en la plaza, a la que fuimos muy turbados.<\/p>\n<p>Ese d\u00eda P\u00e9rez Jim\u00e9nez nos luci\u00f3 grande, en el sentido de amenazante. Era un hombre lanzado, echado hacia adelante, joven. Ese d\u00eda nos dimos cuenta de que P\u00e9rez Jim\u00e9nez ten\u00eda treinta y seis a\u00f1os y cierto temblor nos sacudi\u00f3: ten\u00edamos la referencia de lo que estaba durando Franco en Espa\u00f1a, por ejemplo, y a esto a\u00f1ad\u00edamos que P\u00e9rez Jim\u00e9nez era gocho\u2026, eterno. Ese d\u00eda, en la plaza P\u00e9rez Bonalde, alguien dijo: \u201cVamos a hacernos viejos y va a estar P\u00e9rez Jim\u00e9nez. Puede estar hasta los setenta u ochenta a\u00f1os y, por el camino que va, los va a vivir, no se va a morir\u201d. Era imbatible; una cosa imposible de eliminar de nuestras vidas. \u00bfQu\u00e9 es lo que vamos a ser nosotros, entonces?, nos pregunt\u00e1bamos. Unos eternos perseguidos, r\u00e9probos, siempre con el p\u00e1nico a la Seguridad Nacional, a la polic\u00eda pol\u00edtica, inmersos en un mundo de censores. Odi\u00e1bamos a ese personajillo que era Laureano Vallenilla Lanz, el ministro de Relaciones Interiores, nos parec\u00eda un farsante (lo odi\u00e1bamos m\u00e1s que a P\u00e9rez Jim\u00e9nez a quien ve\u00edamos como un tont\u00f3n militar, utilizado por una camarilla). Observ\u00e1bamos c\u00f3mo nuestro mundo se cerraba. Pero, a fin de cuentas \u2013he aqu\u00ed el drama\u2013, ese hombre nos hab\u00eda marcado, no lo pod\u00edamos negar. Lo neg\u00e1bamos, pero sab\u00edamos que no \u00e9ramos sinceros, porque P\u00e9rez Jim\u00e9nez pensaba igual que nosotros. Si le quitas el aspecto represivo que muy probablemente en veinte minutos de conversaci\u00f3n nos habr\u00eda explicado; a lo mejor, en media hora hubi\u00e9ramos descubierto que P\u00e9rez Jim\u00e9nez era un buen hombre, y en una hora nos habr\u00eda invitado a tomar unas cervezas. Es muy posible, no lo descarto. Hoy en d\u00eda, cuando veo sus declaraciones en la prensa, sufro ese trauma: un hombre que odi\u00e9 sin saber muy bien ni por qu\u00e9 y al que ahora ser\u00eda incapaz de odiar. Muchas cosas pasaron despu\u00e9s con respecto a gente que vivi\u00f3 con cierta pasi\u00f3n el pa\u00eds; este es quiz\u00e1 el mayor desencanto m\u00edo. Una de esas cosas pas\u00f3 con R\u00f3mulo Betancourt.<\/p>\n<p>Lo hab\u00edamos visto en Catia. En un peque\u00f1o mitin que dio en la plaza. Hablando, hablando, boconeando y diciendo. Nosotros no quer\u00edamos a esos tipos porque era ir para atr\u00e1s. En eso est\u00e1bamos de acuerdo con P\u00e9rez Jim\u00e9nez, sin atrevernos a decirlo. Pero est\u00e1bamos de acuerdo en que aquello era lo que hab\u00eda que superar, que hab\u00eda que enterrar a aquellos tipos y librar al pa\u00eds de su presencia: J\u00f3vito Villalba, Betancourt, Caldera mismo que, con todo, era m\u00e1s joven (a Caldera lo detest\u00e1bamos por curero, por confesional, una vaina completamente absurda, del siglo xiv). Al terminar Betancourt su mitin (fue la \u00fanica vez que lo vi en mi vida, nunca m\u00e1s lo vi personalmente), alguien le pregunt\u00f3: \u201c\u00bfUsted, qu\u00e9 piensa de este pa\u00eds?\u201d. Y \u00e9l respondi\u00f3: \u201cEsto es el Lejano Oeste. A este pa\u00eds hay que abordarlo con la mentalidad de los colonos del Lejano Oeste\u201d. Nosotros o\u00edmos decir esto y, cuando nos reunimos esa noche (una de las \u00faltimas reuniones de la plaza P\u00e9rez Bonalde), planteamos el asunto. \u00bfC\u00f3mo es esta vaina, chico, que este hombre dice que esto es el Lejano Oeste? Nosotros no somos eso. Era tal el hambre de contemporaneidad y de dignidad que nosotros ten\u00edamos que no era para despacharnos con eso de que \u00e9ramos el Lejano Oeste. Al diablo con eso. Sin embargo, cuando Betancourt muri\u00f3\u2026 Yo he llorado dos personas en mi vida: a mi padre y a R\u00f3mulo Betancourt. Fue un llanto incontrolable, de esos que enajenan, que te abaten, que no puedes dominar, que te das cuenta de que est\u00e1s llorando como un pendejo y no puedes parar, \u00bfte ha pasado? A m\u00ed, muy pocas veces. Me pas\u00f3 cuando enterraron a mi padre en el Cementerio General del Sur y lo vi aquella noche en la Seguridad Nacional, aquella tarde en que me esperaba frente al teatro agitando las dos entraditas de Tosca, y no par\u00e9 de llorar. Llor\u00e9 por horas, rodeado de mi primo Jos\u00e9 Antonio, de mi madre, de Doris Wells, de mis amigos de la televisi\u00f3n. Y el d\u00eda que muri\u00f3 Betancourt. Yo estaba esa tarde viendo televisi\u00f3n en la cama. De repente un extra noticioso anunci\u00f3 que acababa de fallecer R\u00f3mulo Betancourt, quien me hab\u00eda botado de mi trabajo, me hab\u00eda perseguido, me hab\u00eda hecho la vida imposible. Un hombre que odiaba. Y empec\u00e9 a llorar. Mi esposa no lo pod\u00eda creer, estaba preocupada, pero como era h\u00fangara y, por tanto, pragm\u00e1tica, me dijo: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 no te das un ba\u00f1o?\u201d Me met\u00ed bajo la ducha y all\u00ed llor\u00e9 otras horas. Ya en la noche me di una explicaci\u00f3n: t\u00fa lloras, me dije, porque se te fue pa\u2019l carajo un tipo que asumi\u00f3 la vida, que te tom\u00f3 en serio, un tipo que se te enfrent\u00f3 y nunca te minti\u00f3, que te quiso hacer da\u00f1o y te lo dijo de frente, y que ten\u00eda pasi\u00f3n para vivir. Esa noche sent\u00ed que yo ten\u00eda un amor excesivo por esta vaina, que yo amaba este pa\u00eds, esta cosa, o esta vida m\u00eda, o este paisaje, o esta gente, o lo que me hab\u00eda tocado vivir\u2026 Toda mi vida yo la amaba. Hasta me perdon\u00e9 Catia, me perdon\u00e9 la plaza, me perdon\u00e9 mis amigos, me perdon\u00e9 todo. Porque hab\u00eda muerto Betancourt, un ser que hab\u00eda vivido en funci\u00f3n de esto, sudaba, met\u00eda la pata, hac\u00eda cochinadas\u2026 pero en funci\u00f3n de esto. Creo que a partir de ese momento empec\u00e9 a dividir a la gente entre aquellos que viven por pasi\u00f3n y aquellos que no la tienen. Y Catia la ten\u00eda. Catia era un lugar salvaje y ritual.<\/p>\n<p>VIII<\/p>\n<p>La plaza P\u00e9rez Bonalde y la avenida Espa\u00f1a constitu\u00edan un entorno ritual. All\u00ed se desarrollaban inmensos ritos: de iniciaci\u00f3n sexual, de valent\u00eda, de virilidad, de feminidad. Los domingos en la tarde se celebraba uno de ellos, quiz\u00e1 el m\u00e1s extra\u00f1o: todos \u00edbamos a la funci\u00f3n de vespertina (la de las cinco de la tarde) en el cine Espa\u00f1a, fuese cual fuese la pel\u00edcula que exhibiera, eso no importaba para nada. Las muchachas, las madres y los ancianos se sentaban en las butacas. Las muchachas como vestales dru\u00eddicas, bellas (cualquiera se embellec\u00eda en aquel ritual). Y los muchachos empezaban a caminar en manadas, hablo de trescientos muchachos, por los pasillos del cine, por el lateral central y por el otro lateral. Y otra vez el lateral central. Y otra vez el otro lateral. Describiendo un ocho acostado. Los porteros, c\u00f3mplices de ese ritual, abr\u00edan la puerta a las cuatro (una hora antes de la funci\u00f3n). Entonces, los muchachos empezaban a caminar mientras le gritaban a las muchachas declaraciones de amor, elogios corporales (rara vez obscenos; con palabras contundentes s\u00ed, pero no vulgares). Qu\u00e9 bella eres, gritaban, yo te quiero, estoy enamorado de ti. Y aquello echaba chispas. La tribu se agitaba por aquellos pasillos; iba y volv\u00eda sumida en el griter\u00edo, describiendo cuerpos, describiendo belleza y proclamando amor. En alg\u00fan momento yo pensaba, sentado en la butaca, que el dilema de mi vida consist\u00eda en atreverme a formar parte de aquella ceremonia. El d\u00eda que me levantara de la butaca y me sumara a la fila para avanzar, incontenible, con todos aquellos muchachos pri\u00e1picos (porque no hay otra palabra, era un asunto b\u00e1quico, era f\u00e1lico); el d\u00eda, pues, que me atreviera a hacer esa vaina, ser\u00eda otro hombre. El dilema era quedarme en la butaca junto a los viejos, junto a los incapaces de mostrar su cuerpo, su sexualidad, y permanecer enconchado; o salir a sumarme a aquella exhibici\u00f3n de virilidad. Nunca me atrev\u00ed. El dilema me persigui\u00f3 por a\u00f1os. Domingo tras domingo. Ellos sudaban y sudaban. La atm\u00f3sfera del cine se llenaba de sudor, de un aroma penetrante, un vaho caluroso que envolv\u00eda aquello, todo el mundo en el asedio del amor. Es algo que no se puede hacer en un teatro o en una pel\u00edcula. Es algo irrepetible, que solo estaba all\u00ed. Era nuestro Woodstock (desde luego, sin drogas). Y en el cine Catia, hacia el a\u00f1o 45, cuando nuestra sexualidad todav\u00eda no encontraba cauce, sucedi\u00f3 algo extraordinario.<\/p>\n<p>Ese a\u00f1o comenzaron a presentarse bailarinas de streep tease. No se permit\u00edan mujeres, pero todos los hombres (y los muchachos como yo) \u00edbamos. El programa comenzaba con la proyecci\u00f3n de una pel\u00edcula mexicana y despu\u00e9s ven\u00eda el streep tease, con unos motivos coreogr\u00e1ficos muy pintorescos. Un d\u00eda fuimos a ver a una mujer que se llamaba Leonor Montes, y su nombre de guerra era La Salvaje Blanca. Leonor Montes apareci\u00f3, despu\u00e9s de una pel\u00edcula horrenda, con un n\u00famero que consist\u00eda en que ella sal\u00eda vestida con una piel de leopardo y un tipo disfrazado de gorila la desnudaba. Este era un show. El gorila la iba desnudando, pieza a pieza, y muy largamente. (Las bailarinas de streep tease ten\u00edan un c\u00f3digo t\u00e1cito de censura: el espect\u00e1culo terminaba con la exhibici\u00f3n de los pezones o, posibilidad m\u00e1s casta, m\u00e1s discreta, m\u00e1s frecuente, con los pezones ocultos por unos peque\u00f1os conos dorados o plateados, com\u00fanmente bordados de lentejuelas. Pero las hab\u00eda m\u00e1s audaces que se quitaban los conitos y dejaban ver sus pezones, normalmente maquillados de rosado \u2013despu\u00e9s la vida me ense\u00f1\u00f3 que ese efecto no es muy natural que digamos\u2013. Por lo dem\u00e1s, llevaban un bikini que al quitarse dejaba ver su trasero pero manten\u00eda, sobre el sexo, una conchita que no s\u00e9 c\u00f3mo se pegaba porque era un tri\u00e1ngulo que tapaba el vello p\u00fabico en su estricta superficie.) Esa noche, Leonor Montes no solo se aliger\u00f3 de los conitos, sino que se quit\u00f3 la conchita del vello p\u00fabico. Los que est\u00e1bamos all\u00ed (mis amigos de la plaza) tuvimos por primera vez, ante nuestros ojos, un vello p\u00fabico. El vello p\u00fabico de aquella escultural mujer. Cuando eso ocurri\u00f3, cuando La Salvaje Blanca se quit\u00f3 la conchita, estall\u00f3 en el cine una violencia infinita. Primero fue un grito enajenado de la multitud que miraba a Leonor Montes (ese es un sonido que conservo en mi mente: un rugido incomparable). Ella debi\u00f3 estar inspirada, o loca, porque aquello era un desaf\u00edo. Eso no se hac\u00eda en esa \u00e9poca, era un gesto absolutamente arriesgado de su parte; ella estaba contraviniendo al Municipio. En medio del aullido generalizado, los hombres comenzaron a arrancar los asientos del cine, a desmembrarlos y a arrojar las piezas de madera donde se apoyan los brazos, hasta el punto de que suscit\u00f3 el p\u00e1nico. Los porteros gritaban. El encargado del cine llam\u00f3 a la polic\u00eda. Y mientras tanto, Leonor Montes no se hab\u00eda ido del escenario; continuaba mostrando su cuerpo, cada vez con mayor audacia. Ahora bien, ella no ten\u00eda por qu\u00e9 haber hecho esto; era un acto de generosidad de su parte, un gesto de desprendimiento que no le reportaba a ella el menor beneficio. Algo le pas\u00f3, algo muy grande; se convirti\u00f3 en una soci\u00f3loga. Ella interpret\u00f3 una clave verdaderamente misteriosa y profunda, pero dio en el clavo, acert\u00f3 en el punto exacto: llev\u00f3 a la multitud al descontrol hasta hacer de la ilegalidad y la violaci\u00f3n a las normas un placer. La polic\u00eda entr\u00f3. Yo logr\u00e9 escapar hacia los laterales, pero esa noche hubo una redada espantosa y se llevaron a todo el mundo. El cine qued\u00f3 destartalado, absolutamente destruido; despu\u00e9s estuvo varios meses cerrado para restaurar las butacas y devolverle cierto decoro, porque la gente hab\u00eda querido incendiarlo; no por odio, sino por pasi\u00f3n: una especie de 27 de febrero er\u00f3tico. Eso no se coment\u00f3 en la plaza. Eso formaba parte de una realidad que no admit\u00eda comentarios.<\/p>\n<p>Se cre\u00f3 un silencio en torno a los sucesos desatados por el desnudo de Leonor Montes porque exig\u00eda, de entrada, admitir que hab\u00edamos estado all\u00ed, lo cual era incorrecto; eso nos apartaba de la Revoluci\u00f3n. Ahora pienso, qu\u00e9 tal si hubi\u00e9ramos interpretado ese mundo sin prejuicios, sin ideas preconcebidas, sin la Revoluci\u00f3n, sin el proletariado, sin los agobios sociales de Am\u00e9rica Latina \u2013que son tan reales y contundentes que llegan a tapar el juicio, y a constituirse precisamente en prejuicios\u2013. Ojal\u00e1 hubiera habido all\u00ed un ser libre \u2013aparte de Leonor Montes, que estaba intentando ense\u00f1arnos a serlo mediante la exhibici\u00f3n de su desnudez, porque no se pod\u00eda estar m\u00e1s desnuda que ella aquella noche en el escenario; nunca se ha visto una mujer m\u00e1s desnuda que Leonor Montes en el cine Catia, eso no ha existido nunca\u2013. Y eso era Catia. Transcurr\u00edan all\u00ed unos s\u00edmbolos, una vida, una vida como cualquier vida. Nosotros, los de la plaza P\u00e9rez Bonalde, \u00e9ramos unos r\u00edgidos, que ten\u00edamos el proyecto de ser modernos; que sufr\u00edamos los dilemas y ten\u00edamos \u2013yo ten\u00eda\u2013 la esquizofrenia del Colegio San Ignacio u otras; que ten\u00edamos que abrirnos paso con inmensa torpeza; que hab\u00edamos decretado una teor\u00eda m\u00e1s que una praxis: todos \u00e9ramos amantes sin haber amado; todos \u00e9ramos sabios sin haber le\u00eddo; todos pregon\u00e1bamos hechos que jam\u00e1s hab\u00edamos realizado. Ten\u00edamos que vivir muy r\u00e1pidamente porque entend\u00edamos que el pa\u00eds se hab\u00eda terminado con la infancia. Lo que pas\u00f3 en la plaza P\u00e9rez Bonalde fue algo muy especial porque fue espont\u00e1neo, porque fue a partir de nosotros mismos; porque los insumos de aquellas discusiones fueron nuestras propias experiencias o fantas\u00edas o imaginaciones, a las que ten\u00edamos que etiquetar para tratar de entender el mundo. El resto del pa\u00eds estaba plano y esper\u00e1ndonos, todo estaba por repartirse. Y me fui cuando ten\u00eda veintitr\u00e9s a\u00f1os.<\/p>\n<p>Para ese momento yo estaba en el Teatro Universitario, lo que me hac\u00eda permanecer muchas horas en la universidad. Llegaba muy tarde a mi casa y ya no iba m\u00e1s a la plaza. Adem\u00e1s, me cas\u00e9 con una venezolana que era guerrillera. Me cas\u00e9 y me fui a vivir fuera de Catia. Yo andaba muy embochinchado, ya me hab\u00eda desquitado de todas mis frustraciones y me cas\u00e9 buscando a Elizabeth. Cuando volv\u00ed a la plaza, ya esta no exist\u00eda para m\u00ed como tal. Estaba todo igual, los mismos bancos, los mismos \u00e1rboles, pero ya no estaba la gente, todos hab\u00edan tenido desenlaces\u2026 El Perro Linares, por ejemplo, se despidi\u00f3 de m\u00ed en 1960 dici\u00e9ndome que hab\u00eda que tumbar a Trujillo en Santo Domingo, que hab\u00eda que tomar los fusiles para liquidar toda la ignominia, todo el horror. Lo hab\u00edan reclutado para desembarcar con unos cubanos en una playa de la Rep\u00fablica Dominicana y proclamar la Revoluci\u00f3n triunfante contra Leonidas Trujillo. Lo masacraron al tocar tierra. Nos enteramos quince d\u00edas despu\u00e9s y esa noche volvimos a la plaza, nos llamamos por tel\u00e9fono y acordamos reunirnos all\u00ed en honor al Perro, que hab\u00eda vivido exactamente frente a la plaza. Con el correr del tiempo nos reencontramos en nuestras profesiones y, siempre que hemos coincidido, la plaza constituye para nosotros un v\u00ednculo especial. \u00bfTe acuerdas de la plaza?, suelen decirme Oswaldo Trejo o C\u00e9sar Bol\u00edvar. En alg\u00fan momento alguien empez\u00f3 a pensar \u2013o todos lo hicimos individualmente\u2013 que val\u00eda la pena contar esa historia, fijar todo aquello, recordarlo, hacer presente que en nuestra vida hubo una plaza, un espacio que nos salv\u00f3 porque era un c\u00edrculo de caballeros para unirse en torno a \u00e9l. Nos proporcion\u00f3 reflexiones donde no las hab\u00eda y est\u00edmulos de todo orden en un medio que no los ofrec\u00eda. Por fortuna, a todos nos ha ido bien, el grupo dio profesionales muy competentes\u2026, hasta Italo del Valle Alliegro estuvo all\u00ed (\u00e9l ha contado que en los tiempos de la guerrilla lo persegu\u00eda el temor de encontrarse, en alg\u00fan campamento militar, a alguno de nosotros preso. C\u00f3mo nos iba a ver la cara, qu\u00e9 hubiera pasado\u2026 \u00c9l ha confesado que le ped\u00eda a Dios no encontrarse con alguno de esos carajos y enfrentarse con ese dilema). No hace falta que nos veamos m\u00e1s nunca, la plaza siempre nos unir\u00e1 en una sonrisa c\u00f3mplice.<\/p>\n<p>Por eso, cuando alg\u00fan amigo de esos tiempos me dice que tendr\u00edamos que escribir todo eso, lo suscribo. Ser\u00eda bello, ser\u00eda muy bello que lo escribi\u00e9ramos, digo siempre.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/prodavinci.com\/2012\/04\/04\/artes\/catia-segun-cabrujas\/\">Tomado de Prodavinci <\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Soy una creyente de las casualidades, hoy, conversaba con mis amigos de Cabrujas. Un bro, dijo: \u00abGracias a quien quiera que sea que subi\u00f3 el ensayo de Cabrujas al DropBox. Es, sin lugar a dudas, el \u00faltimo intelectual, en el sentido Zola, de Venezuela.\u00bb, y estoy totalmente de acuerdo. 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