{"id":24825,"date":"2012-05-27T11:09:55","date_gmt":"2012-05-27T15:39:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=24825"},"modified":"2013-10-03T04:08:12","modified_gmt":"2013-10-03T08:38:12","slug":"mi-vida-traves-de-los-perros-xiv","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2012\/05\/27\/mi-vida-traves-de-los-perros-xiv\/","title":{"rendered":"Mi vida, a trav\u00e9s de los perros (XIV)"},"content":{"rendered":"<div class=\"separator\" style=\"clear: both;text-align: center\">\n<a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.schnauzi.com\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/perro-ciego.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" border=\"0\" height=\"243\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.schnauzi.com\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/perro-ciego.jpg?resize=320%2C243\" width=\"320\" \/><\/a><\/div>\n<p>Toda persona tiene episodios en su vida que quisiera poder borrar de la memoria, ya sea por bochornosos, por rid\u00edculos o por tristes. El funeral de pap\u00e1 es uno de ellos, en mi caso: una de las ocasiones en la que he sentido m\u00e1s tristeza. Sin embargo esas im\u00e1genes se me presentan con frecuencia; son como fotograf\u00edas, o m\u00e1s bien diapositivas que se proyectan sobre un imaginario tel\u00f3n dentro de mi mente. Y el dolor, matizado por el tiempo, aparece puntual. Por fortuna su fallecimiento fue pl\u00e1cido, dentro de lo que cabe. Ocurri\u00f3 mientras dorm\u00eda; quien estaba haciendo guardia en ese momento era mi madre, y vi\u00e9ndolo en retrospectiva pienso que fue lo m\u00e1s justo.<\/p>\n<p>Acabo de decir que las im\u00e1genes del velorio son frecuentes acompa\u00f1antes, pero lo curioso del caso es que hay detalles que hoy se me escapan. La visita final del m\u00e9dico, el traslado a la funeraria, qui\u00e9nes acudieron a esa \u00faltima visita, son cosas de las que guardo escaso o nulo recuerdo. Creo que el aturdimiento del momento no me permiti\u00f3 registrar adecuadamente esos aspectos. S\u00ed me acuerdo de mi \u00edntimo \u00faltimo adi\u00f3s: ped\u00ed que me dejaran a solas con sus despojos mortales, y all\u00ed, en esa habitaci\u00f3n donde transcurri\u00f3 sus \u00faltimos d\u00edas y en la cual nos confesamos mutuamente, me desped\u00ed de \u00e9l sabiendo que al final nos hab\u00edamos podido conectar y entender.<\/p>\n<p>Los d\u00edas posteriores fueron extra\u00f1os: algunas amistades nos acompa\u00f1aron al principio, d\u00e1ndonos soporte en las tareas cotidianas tales como lo referente a la alimentaci\u00f3n y al cuidado de la casa. Mi madre estaba devastada, abrumada. Aunque &nbsp;supo mantener la entereza, yo sab\u00eda que por dentro se encontraba destruida, y no estaba en mis manos poderla ayudar en esos momentos, pues andaba igual de aniquilado. Ella no sab\u00eda demostrar amor sino con sus acciones; no era muy proclive a las manifestaciones afectuosas de palabra. Tal vez no sea todo lo justo que debiera, pero debo decir con honestidad que no recuerdo un \u00abte quiero\u00bb saliendo de sus labios, a partir del momento en que entr\u00e9 en mi adolescencia. Pienso que se trataba de una especie de pudor, o tal vez respeto. Tal vez por ello no supimos compartir el luto; cada quien lo vivi\u00f3 por su lado, sin dar o recibir apoyo del otro de manera expresa.<\/p>\n<p>Como nada es eterno, poco a poco la rutina nos fue devolviendo a la realidad. Pudimos lograr el establecimiento de un sistema de convivencia: de manera intuitiva conoc\u00edamos las cosas que pudieran molestar o incomodar al otro, y nos manten\u00edamos en nuestros espacios respectivos. De forma espont\u00e1nea nos dividimos las tareas hogare\u00f1as: ella se ocupaba de la cocina y de la limpieza general de la casa, yo me encargaba de las mascotas &#8211; todav\u00eda estaban con vida las tres perras que me hab\u00eda dejado Margarita, y Hamlet tambi\u00e9n tuvo su \u00abencuentro familiar\u00bb, despu\u00e9s de todo &#8211; y de las peque\u00f1as reparaciones, siempre necesarias en esas construcciones que empiezan a ser vetustas. Y fatalmente tuve que afrontar el hecho m\u00e1s enojoso y frustrante, para m\u00ed: ocuparme del negocio familiar.<\/p>\n<p>Mi primera labor fue conocer el estado financiero de la empresa. Con la enfermedad, mi padre tuvo que delegar la conducci\u00f3n de la tienda en uno de sus empleados m\u00e1s veteranos, el se\u00f1or Garc\u00eda. Pues bien, me entrevist\u00e9 con ese se\u00f1or para hacerle saber que en adelante yo me encargar\u00eda del negocio, y para que me pusiera al d\u00eda con respecto a la marcha financiera del mismo. Cuando le ped\u00ed los libros de contabilidad, not\u00e9 que una cierta alarma le recorri\u00f3 el cuerpo: sus movimientos, su gestualidad, me indicaron que algo estaba sucediendo. Empez\u00f3 a tratar de distraerme con otros asuntos, pero con las palabras de mi padre todav\u00eda frescas en la memoria no se lo permit\u00ed. A rega\u00f1adientes, por fin, me los entreg\u00f3.<\/p>\n<p>Al revisarlos entend\u00ed su reluctancia anterior. Esos no pod\u00edan llamarse, en rigor, libros de contabilidad. El desorden era pat\u00e9tico: las cantidades estaban asentadas de cualquier manera, hab\u00edan d\u00edas sobre los cuales no se guardaba ning\u00fan registro; la \u00faltima anotaci\u00f3n en el libro de bancos la hab\u00eda realizado mi padre. Poco a poco fui llen\u00e1ndome de una c\u00f3lera sorda, me iba poniendo l\u00edvido al entender la magnitud del problema que ten\u00eda entre manos. Garc\u00eda se dio cuenta del asunto, y ese d\u00eda se fue temprano. No lo volv\u00ed a ver: como supe un poco despu\u00e9s, en la reuni\u00f3n que sostuve con unos contadores que contact\u00e9 con urgencia para &nbsp;tratar de sanear la empresa, el hombre estaba desfalc\u00e1ndonos, y desapareci\u00f3 de la ciudad. Por fortuna no le hab\u00eda dado tiempo de completar su obra, pues de otro modo hubi\u00e9ramos tenido que declararnos en quiebra.<\/p>\n<p>Ese d\u00eda regres\u00e9 abatido a la casa. No le d\u00ed muchos detalles a mi madre, solo le cont\u00e9 que hab\u00eda detectado ciertas irregularidades en la contabilidad. Para tratar de despejarme un poco, le puse la correa a Hamlet y salimos a pasear. Era ese momento incierto del d\u00eda en el cual no es tarde ni noche, y la luz adquiere una tonalidad dorada. Es raro que recuerde ese detalle, pero m\u00e1s extra\u00f1o fue lo que ocurri\u00f3: Hamlet se me solt\u00f3 de la correa y corri\u00f3 presuroso hacia un lugar impreciso, al final de la calle. Corr\u00ed tras \u00e9l, pero era mucho m\u00e1s veloz que yo. Por fin lo encontr\u00e9 montando una perra, un hermoso ejemplar de pastor belga. Escuch\u00e9 una voz a mis espaldas.Para mi enorme sorpresa, alguien coment\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfC\u00f3mo se llama esa sensaci\u00f3n que solo se puede nombrar en franc\u00e9s?<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Margarita! &#8211; Atin\u00e9 a exclamar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Toda persona tiene episodios en su vida que quisiera poder borrar de la memoria, ya sea por bochornosos, por rid\u00edculos o por tristes. El funeral de pap\u00e1 es uno de ellos, en mi caso: una de las ocasiones en la que he sentido m\u00e1s tristeza. 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