{"id":2576,"date":"2009-03-01T00:43:10","date_gmt":"2009-03-01T04:43:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=2576"},"modified":"2009-03-01T08:52:48","modified_gmt":"2009-03-01T12:52:48","slug":"mercurio-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2009\/03\/01\/mercurio-i\/","title":{"rendered":"Mercurio, I"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\" style=\"150%;\"><span style=\"&quot;High Tower Text&quot;;\"><span> <\/span>Los funerales son s\u00f3lo tristes para los parientes de los muertos, y para quienes los hubieran conocido en vida, pero para todos los dem\u00e1s \u2014los enterradores, los fabricantes de urnas, las muchachas que sirven el caf\u00e9 a los que se dignaron a atender\u2026 incluso los empleados del jefe cuya madre acaba de morir y asistieron al servicio \u00fanicamente por mantener a flote sus salarios\u2014 no sienten nada distinto de la indiferencia. S\u00ed est\u00e1n conscientes de que alguien acaba de morir, pero de la misma manera que los otros seis mil millones de seres humanos que poseen razonamiento; no como ese reducido grupo de personas que, verdaderamente, sienten la p\u00e9rdida de una anciana. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"150%;\"><span style=\"&quot;High Tower Text&quot;;\"><span> <\/span>Entre ellos est\u00e1 el jefe de Julieta, \u00fanico hijo de la difunta, quien le hab\u00eda se\u00f1alado muy sutilmente a su secretaria que su presencia en el funeral de la vieja no era una mera cuesti\u00f3n de cordialidad, situaci\u00f3n que se vio aumentada tambi\u00e9n por las recientes diferencias entre Julieta y su jefe: \u00e9ste la acusaba de no hacer su trabajo eficientemente, aqu\u00e9lla no estaba de acuerdo con esa absurda afirmaci\u00f3n. Por el bien de su empleo, Julieta decidi\u00f3 asistir a la funeraria, a pesar de no haber conocido jam\u00e1s a la muerta\u2026 ella pensaba, m\u00e1s bien, que su jefe ya hab\u00eda sufrido la muerte de una madre. <span> <\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"150%;\"><span style=\"&quot;High Tower Text&quot;;\"><!--more-->Naturalmente, Julieta no conoc\u00eda a nadie en aquel l\u00fagubre lugar, as\u00ed que busc\u00f3 a su jefe, quien deb\u00eda de estar junto al ata\u00fad esperando el \u00abp\u00e9same\u00bb de los presentes. Julieta lo salud\u00f3 con su misma refrescante sonrisa con la que siempre soportaba sus \u00f3rdenes en la oficina, pero con un toque falso de tristeza en su voz, sabiendo perfectamente en el fondo (como estaba segura que se sent\u00edan muchas de las personas que hab\u00edan ido a dar sus respetos a una desconocida inerte) que a nadie le pesa la muerte de una vieja que nunca conoci\u00f3. Julieta jam\u00e1s hab\u00eda visto a su jefe llorar, as\u00ed que estar frente a \u00e9l, vi\u00e9ndolo tratar de sostener sus l\u00e1grimas en vano en su presencia, le alegr\u00f3 la noche. <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"150%;\"><span style=\"&quot;High Tower Text&quot;;\"><span> <\/span>Al terminar de mentirle m\u00f3rbidamente al jefe, algunos parientes que la segu\u00edan en la fila del pesar la terminaron empujando como en una corriente hasta llevarla junto a la urna abierta. No teniendo nada m\u00e1s entretenido que hacer hasta que terminara el velorio, Julieta decidi\u00f3 seguir el ejemplo de los pla\u00f1ideros y se asom\u00f3 para, al menos, ver la cara de la anciana que le salvar\u00eda el empleo. Le dio asco, no porque se tratara de un cad\u00e1ver arrugado y exageradamente maquillado, sino por la cantidad de joyas con las que iba a ser enterrada la condenada. S\u00ed se dec\u00edan en los chismes del funeral que, como su hijo era ciertamente uno de esos que llaman <em>nuevos-ricos<\/em>, la vieja se orden\u00f3 enterrar con todas las joyas que hab\u00eda comprado con ese dinero, que de por s\u00ed ya era bastante. Sin embargo, no contento con eso, el hijo eligi\u00f3 el ata\u00fad de la mejor madera y con el relleno m\u00e1s c\u00f3modo (y caro, como si al cad\u00e1ver le importara), y lo mand\u00f3 a decorar con acabados de oro y plata, a manos de un renombrado escultor. Aquello parec\u00eda la proa de un gale\u00f3n con todos esos relieves y peque\u00f1as esculturas de sirenas y olas (la vieja gustaba del mar, aparentemente).<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"150%;\"><span style=\"&quot;High Tower Text&quot;;\"><span> <\/span>Fue en esos pensamientos de asco y de envidia que las puertas de la funeraria se abrieron de golpe, dejando pasar a seis encapuchados, todos propiamente armados y cubiertos. Todo ocurri\u00f3 muy r\u00e1pidamente: uno de ellos (que habl\u00f3 con voz de mujer) dispar\u00f3 al candelabro de la sala, obligando a todos los presentes a agacharse y, de hecho, orden\u00e1ndoles que hicieran tal; as\u00ed hicieron Julieta y su jefe, quien ahora s\u00ed que no pod\u00eda dejar de llorar. De inmediato uno de los encapuchados sac\u00f3 una bolsa y pidi\u00f3 violentamente que metieran todas las joyas, carteras, relojes y afines para que ninguno saliera lastimado y pudieran irse sin problemas. Mientras tanto, los otros cuatro hombres vigilaban la puerta y apuntaban sus pistolas aleatoriamente a las v\u00edctimas del robo, a la par que la mujer se manten\u00eda en el centro del sal\u00f3n tratando de calmarlos y con los ojos fijos en la urna.<\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"150%;\"><span style=\"&quot;High Tower Text&quot;;\"><span> <\/span>Una vez que todas las carteras y joyas hab\u00edan sido recogidas, el hombre de la bolsa mir\u00f3 a la mujer, quien le hizo una se\u00f1a con la mirada hacia el ata\u00fad. Inmediatamente, los otros cuatro encapuchados se acercaron a la urna y la tomaron, llev\u00e1ndosela por la puerta, mientras la mujer le daba un fuerte golpe al jefe de Julieta dej\u00e1ndolo inconsciente en el suelo (ya sin llorar, menos mal) y mirando fijamente a la secretaria, asustada y acurrucada junto al pedestal en donde antes yaciera la vieja de los diamantes. El hombre de la bolsa entendi\u00f3 el significado de esa fijaci\u00f3n y se acerc\u00f3 a Julieta, levant\u00e1ndola y poni\u00e9ndole un cuchillo en el cuello. La mujer anunci\u00f3 que se llevar\u00edan el ata\u00fad con la muerta y, como garant\u00eda de que no ser\u00edan seguidos, se llevar\u00edan tambi\u00e9n a la mujer, quien no sufrir\u00eda mientras nadie hiciera una estupidez o se las diera del macho. Salieron de la sala a la avenida, en donde Julieta pudo ver a una camioneta negra alej\u00e1ndose (los cuatro asaltantes que cargaron el ata\u00fad). El hombre de la bolsa abri\u00f3 la puerta del furg\u00f3n (en donde ya estaba el sarc\u00f3fago de la vieja, qu\u00e9 gente tan diligente, estos ladrones) y meti\u00f3 violentamente a su v\u00edctima, tras lo cual \u00e9l mismo trat\u00f3 de sentarse junto a ella. La mujer, que evidentemente era la l\u00edder de la banda, agarr\u00f3 la bolsa y le apunt\u00f3 con su gigantesca pistola al otro delincuente. Julieta recuerda la voz de la mujer pregunt\u00e1ndole al hombre que la hab\u00eda tomado que qu\u00e9 cre\u00eda que estaba haciendo, y recuerda tambi\u00e9n el contraste de la \u00faltima s\u00edlaba de la pregunta con el sonido del disparo, que adem\u00e1s hab\u00eda pintado en la ventana de la furgoneta una roja obra de cr\u00e1neos y materia gris.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los funerales son s\u00f3lo tristes para los parientes de los muertos, y para quienes los hubieran conocido en vida, pero para todos los dem\u00e1s \u2014los enterradores, los fabricantes de urnas, las muchachas que sirven el caf\u00e9 a los que se dignaron a atender\u2026 incluso los empleados del jefe cuya madre acaba de morir y asistieron [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":308,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-2576","post","type-post","status-publish","format-standard","category-azares"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pfpCD-Fy","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2576","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/users\/308"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2576"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2576\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2576"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2576"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2576"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}