{"id":26878,"date":"2012-07-10T13:34:12","date_gmt":"2012-07-10T18:04:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=26878"},"modified":"2012-07-10T13:34:12","modified_gmt":"2012-07-10T18:04:12","slug":"wayuu-el-precio-de-la-ambicion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2012\/07\/10\/wayuu-el-precio-de-la-ambicion\/","title":{"rendered":"Wayuu: El Precio de la Ambici\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/406302_10151096978386214_1319854199_n.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"26879\" data-permalink=\"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2012\/07\/10\/wayuu-el-precio-de-la-ambicion\/406302_10151096978386214_1319854199_n\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/406302_10151096978386214_1319854199_n.jpg?fit=374%2C510&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"374,510\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"406302_10151096978386214_1319854199_n\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/406302_10151096978386214_1319854199_n.jpg?fit=374%2C510&amp;ssl=1\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/406302_10151096978386214_1319854199_n-220x300.jpg?resize=220%2C300\" alt=\"\" title=\"406302_10151096978386214_1319854199_n\" width=\"220\" height=\"300\" class=\"alignnone size-medium wp-image-26879\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/406302_10151096978386214_1319854199_n.jpg?resize=220%2C300&amp;ssl=1 220w, https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/406302_10151096978386214_1319854199_n.jpg?resize=320%2C436&amp;ssl=1 320w, https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/406302_10151096978386214_1319854199_n.jpg?resize=145%2C197&amp;ssl=1 145w, https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2012\/07\/406302_10151096978386214_1319854199_n.jpg?w=374&amp;ssl=1 374w\" sizes=\"auto, (max-width: 220px) 100vw, 220px\" \/><\/a><br \/>\nEl principio es prometedor, a pesar de los p\u00e9simos efectos especiales de un avi\u00f3n de mentira en movimiento. Un detective espa\u00f1ol comienza a descender al \u201cCoraz\u00f3n de las Tinieblas\u201d o al \u201cApocalipsis Ahora\u201d de la ley de la frontera del estado Zulia. Hace inquietantes comentarios en off con su grabadora, a la manera de un agente bizarro de \u201cTwin Peaks\u201d envuelto en una trama de film noir con visos y pasajes surrealistas de \u201cFuego Camina Conmigo\u201d.<br \/>\nConocemos el origen vasco del protagonista, Alatriste, quien recibe el llamado de la aventura y del descubrimiento de la otredad de la mano del Rey de los Guajiros, encarnado por un sobreactuado, Daniel Alvarado. El criollo tambi\u00e9n incorpora al secundario de su hermano, un humilde vendedor de raspados, pero de forma m\u00e1s convincente y carism\u00e1tica.<br \/>\nEn el medio de ellos, figura el oscuro objeto de deseo de la ficci\u00f3n, Karina Vel\u00e1squez, a menudo contemplada en pa\u00f1os menores por la c\u00e1mara. Tres veces la veremos ba\u00f1arse desnuda en la playa. Entendemos el mensaje a la primera. A la \u00faltima, descubrimos la naturaleza redundante del signo, condenado a fungir de clich\u00e9 er\u00f3tico para el exclusivo deleite de la mirada masculina. T\u00edpico de la explotaci\u00f3n blandiporno en Venezuela.<br \/>\nAun as\u00ed, es de agradecer la falta de pacater\u00eda en los actuales tiempos de censura para el cine criollo. Con todo, no salimos del esquema de una grabaci\u00f3n televisiva de un almanaque ex\u00f3tico de Diosa Canales en tierras lejanas. Nada nuevo bajo el sol de la industria local.<br \/>\nRecordemos dos ejemplos. En 1996, Leonardo Henr\u00edquez estrena \u201cTokyo-Paraguaipoa\u201d. Su gui\u00f3n desplegaba la siguiente historia seg\u00fan el portal, Filmaffinity: \u201cRyuzo, joven japon\u00e9s que ha cometido un crimen pasional en Tokyo, es enviado por su padre a Paraguaipoa para eludir la justicia. En este paraje, habitado por la etnia way\u00fa, conoce a la princesa Camp\u00e1nula. Entre ellos se produce un encuentro amoroso, no bien visto por el contrabandista Challenger\u201d.<br \/>\nEl de arriba era entonces el pretexto para proyecta a Eileen Abad como dios la trajo al mundo. Dicho punto de vista mezclaba dos condiciones del enfoque de Miguel Curiel: el etnocentrismo y la seducci\u00f3n por la alteridad, a fin de convertirla en un foco de contemplaci\u00f3n para el p\u00fablico occidental, ajeno al entorno del film.<br \/>\nPosteriormente, el mismo ingrediente se explota en \u201cCenizas Eternas\u201d y \u201cEr Conde Jones\u201d. Ambas comparten la \u00f3ptica aludida de un antrop\u00f3logo inocente, fascinado por el fetiche de la \u201cindia\u201d en estado natural.<br \/>\nNo habr\u00eda mayor problema si la imagen permite la profundizaci\u00f3n y el entendimiento humano de la respectiva tarjeta postal. Por desgracia, no es el caso. El principal defecto de \u201cLa Ni\u00f1a de Maracaibo\u201d radica en su incapacidad de superar el plano del estereotipo, preconcebido por el libreto.<br \/>\nAs\u00ed, la fotograf\u00eda se deleita en servir de vitrina para el desfile de un conjunto de caricaturas, imposibles de tomarse en serio, desde un bandido de poca monta, pasando por \u201cEr Relajo\u201d de un loro, hasta terminar en la cabeza del elenco, ilustrada con trazo grueso.<br \/>\nDe repente, la barroca combinaci\u00f3n y fusi\u00f3n de elementos posmodernos y dis\u00edmiles, escapan del control del autor, a partir del aterrizaje del avi\u00f3n, cuando somos testigos de un brutal asesinato planificado y rodado con la impericia t\u00e9cnica de un cap\u00edtulo de \u201cArchivo Criminal\u201d. A su lado, Caupolic\u00e1n Ovalles es Orson Welles en \u201cMemorias de un Soldado\u201d.<br \/>\nA ra\u00edz de ah\u00ed se romper\u00e1 el pacto de credibilidad con la audiencia, sometida al inexplicable dilema de fingir demencia ante la cantidad de errores o asumir el barranco creativo como una farsa ir\u00f3nica. De cualquier modo, el experimento resulta fallido por la sumatoria de taras y vicios, aunque contiene sus destellos de genialidad.<br \/>\nPor ratos, nos sentimos de retorno en el desierto de las \u00f3peras b\u00e1rbaras de Glueber Rocha, al calor demencial de \u201cDios y el Diablo en la tierra del Sol\u201d, salvando las distancias.<br \/>\nPor instantes, recuperamos los mejores fragmentos documentales de \u201cCabimas\u201d, cinta de Jacobo Penzo, en el sentido de retratar el averno social y urbano de la pen\u00ednsula de la Guajira, am\u00e9n de su pobreza, su miseria, su desmesura, su deterioro, su destino de pueblo fantasma abandonado a su mala suerte. Reflejo acertado, sombr\u00edo y devastador de una provincia desamparada por el estado, por los gobiernos de turno, por la indolencia del centro.<br \/>\nNo les quepa la menor duda. \u201cWayuu\u201d se salva del desastre y logra su trascendencia como denuncia de la violencia absurda e intestina, no s\u00f3lo del contexto polvoriento y des\u00e9rtico de la regi\u00f3n perif\u00e9rica sino de Venezuela por completo, a merced de caciques aut\u00f3ctonos y mercenarios oportunistas, reci\u00e9n llegados para quedarse con la plata, a cambio de prestar sus servicios.<br \/>\nAlegor\u00eda de nuestro presente incierto. Met\u00e1fora del desangramiento y la esquizofrenia de la peque\u00f1a Venecia. De ah\u00ed la feliz relaci\u00f3n con el cl\u00e1sico de la literatura vern\u00e1cula, \u201cDo\u00f1a B\u00e1rbara\u201d.<br \/>\nMiguel Curiel sabe trasladar la sabia del maestro Gallegos, para extrapolar su discurso a la era contempor\u00e1nea, bajo la sombra del choque permanente de la civilizaci\u00f3n con la cultura arcaica. La diferencia estriba en la necesaria ausencia de una moraleja positivista, a favor de uno de los polos en conflicto.<br \/>\nEn efecto, \u201cLa Ni\u00f1a de Maracaibo\u201d se resume en la demoledora simpleza de su final. Todos se hunden por la codicia y la ambici\u00f3n en un barco cargado de bananos de contrabando. Desenlace similar al cierre de \u201cPiedra, Papel o Tijera\u201d.<br \/>\nEn dos platos, nos reencontramos con el espejo de la polarizaci\u00f3n y la batalla est\u00e9ril del siglo XXI. La de una naci\u00f3n enferma por sus para\u00edsos artificiales y por las disputas de sus riquezas en v\u00edas de extinci\u00f3n.<br \/>\nLastimosamente, no hay propuesta m\u00e1s all\u00e1 del retrato del c\u00edrculo vicioso. Encima, Miguel Curiel carece de las virtudes de Hern\u00e1n Jabes como narrador y director. Por tanto, la proyecci\u00f3n en la pantalla le pasa factura al interesante alegato de \u201cWayuu\u201d.<br \/>\nLos di\u00e1logos se extienden en encuadres est\u00e1ticos e ingenuos, durante inc\u00f3modas sesiones de comida presididas por un declamador de sentencias lapidarias, con voz gritona.<br \/>\nLuego, se subraya el condimento on\u00edrico y pesadillesco del subtexto, a trav\u00e9s de un realismo m\u00e1gico tan obvio como pretendidamente goyesco, bu\u00f1uelesco, lynchiano.<br \/>\nPeca de amateur, estudiantil y chaborro, al punto de rozar los l\u00edmites de \u201cPecho Can\u00edbal\u201d. No en balde, luce como su secuela western hablada en tres idiomas: espa\u00f1ol, Wayuunaiki (idioma way\u00fa) y vasco. Caprichos y desprop\u00f3sitos del sistema de coproducci\u00f3n. Gabriel Retes deconstruy\u00f3 semejante impostura en \u201cBienvenido-Welcome\u201d. Miguel Curiel la adopta con nula autoconciencia.<br \/>\nEn la ciudad, distinguimos secuencias de acci\u00f3n p\u00e9simamente planteadas. Las interpretaciones son descuidadas y sometidas a un r\u00e9gimen de improvisaci\u00f3n. Las groser\u00edas suenan forzadas y emitidas por demagogia. Ni hablar de los fueras de foco, de las luces estalladas, de las letras y citas escritas con imaginaci\u00f3n de Power Point.<br \/>\nEn descargo, la ejecuci\u00f3n concuerda con el trasfondo de \u201cEl \u00daltimo Cuerpo\u201d de Carlos Daniel Malav\u00e9. Las dos describen la \u00e9pica del desencanto de h\u00e9roes fracasados de la cr\u00f3nica roja en el Estado Zulia.<br \/>\nOjal\u00e1 no sea una mera coartada para atacar a la oposici\u00f3n y a la gobernaci\u00f3n de Pablo P\u00e9rez.<br \/>\nEn s\u00edntesis, \u201cLa Ni\u00f1a de Maracaibo\u201d se sabotea as\u00ed misma. Es triste. Pudo ser una joya de caer en garras de un viejo zorro como Luis Alberto Lamata. Ser\u00e1 para la pr\u00f3xima.<br \/>\nContinuamos en la fase Petrizelli de la escuela subsidiada por los fondos p\u00fablicos. Un entrenamiento costoso saldado con otra bancarrota de taquilla. Lo dicho. Es el precio de la ambici\u00f3n. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El principio es prometedor, a pesar de los p\u00e9simos efectos especiales de un avi\u00f3n de mentira en movimiento. 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