{"id":2408,"date":"2009-02-08T22:23:38","date_gmt":"2009-02-09T02:23:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=2408"},"modified":"2009-02-08T22:23:38","modified_gmt":"2009-02-09T02:23:38","slug":"microbus","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2009\/02\/08\/microbus\/","title":{"rendered":"Microb\u00fas"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\" style=\"center;\" align=\"center\"><strong><span style=\"ES;\" lang=\"ES\"><span style=\"Arial;\">Microb\u00fas<\/span><\/span><\/strong><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"justify;\" dir=\"rtl\"><strong><span style=\"ES;\" dir=\"ltr\" lang=\"ES\"><span style=\"x-small;\"><span style=\"Arial;\">William Guaregua<\/span><\/span><\/span><\/strong><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"justify;\"><span style=\"ES;\" lang=\"ES\"><span style=\"Arial;\">\u00a0<\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"justify;\"><span style=\"ES;\" lang=\"ES\"><span style=\"x-small;\"><span style=\"Arial;\">Cuando sonaron los ca\u00f1onazos el microb\u00fas ya hab\u00eda entrado a la Casanova con rumbo hacia Petare. El tr\u00e1fico de las seis de la tarde es un terrible r\u00edo que fluye a cuentagotas entre los viejos edificios. Fue f\u00e1cil para el mat\u00f3n entrar al veh\u00edculo varado en la cola. Lo hab\u00edan visto, al Mikel, en la parada de Plaza Venezuela. No lo tumbaron all\u00ed mismo porque, si los ve\u00eda, hab\u00eda cancha abierta para que corriera hacia Sabana Grande y tal vez se escapar\u00eda escurri\u00e9ndose como una sabandija dentro del mar de gente. En cambio dentro del micro, \u00a1no hay salida pap\u00e1! Es como disparar a los peces dentro del barril. Desde la bomba esperaron a que se montara haciendo el paro de que revisaban la m\u00e1quina de 250 cc. Sab\u00edan que a esa hora sal\u00eda del trabajo y como no era viernes era directo a casita, donde Xiomara, tal vez, ya estaba montando la papa de la noche, escuchando reguetones de los CD quemaitos que el Mikel le compraba cuando sobraba algo de plata para que se moviera como s\u00f3lo ella sab\u00eda hacerlo, d\u00e1ndole duro al perreo en los bailes y en la cama, con aquel inmenso trasero capaz de demoler el rancho si equivocaba el golpe. En menos de quince minutos pudieron embutirse treinta nada m\u00e1s y el colector guindado de la puerta, coreando el vallenato del Binomio. La voz de Rafael Orozco cantando desde otro mundo a pesar del plomo, pesado mineral que ni el tiempo oxida y no perdona ni a los huesos. As\u00ed arranc\u00f3 <span style=\"yes;\">\u00a0<\/span>por esa avenida que parece un carnaval de m\u00fasica de distintos tipos mezclada con las cornetas de los autos, el ulular de las sirenas y el acelerar de las motos, una de ellas la que viene a corta distancia. Pasaron entre los improvisados tarantines de buhoneros, modernos turcos que venden ropa importada al mejor precio y hasta productos del Mercal a trueque de billete limpio en el mercado<span style=\"yes;\">\u00a0 <\/span>libre punto com. Las luces del sem\u00e1foro y el pito del fiscal dicen adelante pero no muy lejos el tr\u00e1fico se tranca. Los de la moto esperan a que se pare cerca de una intersecci\u00f3n por donde sea f\u00e1cil salir soplado y all\u00ed se detuvo, en el punto medio de las dos esquinas, centro de gravedad del golpe y del asalto. Salt\u00f3 el parrillero desde la moto, jeanes deste\u00f1idos, franelilla blanca, unos lentes como parabrisas de volkswagen y gorra negra de baseball que mira para atr\u00e1s. Una Glock en la mano algo maltratada de tanto golpe, hala al colector que cae al asfalto y se queda como anestesiado cuando ve el ca\u00f1\u00f3n. Comienzan los gritos, la confusi\u00f3n, el chofer cree que van a asaltarlo por segunda vez en el mes y se arrincona entre el volante y la ventanilla, pero el tipo aparta a la gente con la mano libre hasta poner en la mira al Mikel, a quien no<span style=\"yes;\">\u00a0 <\/span>le dio tiempo de decir ni media palabra cuando son\u00f3 el fogonazo, sali\u00f3 la corta llamarada de la p\u00f3lvora compacta y martillada por la boca del drag\u00f3n de acero y pl\u00e1stico y la c\u00f3nica moldura de plomo como alma que lleva el diablo abri\u00e9ndose paso entre las volutas de humo y el aire, silbando una m\u00fasica de afilador de guada\u00f1a, roz\u00f3 la oreja izquierda de la se\u00f1ora vestida de nazareno que sinti\u00f3 el calor del metal acelerado por una trayectoria precisa, rectil\u00ednea, directa al pecho de la listada camisa<span style=\"yes;\">\u00a0 <\/span>de Mikel, azul y blanca, donde encontr\u00f3 un punto para filtrarse<span style=\"yes;\">\u00a0 <\/span>y quemar los entretejidos hilos de la tela y abrir un agujero negro que contin\u00faa mas adentro de la piel morena, dermis, epidermis, gl\u00e1ndulas seb\u00e1ceas y sudor\u00edparas que ya no sudar\u00edan mas, desgarrando a su paso el entramado de las fibras de los m\u00fasculos, podando los ramajes de los nervios y de los vasos sangu\u00edneos, astillando la cuarta costilla del lado izquierdo como un hacha de carnicero, tocando el coraz\u00f3n exactamente cuando bombeaba al m\u00e1ximo la sangre en aquel cuerpo para que in\u00fatilmente siguiese la vida, haciendo estallar a su paso ventr\u00edculo izquierdo y derecho y dejando la aorta desprendida, como descontrolada manguera de bomberos, asperjando su flujo por toda la cavidad del pecho, mientras el Mikel, o lo que ya quedaba de \u00e9l, volteaba hacia el techo del microb\u00fas unos ojos que s\u00f3lo ten\u00edan el blanco y ya no ve\u00edan a los otros pasajeros que se agachaban en sus asientos o se tiraban por las ventanillas. Una gordita qued\u00f3 atorada, la mitad del cuerpo, de la barriga hacia arriba, en el aire contaminado de la calle, la otra mitad pataleaba en el asiento, mientras el hermanito la halaba por los brazos y la madre la empujaba por las nalgas y ella lanzaba unos gritos de pel\u00edcula de terror, pero all\u00ed no hab\u00eda c\u00e1mara, ni extras, ni director, pero si mucha acci\u00f3n. Un ni\u00f1o miraba desde su asiento con los ojos bien abiertos como de figurita de comic, mientras la madre trataba de taparle la cabeza con su propio cuerpo. Pero como las balas no tienen nombre ni destino final y esta no era precisamente la bala saltarina que jug\u00f3 pinball dentro del cuerpo de J.F. Kennedy, sigui\u00f3 por el pulm\u00f3n que se desinfl\u00f3 como mu\u00f1eco de pl\u00e1stico, sali\u00f3 por la espalda, atraves\u00f3 el semicuero del asiento, quem\u00f3 la gomaespuma del relleno, traspas\u00f3 la l\u00e1mina met\u00e1lica del espaldar y a\u00fan con fuerzas suficientes golpe\u00f3 por un costado a un anciano que se hab\u00eda colocado en posici\u00f3n fetal, que no ten\u00eda ninguna vela en aquel entierro y no contar\u00eda para las maquilladas estad\u00edsticas porque era parte de un mismo expediente. Un segundo fogonazo para rematar al Mikel, le abri\u00f3 la cabeza como una granada madura y se vieron las semillas, rojas, blancas y la pulpa transparente, mientras el vallenato continuaba esparciendo por el aire su apresurada melod\u00eda. El tipo camin\u00f3 hacia el chofer, quien ya ten\u00eda los billetes del d\u00eda en la mano. Se los arrebat\u00f3 sin prisa y lo mir\u00f3 por encima de los lentes oscuros y dibuj\u00f3 entre sus labios una ladeada sonrisa. Salt\u00f3 del autob\u00fas para caer en el asiento trasero de la moto que aceleraba como col\u00e9rico dinosaurio, con la velocidad ya puesta y lista para soltar el croche. Salieron a toda m\u00e1quina mientras el parrillero echaba dos tiros al aire y apuntaba hacia el microb\u00fas hasta perderse en la esquina siguiente y el ruido del escape se diluy\u00f3 en el rumor de una ciudad en movimiento perpetuo. Una alfombra de roja sangre se expandi\u00f3 por el piso del veh\u00edculo y comenz\u00f3 a gotear sobre el asfalto caliente para mezclarse con el aceite quemado del viejo motor y el agua oxidada del radiador. El chofer, a\u00fan temblando, expuls\u00f3 del reproductor el CD por respeto a los difuntos y en la emisora comunitaria FM apareci\u00f3 la voz del ministro en cadena nacional diciendo:<\/span><\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"justify;\"><span style=\"ES;\" lang=\"ES\"><span style=\"Arial;\">\u00a0<\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" style=\"list .5in;\"><span style=\"Arial;\" lang=\"ES\"><span style=\"Ignore;\"><span style=\"Arial;\">&#8211;<\/span><span style=\"7pt &quot;Times New Roman&quot;;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/span><\/span><\/span><span style=\"ES;\" lang=\"ES\"><span style=\"x-small;\"><span style=\"Arial;\">Les tengo una buena noticia, aqu\u00ed ya no se habla de cr\u00edmenes, miren estos n\u00fameros que hoy les traigo. Ac\u00e1 se acab\u00f3 la delincuencia, lo que queda son algunos muchachos desorientados y no me hablen de los ajustes de cuentas entre bandas, que eso no cuenta\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026 <\/span><\/span><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Microb\u00fas William Guaregua \u00a0 Cuando sonaron los ca\u00f1onazos el microb\u00fas ya hab\u00eda entrado a la Casanova con rumbo hacia Petare. El tr\u00e1fico de las seis de la tarde es un terrible r\u00edo que fluye a cuentagotas entre los viejos edificios. Fue f\u00e1cil para el mat\u00f3n entrar al veh\u00edculo varado en la cola. 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