{"id":19989,"date":"2012-01-07T09:38:20","date_gmt":"2012-01-07T14:08:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=19989"},"modified":"2012-07-09T06:18:41","modified_gmt":"2012-07-09T10:48:41","slug":"mi-vida-traves-de-los-perros-iiv","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2012\/01\/07\/mi-vida-traves-de-los-perros-iiv\/","title":{"rendered":"Mi vida, a trav\u00e9s de los perros (I)"},"content":{"rendered":"<div class=\"separator\" style=\"clear: both;text-align: center\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/cuidadomascotas.com\/wp-content\/uploads\/2011\/04\/perros.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" style=\"border-style: initial;border-color: initial;border-width: 0px\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/cuidadomascotas.com\/wp-content\/uploads\/2011\/04\/perros.jpg?resize=512%2C384\" alt=\"\" width=\"512\" height=\"384\" border=\"0\" \/><\/a><\/div>\n<p>Los perros viven, en promedio, unos diez a\u00f1os. El hombre, setenta. Eso significa que una persona puede disfrutar de la compa\u00f1\u00eda de siete canes a lo largo de su vida. \u00a0Me gusta esa relaci\u00f3n: hasta ahora he tenido cinco de ellos; por lo tanto, \u00a0seg\u00fan las estad\u00edsticas, tengo la posibilidad de disfrutar de dos m\u00e1s, por lo menos. Claro, cualquiera puede refutarme el argumento diciendo que es posible tener m\u00e1s de uno a la vez, pero eso para m\u00ed es impensable: la relaci\u00f3n perro\/amo debe ser estrictamente mon\u00f3gama, otra cosa es b\u00e1rbara e imposible.<\/p>\n<p>Mi primera mascota canina me estaba aguardando, cuando nac\u00ed. Era un estupendo cachorro de pastor alem\u00e1n, comprado \u00a0un par de meses antes de mi llegada. Le pusieron por nombre el anodino Bob. Crecimos juntos: aprend\u00ed a gatear y un poco despu\u00e9s a caminar bajo su vigilante tutela; tengo vagos recuerdos de haberlo abrazado, besado y mordido, pero sin nunca recibir una agresi\u00f3n de vuelta. Cuando fui un poco m\u00e1s grande, \u00a0me acompa\u00f1aba en las peque\u00f1as excursiones por los cerros que bordeaban la casona de las afueras, en donde transcurr\u00ed mi infancia. Con \u00e9l viv\u00ed las primeras aventuras de mi vida: tropec\u00e9 con culebras, trep\u00e9 \u00e1rboles en busca de los mangos m\u00e1s altos &#8211; todo muchacho sabe que esos son los mejores &#8211; mientras un muy inquieto Bob no perd\u00eda de vista mis movimientos; hasta ingres\u00e9 en una pandilla de peque\u00f1os maleantes, cuya amistad me gan\u00e9 gracias a mi fiero acompa\u00f1ante, quien se convirti\u00f3 en el arma secreta de nuestra banda y nos permiti\u00f3 lograr la victoria en varias escaramuzas.<\/p>\n<p>Bob me dur\u00f3 hasta que cumpl\u00ed los 12 a\u00f1os: para ese entonces era un anciano, al que le costaba un mundo hasta el simple hecho de respirar; hab\u00eda que darle de comer y beber en la boca. Un d\u00eda se lo llevaron al veterinario, y no regres\u00f3. Su desaparici\u00f3n constituy\u00f3 mi primera experiencia con la muerte; hasta ese momento el asunto me hab\u00eda sido ajeno, nunca me hab\u00eda puesto a pensar en ello. Pero al morir mi perro empezaron las dudas y las angustias existenciales: descubr\u00ed que los animales no son inmortales, y extrapol\u00e9 que los humanos tampoco. Ca\u00ed en una especie de depresi\u00f3n, y me volv\u00ed solitario y retra\u00eddo. La idea de la muerte empez\u00f3 a obsesionarme. Mis padres trataron de consolarme ofreci\u00e9ndome otra mascota, pero por un tiempo me negu\u00e9; no pod\u00eda traicionar a Bob, mucho menos cambiarlo por otro perro. En la casa hab\u00eda un gato, pero nunca lo consider\u00e9 m\u00edo. Era un objeto m\u00e1s, como el viejo sof\u00e1 o el tinajero que adornaba una de las esquinas del porche, s\u00f3lo que de vez en cuando se mov\u00eda. Me resultaba antip\u00e1tico, y Bob tampoco \u00a0lo apreciaba. Se limitaba a ignorarlo, a menos que se acercara a su comida: entonces le gru\u00f1\u00eda con rabia, y lograba espantarlo.<\/p>\n<p>En la infancia, se sabe, las penas pasan r\u00e1pido. A pesar de haberme parecido una eternidad, visto en perspectiva, el luto por Bob me durar\u00eda un par de meses. Volv\u00ed a ser el muchacho de antes, atolondrado y alegre. Ya me estaba haciendo falta la camarader\u00eda que solamente un perro puede brindar, y decid\u00ed aceptar la oferta de mis padres. Pero puse como condici\u00f3n que yo lo escoger\u00eda: me sent\u00eda en capacidad de tomar esa importante decisi\u00f3n. Por esos tiempos me hab\u00eda iniciado al h\u00e1bito de la lectura, y en una enciclopedia ilustrada, de grandes tomos encuadernados en oro y \u00a0rojo, encontr\u00e9 un art\u00edculo sobre perros. Estaba maravillado: no sab\u00eda que en el mundo existiera tal variedad de razas caninas. Tras mucho meditar, decid\u00ed que me conven\u00eda tener un Gran Dan\u00e9s. Le comuniqu\u00e9 mi veredicto a mi padre, y \u00e9ste, tras re\u00edr un rato, argumentando que me iba a arrastrar por la calle, consinti\u00f3.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los perros viven, en promedio, unos diez a\u00f1os. El hombre, setenta. 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