{"id":25132,"date":"2012-06-02T10:06:10","date_gmt":"2012-06-02T14:36:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=25132"},"modified":"2013-10-03T04:08:12","modified_gmt":"2013-10-03T08:38:12","slug":"mi-vida-traves-de-los-perros-xiv-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2012\/06\/02\/mi-vida-traves-de-los-perros-xiv-2\/","title":{"rendered":"Mi vida, a trav\u00e9s de los perros (XV)"},"content":{"rendered":"<div class=\"separator\" style=\"clear: both;text-align: center\">\n<a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.dw.de\/image\/0%2C%2C5837446_4%2C00.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" border=\"0\" height=\"295\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.dw.de\/image\/0%2C%2C5837446_4%2C00.jpg?resize=400%2C295\" width=\"400\" \/><\/a><\/div>\n<p>\n-Tomasito, vale, Tomasito&#8230; aunque pareces un hombre, sigues siendo el ni\u00f1o que no sabe controlar a un perro&#8230;-Dijo con su habitual sorna. Yo me conform\u00e9 con contemplarla a mis anchas: como dije antes, era esa hora imprecisa del d\u00eda, y la luz del ocaso la ba\u00f1aba y la envolv\u00eda en una especie de aura, que me la hac\u00eda figurar &nbsp;incorp\u00f3rea, casi metaf\u00edsica. Claro, eran tonter\u00edas m\u00edas causadas por la impresi\u00f3n de encontrarla de nuevo, despu\u00e9s de unos ocho a\u00f1os. Acto seguido hice lo \u00fanico decente en esa situaci\u00f3n: le di un enorme abrazo, la sostuve un largu\u00edsimo rato entre mis brazos al tiempo que la besaba, castamente, en los labios. Ella pareci\u00f3 apreciar el gesto, pues me dej\u00f3 hacer sin se\u00f1ales de molestia. Mientras tanto, los perros cesaron su actividad y nos miraban, entre angustiados y recelosos.<\/p>\n<p>Cuando me pude recuperar de la emoci\u00f3n inicial, establecimos el habitual di\u00e1logo que sucede entre las personas que tienen largo tiempo sin verse. Me enter\u00e9 de esa manera que hab\u00eda estado viviendo en Estados Unidos un tiempo, pero que algunos motivos, imprecisos en su narraci\u00f3n, &nbsp;la hicieron regresarse a su casa.<\/p>\n<p>-Margarita, Margarita&#8230; \u00a1mi maestra! Mira, estoy pasando por un momento bastante negro, pero no quiero desperdiciar esta ocasi\u00f3n. \u00bfQue tal si cenamos juntos una de estas noches?<\/p>\n<p>-Por m\u00ed est\u00e1 bien, \u00bfpero te dejan salir tan tarde?<\/p>\n<p>-Jaja, muy graciosa. \u00bfTe parece bien ma\u00f1ana? Te paso buscando, como a las ocho.<\/p>\n<p>-C\u00f3mo no, se\u00f1or. Usted manda y yo obedezco. Estos hombres, siempre buscando imponerse y decidir.<\/p>\n<p>Con Margarita siempre era lo mismo: no sab\u00eda si hablaba en serio o me estaba molestando &#8211; o las dos cosas al mismo tiempo. Decid\u00ed mostrar car\u00e1cter, y le dije:<\/p>\n<p>-A las ocho estar\u00e9 frente a tu casa; si te decides a venir bien, si no ser\u00e1 en otra ocasi\u00f3n, \u00bfestamos?<\/p>\n<p>-Est\u00e1s, yo lo sabr\u00e9 ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>Creo que es obvio se\u00f1alar que al d\u00eda siguiente, o m\u00e1s bien la noche, a las 8:00 en punto estaba estacionando el Mercury &nbsp;frente a la vivienda de Margarita. Por pura vanidad, y tratando de demostrar algo artificial, no tom\u00e9 el ya vetusto Bel Air, cosa que a la luz de los acontecimientos posteriores fue un error. La desgraciada me hizo esperar unos 25 minutos, pero algo dentro de m\u00ed me impulsaba a seguir esperando. Cuando por fin le dio la gana, apareci\u00f3 en la puerta de su casa. La volv\u00ed a contemplar: la muchachita de mi iniciaci\u00f3n hab\u00eda devenido en una hermosa mujer, no cab\u00eda duda. Ya andaba por sus 26 o 27 a\u00f1os, y estaba alcanzado ese momento de madurez, ese pico de sensualidad, belleza y seriedad que combinadas pod\u00edan hacer enloquecer a cualquier hombre. Vest\u00eda un ajustado vestido rojo, a media pierna, con un descote vertiginoso, y alrededor del cuello llevaba un chal negro. No soy dado a este tipo de detalles, sin embargo esa imagen en particular se me qued\u00f3 grabada. Baj\u00e9 del carro, y le abr\u00ed la puerta del copiloto como lo indican las normas de urbanidad y buenas costumbres. Ella me vio con extra\u00f1eza, estuvo a punto de soltar uno de sus habituales sarcasmos pero se contuvo; tal vez temi\u00f3 arruinar el momento. Se acomod\u00f3 en el asiento, y cuando yo hice lo mismo, me pregunt\u00f3:<\/p>\n<p>-\u00bfA donde me va a llevar el caballero?<\/p>\n<p>No lo mencion\u00e9 antes: el d\u00eda se me pas\u00f3 indagando cuales eran los lugares m\u00e1s elegantes de la ciudad. Yo era un total analfabeta en esos menesteres; estaba acostumbrado a las fondas estudiantiles, o las tabernas sencillas de mi ciudad adoptiva all\u00e1 en las monta\u00f1as. De los restaurantes capitalinos conoc\u00eda los que frecuentaba en mi ni\u00f1ez y adolescencia con mis padres, pero de eso hab\u00edan pasado muchos a\u00f1os, y esos lugares ya hab\u00edan venido a menos o simplemente desaparecieron. As\u00ed que consult\u00e9 entre las escasas amistades que me quedaban, y por consenso escog\u00ed un lugar inaugurado hac\u00eda poco tiempo, que estaba en el pico de la fama. Me cost\u00f3 un mundo (y un dineral) lograr una reservaci\u00f3n, pero la consegu\u00ed. Me infl\u00e9 como un toro en celo al tiempo que le soltaba el nombre del encumbrado local:<\/p>\n<p>-Vamos al Etolie&#8230;<\/p>\n<p>-\u00bfComida francesa? Est\u00e1s loco de remate, si piensas que voy a comer esas ridiculeces disfrazadas de alta cocina Yo ser\u00e9 delgada, pero cuando me toca comer, quiero comer bien y abundante. Vamos a un sitio de carnes, una buena parrilla es lo que me provoca.<\/p>\n<p>No pude evitar sentirme humillado, pero \u00bfque otra cosa pod\u00eda hacer sino acatar sus deseos? En el fondo fue una buena lecci\u00f3n: quise d\u00e1rmelas de refinado y conocedor, cuando en el fondo era un tipo sencillo y muy poco educado en cuestiones gastron\u00f3micas, y en el fondo una buena carne, acompa\u00f1ada de los contornos habituales, sonaba muy bien.<\/p>\n<p>-Bueno, te quise mostrar algo de mundo, y m\u00e1s estando vestida como est\u00e1s; pero si tienes alma de camionero no podemos hacer nada, \u00bfverdad?<\/p>\n<p>-A mucha honra, vengo de un largo linaje de esos seres que conducen prodigiosos veh\u00edculos llenos de mercanc\u00eda, desde las primitivas carretas haladas por bueyes hasta los fabulosos MACK &#8211; me solt\u00f3 de un tir\u00f3n demostrando su humor siempre listo a aflorar. Bajando un poco el tono, continu\u00f3: -Mira, conozco un sitio bien sencillo pero con la mejor carne que hayas probado en tu vida, \u00bfaceptas mi sugerencia?<\/p>\n<p>-\u00bfTengo alguna otra opci\u00f3n, salvo bajarte del carro e irme con el rabo entre las piernas?<\/p>\n<p>-Eh&#8230;no. Yo te dirijo.<\/p>\n<p>Siguiendo las indicaciones de Margarita llegamos al lugar, que quedaba a unos cuantos kil\u00f3metros hacia el este de nuestro vecindario. Un parquero nos recibi\u00f3, para mi extra\u00f1eza. Nos abri\u00f3 las puertas del carro, al tiempo que me indicaba que \u00e9l se encargar\u00eda de estacionarlo. Me sent\u00ed dudoso, pero Margarita dijo: -\u00a1D\u00e9jale las llaves, no va a pasar nada!.- Lo hice as\u00ed, y penetramos al lugar. Estaba totalmente revestido de bamb\u00fa entintado, color caoba. El espeso humo que proven\u00eda de las parrilleras instaladas al lado de las mesas no permit\u00eda apreciar los detalles, pero el olor&#8230; que digo olor, era un aroma delicioso, que despertaba el apetito de manera autom\u00e1tica. El maitre nos recibi\u00f3 con grandes demostraciones de alegr\u00eda, al reconocer a Margarita:<\/p>\n<p>-Se\u00f1orita, \u00a1bienvenida de nuevo a nuestro restaurant! Ten\u00edamos tiempo sin contar con su presencia.<\/p>\n<p>-Hola, Antonio. S\u00ed, estuve fuera un tiempo.<\/p>\n<p>-Mesa para dos, supongo.<\/p>\n<p>-Es as\u00ed.<\/p>\n<p>Nos condujo hacia un rinc\u00f3n algo reservado, que permit\u00eda ver sin ser vistos. Tomamos asiento, y despu\u00e9s de ordenar las bebidas, le pregunt\u00e9:<\/p>\n<p>-Nunca me aclaraste el motivo de tu regreso, \u00bfque ocurri\u00f3?<\/p>\n<p>-\u00bfTe acuerdas de lo que te cont\u00e9 sombre mi madre, que hab\u00eda desaparecido estando yo peque\u00f1a?<\/p>\n<p>-S\u00ed, claro, como voy a olvidarlo&#8230;<\/p>\n<p>-Resulta que quien la desapareci\u00f3 fue mi padre. Tengo el dudoso honor de ser la hija de un uxorcida.<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo?<\/p>\n<p>-Con un cuchillo de carnicero, pero no quisiera entrar en esos detalles.<\/p>\n<p>Enseguida at\u00e9 cabos: hac\u00eda poco tiempo un esc\u00e1ndalo relacionado con unos restos femeninos hallados en una bolsa pl\u00e1stica enterrada en un descampado cercano a la ciudad hab\u00eda estremecido a la ciudad, poco habituada a ese tipo de hechos. Qui\u00e9n lo iba a imaginar, el padre de mi amiga result\u00f3 ser un asesino.<\/p>\n<p>-Margarita, no se que decir&#8230;<\/p>\n<p>-Nada, no puedes decir nada, es l\u00f3gico. Mi padre result\u00f3 ser un celoso psic\u00f3pata; sospechaba que mi madre lo enga\u00f1aba y un d\u00eda, al sorprenderla hablando con el dependiente de una tintorer\u00eda, los mat\u00f3 a los dos, en la cocina de la casa. Los restos del hombre nunca aparecieron. Pero los de mi madre s\u00ed, gracias a una carta que me envi\u00f3 mi padre hace un par de meses, en la que confesaba su terrible delito y su decisi\u00f3n de desaparecer a su vez de este mundo. No supe m\u00e1s de \u00e9l, regres\u00e9 para enterrar lo que qued\u00f3 de mi madre y resolver los asuntos de las propiedades, ya que tuvo el detalle de dejar todo a mi nombre. Pero vamos a comer, que se va a enfriar la comida- concluy\u00f3, mientras le clavaba el cuchillo al sangriento corte de carne que hab\u00eda ordenado.<\/p>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>-Tomasito, vale, Tomasito&#8230; aunque pareces un hombre, sigues siendo el ni\u00f1o que no sabe controlar a un perro&#8230;-Dijo con su habitual sorna. 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