{"id":19826,"date":"2011-12-25T21:07:09","date_gmt":"2011-12-26T01:37:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=19826"},"modified":"2019-03-15T16:38:10","modified_gmt":"2019-03-15T20:38:10","slug":"el-milagro-de-la-abuela","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2011\/12\/25\/el-milagro-de-la-abuela\/","title":{"rendered":"El milagro de la abuela"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/april_bowlby_8_small.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"19827\" data-permalink=\"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2011\/12\/25\/el-milagro-de-la-abuela\/april_bowlby_8_small\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/april_bowlby_8_small.jpg?fit=266%2C400&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"266,400\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"april_bowlby_8_small\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/april_bowlby_8_small.jpg?fit=266%2C400&amp;ssl=1\" class=\"alignleft size-full wp-image-19827\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/april_bowlby_8_small.jpg?resize=266%2C400\" alt=\"\" width=\"266\" height=\"400\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/april_bowlby_8_small.jpg?w=266&amp;ssl=1 266w, https:\/\/i0.wp.com\/www.panfletonegro.com\/v\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/april_bowlby_8_small.jpg?resize=199%2C300&amp;ssl=1 199w\" sizes=\"auto, (max-width: 266px) 100vw, 266px\" \/><\/a>El Se\u00f1or est\u00e9\u2026 con ustedes\u2026 \u201cY-con-tu-esp\u00edritu\u201d. Levantemos\u2026 el\u2026 coraz\u00f3n\u2026 \u201cLo-tenemos-levantado-hacia-el-Se\u00f1or\u201d. Los fieles parec\u00edan responder impacientes ante la lentitud del anciano sacerdote. Sentado a un lado del altar, vestido de sotana blanca y cinto amarillo, Pablito estaba a punto de sacarse sangre comi\u00e9ndose las u\u00f1as. Demos gracias\u2026 al Se\u00f1or\u2026 nuestro Dios\u2026 \u201cEs-justo-y-necesario\u201d. El estado de la se\u00f1ora F\u00e1tima se hab\u00eda agravado aquella tarde, y la abuela quer\u00eda hacerle compa\u00f1\u00eda. El padre Alarc\u00f3n est\u00e1 muy viejito, Pablito. Ya casi no ve, necesita ayuda, y la pobre do\u00f1a F\u00e1tima se nos est\u00e1 muriendo, entonces no podr\u00e9 ir hoy a la misa de las seis, tienes que ir t\u00fa y ayudar al padre. En verdad\u2026 es justo\u2026 y necesario\u2026\u00a0 Pero hoy tengo juego abuelita, y no es cualquier juego, \u00a1es la semifinal, no puedo faltar! Pablito era delantero en el equipo del s\u00e9ptimo grado de su colegio. Ya s\u00e9, ya s\u00e9, Pablito, pero ya ver\u00e1s que si haces este peque\u00f1o sacrificio, seguro que se te conceder\u00e1 un milagro. \u00a1Pero adem\u00e1s yo nunca he sido monaguillo, abuelita, no s\u00e9 c\u00f3mo ayudar all\u00ed! Todo es muy\u00a0 f\u00e1cil, el padre te explicar\u00e1 lo que necesite, no te preocupes. Es nuestro deber\u2026 y salvaci\u00f3n\u2026 Darte gracias siempre\u2026 y en todo lugar\u2026<\/p>\n<p>Del otro lado del altar, el p\u00e9ndulo del reloj de la iglesia oscilaba detr\u00e1s de su cristal rajado. Se pod\u00eda escuchar el d\u00e9bil tic toc en el silencio de las numerosas pausas. Ya eran las seis y cuarenta, a punto de terminarse el primer tiempo. \u00bfC\u00f3mo ir\u00eda el partido? \u00a1Qu\u00e9 misa tan lenta! Pablito se imagin\u00f3 corriendo hacia el vidrio del p\u00e9ndulo para romperlo de una patada. Volte\u00f3 a ver la cruz como para confesar sus malos pensamientos. Ya sabes que es de puro jugando y sin mala intenci\u00f3n. Segu\u00eda mordi\u00e9ndose las u\u00f1as. Aparte del reloj escuchaba tambi\u00e9n el ocasional carraspeo y tos de algunos de los feligreses aqu\u00ed y all\u00e1. Eeeerrrrrr ejem\u2026 Uhum ujum\u2026\u00a0 Las luces colgantes a veces parpadeaban un poco. Pablito vio la barandilla de peque\u00f1as columnas donde la gente se arrodillaba para recibir la comuni\u00f3n. Detr\u00e1s de la barandilla el descanso, los escalones, y m\u00e1s all\u00e1 los incontables bancos llenos de gente. La iglesia estaba repleta. Era s\u00e1bado y ya de noche, no domingo al mediod\u00eda. Hasta eso\u2026 \u00a1Mierda! Volvi\u00f3 a mirar hacia la cruz para disculparse.<\/p>\n<p>No es que Pablito detestara tener que ir a misa; iba todos los domingos con la abuela, y con mucho gusto, porque s\u00f3lo all\u00ed podr\u00eda ver otra vez a Mercedes tan de cerca como aquella vez. Mercedes estudiaba el \u00faltimo a\u00f1o del bachillerato, as\u00ed que le llevaba varios a\u00f1os a Pablito, pero eso no imped\u00eda que fuese su amor plat\u00f3nico. Mercedes era una de las muchachas m\u00e1s hermosas del colegio, de toda la parroquia, de toda Caracas, de varias ciudades vecinas, y quiz\u00e1 de varios pa\u00edses y de varios mundos. Era pues el amor plat\u00f3nico de cientos o quiz\u00e1 miles de muchachos y hombres. Carlos, primo-hermano mayor de Pablito, ven\u00eda a Caracas al menos una vez al mes a visitar a la abuela. Vio a Mercedes por primera vez tambi\u00e9n en aquella capilla, y aquel d\u00eda no pudo dejar de hablar de ella, de preguntar qui\u00e9n era aquel portento de mujer, que qu\u00e9 hac\u00eda, d\u00f3nde viv\u00eda, d\u00f3nde podr\u00eda volver a verla, que de d\u00f3nde hab\u00eda salido algo as\u00ed, que era lo m\u00e1s hermoso que hab\u00eda visto en su miserable vida, \u00bfpero t\u00fa no viste, Pablito?, y le hablaba en voz baja para preguntarle: \u00bfno le viste las tetas? \u00a1Dios, qu\u00e9 tetas tan bellas! Carlos trataba entonces de abarcar con sus manos abiertas unos grandes vol\u00famenes invisibles en su pecho, y luego se llevaba las manos a la cabeza cerrando los ojos con desesperaci\u00f3n. \u00a1Eran como una cabeza cada una! Ambos se re\u00edan. \u00a1Y aquellos ojos, aquella boca, aquel cu&#8230; \u00a1Shhh! \u00a1Habla m\u00e1s bajito, Carlos! Le dec\u00eda Pablito entre las risas, aunque tambi\u00e9n excitado de hablar de Mercedes, \u00a1Mira que la abuela est\u00e1 all\u00ed mismo en la cocina!<\/p>\n<p>Pablito s\u00ed que hab\u00eda ya notado a Mercedes desde hac\u00eda tiempo, no necesitaba de un primo-hermano mayor para fijarse en ella. La imagen m\u00e1s preciada en la memoria de Pablito no era ninguno de sus goles en los torneos del colegio; era precisamente la bell\u00edsima Mercedes d\u00e1ndole a \u00e9l una hostia de la comuni\u00f3n. Hab\u00eda tenido aquella experiencia religiosa hac\u00eda ya m\u00e1s de un a\u00f1o y en aquella misma iglesia.<\/p>\n<p>Mercedes era de una familia muy devota, y al igual que la abuela de Pablito, a veces colaboraba en la misa de los domingos como ministro laico. Mercedes y sus ojazos azules, sus labios carnosos, sin pintura alguna, su boca fr\u00e1gil y entreabierta, su piel di\u00e1fana, sin maquillaje, su cabello casta\u00f1o rojizo oscuro, muy largo y ondulado, sus hombros al aire, sus brazos torneados, vestido largo y blanco, como un l\u00edquido de seda estampado de peque\u00f1as flores naranjas y de oro, resguardando su busto imponente, su ajustada cintura, las amplias caderas. Pablito se arrodill\u00f3 ante a aquella sacerdotisa, ella movi\u00f3 toda su anatom\u00eda, todas aquellas curvas se inclinaron hacia \u00e9l con suavidad dici\u00e9ndole El cuerpo de Cristo, y Pablito respondi\u00f3 atontado su am\u00e9n. Con la mayor delicadeza, la mano de Mercedes deposit\u00f3 entonces una hostia en su peque\u00f1a lengua. Nunca antes hab\u00eda escuchado tan de cerca la voz de Mercedes. Nunca antes hab\u00eda inhalado su fragancia. Alg\u00fan d\u00eda lejano llegar\u00eda a descubrir que las gardenias mezcladas con mirra recordaban ese aroma. Aquella hostia tuvo tambi\u00e9n un sabor sin precedentes. Absolutamente todo en Mercedes hab\u00eda dejado una marca indeleble en la memoria de Pablito.<\/p>\n<p>La Paz del se\u00f1or\u2026 est\u00e9 siempre\u2026 con ustedes\u2026 \u201cY-con-tu-esp\u00edritu\u201d. Pablito trag\u00f3 saliva volviendo en s\u00ed de su recuerdo, ahora inc\u00f3modo y avergonzado. Volvi\u00f3 a mirar hacia la cruz como para disculparse: es por Mercedes, ya t\u00fa sabes c\u00f3mo es, \u00bfno? Yo no tengo la culpa de que la hayas hecho tan bonita. Trat\u00f3 de recordar por qu\u00e9 se sent\u00eda contrariado. \u00a1Ah, el partido! \u00a1Mierda! \u00a1Perd\u00f3n otra vez! Pero algo adicional le molestaba ahora, y volvi\u00f3 a caer en cuenta de que estaba all\u00ed un s\u00e1bado por la noche y no un domingo al mediod\u00eda. Aquella no era misa donde ver a Mercedes. \u00a1Maldici\u00f3n! Justo hoy, perderme el partido por esta misa. \u00a1Qu\u00e9 milagro ni que nada, abuela! \u00a1Maldici\u00f3n! \u00a1Maldici\u00f3n! Pablito retom\u00f3 el asalto a sus u\u00f1as, y ahora s\u00ed sinti\u00f3 sabor a sangre en sus dedos. Volte\u00f3 al crucifijo con frustraci\u00f3n y furia en sus ojos. Daos fraternalmente\u2026 la paz\u2026 Las personas se abrazaban y se daban la paz mientras unas l\u00e1grimas de rabia contenida descend\u00edan por las mejillas de Pablito. Comenz\u00f3 otro parpadeo de luz en las l\u00e1mparas que colgaban del techo. Algunos feligreses miraron hac\u00eda arriba por un momento. La iluminaci\u00f3n pareci\u00f3 estabilizarse; continuaron d\u00e1ndose las paces como si nada, y unos segundos despu\u00e9s la luz ya se hab\u00eda ido por completo del recinto.<\/p>\n<p>Apag\u00f3n. Varias zonas de Caracas, as\u00ed como varios estados del pa\u00eds, se hab\u00edan quedado sin electricidad en aquel instante. La feligres\u00eda murmuraba, pero se manten\u00eda en calma. Quiz\u00e1 la luz regresar\u00eda al poco rato. S\u00ed que se habr\u00e1 jodido el partido si tambi\u00e9n se fue la luz en el campo de f\u00fatbol, pensaba Pablito en la penumbra, todav\u00eda con algo de resoplo furioso en su mocosa respiraci\u00f3n. Por lo menos seguro ya me podr\u00e9 ir. Los ojos de Pablito se fueron acostumbrando, y comprob\u00f3 desilusionado que la oscuridad no era absoluta. Los alrededores del altar segu\u00edan un poco iluminados por los dos gruesos cirios que \u00e9l mismo hab\u00eda tenido que encender antes de la misa bajo instrucciones del Padre Alarc\u00f3n. \u00a1Mierda! \u00a1Perd\u00f3n! Pablito volvi\u00f3 a mirar de reojo hacia la cruz, pero ya no se lograba distinguir en aquella negrura que llenaba todo el presbiterio.<\/p>\n<p>El sacerdote lo llam\u00f3 susurrando desde el altar: \u00a1Pablito! \u00a1Pablito!\u2026 Camin\u00f3 hacia el padre. Para su sorpresa, el viejo pod\u00eda hablar a velocidad bastante normal cuando hablaba en voz baja. Muchos fieles han venido hoy a misa, Pablito, tendr\u00e1s que ayudarme a distribuir la sagrada comuni\u00f3n, as\u00ed podremos terminar m\u00e1s pronto la ceremonia en estas sombras. Hoy ser\u00e1s un ministro extraordinario. \u00bfQu\u00e9 te parece, eh?<\/p>\n<p>El padre hizo los lentos preparativos en el altar, a la d\u00e9bil luz de las dos \u00fanicas candelas. Incluso lav\u00f3 las manos de Pablito con un pa\u00f1o mojado. Los murmullos hab\u00edan cesado, las personas esperaban en silencio, o quiz\u00e1 algunos se habr\u00edan ido. El padre le entreg\u00f3 una patena con hostias y le volvi\u00f3 a hablar en su voz baja. Una cosa es importante, Pablito: cuida que no se te caiga el pan consagrado. Si se te cae una hostia, no te asustes, no es nada malo, pero deber\u00e1s recogerla con tus propias manos, y deber\u00e1s comerla t\u00fa mismo. Los fieles no deben tocar ni comer una hostia que se te haya ca\u00eddo, s\u00f3lo t\u00fa, \u00bfentiendes? Esto es muy importante. De resto, le dices a cada persona El cuerpo de Cristo, ellos responden am\u00e9n, y entonces colocas la sagrada hostia en su lengua. Vaya, eso es todo Pablito. Si quieres adelanta el cirio a la barandilla para que puedas ver mejor. Yo dar\u00e9 la comuni\u00f3n de este lado y t\u00fa de aqu\u00e9l. Ahora vamos, suerte y que Dios te acompa\u00f1e.<\/p>\n<p>Pablito hizo tal como se le hab\u00eda dicho. Adelant\u00f3 un poco el cirio, luego se qued\u00f3 all\u00ed, patena en mano, tras la baranda y a la luz de una sola vela, en medio de lo que parec\u00eda un gran vac\u00edo negro, a la espera de los comulgantes. Se escuch\u00f3 movimiento de personas. Al rato se oy\u00f3 de nuevo la voz en modalidad lenta y lejana del Padre Alarc\u00f3n desde el otro punto de luz: El cuerpo de Cristo\u2026 Am\u00e9n. El cuerpo de Cristo\u2026 Am\u00e9n. Las personas hab\u00edan ya comenzado a comulgar con el cura, pero nadie se acercaba a la d\u00e9bil esfera de luz del cirio de Pablito. El cuerpo de Cristo\u2026 Am\u00e9n, continuaba la letan\u00eda. En cierto modo era un alivio no tener que dar comuniones, pero aquello significaba que tardar\u00edan m\u00e1s en irse de all\u00ed. \u00a1Ah no! \u00bfNo va a venir nadie conmigo? Pablito levant\u00f3 un poco la patena acerc\u00e1ndola a la llama, como mostr\u00e1ndola para que las personas vieran que all\u00ed tambi\u00e9n pod\u00edan venir a tomar su comuni\u00f3n. Sonaron entonces unos pasos aproxim\u00e1ndose, un cruce de sombras sub\u00eda por fin los escalones hacia Pablito, cabello frondoso, algo que se mov\u00eda con singular suavidad&#8230; Mercedes ya se hab\u00eda arrodillado ante \u00e9l cuando por fin, pasmado y sin respiraci\u00f3n, la reconoci\u00f3. Sus ojos hab\u00edan quedado a la misma altura. El rostro de Mercedes adopt\u00f3 de inmediato una expresi\u00f3n de dolor dulc\u00edsima, extendi\u00f3 sus manos hacia la cara de Pablito y con la mayor ternura limpi\u00f3 los rastros de l\u00e1grimas que brillaban en sus mejillas. Pablito mir\u00f3 cautivado aquel rostro que llenaba el universo, y capt\u00f3 entonces, por segunda vez en su vida, aquel perfume inconfundible en las mu\u00f1ecas de Mercedes: el aroma de la belleza absoluta. Luego ella cerr\u00f3 sus ojos y all\u00ed se qued\u00f3, serena, manos unidas en la baranda, escondidas a la sombra que proyectaban sus senos prominentes bajo la d\u00e9bil iluminaci\u00f3n. Llevaba un vestido azul claro con escote en V. Pablito contemplaba aquel rostro tan cercano y tan vasto, infinito, bajo la luz de aquella sola llama. Su coraz\u00f3n galopaba furiosamente. Pas\u00f3 tanto tiempo que Mercedes volvi\u00f3 a abrir los hermosos ojos azules. Pablito se sacudi\u00f3 y fingi\u00f3 estar buscando con dificultad una hostia. Ten\u00eda que conseguir la mejor de todas en aquella patena. \u00a1Ah, \u00e9sta! Se la mostr\u00f3. Mercedes sonri\u00f3 y volvi\u00f3 a cerrar sus ojos. Pablito entonces se perdi\u00f3 de nuevo en cada detalle de las cejas, los p\u00f3mulos, los labios, los p\u00e1rpados, la nariz, su cabello, sus grandes senos\u2026<\/p>\n<p>El cuerpo de Cristo\u2026 Am\u00e9n, segu\u00eda sonando el padre Alarc\u00f3n. Pablito reaccion\u00f3. Con mano temblorosa acerc\u00f3 la hostia al rostro de Mercedes. El cuerpo de Cristo, dijo por primera vez en su vida, y los labios de Mercedes murmuraron su am\u00e9n. Debajo de la copiosa cabellera se contrajo entonces levemente la nuca de Mercedes, qued\u00f3 su ment\u00f3n inm\u00f3vil, su cabeza se inclin\u00f3 un poco hacia arriba y hacia atr\u00e1s, comenz\u00f3 a abrirse su boca, y comenz\u00f3 a salir de entre sus labios carnosos una brillante lengua que se estremec\u00eda con millones de min\u00fasculas pulsaciones, carne viva y h\u00fameda, algo que parec\u00eda tener vida propia. Pablito se qued\u00f3 paralizado ante aquella maravilla. Mercedes dej\u00f3 pasar unos instantes; no recib\u00eda la hostia, comenz\u00f3 entonces a sacar a\u00fan m\u00e1s su lengua, como para facilitar la tarea. Pablito vio entonces como m\u00e1s de aquel m\u00fasculo que se agitaba segu\u00eda saliendo y saliendo de la hermosa boca abierta y relajada de Mercedes, una lengua impresionante y casi incre\u00edble, como todo en Mercedes. Su rostro di\u00e1fano e inclinado segu\u00eda sin embargo all\u00ed, a p\u00e1rpados cerrados, relajado, envuelto en su glorioso cabello, expectante tras aquella masa enorme, inquieta y ansiosa.<\/p>\n<p>Ahora no eran l\u00e1grimas sino gotas de sudor lo que rodaba por la frente y mejillas de Pablito. Aquel aroma exquisito, aquellas manos tan suaves en sus mejillas, aquella visi\u00f3n de labios y lengua, todo era tan insistente. Quiso voltear hacia la cruz, pero sab\u00eda que no lograr\u00eda distinguirla en las sombras. Adem\u00e1s, no pod\u00eda despegar sus ojos de Mercedes, \u00a1no quer\u00eda! Acerc\u00f3 m\u00e1s su mano inestable a aquella lengua inmensa, apenas a un cent\u00edmetro, recibiendo el calor de su aliento. Pos\u00f3 un segundo all\u00ed el borde de la hostia, la lengua respondi\u00f3 al encuentro, y Pablito pudo sentir en sus dedos, en su brazo, en todas las fibras de su cuerpo, c\u00f3mo con movimientos tan min\u00fasculos pod\u00eda estremecerse aquella carne movediza de Mercedes de manera tan poderosa. Solt\u00f3 luego la hostia justo sobre la mitad de la lengua, pero dio una vuelta r\u00e1pida; por un instante se mantuvo adosada en un costado, luego resbal\u00f3 y sigui\u00f3 cayendo, adentr\u00e1ndose en la abertura del escote.<\/p>\n<p>Ambos se sobresaltaron. Mercedes hizo un gesto veloz instintivo como para seguir la hostia con sus manos, pero ella misma se detuvo. Ya hab\u00eda retra\u00eddo su lengua y miraba ahora su propio busto con las manos abiertas en el aire y a punto de asir sus senos, un gesto parecido al que hac\u00eda Carlos, s\u00f3lo que ahora con manos esculturales y sedosas. Pablito estaba paralizado, no hab\u00eda movido un dedo; su mano segu\u00eda extendida justo donde hab\u00eda soltado el pan. Pero sus ojos hab\u00edan cambiado: ahora estaban llenos de espanto, clavados entre las tetas de Mercedes por donde se hab\u00eda metido la oblea. Sus labios temblaban. Mercedes comenz\u00f3 a moverse de nuevo con su suavidad excelsa. Baj\u00f3 los brazos con toda calma a cada lado de su cuerpo, levant\u00f3 el rostro para mirar con cari\u00f1o a Pablito, y le explic\u00f3 en susurros: Yo no debo tocar la sagrada hostia. Se te cay\u00f3 a ti, debes recogerla t\u00fa mismo y com\u00e9rtela. Cuida que no se te rompa. Despu\u00e9s me das otra a m\u00ed. Pablito balbuce\u00f3 entonces: Ah\u2026 s\u00ed\u2026 Eso me dijo el padre, s\u00ed\u2026 Que no se me cayera\u2026 Que si se ca\u00eda\u2026 que entonces yo deb\u00eda\u2026 Mercedes asinti\u00f3, cerr\u00f3 sus ojos, levant\u00f3 el ment\u00f3n e hinch\u00f3 un poco el pecho, como para facilitar la exploraci\u00f3n, dejando all\u00ed su busto esperando. Pablito ahora s\u00ed volte\u00f3 y trat\u00f3 de ver la cruz, que segu\u00eda sumergida en negrura absoluta. Mir\u00f3 hacia el punto de luz del padre que segu\u00eda en lo suyo y tan lejos. El cuerpo de Cristo\u2026 Am\u00e9n. El resto de la iglesia segu\u00eda sumergido en tinieblas. El cuerpo de Cristo\u2026 Am\u00e9n. El cuerpo de Cristo\u2026<\/p>\n<p>Mercedes era religiosa como la abuela, incluso hab\u00eda dado la comuni\u00f3n. Ten\u00eda que saberse las reglas muy bien, adem\u00e1s lo dijo el mismo padre. Bueno, que conste que yo no la lanc\u00e9 ni nada\u2026 Pablito iba a hacer otra disculpa mental hacia la cruz pero s\u00f3lo se persign\u00f3, respir\u00f3 hondo, alej\u00f3 la patena, llev\u00f3 su mano libre hacia el escote de la bell\u00edsima Mercedes, y tiritando comenz\u00f3 a palpar all\u00ed con la mayor escrupulosidad, apartando la tela del vestido y buscando con sus dedos entre aquellas protuberancias tibias. Mercedes entonces le susurr\u00f3 de nuevo otra cosa: Tienes que llegar mucho m\u00e1s abajo, est\u00e1 casi en mi ombligo. Pablito se apart\u00f3 y respir\u00f3 hondo. Vio que el vestido no ten\u00eda botones, pero ten\u00eda un cintur\u00f3n. Comprendi\u00f3 entonces lo que tendr\u00eda que hacer para llegar hasta all\u00ed. Dio inicio a la maniobra metiendo su brazo con el codo casi pegado al cuello de Mercedes. Sus dedos escalaban piel abajo mientras su brazo empujaba las tetas contra la tela de los costados del vestido. Los pechos ced\u00edan c\u00e1lidos y tranquilos, respiraban pausadamente. Pablito escuchaba el movimiento de aquella respiraci\u00f3n, incluso los latidos, mientras trataba de mantener su cadera apartada del contacto con Mercedes. Hizo llegar su mano hasta donde la pretina cerraba el paso hacia m\u00e1s abajo del vientre. Comenz\u00f3 a palpar de nuevo toda aquella superficie. El abdomen de Mercedes se estremec\u00eda un poco, quiz\u00e1 de cosquillas, y estaba caliente, m\u00e1s bien se sent\u00eda casi ardiente al tacto. Pablito reconoci\u00f3 el ombligo con su dedo \u00edndice, registr\u00f3 para siempre su tama\u00f1o y profundidad. Recorri\u00f3 de lado a lado aquella piel suave, pod\u00eda sentir el diminuto vello rozando la yema de sus dedos. Encontr\u00f3 por fin la hostia reposando horizontal justo arriba del cinto entre el vestido y la piel, un poco hacia el lado derecho, bajo la teta izquierda, cuya masa amortiguaba blandamente la cabalidad del costado de Pablito. Tom\u00f3 la oblea con cuidado entre la punta de sus dedos, y la cubri\u00f3 cerrando a medias el pu\u00f1o. Del otro lado frente al altar segu\u00edan llegando los mismos sonidos: El cuerpo de cristo\u2026 Am\u00e9n. El cuerpo de cristo\u2026 Am\u00e9n.<\/p>\n<p>Comenz\u00f3 la retirada, muy lento, como si se tratara de la cosa m\u00e1s delicada, como si aquella caricia prolongada pudiera acaso llegar a lastimar. La mano alcanz\u00f3 instantes despu\u00e9s la altura intermedia entre las voluminosas mamas. Toda aquella piel antes tersa estaba ahora bellamente erizada. La mano saliente manten\u00eda la forma de pu\u00f1o para proteger la hostia, y exig\u00eda entonces un poco m\u00e1s de espacio que antes. Los senos parec\u00edan ahora apretar m\u00e1s, y parec\u00edan m\u00e1s tibios. Los latidos se sent\u00edan a cent\u00edmetros piel adentro, claros y contundentes, sincronizados con las pulsaciones de una vena que ahora ve\u00eda Pablito latiendo en el cuello esbelto y tenso de Mercedes, cuyo rostro parec\u00eda suplicar algo hacia el techo inescrutable del templo. Pablito extrajo por fin el pu\u00f1o, y el busto entero de Mercedes recobr\u00f3 su talle perfecto como por arte de magia. \u00a1Ya! Susurr\u00f3 Pablito sin aire y llevando la oblea a su propia boca, y all\u00ed la dej\u00f3 sobre su lengua, degust\u00e1ndola y grabando su sabor hasta que desapareciera por s\u00ed sola. Mercedes se enderez\u00f3, volvi\u00f3 a estrechar sus manos sobre la barandilla como al comienzo, ojos cerrados, con calma, pero respirando con intensidad. Pablito se limpi\u00f3 el sudor de la frente con su antebrazo, que ahora tambi\u00e9n ol\u00eda como Mercedes. Casi le fallaron las piernas. Sac\u00f3 otra oblea de la patena y balbuce\u00f3, porque la hostia recuperada, todav\u00eda deshaci\u00e9ndose en su boca, no le permit\u00eda hablar con claridad: Em cuempo de Kishto. Mercedes intent\u00f3 susurrar pero jade\u00f3 un am\u00e9n, levant\u00f3 su ment\u00f3n y liber\u00f3 de nuevo el fen\u00f3meno, su brillante y asombrosa lengua, que se sacud\u00eda otra vez con miles de peque\u00f1os temblores, como tanteando el aire. Esta vez Pablito quiso depositar la hostia m\u00e1s adentro, por si acaso. Con suavidad pos\u00f3 entonces sus dedos sobre la perfilada nariz, y tambi\u00e9n sobre el labio superior; s\u00f3lo as\u00ed se atrevi\u00f3 a soltar la hostia. Mercedes retrajo entonces su lengua lentamente, rozando a su paso los peque\u00f1os dedos que segu\u00edan all\u00ed. Luego uni\u00f3 los labios carnosos sellando la hostia dentro de su boca, y todav\u00eda en contacto con los dedos de Pablito estamp\u00f3 en ellos un tierno beso.<\/p>\n<p>En ese preciso instante regres\u00f3 la luz. Todos achicaron sus ojos deslumbrados. Pablito vio a Mercedes retraer su cuello lentamente, abrir sus ojos azul\u00edsimos, su ment\u00f3n y rostro se enderezaron, se fue poniendo de pie con su suavidad caracter\u00edstica, adopt\u00f3 su postura de diosa, alz\u00f3 el glorioso pecho, cuyos pezones se ergu\u00edan ahora firmes contra la tela celeste y hacia el altar, por encima del cirio y de la altura de Pablito; gir\u00f3 primero su cabeza y cabellera, despu\u00e9s su cuerpo, comenz\u00f3 a descender los escalones en su andar sereno y a la vez fastuoso, y se llev\u00f3 luego todo su esplendor hacia alg\u00fan lugar en el fondo de la nave lateral.<\/p>\n<p>No hab\u00eda nadie m\u00e1s en fila ante Pablito, y lo m\u00e1s sorprendente es que ya estaba termin\u00e1ndose la fila frente al padre Alarc\u00f3n. Por suerte, Pablito no tuvo que dar ninguna otra comuni\u00f3n aquel d\u00eda. La hostia en su boca ya se hab\u00eda disuelto, pero \u00e9l segu\u00eda por completo conmocionado. Trag\u00f3 hondo y comenz\u00f3 a morderse de nuevo las u\u00f1as antes de girar con lentitud y enfrentarse otra vez al crucifijo.<\/p>\n<p>En unos minutos concluy\u00f3 la ceremonia. Busc\u00f3 tanto como pudo, pero no logr\u00f3 ver a Mercedes entre la gente saliendo de la bas\u00edlica. Ayud\u00f3 a llevar algunas cosas del altar a la sacrist\u00eda, devolvi\u00f3 con torpeza el cinto amarillo y la peque\u00f1a sotana blanca, y el cura otra vez le habl\u00f3 a velocidad normal: Pablito, oye, mil gracias, ha sido muy generoso de tu parte venir a ayudar a este viejo en una misa como la de hoy. \u00bfY c\u00f3mo te pareci\u00f3 todo, eh?&#8230; Pablito\u00a0 segu\u00eda en \u00e9xtasis, todos sus sentidos estaban en otro lugar, no entend\u00eda lo que le dec\u00eda el cura; s\u00f3lo pronunci\u00f3 unas palabras que \u00e9l nunca hubiera pensado saldr\u00edan de su propia boca: Padre, quiero ser monaguillo. El padre Alarc\u00f3n lo mir\u00f3 con asombro: \u00bfC\u00f3mo dices? \u00a1Vaya vaya, Pablito, pues mira qu\u00e9 sorpresa tan grande! Por lo que siempre me ha contado tu abuela, \u00a1esto es todo un milagro!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Se\u00f1or est\u00e9\u2026 con ustedes\u2026 \u201cY-con-tu-esp\u00edritu\u201d. Levantemos\u2026 el\u2026 coraz\u00f3n\u2026 \u201cLo-tenemos-levantado-hacia-el-Se\u00f1or\u201d. Los fieles parec\u00edan responder impacientes ante la lentitud del anciano sacerdote. Sentado a un lado del altar, vestido de sotana blanca y cinto amarillo, Pablito estaba a punto de sacarse sangre comi\u00e9ndose las u\u00f1as. Demos gracias\u2026 al Se\u00f1or\u2026 nuestro Dios\u2026 \u201cEs-justo-y-necesario\u201d. 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