{"id":21510,"date":"2012-02-22T07:40:17","date_gmt":"2012-02-22T12:10:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=21510"},"modified":"2012-07-16T14:43:25","modified_gmt":"2012-07-16T19:13:25","slug":"mi-vida-traves-de-los-perros-vi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2012\/02\/22\/mi-vida-traves-de-los-perros-vi\/","title":{"rendered":"Mi vida, a trav\u00e9s de los perros (VI)"},"content":{"rendered":"<div class=\"separator\" style=\"clear: both;text-align: center\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.universalpet.es\/wp-content\/\/making-a-dog-snow-angel.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.universalpet.es\/wp-content\/\/making-a-dog-snow-angel.jpg?resize=400%2C292\" alt=\"\" width=\"400\" height=\"292\" border=\"0\" \/><\/a><\/div>\n<p>En vista de mi repentina y obligada mudanza a la secci\u00f3n monta\u00f1osa del pa\u00eds, ubicada hacia el occidente,\u00a0estuvimos inmersos en varias semanas de preparativos; entre las compras de vestuario adecuado para los fr\u00edos inclementes de la regi\u00f3n a donde me dirig\u00eda, la selecci\u00f3n de los objetos que iba a llevarme conmigo y las largas charlas nocturnas, oscilantes de lo aleccionador a lo nost\u00e1lgico, se nos pas\u00f3 veloz el tiempo.\u00a0\u00a0Tuvimos que tocar un tema espinoso, relacionado con mi perro. Desde el principio dej\u00e9 claro que no pensaba dejarlo, pero todos se opusieron a ello, alegando cosas sumamente sensatas. Pero mi insistencia prevaleci\u00f3, y tras una consulta con los due\u00f1os de la pensi\u00f3n quienes dieron su autorizaci\u00f3n para que llevara mi mascota, pude lograrlo. Creo que en el fondo fue un alivio para todos, ya que Hamlet no le hac\u00eda caso a nadie fuera de m\u00ed, y su permanencia en la casa hubiera sido un quebradero de cabeza. \u00a0Mi padre me dio una gran sorpresa al cederme su Bel-air para facilitarme el transporte en mi nuevo destino; ya el veh\u00edculo ten\u00eda diez a\u00f1os con nosotros, y presentaba los achaques previsibles; \u00e9l adquiri\u00f3 un carro m\u00e1s acorde con su posici\u00f3n y edad, un majestuoso Ford Mercury Cougar que despertaba admiraci\u00f3n y envidia entre nuestros vecinos.<\/p>\n<p>Por fin lleg\u00f3 el gran d\u00eda: recuerdo con mucha nitidez los pormenores de ese viaje. Despu\u00e9s de una emotiva despedida de mi madre, emprendimos la traves\u00eda. Mucho antes del despuntar del amanecer, alrededor de las tres de la ma\u00f1ana, en procura de llegar a nuestro destino con luz de d\u00eda. Armados de termos de caf\u00e9 y sandwiches, nos alternamos en el volante mi padre y yo: \u00a0hac\u00eda alg\u00fan tiempo hab\u00eda comenzado a utilizar el veh\u00edculo en peque\u00f1as diligencias dom\u00e9sticas, y ya ten\u00eda mi licencia de manejo, pero ese iba a ser mi bautizo en la carretera. Ese d\u00eda\u00a0atravesamos la mitad de la naci\u00f3n, durante unas quince horas en las cuales transitamos por f\u00e9rtiles valles sembrados de ca\u00f1a y de ma\u00edz, vastas llanuras de escueta vegetaci\u00f3n en donde la vista se perd\u00eda en un horizonte \u00e1rido y chato, inextricables selvas nubladas de inmensos y frondosos \u00e1rboles cubiertos de musgo \u00a0y estrechos pasos monta\u00f1osos en los cuales pudimos gozar del espect\u00e1culo de la nieve, todo en un solo d\u00eda.\u00a0Me toc\u00f3 manejar en la parte m\u00e1s segura pero al mismo tiempo m\u00e1s aburrida, el sector de los llanos. Interminables rectas, desoladas la mayor parte del tiempo, que invitaban a presionar el pedal del acelerador hasta el fondo, en procura de llegar a un enga\u00f1oso final que se volv\u00eda nuevamente principio, pero no pasaba de deseo ya que la mirada de mi padre, fija sobre el veloc\u00edmetro, no me permit\u00eda pasar de los 60 Km. por hora so pena de relevarme al volante. En el asiento trasero iba Hamlet, asomado a la ventana, ladr\u00e1ndole a los espor\u00e1dicos animales con los cuales nos cruzamos en nuestro camino, por lo general algunas recuas de fam\u00e9licos burros o reba\u00f1os de ganado vacuno, tendido al sol al borde de la carretera. Tanto mi padre como yo \u00e9ramos de talante taciturno, por lo que el viaje estuvo plagado de largos silencios interrumpidos cuando era necesario, para alguna indicaci\u00f3n o para referir alguna historia relacionada con la v\u00eda. Pero la mayor parte del tiempo permanecimos callados, sintonizando el aparato de radio en alguna estaci\u00f3n local; dichas emisoras por lo general transmit\u00edan m\u00fasica popular o noticieros de tinte provinciano; nos pudimos enterar, divertidos, del hurto de una camisa fina y un par de yuntas, y de la repentina operaci\u00f3n de apendicitis a la que tuvo que someterse de urgencia el jefe civil de alg\u00fan caser\u00edo de los alrededores. A pesar de esos silencios est\u00e1bamos a gusto, disfrutando de los \u00faltimos momentos juntos antes de una larga separaci\u00f3n, ya que no estaba previsto que viajara de vuelta a casa en mucho tiempo. Hicimos el menor n\u00famero de paradas posible, por lo general para estirar las piernas y sacar a caminar al perro. No nos detuvimos a comer; con lo tra\u00eddo desde la casa nos fue suficiente.<\/p>\n<p>Tras recorrer unos 800 Kil\u00f3metros de una sorprendente y desconocida -por m\u00ed- geograf\u00eda, llegamos a la vetusta ciudad trastocada en recinto universitario, cuyo ritmo alternaba entre la vida estudiantil y el turismo, dependiendo de la \u00e9poca del a\u00f1o. Rodeada de cimas coronadas de nieve, se asemejaba a las antiguas ciudades fortificadas sobre las cuales tanto hab\u00eda le\u00eddo. Nos perdimos un par de veces en la cuadr\u00edcula de calles estrechas y todas iguales, hasta que gracias a la amabilidad local materializada en unos transe\u00fantes pudimos dar con la ubicaci\u00f3n de la pensi\u00f3n. Se trataba de una gran casa, de dos pisos, cuyos ambientes hab\u00edan sido parcelados con paredes de cart\u00f3n piedra para obtener el mayor aprovechamiento posible. Una hacendosa pareja regentaba la pensi\u00f3n: el se\u00f1or Jos\u00e9 se ocupaba del mantenimiento general y de la administraci\u00f3n, y su esposa, do\u00f1a Dolorita, del aseo y la cocina. Nos recibieron con grandes demostraciones de cari\u00f1o, y acto seguido el se\u00f1or Jos\u00e9 nos gui\u00f3 hacia el que iba a ser mi hogar durante un largo tiempo: un cuartico de mobiliario algo exiguo pero con todo lo indispensable (una cama, una mesita de noche, un escritorio con su respectiva silla y un escaparate). Tambi\u00e9n not\u00e9 la presencia de un aguamanil para el aseo matutino y de un vaso de noche, cosa que me dio cierta aprensi\u00f3n pues en mi casa no era usanza. Claro que la pensi\u00f3n ten\u00eda un cuarto de ba\u00f1o comunitario, pero el mismo estaba situado en el patio interno de la gran casona, as\u00ed que el mencionado admin\u00edculo era imprescindible para las eventuales necesidades nocturnas. Lo mejor del cuarto, lo que m\u00e1s me entusiasm\u00f3, \u00a0era su ventana, que daba hacia la cordillera nevada. Cuando pregunt\u00e9 por el lugar en donde iba a permanecer mi perro, me dijeron que en tanto no molestara a los dem\u00e1s pensionistas a ellos les daba igual si \u00a0pernoctaba en mi pieza como si que no. Eso me tranquiliz\u00f3, pues podr\u00eda disfrutar de su compa\u00f1\u00eda mientras duraba mi per\u00edodo de adecuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Con la ayuda de mi padre y del se\u00f1or Jos\u00e9 sub\u00ed el equipaje a la habitaci\u00f3n, y desempaqu\u00e9. Uno de los pocos objetos personales que hab\u00eda llevado conmigo fueron mis preciados libros. En esa \u00e9poca, en parte influenciado por las amistades que hab\u00eda hecho en la universidad, me hab\u00eda dado por el existencialismo, y mi biblioteca estaba compuesta por vol\u00famenes de Camus, Sartre, Hesse y Gibr\u00e1n. Esos libros fueron acomodados en la mesita de noche, ya que present\u00eda su frecuente utilizaci\u00f3n en los d\u00edas por venir. Coloqu\u00e9 la ropa en el escaparate, el cual a pesar de su gran capacidad qued\u00f3 rebosante de abrigos, pantalones y gruesas camisas como para pasar el m\u00e1s atroz de los inviernos. M\u00e1s tarde bajamos al amplio comedor, en donde conoc\u00ed a algunos de mis compa\u00f1eros pensionistas: tres muchachos que llegaron haciendo bastante alboroto, y se sentaron sin mayor protocolo a la mesa. Do\u00f1a Dolorita trajo un enorme oll\u00f3n rebosante de una espesa sopa de verduras, con tropiezos de carne vacuna y cerdo. A pesar de ser una saz\u00f3n totalmente distinta a la de casa, devor\u00e9 dos platos, tanta era el hambre acumulada durante el largo viaje. Mi padre se quedar\u00eda en la pensi\u00f3n esa noche, para emprender su regreso por v\u00eda a\u00e9rea al d\u00eda siguiente. Mientras tanto, Hamlet aguardaba por m\u00ed, pacientemente, a los pies de la cama.<\/p>\n<p>Como estaba previsto, lleg\u00f3 el momento de dejar a mi padre en el aeropuerto. Despu\u00e9s de darme los \u00faltimos consejos, abord\u00f3 el avi\u00f3n. Anteriormente no lo hab\u00eda pensado mucho, pero de repente comprend\u00ed en toda su dimensi\u00f3n mi real situaci\u00f3n: a partir de entonces estaba por mi cuenta, mis decisiones ser\u00edan aut\u00f3nomas y las consecuencias de ellas mi exclusiva responsabilidad. No pasar\u00eda mucho tiempo para que las primeras lecciones al respecto me golpearan con fuerza.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En vista de mi repentina y obligada mudanza a la secci\u00f3n monta\u00f1osa del pa\u00eds, ubicada hacia el occidente,\u00a0estuvimos inmersos en varias semanas de preparativos; entre las compras de vestuario adecuado para los fr\u00edos inclementes de la regi\u00f3n a donde me dirig\u00eda, la selecci\u00f3n de los objetos que iba a llevarme conmigo y las largas charlas [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1672,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[1],"tags":[1831],"class_list":{"0":"post-21510","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","6":"category-azares","7":"tag-mi-vida-a-traves-de-los-perros"},"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pfpCD-5AW","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/21510","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1672"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=21510"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/21510\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=21510"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=21510"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=21510"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}