{"id":24955,"date":"2012-05-23T19:21:35","date_gmt":"2012-05-23T23:51:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=24955"},"modified":"2014-06-07T11:56:46","modified_gmt":"2014-06-07T16:26:46","slug":"24955","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2012\/05\/23\/24955\/","title":{"rendered":"REMEMBRANZA AGRADECIDA"},"content":{"rendered":"<p>\u00bfY a qui\u00e9n le pueden interesar los recuerdos de juventud de un tercero? A nadie, supongo, a menos que sean los recuerdos de juventud de alguna de las celebridades del momento, como Steve Jobs, cuya biograf\u00eda pasar\u00e1 a al historia como una de las m\u00e1s vendidas, aunque no s\u00e9 si una de las m\u00e1s le\u00eddas. Es evidente que tambi\u00e9n existen los compradores compulsivos de libros que luego pasan a adornar la biblioteca de uno que quiere ser tenido como \u00ablector \u00e1vido\u00bb e intelectual de primera. Pero a m\u00ed s\u00ed que me importan los recuerdos de juventud, y no precisamente porque ya soy viejo y voy notando los estragos del paso del tiempo en m\u00ed, sino porque la memoria es una forma de eternidad. \u00abMemoria, entendimiento y voluntad\u00bb \u00a1Las potencias del alma! De las tres, sigue siendo verdad que la memoria es la posibilidad de perdurar en la historia. Aqu\u00ed va un recuerdo de juventud&#8230;<\/p>\n<p>Comenc\u00e9 a estudiar en La Universidad del Zulia cuando apenas contaba con diecis\u00e9is a\u00f1os. Todav\u00eda recuerdo el viejo edificio -que todav\u00eda existe- donde funcionaban los \u00abEstudios Generales\u00bb, una especie de proped\u00e9utico que deb\u00edamos cursar quienes nos dispon\u00edamos a estudiar una carrera en LUZ. Recuerdo que curs\u00e9 cuatro materias: Estudio y comprensi\u00f3n del hombre, Lenguaje y comunicaci\u00f3n, Metodolog\u00eda de la Investigaci\u00f3n y L\u00f3gica. De los cuatro profesores que tuve, s\u00f3lo recuerdo el nombre de dos: de Esperanza M\u00e9ndez de Far\u00edas, mi profesora de l\u00f3gica. Era una mujer de edad medianamente madura, aunque todav\u00eda conservaba mucho del esplendor de su belleza de juventud y, sobre todo, se notaba que el paso del tiempo la hab\u00eda marcado con la impronta de la elegancia propia de las mujeres de su estilo. Pero tambi\u00e9n recuerdo el nombre de Alberto A\u00f1ez, mi profesor de Lenguaje y Comunicaci\u00f3n. Me parec\u00eda un hombre desali\u00f1ado, con manifestaciones zafias, m\u00e1s parecido a un frecuentador de burdeles que a un profesor de la Universidad. \u00a1Pero cu\u00e1nta verdad encierra eso de \u00ablas apariencias enga\u00f1an\u00bb! En Alberto A\u00f1ez eran s\u00f3lo apariencias de un hombre que pose\u00eda en su haber un extraordinario dominio de la lengua castellana y de su correcto uso.<\/p>\n<p>Hoy, veinticinco a\u00f1os despu\u00e9s, pregunt\u00e9 si Esperanza M\u00e9ndez de Far\u00edas y Alberto A\u00f1ez todav\u00eda viv\u00edan. A quien se lo pregunt\u00e9 me dijo que s\u00ed, aunque la primera se retir\u00f3 del todo de las lides del mundo acad\u00e9mico, y del segundo no supieron darme raz\u00f3n. Y entonces record\u00e9 a Alberto A\u00f1ez&#8230; Es verdad que si hoy me lo ponen delante, no lo sabr\u00eda distinguir, aunque en mi ya borrosa memoria lo recuerdo como un hombre alto, delgado, desali\u00f1ado y de andares m\u00e1s bien zafios. No recuerdo ahora el contenido de su materia, pero s\u00ed recuerdo, como dije, su excelente dominio de la lengua y, de manera particular, recuerdo el \u00abconsejo\u00bb que nos dio: \u00absi quieren aprender a leer y a escribir, lean y escriban; lean lo que sea y escriban lo que sea, pero lean y escriban\u00bb. Tengo para m\u00ed que ha sido el mejor consejo que profesor alguno me haya dado en la vida&#8230; \u00a1Y miren que he tenido profesores! Pero reconozco que ni los m\u00e1s eminent\u00edsimos doctores que me dieron clases, procedentes de Roma, Lovaina, Par\u00eds, Berl\u00edn y Friburgo, me dieron un consejo como el que nos dio Alberto A\u00f1ez aquella ma\u00f1ana de clases. M\u00e1s a\u00fan, creo que ese consejo fue m\u00e1s que suficiente para darse por satisfecho en aquel curso.<\/p>\n<p>Segu\u00ed aquel consejo al pie de la letra. Ese fue el punto de partida para convertirme no en un \u00ab\u00e1vido lector\u00bb, porque eso ser\u00eda, aparte de pretencioso, arrogante. M\u00e1s bien puedo decir que a partir de ese momento tom\u00e9 conciencia de la lectura como uno de los medios m\u00e1s expeditos para alcanzar los m\u00e1s elevados niveles de comprensi\u00f3n de la realidad. La experiencia me lo ha demostrado indubitablemente as\u00ed. Recuerdo la primera vez que fui a Madrid&#8230; Caminar por la Calle de Alcal\u00e1, ver el Arco de Carlos III, el Palacio de Oriente o la Catedral de la Almudena, no represent\u00f3 para m\u00ed mayor novedad que la de estar en espacios en los que ya hab\u00eda estado a trav\u00e9s de la imaginaci\u00f3n y de la lectura. Otro tanto me sucedi\u00f3 cuando vi la bah\u00eda de Hong Kong desde el Pico Victoria. La lectura es la posibilidad de trascender todas las limitaciones humanas.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n me dediqu\u00e9 a escribir y disfrutaba mucho haci\u00e9ndolo. Uno de los g\u00e9neros que m\u00e1s he cultivado ha sido el epistolar. Todav\u00eda recuerdo las cartas escritas con tinta y en papel cebolla, para que no \u00abpesaran\u00bb tanto a la hora de ponerlas en el correo. Irremediablemente perd\u00ed la cuenta del n\u00famero de cartas que escrib\u00ed de pu\u00f1o y letra. S\u00f3lo le pido a Dios que ninguna de esas cartas exista todav\u00eda en manos de alg\u00fan destinatario despistado porque&#8230; en muchas de esas cartas desbord\u00e9 m\u00e1s de lo que deb\u00eda. Tambi\u00e9n disfrutaba escribiendo ensayos, res\u00famenes de libros, apuntes de clases, memorias y recuerdos. Durante mucho tiempo escrib\u00ed unos cuantos cuadernos a modo de diario, que tambi\u00e9n espero no existan en este momento. No s\u00e9 si deba decir que he escrito mucho. Mucho menos puedo calificar lo que he escrito. Me arrepiento, s\u00ed, de haber escrito en momentos puntuales en los que la emoci\u00f3n y el afecto no me permitieron ser justos. Pero lo que s\u00ed puedo decir es que escribir para m\u00ed es un acto de significaci\u00f3n existencial que no podr\u00eda calificar de forma precisa.<\/p>\n<p>No creo que Alberto A\u00f1ez lea este escrito. \u00bfO s\u00ed? No s\u00e9 si haya dado el paso de incursionar en estas nuevas formas de comunicaci\u00f3n y de edici\u00f3n digital. Pero me doy por bien servido ante la posibilidad de escribir esta remembranza que, en este caso, es un testimonio de agradecimiento por aquel consejo de aquella ma\u00f1ana de clases en La Universidad del Zulia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfY a qui\u00e9n le pueden interesar los recuerdos de juventud de un tercero? A nadie, supongo, a menos que sean los recuerdos de juventud de alguna de las celebridades del momento, como Steve Jobs, cuya biograf\u00eda pasar\u00e1 a al historia como una de las m\u00e1s vendidas, aunque no s\u00e9 si una de las m\u00e1s le\u00eddas. 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