{"id":19913,"date":"2012-01-03T08:50:20","date_gmt":"2012-01-03T13:20:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=19913"},"modified":"2012-07-09T06:16:46","modified_gmt":"2012-07-09T10:46:46","slug":"el-infiernito-diario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2012\/01\/03\/el-infiernito-diario\/","title":{"rendered":"El infiernito diario"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/3.bp.blogspot.com\/_BLkoRO-T6IE\/TEY0n_5r4RI\/AAAAAAAAACA\/U33C4-asxm4\/s1600\/tranca%2Ben%2Bautopista%2Bdel%2Beste.jpg?resize=362%2C252\" alt=\"\" width=\"362\" height=\"252\" \/><\/p>\n<p>Los caraque\u00f1os todos debemos haber sido muy, muy tremendos en nuestras vidas pasadas, para merecernos nuestra raci\u00f3n cotidiana de averno. Ya sea que nos movamos en carro particular, transporte p\u00fablico superficial o transporte p\u00fablico subterr\u00e1neo, nos toca luchar contra miles de semejantes para lograr algo que deber\u00eda ser sencillo: trasladarnos a nuestros lugares de trabajo, estudio o diligencias, o devolvernos a nuestros hogares. No tengo las estad\u00edsticas a la mano, pero unas encuestas a boca de jarro (de cerveza) me dicen que el caraque\u00f1o promedio emplea unas dos a tres horas diarias para trasladarse desde y hacia su casa.<\/p>\n<p>Un factor curioso de la din\u00e1mica caraque\u00f1a es la distancia entre el lugar de trabajo y la residencia: por lo general, los que viven en el oeste trabajan en el este, y viceversa. Esto trae como consecuencia que las principales arterias viales (es un decir, ya que son unos tristes vasitos capilares que no tienen la capacidad de permitir el traslado de la enorme cantidad de unidades m\u00f3viles que se desplazan por la ciudad), dec\u00eda que las principales arterias viales est\u00e1n colapsadas m\u00e1s o menos de 6:00 AM a 9:00 PM. Ya no existe el concepto de hora pico en el tr\u00e1fico, ya que todas lo son. Afortunadamente, si se tiene hambre o sed, se puede contar con el servicio de los vendedores ambulantes: con ellos se puede cuadrar una frugal cena a base de tostones, mango ali\u00f1ado, cotufas viejas y acompa\u00f1arla con alguna bebida, tal vez espumosa. Y de paso enga\u00f1ar el tiempo con alguna selecci\u00f3n m\u00fasical o humor\u00edstica en CD \u00abquema&#8217;o\u00bb, o tal vez una pel\u00edcula XXX si se cuenta con reproductor de DVD.<\/p>\n<p>Otro aspecto digno de estudio es la man\u00eda de matricular a los hijos en los colegios m\u00e1s alejados posibles de la vivienda. En los pa\u00edses serios, los muchachos acuden a la unidad educativa que les corresponde, seg\u00fan su zona de residencia. Y son instalaciones p\u00fablicas: a los colegios privados van los hijos de la gente adinerada, o los que practican alguna religi\u00f3n particular. Y por lo general van a pie, o los recoge un autob\u00fas escolar en donde cabe una manada de p\u00e1rvulos. Pero nosotros no: cada padre o madre lleva a su respectivo reto\u00f1o en su veh\u00edculo particular al colegio, ocasionando unas simp\u00e1ticas colas en las urbanizaciones en donde est\u00e1 situado el mismo.Una paila particularmente s\u00e1dica de nuestro criollo infierno es la correspondiente al otrora s\u00edmbolo de la Caracas decente y progresista: el Metro. Si Dante Alighieri hubiera tenido la oportunidad de visitarlo, tal vez su descripci\u00f3n del reino de Sat\u00e1n habr\u00eda alcanzado otras proporciones, dada la calidad del material a su disposici\u00f3n. Viajar en el Metro en las horas de punta (casi todas) es una actividad arriesgada y peligrosa. Sin ret\u00f3rica alguna: es la verdad verdadera.<\/p>\n<p>Hay ocasiones en que la dosis de infierno se multiplica: cuando llueve, se va la energ\u00eda el\u00e9ctrica, o las dos anteriores. All\u00ed si es verdad que se acab\u00f3 el pan de piquito: si el tr\u00e1nsito normalmente es insoportable, en esos momentos la ciudad se trastoca en un enorme estacionamiento, y el tr\u00e1fico se moviliza, con inconvenientes, por las aceras: miles de peatones optan por trasladarse a pie, antes de aguardar la ca\u00edda de la noche.<\/p>\n<p>Dentro de todo, los que tenemos la fortuna de poseer transporte propio somos sumamente privilegiados: tengo compa\u00f1eros de trabajo que para lograr llegar a la oficina deben montarse en un jeep, una camionetica, metro, otra camionetica y por \u00faltimo el porpuesto de la urbanizaci\u00f3n (este \u00faltimo es optativo, si tienen la voluntad de caminarse unos 1.000 metros en subida). Realmente son dignos de admiraci\u00f3n, no se como pueden trabajar despu\u00e9s de esa haza\u00f1a.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, debo mencionar a los que viven (\u00bfviven?) en las ciudades-dormitorio: jam\u00e1s un nombre fue tan acertado. Porque eso es todo lo que pueden hacer all\u00ed, llegar a dormir. Y unas escasas horas, ya que por lo general salen de su vivienda a las 4:30 AM y llegan entre 9:00 y 10:00 PM, a comerse cualquier cosa y a tratar de descansar lo m\u00e1s posible.<\/p>\n<p>Lo \u00fanico que me alienta es lo siguiente: si pago en esta vida los desmanes de las anteriores, tal vez en la siguiente me toque habitar en alg\u00fan lugar m\u00e1s amable para el ser humano. Me conformar\u00eda con una churuata en Choron\u00ed, o una posada en Los Andes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los caraque\u00f1os todos debemos haber sido muy, muy tremendos en nuestras vidas pasadas, para merecernos nuestra raci\u00f3n cotidiana de averno. 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