{"id":18701,"date":"2011-10-29T09:26:48","date_gmt":"2011-10-29T13:56:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=18701"},"modified":"2011-10-29T09:26:48","modified_gmt":"2011-10-29T13:56:48","slug":"empire-state","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2011\/10\/29\/empire-state\/","title":{"rendered":"Empire State"},"content":{"rendered":"<div class=\"separator\" style=\"clear: both;text-align: center\">\n<a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/thumbs.dreamstime.com\/thumblarge_101\/1164669761t7p5mW.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" border=\"0\" height=\"320\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/thumbs.dreamstime.com\/thumblarge_101\/1164669761t7p5mW.jpg?resize=240%2C320\" width=\"240\" \/><\/a><\/div>\n<p>Tal vez Nueva York sea la ciudad m\u00e1s conocida a todo lo largo del planeta. Presencialmente, o a trav\u00e9s de las innumerables pel\u00edculas que giran en torno a esa gran urbe, quien m\u00e1s quien menos todos conocemos la grandiosidad de Central Park, el encanto de Times Square, y la imponencia de su l\u00ednea de rascacielos. Sobre todo, conocemos su icono por antonomasia: el Empire State Building.<\/p>\n<p>Nicanor Morgado tambi\u00e9n se conoc\u00eda de memoria Nueva York, a\u00fan sin haber pisado jam\u00e1s sus calles. Era un negro alto, corpulento, de andar y habla sosegados, con unos extra\u00f1os ojos verdes que denunciaban una ascendencia mestiza. En efecto era as\u00ed: hab\u00eda sido el resultado de la uni\u00f3n casual y febril de una hermosa morena oriental con un musi\u00fa, un norteamericano de las compa\u00f1\u00edas petroleras que se establecieron en el pa\u00eds a mediados del siglo XX. El musi\u00fa se fue un buen d\u00eda, dejando como recuerdo de su paso por estas tierras a Nicanor. Su madre nunca hizo de su concepci\u00f3n un misterio: \u00e9l siempre supo sobre sus or\u00edgenes, y tal vez por ello suspiraba por conocer alg\u00fan d\u00eda al pa\u00eds de donde proven\u00eda la mitad de su carga gen\u00e9tica. Aunque nunca supo con certeza la ciudad de procedencia de su padre, se hizo la idea de que se trataba de Nueva York, y desde muy peque\u00f1o adquiri\u00f3 el h\u00e1bito de ver todas las pel\u00edculas en las cuales aparec\u00eda la gran metr\u00f3poli. Una en particular se le hab\u00eda instalado en la memoria: \u00abAn affair to remember\u00bb, con Cary Grant y Deborah Kerr, una melodram\u00e1tica historia de amor que tiene al Empire State como elemento principal de la trama. A Nicanor, cuyos amigos le dec\u00edan Nick por pura ansia de molestarlo, se le hab\u00eda vuelto una obsesi\u00f3n la posibilidad de conocerlo, y era el tema central de casi todas sus espor\u00e1dicas conversaciones. Se hab\u00eda impuesto una meta: el a\u00f1o en que cumplir\u00eda 50, ir\u00eda a la ciudad de sus sue\u00f1os. As\u00ed que desde los 20 a\u00f1os empez\u00f3 a ahorrar para ese prop\u00f3sito.<\/p>\n<p>Desempe\u00f1\u00f3 muchos y muy variados oficios: desde repartidor de peri\u00f3dicos, pasando por aprendiz de alba\u00f1il, cobrador, motorizado, hasta recalar en una modesta cafeter\u00eda, en la cual era todo un personaje: su porte y modales gentiles, m\u00e1s su conocida afici\u00f3n, le hicieron ganar el mote de \u00abneyorquino\u00bb, apelativo con el que lo llamaban cuando requer\u00edan otra taza de caf\u00e9, o una empanada m\u00e1s. Era sumamente escrupuloso y atento en el desempe\u00f1o de su oficio; siempre ten\u00eda una sonrisa y una palabra amable para sus clientes, y eso lo ayud\u00f3 en el logro de sus aspiraciones. A punta de propinas, que depositaba religiosamente en el banco una vez por semana, estaba acumulando la suma necesaria para ir a su personal Meca. &nbsp;Simult\u00e1neamente &nbsp;estaba tomando un curso de autoaprendizaje de ingl\u00e9s, y las noches se le iban en su modesto cuartico, dominado por un enorme afiche del Empire State, escuchando los cassettes y repitiendo las lecciones.<\/p>\n<p>Ya faltaba un a\u00f1o para sus cincuenta, y ten\u00eda ahorrada casi toda la suma necesaria, cuando empez\u00f3 a realizar los tr\u00e1mites obligatorios para obtener la visa americana, requisito indispensable para entrar a aquel pa\u00eds. No le fue para nada f\u00e1cil: la cantidad de recaudos, las imposiciones, las restricciones impuestas por el riguroso sistema de inmigraci\u00f3n estadounidense parec\u00edan insalvable escollo para el pobre Nicanor, quien ve\u00eda como se le estaba volviendo imposible lograr su sue\u00f1o. Pero un inexplicable golpe de suerte lo salv\u00f3: un espor\u00e1dico visitante de la cafeter\u00eda, quien result\u00f3 ser un funcionario de la embajada norteamericana, entabl\u00f3 conversaci\u00f3n con Nick y supo de su \u00edntima epopeya por llegar a Nueva York, conmovi\u00e9ndose con la historia, y le dio una mano con los tr\u00e1mites, no sin antes haber logrado conseguir el juramento de el &nbsp;\u00abneyorquino\u00bb sobre sus intenciones de ir, visitar la ciudad durante unos d\u00edas y regresarse.<\/p>\n<p>Ya se acercaba el d\u00eda de su viaje, y casi no pod\u00eda dormir de la emoci\u00f3n: por fin lograr\u00eda el sue\u00f1o de toda su vida, subir\u00eda a lo m\u00e1s alto de aquel edificio y contemplar\u00eda el paisaje de la m\u00e1s importante ciudad del mundo. En la cafeter\u00eda le prepararon una modesta celebraci\u00f3n, a la cual concurrieron todos los parroquianos que hab\u00edan ayudado a Nicanor con sus propinas. \u00c9ste, con l\u00e1grimas en los ojos, les agradeci\u00f3 el gesto con un corto discurso que gir\u00f3 en torno a lo obvio: su ansiado encuentro con la gran urbe, y el edificio de sus anhelos.<\/p>\n<p>Y lleg\u00f3 el d\u00eda de su arribo a Nueva York. La mirada de estupefacci\u00f3n no se le quit\u00f3 ni por un momento: todo le parec\u00eda inveros\u00edmil, gigante, inasible.A pesar de ser habitante de una ciudad capital de un pa\u00eds, le parec\u00eda que Caracas ven\u00eda siendo una aldea al lado de la inconmensurabilidad de lo que estaba viendo. Se sinti\u00f3 realmente abrumado en el trayecto que lo llevar\u00eda del aeropuerto al modesto hotel en el barrio de Brooklyn, que hab\u00eda escogido por lo barato. Una vez instalado en su habitaci\u00f3n, desempac\u00f3 sus pocas ropas y se dispuso a planificar su primera visita a la ciudad. No quiso desbocarse, por lo que urdi\u00f3 un plan de paseos por los lugares vecinos, dejando para el d\u00eda central de su estad\u00eda la visita al rascacielos.<\/p>\n<p>As\u00ed lo hizo, y poco a poco fue descubriendo los tesoros que alberga la megal\u00f3polis. Con ojos de turista, evidentemente: se limit\u00f3 a ir a los lugares se\u00f1alados en las gu\u00edas, que le parecieron a la vez conocidos &#8211; por las visualizaciones cinematogr\u00e1ficas &#8211; y totalmente distintos a lo que ten\u00eda almacenado en la mente. Dedic\u00f3 todo un d\u00eda a conocer ese enorme pulm\u00f3n vegetal que constituye Central Park, en donde se dio el lujo de almorzar en un restaurant en el cual lo atendieron a cuerpo de rey, o por lo menos as\u00ed le pareci\u00f3. Pero no lo disfrut\u00f3 del todo, estando como estaba impaciente por conocer el motivo fundamental de su visita. As\u00ed que al d\u00eda siguiente, a las 8 de la ma\u00f1ana, se encontraba frente al port\u00f3n de entrada del rascacielos m\u00e1s importante del mundo.<\/p>\n<p>Nicanor no se ech\u00f3 a llorar por puro decoro, pero no era para menos: en la pared del rascacielos estaba colocado un cartel que dec\u00eda: \u00abEdificio en mantenimiento. Visitas suspendidas hasta nuevo aviso.\u00bb. No pod\u00eda creerlo: todas las ilusiones que hab\u00eda acumulado a lo largo de su vida, sus ansias, su primordial deseo vital, se ve\u00eda desmoronado por ese capricho del destino. Se sent\u00f3 un rato en un banco, a cavilar sobre su mala suerte, pero tom\u00f3 una determinaci\u00f3n. Ya que no podr\u00eda conocer el Empire State, ir\u00eda a otro rascacielos, tan o tal vez m\u00e1s imponente: el World Trade Center. Consult\u00f3 la hora en una enorme marquesina que anunciaba los datos cronol\u00f3gicos y atmosf\u00e9ricos: eran las 8:15 de la ma\u00f1ana, de un d\u00eda que se preve\u00eda soleado: el 11 de septiembre de 2001.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tal vez Nueva York sea la ciudad m\u00e1s conocida a todo lo largo del planeta. Presencialmente, o a trav\u00e9s de las innumerables pel\u00edculas que giran en torno a esa gran urbe, quien m\u00e1s quien menos todos conocemos la grandiosidad de Central Park, el encanto de Times Square, y la imponencia de su l\u00ednea de rascacielos. 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