{"id":22360,"date":"2012-03-10T11:42:37","date_gmt":"2012-03-10T16:12:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=22360"},"modified":"2012-03-10T11:42:37","modified_gmt":"2012-03-10T16:12:37","slug":"labrys","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2012\/03\/10\/labrys\/","title":{"rendered":"Labrys"},"content":{"rendered":"<p>Labrys<\/p>\n<p>  (Labrys: Antiqu\u00edsima hacha cretense de dos caras, derivada de las inmemoriales bifaces de la Edad de Piedra. De su nombre proceden las palabras \u201ctrueno\u201d y \u201claberinto\u201d.)<\/p>\n<p>Lo \u00fanico que hay es agua. Nada m\u00e1s hay. En ocasiones, cerca del nunca, un pez de oro se asoma, y pronto vuelve a sumergirse. El Oc\u00e9ano es Infinito y Profundo. Pero exactamente en el centro se yergue la Isla. En el medio de las aguas incesantes; tal vez existe tan solo para remarcar el car\u00e1cter interminable de lo que la rodea, hasta el imposible fin; para que aquel que observe desde afuera lo recuerde. Pero quiz\u00e1s nadie est\u00e9 observando.<\/p>\n<p>La Isla se levanta en el centro de las aguas grises, l\u00edquido que agita el viento melanc\u00f3lico, que tambi\u00e9n, a su modo, es gris. Qui\u00e9n puede determinar d\u00f3nde termina el color y comienza el sentimiento.<br \/>\nJusto en el centro; no importa d\u00f3nde est\u00e9, cualquier punto del Infinito es su centro. Es como si se moviera: la Isla flota, y el centro del Mar se mueve con ella para recibirla.<\/p>\n<p>La Isla es el hogar de los hombres. Los hombres se entienden entre ellos y viven en paz. Ninguno se aventura fuera de la Isla, porque saben que el Mar no tiene t\u00e9rmino, y un solo paso en \u00e9l los perder\u00eda sin remedio: jam\u00e1s podr\u00edan volver. As\u00ed que los hombres decidieron hace mucho quedarse en la \u00fanica tierra firme que conocen. Y tambi\u00e9n decidieron que ser\u00edan felices.<\/p>\n<p>El Sol se movi\u00f3, como todo se mueve; gir\u00f3 incontables veces, incluso sobre su propio eje, para que nadie tuviera derecho a reclamarle nada; marcando as\u00ed, por medio de sus signos, el inasible paso del Tiempo.<br \/>\nLa vida era larga y pr\u00f3spera. Sin relieve, sin sobresaltos, sin aventuras. Y porque estaban rodeados de agua, esos hombres, esos hombres que hab\u00edan decidido ser felices, comenzaron a dudar. \u00bfNo ser\u00eda que se enga\u00f1aban a s\u00ed mismos? Viv\u00edan tranquilos en su tierra, pero en cualquier momento, con sus ojos, o en su memoria, o en sus sue\u00f1os, volv\u00edan a ver el Oc\u00e9ano, y un ligero estremecimiento les sacud\u00eda la piel: a pocos pasos de su felicidad, la duda gris golpeaba la costa, horad\u00e1ndola lentamente. \u00bfQu\u00e9 hab\u00eda m\u00e1s all\u00e1 del Mar? \u00bfEra real su satisfacci\u00f3n, ten\u00eda sentido?<br \/>\nSe congregaron en la plaza central, la misma que usaban a\u00f1o tras a\u00f1o para realizar las fiestas de gran pompa en que se congraciaban con el Dios, cuando el fugaz Sol se encontraba en un preciso punto se\u00f1alado. En esa plaza que est\u00e1 en el centro de la Isla que est\u00e1 en el centro del Mar se juntaron: esta vez no para agradecer, sino para cuestionar.<br \/>\nEl rey Minos y la reina Pasifae salieron al balc\u00f3n de su palacio, acompa\u00f1ados de sus hijos, la bella Ariadna y el fuerte Androgeo; y junto al pueblo, que estaba m\u00e1s abajo, congregado en la plaza, levantaron la cabeza y contemplaron el Cielo despejado y casi alegre. Clamaron que la existencia era feliz, demasiado feliz para ser cierta, y le exigieron al Dios que diera alguna se\u00f1al; lo conminaron a que se presentara ante ellos y les declarara si su dicha era real, o una cruel mentira. Si el Dios aparec\u00eda, si se dejaba ver, si comprobaban su Ser, eso ser\u00eda prueba suficiente de que el Universo estaba justificado.<br \/>\nTodos oyeron un llamado en su coraz\u00f3n, silencioso pero inapelable; una voz que sin palabras los instaba a acercarse a la playa.<\/p>\n<p>La playa marca el l\u00edmite entre la Isla y el Mar. Entre la Isla y el Resto. Encabezados por los monarcas, el pueblo lleg\u00f3 a la arena que se\u00f1ala el borde de la seguridad y la certeza, y observ\u00f3 las aguas con oscura esperanza, aguardando la se\u00f1al con que hab\u00edan desafiado al Dios; y la se\u00f1al lleg\u00f3.<br \/>\nAbri\u00e9ndose paso por entre la espuma y el asombro, surgi\u00f3 del Oc\u00e9ano un Toro magn\u00edfico; el Dios hab\u00eda prometido, y cumpl\u00eda con la palabra empe\u00f1ada. Pero ahora los hombres se arrepent\u00edan de haber preguntado lo que no les conven\u00eda saber: porque ese animal sagrado, que demostraba la existencia del Dios, mostraba su oblicua esencia: un ser irracional hab\u00eda emergido absurdamente desde aquella Nada Infinita por la cual se lo cuestionaba. Era una paradoja espantosa: el Dios exist\u00eda fuera de toda duda; pero no as\u00ed el Orden que se supon\u00eda deb\u00eda deducirse de su Ser. El Universo no es Cosmos: es Caos. <\/p>\n<p>El coraz\u00f3n humano es tan profundo como el Mar. La primera en entender plenamente las consecuencias de lo que acababa de ocurrir fue la reina Pasifae: en cuanto vio a aquel Absurdo surgiendo de las aguas, perdi\u00f3 la raz\u00f3n y encontr\u00f3 la pasi\u00f3n. Se enamor\u00f3 del magn\u00edfico Toro, con una obsesi\u00f3n tan intensa que ocup\u00f3 todo el espacio de su alma, sin dejar lugar a ning\u00fan otro sentimiento o pensamiento. Se solt\u00f3 de la mano de su esposo, y cay\u00f3 de rodillas, admirando al Divino Desprop\u00f3sito. <\/p>\n<p>El coraz\u00f3n humano es tan extenso como el Mar. El rey Minos contempl\u00f3 a su mujer arrodillada en la arena, y entendi\u00f3 que ese amor torcido jam\u00e1s podr\u00eda enderezarse. Pero amaba a su reina con un sentimiento sin condiciones: aunque sab\u00eda que no ser\u00eda correspondido. Su amor se profundiz\u00f3 con la traici\u00f3n; y para complacerla, hizo traer, de la Ciudad de los Fil\u00f3sofos, a D\u00e9dalo, el gran arquitecto.<\/p>\n<p>D\u00e9dalo era el t\u00e9cnico m\u00e1s h\u00e1bil de toda la Isla; invent\u00f3 el arte de la metalurgia, los canales de riego que se nutr\u00edan del Mar, y la m\u00e1quina que marcaba el tr\u00e1nsito del Sol y se\u00f1alaba el fin y el comienzo de cada a\u00f1o. Era el m\u00e1ximo pensador, solo pensador: exacto, fr\u00edo y mec\u00e1nico como sus creaciones; pero, al igual que sus creaciones, carec\u00eda de alma. No cre\u00eda en nada, y por eso pod\u00eda todo: era la pura racionalidad encarnada, despojada de toda clase de pasi\u00f3n y compromiso.<br \/>\nJustamente por eso no tuvo reparos cuando lo empujaron al l\u00edmite; cuando Minos le pidi\u00f3 que pusiera su suprema condici\u00f3n humana al servicio del Animal-Dios: D\u00e9dalo habr\u00eda de construir una vaca hueca de metal, para que pudieran satisfacerse aquellas enfermizas pasiones: la de Pasifae por el Toro y la de D\u00e9dalo por un problema a resolver.<br \/>\nLa reina se ocultaba en el interior de esa c\u00e1scara artificial, y el Toro Sagrado pod\u00eda as\u00ed unirse a quien no amaba.<\/p>\n<p>El fruto de ese amor asim\u00e9trico fue el asim\u00e9trico monstruo Minotauro; una criatura dual que es un s\u00edmbolo vivo: el horror que nace cuando el hombre se involucra con el Absurdo.<\/p>\n<p>El joven monstruo crec\u00eda veloz; y su vista, retorci\u00e9ndose y bramando, resultaba insoportable. Entonces Minos pens\u00f3 en aniquilarlo. Pero la pasi\u00f3n que lo hab\u00eda creado era inagotable, y sus progenitores volver\u00edan a engendrarlo una y otra vez, sin fin.<br \/>\nEl rey razon\u00f3 que, ya que no hab\u00eda manera de destruirlo, la misma T\u00e9cnica, que hab\u00eda permitido su nacimiento, deb\u00eda ser ahora la encargada de encerrarlo y ocultarlo.<br \/>\nD\u00e9dalo construy\u00f3 entonces el Laberinto: la patolog\u00eda de la racionalidad. El l\u00edmite de la raz\u00f3n, la raz\u00f3n empleada para que la raz\u00f3n se extrav\u00ede. Arras\u00f3 el espl\u00e9ndido palacio de Minos, y en sus terrenos levant\u00f3 el desmesurado y soberbio edificio dise\u00f1ado para la perplejidad y la perdici\u00f3n; y con grandes esfuerzos y precauciones recluyeron al monstruo.<\/p>\n<p>El coraz\u00f3n humano es tan oscuro como el Laberinto. Pasifae busc\u00f3 a su espantosa criatura, y al no hallarla se desesper\u00f3, y se hundi\u00f3 a\u00fan m\u00e1s en la locura. Sentada en su trono clam\u00f3 a gritos, pidiendo, exigiendo, que le restituyeran a su reto\u00f1o. Y el pueblo, otra vez reunido en la ahora desmantelada plaza, tembl\u00f3 de pavor al oir los lamentos de su reina.<br \/>\nEn el trono de al lado Minos bajaba la cabeza con los ojos muy abiertos y vac\u00edos, mientras se sumerg\u00eda en su propia desolaci\u00f3n y perd\u00eda su antes clara cordura.<br \/>\nEl Minotauro crec\u00eda en su c\u00e1rcel de puertas abiertas; su madre lo reclamaba con l\u00e1grimas en los ojos y en el coraz\u00f3n; y Minos y su pueblo viv\u00edan en un temor sobrenatural y en la m\u00e1s completa inacci\u00f3n. Hasta que una grieta se abri\u00f3 en el alma del soberano, y la parti\u00f3 en dos, en tres, en mil pedazos; se levant\u00f3 temblando de c\u00f3lera y mand\u00f3 que le trajeran de inmediato a D\u00e9dalo.<br \/>\nSin mayor tr\u00e1mite lo conden\u00f3 a muerte, a \u00e9l que hab\u00eda alcanzado la cima de s\u00ed mismo, a \u00e9l que hab\u00eda marcado el paso del Sol; lo conden\u00f3 a muerte sin causa, sin culpa, sin motivo, sin raz\u00f3n. Y el gran arquitecto se inclin\u00f3 sobre el cadalso y recibi\u00f3 el labrys como hab\u00eda recibido todo lo dem\u00e1s en su vida: sin emoci\u00f3n.<\/p>\n<p>El coraz\u00f3n humano es tan confuso como el Laberinto. Desde la venida del Toro, la incertidumbre hab\u00eda ganado por completo el alma de los hombres; y toda actividad hab\u00eda cesado bruscamente, porque si el Universo no tiene sentido, entonces nada tiene sentido. Pero no era posible vivir sin m\u00e1s en esa constante espera sin esperanzas; y los hombres decidieron enga\u00f1arse a s\u00ed mismos y se declararon unos a otros que el Dios hab\u00eda efectuado ese milagro atroz para demostrar el Orden de Todo, o m\u00e1s bien el Orden de Todo-el-Resto, en oposici\u00f3n a aquel m\u00e1ximo signo del Sinsentido. Se lo repet\u00edan unos a otros sin cesar: las mujeres en los desolados mercados, los padres a sus hijos en los hogares, los amantes en la penumbra de los umbrales tard\u00edos: Aquello no fue nada, no fue nada; la vida tiene sentido. Sigamos comprando, sigamos educando, sigamos besando. Pero el s\u00edmbolo hab\u00eda existido y hab\u00eda sido visto, nada volver\u00eda a ser igual, aunque lo negaran; y en los sombr\u00edos atardeceres resuena el bramido del Minotauro, y los hombres se estremecen porque recuerdan que no lo han olvidado.<\/p>\n<p>El coraz\u00f3n humano es tan retorcido como el Laberinto. La farsa no pod\u00eda durar. Esta nueva felicidad era impostada e insustancial, falsa, y un resentimiento sin destinatario claro se difundi\u00f3 por toda la Isla. Cundi\u00f3 el descontento, y m\u00e1s tarde, la ira. La violencia entre los hombres, desde aquella primera ejecuci\u00f3n sumaria, hab\u00eda aumentado, y se contagiaba veloz. El padre estaba contra el hijo, y el hijo contra el padre. En un disturbio en la Ciudad de los Fil\u00f3sofos, donde hab\u00eda nacido D\u00e9dalo, fue muerto Androgeo, el hijo de Minos.<br \/>\nDos guardias arrojaron los despojos ensangrentados ante el trono y se marcharon sin pronunciar palabra. Y por primera vez en mucho tiempo salieron \u00f3rdenes del palacio. Era un mandato pavoroso, pero los hombres lo acataron porque, a diferencia del terror desnudo en que viv\u00edan sumidos, aquel terror nuevo tra\u00eda una apariencia de Orden. Ese simulacro los calmaba, solo por la regularidad que significar\u00eda para sus vidas a la deriva; por eso no lo cuestionaron. El rey Minos mandaba que, as\u00ed como \u00e9l y su primog\u00e9nito hab\u00edan tenido que enfrentar lo peor, todos hicieran lo propio: cada hombre y mujer, al llegar a la edad que Androgeo ten\u00eda al fallecer, ingresar\u00eda al Laberinto y se enfrentar\u00eda al Minotauro. El que pudiera salir bien librado, ser\u00eda dispensado de cualquier sacrificio ulterior, libre para hacer lo que deseara, si es que ten\u00eda todav\u00eda algo que desear.<br \/>\nLos hombres callaron, y aceptaron. Ya no ten\u00edan nada que perder. Ni que ganar.<\/p>\n<p>El coraz\u00f3n humano es tan manso como las aguas. Uno tras otro entraban los j\u00f3venes al Palacio del Minotauro, por turnos; ninguno regres\u00f3.<br \/>\nLos mayores enviaban a sus hijos a enfrentar el Horror, y volv\u00edan a casa algo cabizbajos; no llegaban a sentirse tranquilos por cumplir y hacer cumplir la Ley que los exim\u00eda del abrazo del hijo del Dios. Era solo cuesti\u00f3n de tiempo para que tambi\u00e9n los viejos se toparan con su Fin, y como todo hab\u00eda sido creado por el Dios\u2026 Tarde o temprano cada uno tendr\u00eda que dar la cara ante su propio monstruo.<br \/>\nLa poblaci\u00f3n de la Isla disminu\u00eda; la vida, tan rara en el Universo, escaseaba, porque eran m\u00e1s los hombres que mor\u00edan que los que nac\u00edan. Los hombres que ya exist\u00edan, que sufr\u00edan, no quer\u00edan traer al Mundo m\u00e1s sufrimiento.<\/p>\n<p>El coraz\u00f3n humano es tan raro como la Isla en medio del Mar. El joven Teseo hab\u00eda nacido en la Ciudad de los Fil\u00f3sofos, donde pereci\u00f3 el hijo de Minos. El d\u00eda previo a alcanzar la edad de la Prueba, lo embarg\u00f3 un sentimiento que se hab\u00eda convertido en poco com\u00fan entre los hombres: tuvo miedo de su suerte. Temeroso de su destino, consult\u00f3 el or\u00e1culo del Dios; templo que hab\u00eda sido abandonado, porque nadie pod\u00eda ya creer en vaticinios: el futuro est\u00e1 sometido al capricho del Omnipotente, y no regido por la raz\u00f3n del Omnisciente.<br \/>\nTeseo atraves\u00f3 el jard\u00edn de pastos crecidos y senderos de piedra quebrada. Hizo a un lado las espesas enredaderas que hab\u00edan invadido la magn\u00edfica puerta e ingres\u00f3 al templo derruido. Al fondo hall\u00f3 la grieta en el suelo sin edad que era el or\u00e1culo: por ah\u00ed se filtraban los vapores prof\u00e9ticos del mar que rodeaba a la Isla por los lados y por debajo. Junto al profundo santuario se aburr\u00eda, inclinada sobre unos muebles en ruinas, la bella y perdida sacerdotisa. Sin prestarle apenas atenci\u00f3n le cobr\u00f3 la tarifa usual, casi sin mirarlo ni hablarle; y se acerc\u00f3 al or\u00e1culo y aspir\u00f3 los humos adivinatorios y t\u00f3xicos. En el idioma de los hombres, veneno y ant\u00eddoto se dicen con la misma palabra. Entonces la pitonisa fue pose\u00edda, y el Dios Lejano e Inescrutable habl\u00f3 por su boca humana.<br \/>\n\u2013Te prometo el \u00e9xito si te dejas guiar por el amor \u2013dijo con voz terrible. Luego sali\u00f3 del cuerpo extenuado de la mujer, que cay\u00f3 al suelo, fuera de s\u00ed.<br \/>\nTeseo sali\u00f3 del templo del Dios con un \u00e1nimo muy diferente del que ten\u00eda antes de entrar. Ante semejante promesa, su antiguo temor se hab\u00eda desvanecido, y ahora lo colmaba el deseo de entrar al Laberinto y destruir al Minotauro. Era una obsesi\u00f3n igual de poderosa, e inextinguible.<\/p>\n<p>El Sol volv\u00eda a elevarse sobre el horizonte, como tantas otras veces en el pasado; como en todas las ocasiones en que el hombre lo hab\u00eda contemplado. Qu\u00e9 patra\u00f1a, pens\u00f3 Ariadna, qu\u00e9 simulacro fallido y perezoso de Ley; m\u00e1s que regularidad era mera repetici\u00f3n, inercia: lo normal es m\u00e1s f\u00e1cil que el milagro.<br \/>\nSe instal\u00f3 en la puerta del Laberinto, como hac\u00eda todos los d\u00edas, para despedir a los que ingresaban a sus m\u00faltiples habitaciones y corredores. No quer\u00eda que murieran sin haber saboreado antes una \u00faltima sonrisa humana. Sin embargo, esa ma\u00f1ana a\u00fan no hab\u00eda llegado nadie; el lugar estaba desierto, pero aguardando.<br \/>\nTeseo la vio desde lejos, y se ilumin\u00f3. El Dios lo condenaba sin remedio, pero tambi\u00e9n le daba la oportunidad de la salvaci\u00f3n, si sab\u00eda interpretar sus sutiles se\u00f1ales.<br \/>\nAriadna lo vio desde lejos y se ilumin\u00f3, pero se puso en guardia. Tal vez estaba ya tan acostumbrada a la desesperaci\u00f3n que no la hubiera cambiado por la felicidad. Pero algo cierto hab\u00eda acontecido, un hecho definitivo que condicionar\u00eda todo lo porvenir.<br \/>\nSe acercaron el uno al otro en silencio. Ella fue la primera en hablar.<br \/>\n\u2013\u00bfVienes al Laberinto a enfrentar tu destino? \u2013le pregunt\u00f3.<br \/>\n\u2013S\u00ed \u2013respondi\u00f3 \u00e9l. \u2013Pero mi destino no es, como crees, sucumbir: yo voy a destruir al Minotauro.<br \/>\n\u2013El Minotauro no puede ser destruido \u2013repuso ella, con ese pensamiento en su mente pero con una ligera ilusi\u00f3n en contrario en su coraz\u00f3n. \u2013Es m\u00e1s fuerte que cualquier hombre; sus huesos son de bronce, y su alma, de sombras; sus cuernos est\u00e1n m\u00e1s afilados que un labrys. T\u00fa no podr\u00e1s vencerlo. Incluso si lo matas, \u00e9l volver\u00eda a nacer, una y otra y otra vez, hasta el Fin; mientras t\u00fa, siempre el mismo, envejecer\u00e1s, te gastar\u00e1s. T\u00fa eres pasajero, pero \u00e9l es inmortal.<br \/>\nTeseo se entristeci\u00f3 grandemente. Cre\u00eda que su valor ser\u00eda contagioso, imaginaba que inspirar\u00eda el mismo valor en la mujer que amaba; quiz\u00e1s m\u00e1s valor a\u00fan que el que \u00e9l mismo pose\u00eda.<br \/>\n\u2013Tal vez tengas raz\u00f3n \u2013reconoci\u00f3. \u2013Tal vez todo esfuerzo sea in\u00fatil, tal vez toda esperanza sea en vano. Pero m\u00e1s in\u00fatil a\u00fan es vivir de este modo; m\u00e1s vana es la cobard\u00eda de ni siquiera intentarlo.<br \/>\n\u201cSi destruyo al Minotauro, el Mundo volver\u00e1 a tener sentido [y quiz\u00e1s entonces t\u00fa me ames].Y si al menos lo intento, entonces, al menos, ser\u00e9 yo quien le de un sentido al Mundo. Voy a enfrentar mi nuevo destino: intentar vencer el Horror.<br \/>\nAriadna era la hija de Minos, el rey capaz de un amor tan poderoso, que la traici\u00f3n de su amada no hizo m\u00e1s que profundizarlo: el rey siempre fiel a s\u00ed mismo, a su propia Ley, aunque fuera precisamente esa ley autoimpuesta la que lo aniquilar\u00eda por completo. Por eso la hija del rey pudo comprender a Teseo, y sus ansias de combatir aquello que amenazaba con reducirlo a la Nada. Su madre Pasifae se hab\u00eda enamorado del Absurdo; ahora ella se enamoraba de quien desafiaba al Absurdo.<br \/>\nLa bella cara de Ariadna hab\u00eda cambiado: de alg\u00fan modo, estaba a\u00fan m\u00e1s hermosa. Indudablemente, la piel y la carne y los huesos eran los mismos de antes; pero ahora el alma se asomaba a ellos.<br \/>\n\u2013Espera aqu\u00ed un momento \u2013susurr\u00f3.<br \/>\nVolvi\u00f3 a los restos del palacio de Minos; del cadalso abandonado \u2013pues ya nadie se ocupaba de cumplir la ley ni de violarla\u2013 tom\u00f3 el labrys a\u00fan ensangrentado. Luego desteji\u00f3 veloz una de sus s\u00e1banas, y form\u00f3 un irregular ovillo con el hilo; no era una obra perfecta como la que podr\u00eda haber creado el h\u00e1bil D\u00e9dalo pero, en su sencillez y rusticidad, era honesta, y cumplir\u00eda su misi\u00f3n.<br \/>\nTeseo, ante la puerta del Laberinto, aguardaba impaciente; tem\u00eda que ella jam\u00e1s regresara. Eso s\u00ed ser\u00eda insoportable. Al fin apareci\u00f3, y por un momento ambos parecieron serenarse.<br \/>\n\u2013Toma este hilo \u2013dijo Ariadna. \u2013Desenr\u00f3llalo a medida que avances; te acompa\u00f1ar\u00e1. Y toma este labrys: cuando halles al monstruo, exterm\u00ednalo: deg\u00f3llalo sin piedad, sin remordimiento; que su sangre espesa e infame vea la luz, y \u00e9l, la oscuridad. Luego, vuelve a enrollar el hilo: te conducir\u00e1 de vuelta a la salida, de vuelta a m\u00ed. Te estar\u00e9 esperando. Adi\u00f3s [dulce Teseo, amor de mi vida; s\u00e9 que lo sabes, pero no puedo dec\u00edrtelo. Me han traicionado tantas veces\u2026 No me atrevo, tengo miedo. Pero te amo. Quiero que sepas que te amo].<br \/>\nEntonces Teseo tom\u00f3 los presentes, la mir\u00f3 con profundidad, y sin besarla entr\u00f3 al Laberinto.<\/p>\n<p>Teseo recorre los pasillos vac\u00edos. Las paredes son lisas, el piso es liso, todo es del mismo color; apenas es posible diferenciar un corredor de otro por los esqueletos ca\u00eddos. Tambi\u00e9n hay un esqueleto que vive dentro de \u00e9l. Detr\u00e1s va el hilo de Ariadna; por delante, el pesado labrys de bronce, presto y cruel. El Minotauro no aparece, pero se lo adivina a cada paso, a cada respiro. Igual que el padre de su padre, el Dios, que no est\u00e1 en ninguna parte pero se presenta en cada rinc\u00f3n. Aguarda agazapado, acechando, siempre a la vuelta de la pr\u00f3xima esquina; la expectativa de Teseo acelera su coraz\u00f3n: el \u00f3rgano tambi\u00e9n es un Laberinto en el que se debaten los h\u00e9roes y los monstruos.<br \/>\nEl Minotauro tambi\u00e9n me busca; los dos estamos encerrados.<\/p>\n<p>\u201cHubo un tiempo, ya lejano y perdido, en que sol\u00eda consolarme de mi melancol\u00eda pensando que en realidad yo era el normal, y lo monstruoso, el resto del Universo. M\u00e1s tarde llegu\u00e9 a aceptar que el diferente era yo, para, m\u00e1s tarde a\u00fan, dejar de aceptarlo, y llegu\u00e9 entonces a creer que nada era diferente (pero, \u00bfdiferente a qu\u00e9?), sino, apenas, dis\u00edmil: pura multiplicidad sin centro, como este Laberinto en que estoy encerrado y en el que vivo. Como el Laberinto en que todos estamos encerrados y en el cual vivimos. Ese esp\u00edritu dial\u00e9ctico y conciliador lleg\u00f3 a aburrirme cuando, al levantarme por las ma\u00f1anas, recordaba que ya todo estaba resuelto, y solo quedaba aguardar con paciencia el fin; fin aparentemente inevitable pero, por desconocido, tan lejano\u2026<br \/>\n\u201cSupongo que todo es simplemente como es, como tiene que ser. No puedo salir del Laberinto para compararlo con el exterior. Si no puedo salir, es porque no existe el \u2018afuera\u2019.<br \/>\n\u201cAhora todo vuelve; s\u00e9 que nac\u00ed para ser el final de todas las cosas, y me encuentro yo mismo convertido en una cosa, otra cosa m\u00e1s que busca su final. \u00bfCu\u00e1l ser\u00e1?<br \/>\n\u201cNunca me detengo; los corredores se bifurcan, se bifurcan y vuelven a bifurcarse; mis pasos resuenan en las galer\u00edas vac\u00edas, cubiertas de polvo y sin telara\u00f1as. Jam\u00e1s sabr\u00e9 lo que me depara el futuro, el pr\u00f3ximo instante. Siempre estar\u00e9 un paso atr\u00e1s, y siempre un paso adelante.\u201d <\/p>\n<p>El coraz\u00f3n humano es tan absurdo como el Universo. Minos buscaba a su amada, pero ella permanec\u00eda m\u00e1s all\u00e1 de su alcance: estaba en manos del Dios. El Universo se desmoronaba, y ella pasaba los d\u00edas en el interior de la vaca de hierro que hab\u00eda forjado D\u00e9dalo para su malsana satisfacci\u00f3n. La vida hab\u00eda perdido su centro, y ella lo colocaba de manera artificial en esa perversi\u00f3n permanente.<br \/>\nCuando un problema no tiene soluci\u00f3n, solo resta la venganza. No interesa contra qui\u00e9n; si hay un mal, que tenga retribuci\u00f3n: no importa la justicia, solo importa la violencia.<br \/>\nEn un solo latido de su coraz\u00f3n, el infinito amor de Minos contra su mujer se trastoc\u00f3 en inacabable aborrecimiento. \u00c9l tambi\u00e9n buscaba su propio centro; \u00e9l tambi\u00e9n quer\u00eda justificar su propia existencia; pero todo hab\u00eda conspirado en su contra: ni la Bondad, ni la Justicia, ni el Amor, hab\u00edan servido para nada: no hab\u00edan tenido ning\u00fan efecto. Su reino estaba en completa decadencia y muy pronto, con un d\u00e9bil suspiro, la Vida Humana se extinguir\u00eda; y sin nada que la sostuviera, la Isla se hundir\u00eda en el Oc\u00e9ano sin fondo y no quedar\u00eda rastro ni memoria de su pasada grandeza y esplendor. Se perder\u00edan para siempre las grandes creaciones del hombre, sus valerosas resistencias contra el Mundo ca\u00f3tico: desaparecer\u00edan la matem\u00e1tica, la ciencia, la t\u00e9cnica y el arte. Tambi\u00e9n el amor. El Dios no las recordar\u00eda, porque evidentemente no se interesaba en esas cosas. No era el \u00fanico<br \/>\nSolo quedaba enviarle un mensaje, a todos: al Universo, al Dios, a Pasifae; solo un s\u00edmbolo. Lo m\u00e1ximo a que puede aspirar un hombre en esta vida es a dar un s\u00edmbolo; tal vez, a convertirse \u00e9l mismo en un s\u00edmbolo.<br \/>\nMinos tom\u00f3 del suelo un labrys oxidado, abandonado por alg\u00fan guardia fugitivo; y, en pleno acto de amor, descuartiz\u00f3 al Toro Sagrado. Luego puso un candado en la vaca falsa, esa c\u00e1scara vac\u00eda, esa pura superficie y apariencia, encerrando a su amada; y encendi\u00f3 una gran hoguera por debajo. Los terribles gritos de dolor se abrieron paso a trav\u00e9s del metal, pero no a trav\u00e9s de la perdici\u00f3n.<\/p>\n<p>Todos los esqueletos se parecen; y al cabo de varios cientos dejan de servir como se\u00f1ales para orientarse en las habitaciones infinitas. En ocasiones hac\u00eda marcas en las paredes con el labrys para as\u00ed distinguir un cuarto de otro, pero las marcas nunca volv\u00edan. A veces, un lev\u00edsimo rompimiento de la monoton\u00eda gris, cuando en un corredor transversal al que recorr\u00eda se adivinaba una tenue l\u00ednea a ras del suelo: era su hilo, se cruzaba con su propia huella.<br \/>\nPas\u00f3 un tiempo que solo Teseo podr\u00eda haber medido, pero no se preocup\u00f3 de hacerlo. No le importaba; siempre ser\u00eda demasiado. Una enorme monta\u00f1a de pasado se acumulaba a sus espaldas; el tiempo se desenrollaba igual que su ovillo; el futuro se aproximaba, implacable, cada vez menos grueso, cada vez m\u00e1s fatal. Y al acabarse el hilo, se encontr\u00f3 en un callej\u00f3n sin salida. Ese pasillo terminaba en un s\u00f3lido muro, id\u00e9ntico a las paredes, id\u00e9ntico al techo y al piso, id\u00e9ntico a todo. Gris e inevitable. El corredor terminaba abruptamente, sin esperanzas ni explicaciones, sin conducir a ninguna parte.<br \/>\nNo hab\u00eda otra cosa que hacer: dio media vuelta y comenz\u00f3 el camino inverso, tratando de no indagar en esa pared fuera de lugar, por miedo a perder la raz\u00f3n.<br \/>\nEl Monstruo no hab\u00eda aparecido: ese era el mayor Absurdo de todos. Helaba la sangre y sacud\u00eda y despertaba a los fantasmas de la locura; casi era lo m\u00e1s l\u00f3gico, lo m\u00e1s coherente. Quiz\u00e1s hab\u00eda Orden en el Mundo, despu\u00e9s de todo; y esa tragedia no era m\u00e1s que una espantosa pesadilla, como un enorme pez de oro que hubiera irrumpido brevemente en la Realidad; al menos servir\u00eda como contraste: ahora todos apreciar\u00edan en su justa medida el Sentido del Universo, y volver\u00edan a reunirse en la plaza para agradecerle al Dios por haber enviado esa patol\u00f3gica se\u00f1al que, al fin y al cabo, demostraba su existencia y su sabidur\u00eda; si bien de un modo complejo y arduo y acaso retorcido, como conviene a un Dios, a un Ser Infinito que no nos es dado nunca terminar de entender; nos basta con saber que \u00c9l sabe lo que hace.<br \/>\nEl ovillo crec\u00eda, y recuperaba las esperanzas que hab\u00eda dejado esparcidas por el suelo: pronto me reunir\u00e9 con mi amor, pensaba. No faltaba mucho; ese era el primer esqueleto de la serie, estaba seguro de reconocerlo: doblando aquel \u00e1ngulo estaba la Entrada que se convertir\u00eda en la Salida, y luego en la Felicidad.<br \/>\nVolvi\u00f3 a pisar la tierra de la Isla, y la luz del Sol lo encegueci\u00f3. Tante\u00f3 con las manos, buscando. Al fin sus ojos se habituaron otra vez a la claridad del Mundo; pero Ariadna no estaba ah\u00ed.<br \/>\nTeseo, desesperado, especul\u00f3. \u201c\u00bfCu\u00e1nto tiempo estuve perdido? \u00bfSe habr\u00e1 cansado de esperarme? Entonces \u00bfpor qu\u00e9 me dio el hilo y el labrys, las soluciones que me incitaron a hundirme en el Laberinto? Sobreviv\u00ed; pero no tengo a la mujer que amo, y la mujer que me ama no me tiene a m\u00ed. \u00bfCu\u00e1l ser\u00e1 mi culpa? \u00bfQu\u00e9 ha sido de la promesa del Dios?\u201d<br \/>\nSe escuch\u00f3 entonces desde el Laberinto el triste bramido con que el Minotauro sol\u00eda detener el curso de la sangre de los hombres. Si no existe el Orden, el Dios no tiene por qu\u00e9 cumplir sus promesas. Ni el Dios, ni nadie.<\/p>\n<p>Teseo vivi\u00f3 luego muchas otras aventuras, que tampoco permanecen en el coraz\u00f3n de los hombres. <\/p>\n<p>Dami\u00e1n Gandlaz<br \/>\ndgandlaz@hotmail.com<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Labrys (Labrys: Antiqu\u00edsima hacha cretense de dos caras, derivada de las inmemoriales bifaces de la Edad de Piedra. De su nombre proceden las palabras \u201ctrueno\u201d y \u201claberinto\u201d.) Lo \u00fanico que hay es agua. Nada m\u00e1s hay. En ocasiones, cerca del nunca, un pez de oro se asoma, y pronto vuelve a sumergirse. 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