{"id":211,"date":"2006-10-03T10:30:57","date_gmt":"2006-10-03T14:30:57","guid":{"rendered":"http:\/\/panfletonegro.com\/v\/2006\/10\/03\/una-visita-a-los-antepasados-2\/"},"modified":"2006-10-03T10:53:32","modified_gmt":"2006-10-03T14:53:32","slug":"una-visita-a-los-antepasados-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2006\/10\/03\/una-visita-a-los-antepasados-2\/","title":{"rendered":"Una visita a los antepasados"},"content":{"rendered":"<p align=\"justify\">Mi familia: padre y madre; hermana, su esposo y mis lindas sobrinas viven frente al Cerro El Caf\u00e9 en Valencia. Una hermosa zona abarrotada de pinos. Me encanta visitarlos a cada tanto para sentirme consentida con su sobre protector amor. Los d\u00edas se llenan de sonrisas cuando estoy con ellos y su caluroso afecto me da fuerzas para continuar andando. Cuando retorno a Caracas, pap\u00e1 me lleva al terminal para tomar el transporte de vuelta.<\/p>\n<p align=\"justify\">El domingo de hace un siglo (antes de llevarme a la estaci\u00f3n terminal) \u00e9l cumpli\u00f3 con su ritualista visita al cementerio: all\u00ed se encuentran los restos de su madre. Con ceremonia y una vez a la semana se acerca a limpiar el pante\u00f3n y a sentarse con el recuerdo de mi abuela C\u00e1ndida. Ese d\u00eda no me qued\u00f3 de otra y lo acompa\u00f1\u00e9 mostrando inter\u00e9s genuino en la narraci\u00f3n que \u00e9l hac\u00eda sobre los arreglos hechos a la sepultura haciendo comentarios respetuosos y propicios; luego estim\u00f3 adecuado viera la tumba de mi abuela Isabel.<\/p>\n<p align=\"justify\">El lado f\u00fanebre de esta historia y la p\u00edcara actitud zalamera de mi parte  quedaron atr\u00e1s, al sentir un calmado calorcillo en la boca de m\u00ed estomago mientras ve\u00eda las baldosas blancas de la tumba de mi abuela materna. En ese momento mir\u00e9 hacia arriba y not\u00e9 el cielo azul derram\u00e1ndose sobre el Cerro del Caf\u00e9 en el m\u00e1s lejano horizonte y comprend\u00ed lo que significaba la sensaci\u00f3n experimentada: en un instante evoqu\u00e9 mis ra\u00edces y sent\u00ed la fuerza de mis antepasados acompa\u00f1ando mi ser; de improviso, los recuerdos se deslizaron sin poder detenerlos y en ca\u00edda libre,  por mi mente.<\/p>\n<p align=\"justify\">Pens\u00e9 en mi abuelo Cecilio: \u00e9l mas querido de mis ancestros y primero en partir. Es seguro que por su bondad fue reclamado antes. El pap\u00e1 de mi mam\u00e1 era un se\u00f1or muy alto  (por lo menos para la peque\u00f1a de seis a\u00f1os que yo era) luc\u00eda bastante moreno, de piel suave como la seda; cabello negro muy brillante y ojos tan oscuros como la noche; usaba lentes de pasta negra para cuando mis recuerdos se re\u00fanen; era amante de los paseos, me tomaba con su mano derecha y vag\u00e1bamos por doquier. El parque de las palomas era el favorito y lo recorr\u00edamos juntos. Traigo clavado en mi memoria el n\u00edtido olor del mar\u2026 las uvas\u2026 palomas y del alma que vagaba con nosotros. Todo revuelto. Inolvidable. Los recuerdos fugaces me hacen presentir que \u00e9l hablaba y yo escuchaba su voz pausada y calma. Para mi era una dicha estar con \u00e9l. Cuando nos visitaba, mi hermana y yo lo esper\u00e1bamos en el balc\u00f3n de la casa y con ansiedad trat\u00e1bamos de divisarlo en la esquina de la cuadra. Impacientes, esper\u00e1bamos por su amorosa presencia, la deliciosa chicha que sol\u00eda traer y el \u201cpan canilla\u201d. Adulta he saboreado esa bebida en infinidad de oportunidades y jam\u00e1s ha tenido el mismo sabor dulce-amoroso que pose\u00eda cuando era servida por el abuelo Cecilio. Se fue mucho antes de yo saber sobre la muerte. Y comprendo lo que era  el amor dulce, sencillo y tierno, por el empe\u00f1o silencioso de este maravilloso se\u00f1or, en demostr\u00e1rmelo. Lo quise mucho: aun amo su recuerdo y lo atesoro con celo. Permanece en m\u00ed y yace inc\u00f3lume a los tent\u00e1culos del olvido despu\u00e9s de su desaparici\u00f3n f\u00edsica. Su evocaci\u00f3n me inunda de dulzura y es un placer honrarlo a trav\u00e9s de \u00e9stas l\u00edneas, que lee sobre mi hombro, mientras sonr\u00ede en silencio.<\/p>\n<p align=\"justify\">Le sigui\u00f3 mi abuelo paterno, Ricardo: nunca lo conoc\u00ed, se guarda alguna foto de \u00e9l junto a mi abuela, con pap\u00e1 entre ellos. Nacido en  Guayana, Estado Bol\u00edvar, se cas\u00f3 con mi abuela Candida muy joven y luego los abandon\u00f3 por la fiebre del oro. La an\u00e9cdota familiar se\u00f1ala que supo de un yacimiento en El Callao. Se fue a esas tierras dejando a hijo y esposa. Buscaba hacerse rico pero jam\u00e1s volvieron a saber de \u00e9l. Desconozco los detalles de la vida del abuelo Ricardo e incluso su aspecto f\u00edsico. Los rumores familiares son muchos: unos comentan que se volvi\u00f3 loco y se perdi\u00f3 en alguna de esas minas; otros dicen que encontr\u00f3 el oro y vivi\u00f3 junto a una india; y la ultima versi\u00f3n fue que muri\u00f3 en El Callao, abandonado de toda familia y en condiciones deplorables. La verdad la desconozco y mi sentir es antag\u00f3nico. Pap\u00e1 comenta de sus otros hermanos y primos por parte de padre: son tantos que aun no los ha conocido a todos. Por otro lado admiro su aventura solitaria y me gusta contar lo inveros\u00edmil de su historia: me agrada creer que llevo en las venas sangre itinerante porque quiz\u00e1s eso explica algunas de mis ansias de aventuras.<\/p>\n<p align=\"justify\">Le sigui\u00f3 (muchos a\u00f1os despu\u00e9s) mi abuela Isabel. La mam\u00e1 de mi mam\u00e1 tuvo una larga viudez que termin\u00f3 en una enfermedad t\u00edpica de nuestro tiempo. Era una mujer de gu\u00e1ramo, potente y una verdadera matrona: llev\u00f3 el hogar con diligencia mientras le correspondi\u00f3; era amante de la oraci\u00f3n del rosario y quer\u00eda con ego\u00edsta avidez a sus cuatro hijos educ\u00e1ndolos con esfuerzo y atenci\u00f3n. Despu\u00e9s que el abuelo Cecilio parti\u00f3, estuvo en nuestra casa: atinada y contundente en sus comentarios lograba, a veces, ser muy  hiriente. Clase aparte con su yerno, lo respetaba y consent\u00eda como un verdadero hijo. Los modos de mis abuelos maternos eran simplemente distintos pero combinaron muy bien y por mucho tiempo. F\u00edsicamente mi abuela Isabel era una mujer de mediana estatura y desde siempre la recuerdo con el cabello canoso, m\u00e1s grueso que el del abuelo y de tez muy blanca. Le gustaba cocinar: de ella aprendimos el misterio de hacer hallacas y bollos deliciosos (la t\u00edpica comida navide\u00f1a venezolana) y aun hoy, cuando nos reunimos en esas fechas, recordamos sus instrucciones met\u00f3dicas y sonre\u00edmos  con nost\u00e1lgica alegr\u00eda.<\/p>\n<p align=\"justify\">La abuela C\u00e1ndida fue la \u00faltima en partir. Totalmente ego\u00edsta con sus hijos se relacion\u00f3 con ellos m\u00e1s desde la quejica exigente, que desde el amor l\u00edmpido e incondicional. Enfermiza, m\u00e1s bien som\u00e1tica, era una mujer de aspecto indiano con cabellos muy lacios y grises: siempre delgada, muy festiva y de estatura regular. La mam\u00e1 de mi pap\u00e1 enferm\u00f3 lentamente y para el final se agrav\u00f3 de una dolencia en la cadera; de cuya operaci\u00f3n quedo sin vida. Dej\u00f3 a diez hijos vivos y uno muerto. El mayor de todos es pap\u00e1. La historia de mi abuela C\u00e1ndida es la t\u00edpica de algunas de nuestras mujeres latinoamericanas: se enredan con hombres a fin de crearse un mejor futuro y lo \u00fanico que logran es llenarse de hijos y de situaciones insufribles.<\/p>\n<p align=\"justify\">Ese d\u00eda entend\u00ed que soy un engranaje gen\u00e9tico de mis antecesores. Hoy puedo visitar su recuerdo y sacar de ellos las mejores cualidades que puedan asistirme en mi actual devenir: reconocer en m\u00ed las condiciones no tan favorables de ellos y entender que soy producto de su perfecto mestizaje. No para justificarme, sino para recrear lo que soy y desde el ejercicio del m\u00e1s absoluto libre albedr\u00edo volver a decidir lo que quiera ser: puedo pasar por una aventurera como mi abuelo Ricardo, sin su elevado grado de irresponsabilidad, lograr el afecto de mis seres queridos sin el evidente ego\u00edsmo de mis abuelas y  transformarme en un ser silenciosamente amoroso como mi abuelo Cecilio.<\/p>\n<p align=\"justify\">Lo vital de esto es que percibo a mis familiares (tanto vivos como muertos) y sus ense\u00f1anzas, como un sustrato de valores reales que me sostienen en todo momento: soy producto de su educaci\u00f3n y sin embargo soy libre para decidir sobre lo que quiero dejar en mi, del caudal de su legado. Mis or\u00edgenes han dado la savia para ser el colosal \u00e1rbol, en pleno crecimiento, que soy ahora y decido cual parte (de esa donaci\u00f3n) colocarla  en las ramas frondosas ya que lo m\u00e1s jugoso pienso tomarlo para dar un dulce sabor a mis frutales. El resto es para el progreso \u00edntimo de mi ser. La verdad es que soy y no soy mis ancestros; antes, cuestionaba sus ideas mientras peleaba contra ellos: ahora, puedo notar que lo mejor de ellos me abrillanta, nutre y enorgullece. Hoy comprendo que soy la suma de todos y al mismo tiempo soy diferente porque puedo decidir (de nuevo) qu\u00e9 conservar porque resulta ben\u00e9fico para mi actual vivir y qu\u00e9 soltar porque no me conviene. Con relaci\u00f3n al car\u00e1cter de una persona la suma gen\u00e9tica te da pautas pero no limita: lo que fui, lo que soy y aquella que ser\u00e9, depender\u00e1 siempre, de nuestra m\u00e1s absoluta decisi\u00f3n voluntaria de ser. Solo ser\u00e9 aquello que quiera ser, que casualmente se parece a quien alg\u00fan d\u00eda so\u00f1\u00e9 que pod\u00eda ser.<\/p>\n<h1><\/h1>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mi familia: padre y madre; hermana, su esposo y mis lindas sobrinas viven frente al Cerro El Caf\u00e9 en Valencia. 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