{"id":20161,"date":"2012-01-17T10:45:11","date_gmt":"2012-01-17T15:15:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=20161"},"modified":"2012-07-25T03:06:25","modified_gmt":"2012-07-25T07:36:25","slug":"la-sangre-el-destino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2012\/01\/17\/la-sangre-el-destino\/","title":{"rendered":"La sangre y el destino"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.hormiga.org\/fondosescritorio\/wallpapers\/Varios\/11-Septiembre\/Wtc-Remembered-002-Csg-Looking-East.jpg?resize=351%2C264\" alt=\"\" width=\"351\" height=\"264\" \/><\/p>\n<p>-Nota: esta es la reelaboraci\u00f3n de un minirelato que publiqu\u00e9 hace un tiempo aqu\u00ed, llamado \u00ab<a title=\"Empire State\" href=\"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2011\/10\/29\/empire-state\/\">Empire State<\/a>\u00ab.<\/p>\n<p>____________________________________________________<\/p>\n<p>Nicanor Morgado pod\u00eda jactarse de conocer hasta los m\u00e1s peque\u00f1os detalles de la ciudad de Nueva York, a pesar de no haber pisado jam\u00e1s sus calles. Era capaz de citar las direcciones de los principales rascacielos que emerg\u00edan poderosos sobre las grandes avenidas; sab\u00eda el recorrido exacto de todas las l\u00edneas del subterr\u00e1neo; ten\u00eda en su cabeza el mapa de la metr\u00f3polis, en suma. Sobre todo, era una autoridad en lo concerniente a su icono por excelencia: el Empire State Building.<\/p>\n<p>Era un hombre de tez oscura, alto y corpulento, de andar y habla sosegados, con unos extra\u00f1os ojos verdes que denunciaban una ascendencia mestiza. En efecto era as\u00ed: hab\u00eda sido el resultado de la uni\u00f3n casual y febril de una hermosa morena oriental con un musi\u00fa, un norteamericano empleado en una de las tantas compa\u00f1\u00edas petroleras establecidas en el pa\u00eds a mediados del siglo XX. El musi\u00fa termin\u00f3 la labor asignada y regres\u00f3 a su patria, dejando como recuerdo de su paso por estas tierras a Nicanor. Su madre nunca hizo de su concepci\u00f3n un misterio: \u00e9l siempre supo sobre sus or\u00edgenes, y tal vez por ello suspiraba por conocer alg\u00fan d\u00eda al pa\u00eds de donde proven\u00eda la mitad de su carga gen\u00e9tica.<\/p>\n<p>Pas\u00f3 los primeros a\u00f1os de su vida en el campo petrolero en donde hab\u00eda nacido, alrededor de 1950; pero un buen d\u00eda, harta de tribulaciones, su mam\u00e1 resolvi\u00f3 marcharse con \u00e9l a la capital, en donde ten\u00eda algunos parientes que le hab\u00edan prometido casa y trabajo. Acept\u00f3 la oferta, y gracias al empleo como lavandera en la pensi\u00f3n regentada por sus familiares logr\u00f3 criar bien a su muchacho. Puso especial \u00e9nfasis en su asistencia a la escuela. Cuando cumpli\u00f3 los 7 a\u00f1os, ya alfabetizado, recibi\u00f3 un regalo inesperado de su madre. Una estatuilla de plomo que representaba a un edificio alto y esbelto, rematado por una larga antena, en cuya base rezaba \u201cEmpire State \u2013 New York\u201d.<\/p>\n<p>-\u00bfY esto? \u2013 pregunt\u00f3.<\/p>\n<p>-Esto\u2026 es lo \u00fanico que me dej\u00f3 tu pap\u00e1. Esto, y t\u00fa, claro.<\/p>\n<p>Ese peque\u00f1o objeto lo intrig\u00f3 desde el principio. Pod\u00eda pasar largos ratos contempl\u00e1ndolo, y leyendo la inscripci\u00f3n. New York. \u00bfQu\u00e9 significar\u00eda eso? No le hab\u00eda querido preguntar a su madre, tal vez intuyendo que no lo sabr\u00eda. Pero se lo pregunt\u00f3 a la maestra, al d\u00eda siguiente, cuando con mucho orgullo llev\u00f3 a la escuela su nueva posesi\u00f3n.<\/p>\n<p>-Se\u00f1orita Delia, \u00bfqu\u00e9 es \u201cNew York\u201d?<\/p>\n<p>-Nueva York, Nicanor. Es una gran ciudad de los Estados Unidos. \u00bfPor qu\u00e9 lo preguntas?<\/p>\n<p>Como toda respuesta le ense\u00f1\u00f3 la estatua, y la maestra, mir\u00e1ndola con admiraci\u00f3n, le dijo:<\/p>\n<p>-\u00a1Vaya, s\u00ed es bonito! Es el edificio m\u00e1s alto de esa ciudad.<\/p>\n<p>Cuando fue un poco mayor empez\u00f3 a realizar peque\u00f1os trabajos, un poco para ayudar a su madre, un poco para desembarazarse de sus faldas. Uno de ellos era vender dulces a la entrada de los cines, establecimientos que hab\u00edan proliferado en la todav\u00eda provinciana ciudad. Una tarde, estando en esa labor, vio que el afiche de la pel\u00edcula en exhibici\u00f3n ten\u00eda dibujado el mismo edificio de su peque\u00f1a estatua. No lo pens\u00f3 dos veces, y cuando la funci\u00f3n ya hab\u00eda empezado, se escabull\u00f3 tras la cortina y penetr\u00f3 en la obscura sala. Nunca olvidar\u00eda ese momento: era la primera vez que lo hac\u00eda, y qued\u00f3 asombrado ante la magia del espect\u00e1culo que presenci\u00f3. Se trataba de \u00abAn affair to remember\u00bb, con Cary Grant y Deborah Kerr, una melodram\u00e1tica historia de amor en la cual el Empire State era elemento principal de la trama. Al muchacho no le import\u00f3 en absoluto el argumento de la pel\u00edcula, pero s\u00ed los ambientes en donde \u00e9sta transcurr\u00eda. Por asociaci\u00f3n se le ocurri\u00f3 que tal vez su padre fuera de esa ciudad, y por lo tanto \u00e9l, en parte, tambi\u00e9n. Desde ese d\u00eda comenz\u00f3 su particular obsesi\u00f3n: cada vez que estrenaban una pel\u00edcula en donde apareciese el nombre \u201cNew York\u201d, o alg\u00fan indicativo que la relacionara con la ciudad, hac\u00eda todo lo posible por verla. De esa manera comenz\u00f3 a acumular conocimientos sobre la gran urbe, y a alimentar sus ansias de visitarla alg\u00fan d\u00eda. Nicanor, cuyos amigos le dec\u00edan Nick por puras ganas de molestarlo, termin\u00f3 por imponerse una meta: el a\u00f1o cuando cumplir\u00eda 50, ir\u00eda a la ciudad de sus sue\u00f1os. As\u00ed que desde su adolescencia empez\u00f3 a ahorrar para ese prop\u00f3sito.<\/p>\n<p>Durante todo ese tiempo desempe\u00f1\u00f3 muchos y muy variados oficios: desde repartidor de peri\u00f3dicos, pasando por aprendiz de alba\u00f1il, cobrador, motorizado, hasta recalar en una modesta cafeter\u00eda, en la cual era todo un personaje: su porte y modales gentiles, m\u00e1s su conocida afici\u00f3n, le hicieron ganar el mote de \u00abneoyorquino\u00bb, apelativo con el que lo llamaban cuando requer\u00edan otra taza de caf\u00e9, o una empanada m\u00e1s. Era muy escrupuloso y atento en el desempe\u00f1o de su oficio; siempre ten\u00eda una sonrisa y una palabra amable hacia sus clientes, y eso lo ayud\u00f3 en el logro de sus aspiraciones. A punta de propinas, depositadas religiosamente en el banco una vez por semana, estaba acumulando la suma necesaria para ir a su personal Meca. Su tiempo libre lo empleaba en asistir al cine, en salir a bailar con sus novias ocasionales &#8211; ellas no le faltaban, dado su aspecto tan ex\u00f3tico y su encantador modo de ser &#8211; y en adquirir todo tipo de literatura y objetos asociados con Nueva York, dentro de lo permitido por su modesto presupuesto. Con el objetivo de desenvolverse mejor en su viaje hab\u00eda conseguido un curso de autoaprendizaje de ingl\u00e9s, y las noches se le iban en el modesto cuartico de la pensi\u00f3n de sus familiares, en donde todav\u00eda viv\u00eda, escuchando los cassettes y repitiendo las lecciones. Y contemplando el enorme afiche del Empire State que dominaba una de las paredes.<\/p>\n<p>Ya faltaba un a\u00f1o para sus cincuenta. Ten\u00eda ahorrado casi todo el dinero necesario, seg\u00fan sus c\u00e1lculos, y empez\u00f3 a realizar los tr\u00e1mites obligatorios para obtener la visa americana, requisito indispensable a la hora de entrar en aquel pa\u00eds. No se le hizo f\u00e1cil: la cantidad de recaudos, las imposiciones, las restricciones dictadas por el riguroso sistema de inmigraci\u00f3n estadounidense le parec\u00edan insalvable escollo al pobre Nicanor, quien ve\u00eda como se le estaba volviendo imposible lograr su sue\u00f1o. Un d\u00eda de intenso aguacero se encontraba sentado en una de las mesas de la vieja cafeter\u00eda, semidesierta a esa hora muerta de la tarde, con un sobre repleto de papeles al frente y l\u00e1grimas en los ojos. Un hombre con aspecto de extranjero entr\u00f3 corriendo, como escapando de la lluvia. Portaba un gran paraguas, negro y chorreado agua, el cual sacudi\u00f3 con cuidado. Tom\u00f3 asiento en una de las esquinas del local, y se dispuso a esperar el cese del aguacero. Al cabo de un rato pos\u00f3 sus ojos sobre Nicanor, con curiosidad. Fue inevitable: su aspecto no lo hac\u00eda suponer persona de lloriqueos. El parroquiano solicit\u00f3 servicio, y entonces el mesonero se levant\u00f3 lenta y pesadamente de su asiento, y se dirigi\u00f3 a \u00e9l, no sin antes pasarse la mano por los ojos, para eliminar las trazas de las l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>-Buenas tardes, \u00bfQu\u00e9 se le ofrece al caballero?<\/p>\n<p>-Quisiera un caf\u00e9 con leche grande, por favor.<\/p>\n<p>-Enseguida se lo traigo.<\/p>\n<p>A los pocos minutos regres\u00f3 Nicanor con la taza de caf\u00e9, sobre una bandeja, y la deposit\u00f3 al frente del extranjero.<\/p>\n<p>-Tome, se\u00f1or. En la mesa est\u00e1 el az\u00facar, pero si lo prefiere puedo conseguirle alg\u00fan sustituto, por si est\u00e1 a dieta.<\/p>\n<p>-Muchas gracias, as\u00ed est\u00e1 bien. Disculpe que me entrometa, pero por culpa de esta inoportuna lluvia tengo tiempo de sobra, y pienso que a usted le vendr\u00eda bien hablar con alguien. \u00bfPodr\u00e1 acompa\u00f1arme un rato?<\/p>\n<p>-Creo que s\u00ed, a esta hora no viene casi nadie\u2026 pero no quisiera importunarlo con mis problemas.<\/p>\n<p>-M\u00e1s bien me har\u00eda un favor, as\u00ed matar\u00eda el tiempo. Si\u00e9ntese conmigo, y cu\u00e9nteme lo que tanta congoja le causa. Empecemos por nuestros nombres: yo me llamo Robert Brown.<\/p>\n<p>-Mucho gusto, Sr. Brown. Yo soy Nicanor Morgado.<\/p>\n<p>Nicanor no era hombre de muchas palabras, pero ten\u00eda trancado el pecho con la pena que lo estaba agobiando, y un sexto sentido lo impeli\u00f3 a desahogarse con el desconocido, relat\u00e1ndole el mal momento por el que transitaba. Estuvo hablando durante largo rato, y no omiti\u00f3 nada: le cont\u00f3 sobre sus or\u00edgenes, el anhelo de conocer la tierra de sus ancestros, y las trabas impuestas por las autoridades de inmigraci\u00f3n. El extranjero lo escuchaba con atenci\u00f3n, y de vez en cuando lo interrump\u00eda para aclarar alguna circunstancia. Sus palabras y su vehemencia debieron hacer efecto, ya que cuando Nicanor acab\u00f3 de contar sus cuitas, el hombre le dijo:<\/p>\n<p>&#8211; Me precio de ser un buen conocedor del ser humano, y su historia me ha impresionado y conmovido. Usted me parece sincero, en cuanto a sus intenciones. Hoy es su d\u00eda de suerte: soy funcionario de la embajada, y con mucho gusto le dar\u00e9 una mano. Pero me debe prometer algo: en ning\u00fan caso se quedar\u00e1 a vivir all\u00e1.<\/p>\n<p>A pesar de haberlo escuchado claramente, Nicanor no pod\u00eda creerlo: por un momento sopes\u00f3 la posibilidad de una trampa, pero al final decidi\u00f3 que quien no la debe no la teme, y respondi\u00f3:<\/p>\n<p>-\u00bfQuedarme all\u00e1? \u00bfA esta edad, sin tener a ning\u00fan conocido y sin dominar el idioma? No, don Brown, cr\u00e9ame: todo lo que quiero es conocer alguna vez Nueva York, y subir al Empire State. Si me ayuda, le estar\u00e9 eternamente agradecido.<\/p>\n<p>El hombre garabate\u00f3 algo sobre una tarjeta de visita con su nombre impreso en ella, se la extendi\u00f3 a Nicanor y le dijo:<\/p>\n<p>-Muy bien, se\u00f1or Morgado: llame al n\u00famero que est\u00e1 escrito, y concierte una cita con la persona cuyo nombre anot\u00e9. Ella le va a dar la asistencia necesaria para resolver su asunto, a condici\u00f3n de que lleve todos los papeles requeridos, en orden. Ah, y diga siempre la verdad. Nunca lo olvide: no hay nada que nuestro pueblo deteste m\u00e1s que la mentira.<\/p>\n<p>Y fue as\u00ed, gracias a ese encuentro fortuito con aquella especie de \u00e1ngel vestido de ejecutivo, que Nick tuvo abiertas las puertas de la gran naci\u00f3n estadounidense, para su cada vez m\u00e1s cercana visita. Ya se acercaba la fecha de su viaje, y casi no pod\u00eda dormir de la emoci\u00f3n: por fin lograr\u00eda el sue\u00f1o de toda su vida, subir\u00eda a lo m\u00e1s alto de aquel edificio y contemplar\u00eda el paisaje de la m\u00e1s importante ciudad del mundo. Se ocup\u00f3 de las \u00faltimas diligencias, relacionadas con el boleto de avi\u00f3n y el alojamiento por los 8 d\u00edas que hab\u00eda destinado para su incursi\u00f3n en la tierra de sus ancestros; para ello se puso en manos de una agencia de viajes recomendada por un amigo. Se le fueron casi todos sus ahorros, pero no le import\u00f3 en lo m\u00e1s m\u00ednimo. Le qued\u00f3 apenas una peque\u00f1a cantidad con la que compr\u00f3 algunos d\u00f3lares, para los gastos propios del d\u00eda a d\u00eda.<\/p>\n<p>En la cafeter\u00eda le prepararon una modesta celebraci\u00f3n, donde abundaron las cervezas y los teque\u00f1os, a la cual concurri\u00f3 la mayor\u00eda de los parroquianos que hab\u00edan ayudado a Nicanor con sus propinas. \u00c9ste, sin poder disimular su emoci\u00f3n, quiso agradecerles el gesto con un corto discurso preparado con antelaci\u00f3n, en torno a lo obvio: su ansiado encuentro con la gran urbe, y el edificio de sus anhelos. Desde los lejanos tiempos de su \u00e9poca escolar no escuchaba el sonido de unos aplausos dirigidos hacia su persona: los concurrentes le celebraron las palabras con una espont\u00e1nea ovaci\u00f3n, lo que hizo que se le quebrara la voz, impidi\u00e9ndole continuar. Se limit\u00f3 a exclamar:<\/p>\n<p>-\u00a1Gracias a todos, se\u00f1ores: dentro de poco me montar\u00e9 en un avi\u00f3n por primera vez en lo que tengo de vida; recen por m\u00ed!<\/p>\n<p>Por fin lleg\u00f3 el d\u00eda de su arribo a Nueva York. Ya el solo viaje en ese gigantesco aeroplano constituy\u00f3 toda una aventura: la emoci\u00f3n y cierto susto lo mantuvieron pegado al asiento, con sus grandes manos aferradas a los apoyabrazos. No se desabroch\u00f3 el cintur\u00f3n de seguridad durante el vuelo; no quiso consumir nada de lo que le ofrecieron las azafatas por temor a necesitar el sanitario. Una vez desembarcado en el terminal a\u00e9reo, la mirada de estupefacci\u00f3n no se le quit\u00f3 ni por un momento: todo le parec\u00eda inveros\u00edmil, gigante, inasible. A pesar de ser habitante de la capital de un pa\u00eds, le parec\u00eda que Caracas ven\u00eda siendo una aldea al lado de la inconmensurabilidad de lo que estaba viendo. Se sinti\u00f3 realmente abrumado en el trayecto que lo llevar\u00eda del aeropuerto al modesto hotel en el barrio de Brooklyn, sugerencia de la agencia de viajes por lo c\u00e9ntrico y barato a la vez.<\/p>\n<p>Una vez instalado en su habitaci\u00f3n, y algo repuesto del largo viaje que hab\u00eda afrontado, desempac\u00f3 sus pocas ropas y se dispuso a planificar sus visitas a la ciudad. No quiso desbocarse: con un enorme plano desplegado sobre la cama, urdi\u00f3 un plan de paseos a los sitios m\u00e1s emblem\u00e1ticos, dejando para el d\u00eda central de su estad\u00eda la visita al rascacielos.<\/p>\n<p>As\u00ed lo hizo, y poco a poco fue descubriendo los tesoros albergados por la megal\u00f3polis. Con ojos de turista, evidentemente: se limit\u00f3 a ir a los lugares se\u00f1alados en las gu\u00edas; le parecieron a la vez conocidos &#8211; por las visualizaciones cinematogr\u00e1ficas &#8211; y totalmente distintos a lo que ten\u00eda almacenado en la mente. Se movilizaba utilizando el subterraneo, por lo general, o a pie cuando su destino no era muy distante. Comi\u00f3 \u201chot dogs\u201d en un puesto callejero: acostumbrado al barroquismo de los perrocalientes de su terru\u00f1o, los encontr\u00f3 m\u00e1s bien simples. Una noche fue a Broadway y presenci\u00f3 una obra de teatro; le pareci\u00f3 muy divertida a pesar de no entender ni la mitad de los parlamentos. Dedic\u00f3 todo un d\u00eda a conocer ese enorme pulm\u00f3n vegetal que constituye Central Park; despu\u00e9s de pasear durante varias horas por las veredas del parque, se dio el lujo de almorzar en un restaurant donde lo atendieron a cuerpo de rey, o por lo menos as\u00ed le pareci\u00f3.<\/p>\n<p>En resumidas cuentas estaba aprovechando al m\u00e1ximo su estad\u00eda, y le faltaba s\u00f3lo concretar el punto focal de su viaje. Para ello, organiz\u00f3 un \u201cd\u00eda de rascacielos\u201d: a primera hora de la ma\u00f1ana visitar\u00eda el World Trade Center, a horas del mediod\u00eda acudir\u00eda al Chrysler y cerrar\u00eda con broche de oro en el Empire State. Pensaba estar all\u00ed cerca de la hora del atardecer, para disfrutar del espect\u00e1culo del sol cayendo por el poniente, aunado al encendido masivo de las luces de la metr\u00f3polis.<\/p>\n<p>La ma\u00f1ana siguiente despert\u00f3 muy temprano, se alist\u00f3 y desayun\u00f3 en la peque\u00f1a cafeter\u00eda del hotel; despach\u00f3 en un santiam\u00e9n las tostadas con mermelada y el aguado caf\u00e9 que se acostumbra en esas latitudes, y para ganar tiempo tom\u00f3 un taxi, que lo dej\u00f3 a las 8:00 A.M. en las puertas del espectacular centro financiero. El movimiento en el sitio era extraordinario, parec\u00eda una colmena rebosante de industriosas abejas que no paraban ni un instante. Hizo una larga cola para abordar un ascensor que lo llevar\u00eda al mirador de la torre Norte. Pasar\u00edan unos quince minutos antes de que pudiera llegar al lugar; una vez all\u00ed, se asom\u00f3 en las ventanas para disfrutar del imponente paisaje que le brindaba la altura del sitio. Una sucesi\u00f3n interminable de rascacielos y calles se impon\u00eda ante su mirada, hasta donde le alcanzaba la vista. Contemplaba embelesado el paisaje, cuando ocurri\u00f3 algo que no pudo entender, de buenas a primeras: vio como un enorme avi\u00f3n de pasajeros se acercaba amenazante hacia el edificio. Vuela demasiado bajo, pens\u00f3. Pero no le dio tiempo de reaccionar: unos segundos despu\u00e9s, un enorme Boeing 767 impactaba sobre la superficie de la torre, unos 7 pisos m\u00e1s abajo.<\/p>\n<p>Nicanor, quien siempre fue un hombre de palabra, no iba a poder cumplir la promesa hecha a Mr. Brown; hab\u00eda escogido el peor d\u00eda posible para su visita al WTC: el 11 de septiembre de 2001.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>-Nota: esta es la reelaboraci\u00f3n de un minirelato que publiqu\u00e9 hace un tiempo aqu\u00ed, llamado \u00abEmpire State\u00ab. ____________________________________________________ Nicanor Morgado pod\u00eda jactarse de conocer hasta los m\u00e1s peque\u00f1os detalles de la ciudad de Nueva York, a pesar de no haber pisado jam\u00e1s sus calles. 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