{"id":18812,"date":"2011-11-05T10:24:13","date_gmt":"2011-11-05T14:54:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=18812"},"modified":"2011-11-06T10:27:25","modified_gmt":"2011-11-06T14:57:25","slug":"el-fotografo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2011\/11\/05\/el-fotografo\/","title":{"rendered":"El fot\u00f3grafo"},"content":{"rendered":"<div class=\"separator\" style=\"clear: both;text-align: center\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/3.bp.blogspot.com\/-QLfroQoo6RI\/TrVKMJNXz8I\/AAAAAAAAAPg\/kTSrPzOvUFg\/s1600\/100_7263.JPG\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/3.bp.blogspot.com\/-QLfroQoo6RI\/TrVKMJNXz8I\/AAAAAAAAAPg\/kTSrPzOvUFg\/s400\/100_7263.JPG?resize=390%2C400\" alt=\"\" width=\"390\" height=\"400\" border=\"0\" \/><\/a><\/div>\n<p>La fotograf\u00eda es el arte de congelar momentos, robar miradas indiscretas, captar facetas secretas. Un buen fot\u00f3grafo no es necesariamente el que domine la t\u00e9cnica a la perfecci\u00f3n, que sepa de encuadres, diafragmas y velocidades; es aquel que sepa tomar la fotograf\u00eda adecuada en el momento justo.<\/p>\n<p>Andr\u00e9s Savarce era de ese tipo de fot\u00f3grafos: su formaci\u00f3n hab\u00eda sido eminente emp\u00edrica, fruto de la observaci\u00f3n constante y de la pr\u00e1ctica. Ven\u00eda de la \u00e9poca de las c\u00e1maras de caj\u00f3n, esas que se encontraban en las plazas, montadas sobre un tr\u00edpode, con su inmensa tela negra en la que se sumerg\u00eda su due\u00f1o para captar im\u00e1genes de ni\u00f1os disfrazados, parejitas vestidas de domingo, o marineros de paseo por la ciudad, y que exhib\u00edan una ristra de fotograf\u00edas a su lado como muestra de su trabajo. Andr\u00e9s hab\u00eda comenzado su pofesi\u00f3n desde abajo, literalmente: se hab\u00eda iniciado como aprendiz de uno de esos artistas an\u00f3nimos de calle, y lo ayudaba a hacer posar a los sujetos que iban a retratatarse: ten\u00eda un talento especial para conseguir sonrisas hasta del muchacho m\u00e1s llor\u00f3n, o el hombre m\u00e1s serio. Poco a poco se fue empapando de los secretos de la profesi\u00f3n, y un buen d\u00eda su patr\u00f3n le cumpli\u00f3 su deseo, que no era otro que el de estar dentro de la tela. Hizo su primer retrato, una chiquilla de unos 9 a\u00f1os, disfrazada de Cleopatra (era \u00e9poca de carnaval). No estuvo tan mal, ese novel trabajo: el jefe lo puso en exhibici\u00f3n junto con otras fotos.<\/p>\n<p>A partir de ese momento supo Savarce cual era su vocaci\u00f3n, y su mundo gir\u00f3 alrededor de la fotograf\u00eda. Pronto logr\u00f3 hacerse de una c\u00e1mara propia, con la que recorr\u00eda la provinciana Caracas de los 40, y se dedic\u00f3 a tomar vistas urbanas desde \u00e1ngulos innovadores, por lo general con el \u00c1vila como gran tel\u00f3n de fondo. En esos a\u00f1os no era com\u00fan todav\u00eda que en cada familia hubiera por lo menos una c\u00e1mara fotogr\u00e1fica, y por esa circunstancia Andr\u00e9s empez\u00f3 a hacerse de una clientela que le solicitaba sus servicios para documentar cumplea\u00f1os, paseos e inclusive matrimonios. A los pocos a\u00f1os logr\u00f3 montar un estudio de fotograf\u00eda en una de las calles principales de la ciudad, y sus retratos empezaron a tomar fama al punto de que para poder beneficiarse de sus servicios, los clientes deb\u00edan reservar cupo con un par de semanas de anticipaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Gracias a su natural donaire y simpat\u00eda nunca le faltaron novias: m\u00e1s de una de sus modelos accedi\u00f3 a salir con \u00e9l, a pesar de la evidente diferencia de clases. Por lo general eran amores fugaces, cosas de una o dos salidas,ya que el destino les ten\u00eda dispuesto a esas damas otro futuro, y por su parte \u00e9l tampoco se tomaba esos amor\u00edos muy en serio. Pero en una ocasi\u00f3n si se enamor\u00f3 profundamente: de Antonieta Berr\u00edos, una muchacha que nunca accedi\u00f3 a sus requiebros, a pesar de todos sus intentos. Andr\u00e9s se desquitaba con las amigas de Antonieta, pero en el fondo nunca la pudo olvidar. Tuvo la desdicha de ser contratado para su boda con el entonces joven empresario Adolfo Guinand, trabajo que &#8211; seg\u00fan le dijeron &#8211; fue de lejos el mejor de su carrera: ciertos retratos de la novia causaron honda impresi\u00f3n por lo v\u00edvido de la imagen, y en ellos la mirada de la joven parec\u00eda traspasar al observador.<\/p>\n<p>Como todo en la vida, Savarce, despu\u00e9s de varios a\u00f1os de estar en la cresta de la ola, comenz\u00f3 a declinar. Por un lado la competencia era cada d\u00eda m\u00e1s dura, y ya eran pocos los que no contaban con artefactos propios, por lo que las posibilidades de trabajo iban mermando paulatinamente. Y por otra parte Andr\u00e9s comenzaba a padecer los estragos de la edad en el activo m\u00e1s importante para un fot\u00f3grafo, la vista. Cada vez le costaba m\u00e1s enfocar debido a la presbicia que iba galopante. Al principio no era tan evidente, pero poco a poco sus fotos iban perdiendo calidad, luciendo vagamente desenfocadas. Eso era evidentemente un problema, y aunque trataba de ingeniarse m\u00e9todos para contrarrestar ese defecto, era poco lo que pod\u00eda hacer. Ese tema empez\u00f3 a ser del dominio p\u00fablico, y los pocos clientes que le quedaban empezaron a desaparecer. Ya nadie lo contrataba, y el espectro de la miseria empez\u00f3 a rondarlo. Empujado por la desesperaci\u00f3n, desaroll\u00f3 una nueva modalidad de trabajo: iba a las grandes fiestas que se celebraban en los clubes de la ciudad, y procuraba colarse gracias a las amistades que hab\u00eda logrado en el gremio de los porteros, a lo largo de muchos a\u00f1os de compartir con ellos en los bastidores de las celebraciones, comiendo y bebiendo los remanentes de los obsequios. Tomaba todas las fotos que pod\u00eda, las revelaba y posteriormente las iba a ofrecer a los anfitriones, quienes m\u00e1s por caridad que por otra cosa le compraban algunas. La mayor\u00eda le quedaban fr\u00edas, sin embargo.<\/p>\n<p>Andr\u00e9s, sin propon\u00e9rselo, empez\u00f3 a tener un enorme cat\u00e1logo de fotograf\u00edas de fiestas de la alta sociedad. Ten\u00eda en su haber el registro de los momentos de celebraci\u00f3n de centenares de personas encumbradas, momentos en los cuales, gracias al alcohol, se mostraban m\u00e1s desinhibidas que de costumbre. Y gracias a la presbicia de Savarce, aspectos que normalmente quedar\u00edan fuera de foco por no ser parte del motivo principal de la composici\u00f3n aparec\u00edan claramente: miradas furtivas, manos agarradas, besos repentinos. Fue all\u00ed que al fot\u00f3grafo se le ocurri\u00f3 una idea maquav\u00e9lica: encerrado en su cuarto oscuro, se dedic\u00f3 a ampliar ciertos sectores de algunas de las fotograf\u00edas, los cuales posteriormente imprim\u00eda y enviaba a los fotografiados, garantizando total discreci\u00f3n previo pago de cierta suma. Empez\u00f3 a dedicarse a la poco \u00e9tica pero lucrativa profesi\u00f3n de chantajista.Con tal de no verse descubiertas por una sociedad todav\u00eda pacata, las v\u00edctimas pagaban gustosas el chantaje. Savarce ten\u00eda en un pu\u00f1o a lo m\u00e1s granado de la sociedad, y se lo pod\u00eda agradecer a su defecto visual.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, realizando su poco edificante trabajo, se top\u00f3 con algo que lo estremeci\u00f3: en la esquina superior derecha de un borroso retrato de una quincea\u00f1era apareci\u00f3 claramente Antonieta d\u00e1ndose un fogoso beso con un caballero que no era su marido. Y en esa misma foto, al otro lado, Adolfo Guinand aparec\u00eda acaramelado con una rubia oxigenada. Andr\u00e9s medit\u00f3 un rato sobre el hallazgo que hab\u00eda realizado: era algo extraordinario, dos p\u00e1jaros de un solo tiro. En condiciones normales ese trabajo le redituar\u00eda una ganancia excepcional. Pero hay l\u00edmites que no deber\u00edan ser traspasados, pens\u00f3. Hizo dos ampliaciones de los sectores interesantes de la fotograf\u00eda, los revel\u00f3, y posteriormente los ensobr\u00f3 individualmente, uno a nombre de Antonieta Berr\u00edos, otro para Adolfo Guinand. Sin solicitud monetaria alguna: hay placeres que no tienen precio.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La fotograf\u00eda es el arte de congelar momentos, robar miradas indiscretas, captar facetas secretas. 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