{"id":26882,"date":"2012-07-10T20:23:46","date_gmt":"2012-07-11T00:53:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=26882"},"modified":"2014-06-07T11:55:36","modified_gmt":"2014-06-07T16:25:36","slug":"carta-para-nadie","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2012\/07\/10\/carta-para-nadie\/","title":{"rendered":"Carta para nadie"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/vasarely3-1.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"26883\" data-permalink=\"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2012\/07\/10\/carta-para-nadie\/vasarely3-1\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/vasarely3-1.jpg?fit=755%2C600&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"755,600\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"Vasarely\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/vasarely3-1.jpg?fit=696%2C553&amp;ssl=1\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-26883\" title=\"Vasarely\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/vasarely3-1-300x238.jpg?resize=300%2C238\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"238\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/vasarely3-1.jpg?resize=300%2C238&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/vasarely3-1.jpg?resize=320%2C254&amp;ssl=1 320w, https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/vasarely3-1.jpg?resize=145%2C115&amp;ssl=1 145w, https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/vasarely3-1.jpg?resize=495%2C393&amp;ssl=1 495w, https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/vasarely3-1.jpg?resize=670%2C532&amp;ssl=1 670w, https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/vasarely3-1.jpg?w=755&amp;ssl=1 755w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<blockquote><p><em>Nada sab\u00edan del perseguidor, ni del ojo vac\u00edo, y seguramente desconoc\u00edan los l\u00edmites de la desesperaci\u00f3n.\u201d<\/em><\/p>\n<p>Eduardo Liendo<br \/>\nLos platos del diablo<\/p><\/blockquote>\n<p>Yo no pod\u00eda s\u00f3lo leer, no pod\u00eda simplemente disfrutar lo le\u00eddo y ser una biblioteca ambulante. No me bastaba escribir bien, ciertos p\u00e1rrafos aceptables, una que otra frase memorable. Yo quer\u00eda ser grande, inmortal. Pienso en los asesinos, esos dioses fallidos, personas con mal gusto y sin gracia. Yo me convert\u00ed en uno de ellos. Pero s\u00f3lo para simular ser como otros dioses.<\/p>\n<p>Empec\u00e9 a leer desde peque\u00f1o. Las expectativas crec\u00edan a m\u00ed alrededor, la familia y posteriormente los amigos, esperaban grandes cosas de m\u00ed. Mientras ellos me contemplaban, absorto y sumergido en un libro, no entend\u00edan que me estaba envenenando la sangre. Yo tambi\u00e9n ca\u00ed en esa pegajosa trampa de la que no pude salir nunca m\u00e1s. No me imaginaba haciendo otra cosa sino escribiendo, escribiendo obras maestras.<\/p>\n<p>En mi juventud, especialmente durante la universidad, ese aura de intelectual precoz, esa mirada de estar perdido en un lugar inaccesible para el com\u00fan de las personas, me sirvi\u00f3 de mucho. Todos me buscaban para conformar grupos y hacer trabajos. Mi funci\u00f3n siempre era de corrector y el autor fijo de la introducci\u00f3n y la conclusi\u00f3n. Escrib\u00eda p\u00e1rrafos inspiradores que hac\u00edan delirar al sal\u00f3n completo. En realidad no era tan bueno en aquel tiempo, bastante cursi a veces, pero en el pa\u00eds de los ciegos el tuerto es el rey.<\/p>\n<p>Recuerdo con nostalgia aquellos a\u00f1os. Los amigos, los amores, los d\u00edas de sol. Despu\u00e9s de tres Cubas libres, me mandaba unas frases dignas de paredes de ba\u00f1o p\u00fablico, todos las celebraban, y \u00e9ramos felices. Para ese entonces mi sue\u00f1o de ser escritor era inocente y nebuloso. Hoy soy una farsa. No me arrepiento. Pero estar aqu\u00ed haciendo una retrospectiva de mi vida, me tiene trastocado, de mal humor, inconscientemente busco justificar mis actos y desprecio profundamente los virajes inesperados. Me prepar\u00e9 un a\u00f1o para este momento, deber\u00eda estar tranquilo, pero estos manuscritos pesan una barbaridad. Me cortan la circulaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Conoc\u00ed a Jos\u00e9 Mar\u00eda en un taller de poes\u00eda. No me interesa particularmente la poes\u00eda, pero estaba desesperado buscando un camino. Alcanc\u00e9 los 30 a\u00f1os y no ten\u00eda nada decente que mostrar a los lectores con los cuales so\u00f1aba constantemente, en mi PC reposaban adefesios impublicables.<\/p>\n<p>\u00a1Jos\u00e9 Mar\u00eda Alatriste! As\u00ed lo llamar\u00e9 por lo perfecto. Era brutalmente talentoso, me dol\u00edan hasta las pesta\u00f1as cuando le\u00eda uno de sus poemas. Ya, para la tercera sesi\u00f3n de lectura en grupo, todos est\u00e1bamos pendiente del poema de Jos\u00e9 Mar\u00eda. Eran dardos envenenados. Su punter\u00eda era perfecta, todos qued\u00e1bamos extasiados. El tipo terminaba el poema y nos miraba a todos con su sonrisa, con su cara de \u00e1ngel ca\u00eddo, como si tal cosa. Me daba un asco inclasificable.<\/p>\n<p>Me perturbaba su naturalidad. Conocerlo signific\u00f3 convencerme de algo que ya sospechaba: Se nace siendo un monstruo literario y san se acabo. Me hund\u00ed en una depresi\u00f3n que me desgast\u00f3 el alma. Yo no nac\u00ed con esa condici\u00f3n. Y m\u00e1s que nunca, me propuse no terminar mis d\u00edas escribiendo sandeces, siendo un autor mediocre, jam\u00e1s ser\u00eda un cr\u00edtico literario o alg\u00fan esperpento semejante. Ten\u00eda la opci\u00f3n de no escribir y dedicarme a otra cosa, eso hubiese sido lo m\u00e1s f\u00e1cil, pero yo no invent\u00e9 la naturaleza humana.<\/p>\n<p>Me convert\u00ed en su amigo inseparable. El dolor que me provocaba su existencia me resultaba necesario para terminar de aceptar mi realidad. Yo era el avestruz que quer\u00eda volar como colibr\u00ed. As\u00ed andaba yo, torpe y alumbrado, detr\u00e1s de Jos\u00e9 Mar\u00eda Alatriste. \u00c9l no necesitaba de talleres de poes\u00eda, ni mucho menos soportar que un leedor de poemas le dijera como escribir un buen verso. Lo hac\u00eda porque no estaba totalmente convencido que era un genio. No era su naturaleza creerse algo grande.<\/p>\n<p>\u00c9l admiraba las hojas de los \u00e1rboles, cerraba los ojos cuando una tenue brisa le cruzaba la cara, cosas por el estilo. Lo de Dios en un grano de arena lo entend\u00eda perfectamente. No era un monje, no ten\u00eda complejo de predicador imprudente, no era un gur\u00fa new age maloliente. Era un extraterreno que escrib\u00eda como un dios.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n lo hac\u00eda para tratar de enga\u00f1ar a la soledad. En un mundo, que salvando honrosas excepciones, es una porquer\u00eda, resulta natural que seres como Jos\u00e9 Mar\u00eda se sientan fuera de lugar. La soledad le carcom\u00eda el alma, era propiamente las ruinas de Stonehenge en el centro de Caracas. Comunicarse con los dem\u00e1s le resultaba un ejercicio penoso. \u00c9l sorteaba las dificultades como un s\u00faper h\u00e9roe.<\/p>\n<p>Yo lo entend\u00eda y lo admiraba. No pod\u00eda estar en los lugares que \u00e9l visitaba, a los cuales entraba y sal\u00eda constantemente. Sin embargo \u00e9ramos amigos. Yo sent\u00eda cierta pena por \u00e9l, por su condici\u00f3n. Era inhumana la soledad que ten\u00eda que soportar, pero igual hubiese dado todo por tener un gramo de su talento.<\/p>\n<p>M\u00e1s pena sent\u00eda \u00e9l por m\u00ed. Hubiera querido ense\u00f1arme alguna cosa tonta para entretenerme, darme ilusiones, pero como ya les dije, no tengo talento (el talento que yo necesitaba), y Jos\u00e9 Mar\u00eda lo sab\u00eda mejor que nadie. Jam\u00e1s hubiese intentado ser mi maestro, eso habr\u00eda sido una crueldad, jugar sucio. \u00c9ramos amigos despu\u00e9s de todo.<\/p>\n<p>Hab\u00eda algo que no entend\u00eda de Jos\u00e9 Mar\u00eda: Su absurdo af\u00e1n por ser un completo desconocido. No le interesaba ser publicado, no quer\u00eda ser reconocido por su trabajo. Se sabe que muchos genios a trav\u00e9s de la historia de la humanidad, se han sentido inc\u00f3modos, se saben incomprendidos sin la menor esperanza de que alguien les mire el fondo de los ojos. Sin embargo, la mayor\u00eda acepta su destino, con la certeza de haber aterrizado en el planeta equivocada y a pesar de todo, mal que bien, han disfrutado de la estad\u00eda, como quien toma unas vacaciones y despu\u00e9s se largan, no sin antes dejar ciertos legados que hacen de \u00e9ste un lugar menos horrible.<\/p>\n<p>Tratar de persuadirlo era una p\u00e9rdida de tiempo. Le dec\u00eda que me parec\u00eda el colmo del ego\u00edsmo no compartir su obra con el resto de la humanidad, que seguramente lo leer\u00eda, en cualquier idioma, bajo la luz de una vela, mientras ten\u00edan orgasmos o antes de suicidarse, as\u00ed de bueno era Jos\u00e9 Mar\u00eda. Pero el tipo me sal\u00eda con que no, y empezaba hablar sobre las t\u00e9cnicas para hacer papagayos y yo callaba, preso de la rabia de no entender.<\/p>\n<p>Una noche tom\u00e1bamos unos tragos y le insist\u00ed en que publicara y le dec\u00eda que ser\u00eda famoso, que sus poemas merec\u00edan ser publicados en todas las fuentes que existen. Hab\u00eda acumulado, con s\u00f3lo 27 a\u00f1os, material suficiente para publicar 5 libros imprescindibles. \u201cNo me interesa. Estoy bien as\u00ed\u201d me respondi\u00f3. Esa noche comprend\u00ed claramente: A Jos\u00e9 Mar\u00eda Alatriste le daba exactamente lo mismo ser poeta que plomero. Esa noche fue tambi\u00e9n la primera vez que pens\u00e9 en matarlo.<\/p>\n<p>Un a\u00f1o m\u00e1s tarde de esa conversaci\u00f3n, lo mat\u00e9. Se fueron ocho de los doce meses en tratar de convencerme que ten\u00eda que hacerlo. Dos meses reforzando mi convicci\u00f3n. Ten\u00eda a mi favor muchas cosas: 1. Vivir en el pa\u00eds donde la impunidad es la ley, especialmente cuando se encuentra el cuerpo de un perfecto desconocido 2. La familia de Jos\u00e9 Mar\u00eda vive en San Crist\u00f3bal 3. Mi v\u00edctima nunca hab\u00eda publicado nada 4. Yo era su mejor amigo, quienes lo conoc\u00edan, (lo comprob\u00e9 m\u00e1s tarde) les daba igual que Jos\u00e9 Mar\u00eda existiese o no. Acu\u00e9rdense que \u00e9l era un hermoso y perfecto monstruo, incapaz de conseguir el amor en un planeta poblado por la raza m\u00e1s defectuosa del universo conocido.<\/p>\n<p>Buscar la muerte menos dolorosa era mi mayor preocupaci\u00f3n. Una muerte r\u00e1pida y sin dolor. Al principio pens\u00e9 en una bala certera. (Jam\u00e1s hab\u00eda tenido un arma), pero no quer\u00eda que se diera cuenta que iba a morir. Eso me resultaba insoportable. Y no me puede importar menos lo que piense quien esto lee. Se trataba de un asunto de honor. Jos\u00e9 Mar\u00eda es la persona m\u00e1s extraordinaria que yo he conocido y no pod\u00eda hacer menos por \u00e9l. Decid\u00ed desmayarlo primero y despu\u00e9s darle un tiro en la cabeza. Contar lo f\u00e1cil que me result\u00f3 conseguir el arma ser\u00eda revolcarnos en nuestra miseria, no es la idea.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, ten\u00eda que conseguir el lugar. Me reg\u00ed por un criterio bien definido: Ten\u00eda que ser un lugar apropiado y digno. No soy de los que ponen cara de idiota cuando ven un paisaje natural o se estremece ante una puesta de sol, pero debo reconocer que el \u00c1vila me sobrepasa. Un sitio perfecto para morir, por lo solitario y lo simb\u00f3lico.<\/p>\n<p>Ver esa gran monta\u00f1a suspendida en el aire, tragada por las nubes, es el mausoleo que se merece Alatriste. Ya han pasado tres semanas desde que lo mat\u00e9. Ojal\u00e1 nadie lo consiga. Ruego a Dios que no lo saquen de all\u00ed. Ya lo s\u00e9, Dios es un perfecto imb\u00e9cil, pero igual le ruego. Deseo fervientemente que Jos\u00e9 Mar\u00eda se desintegre en esa monta\u00f1a. A ver si a este miserable valle se le pega algo bueno.<\/p>\n<p>Aunque no lo haga con gracia, escribir siempre me hace bien. Las palabras, en su orden misterioso, me han llevado de la oscuridad a la luz. Jos\u00e9 Mar\u00eda, donde quiera que est\u00e9s, puedes confiar en m\u00ed. Yo me encargar\u00e9 de pregonar tu evangelio con devoci\u00f3n. Mi nombre ser\u00e1 bendecido por tu ingenio. Nos leer\u00e1n con fervor. Seremos inmortales. \u00bfEntregarme? No. A m\u00ed no me va a pasar como al pendejo de Ricardo Azolar, puedes estar tranquilo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nada sab\u00edan del perseguidor, ni del ojo vac\u00edo, y seguramente desconoc\u00edan los l\u00edmites de la desesperaci\u00f3n.\u201d Eduardo Liendo Los platos del diablo Yo no pod\u00eda s\u00f3lo leer, no pod\u00eda simplemente disfrutar lo le\u00eddo y ser una biblioteca ambulante. No me bastaba escribir bien, ciertos p\u00e1rrafos aceptables, una que otra frase memorable. 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