{"id":18197,"date":"2011-10-08T14:25:17","date_gmt":"2011-10-08T18:55:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=18197"},"modified":"2011-10-09T14:53:30","modified_gmt":"2011-10-09T19:23:30","slug":"el-banquete","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2011\/10\/08\/el-banquete\/","title":{"rendered":"El banquete"},"content":{"rendered":"<div class=\"separator\" style=\"clear: both;text-align: center\"><a href=\"http:\/\/elfogondevalentina.files.wordpress.com\/2011\/04\/chef.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" style=\"border-style: initial;border-color: initial;border-width: 0px\" src=\"http:\/\/elfogondevalentina.files.wordpress.com\/2011\/04\/chef.jpg?resize=350%2C345\" alt=\"\" width=\"350\" height=\"345\" border=\"0\" \/><\/a><\/div>\n<p>Nunca pelees con la persona que te sirve la comida. Es una conseja popular, que no \u00a0deja de ser cierta: quienes tienen acceso a tu alimentaci\u00f3n tienen poder sobre tu vida. En el mejor de los casos, pueden hacerte pasar un mal rato, si los logras molestar.<\/p>\n<p>Andr\u00e9 Valjean era un hombre que se hab\u00eda hecho a s\u00ed mismo, partiendo desde el nombre. Antes de ser quien era hoy, un respetable chef con estudios en Francia &#8211; en donde hab\u00eda logrado dominar a la perfecci\u00f3n las destrezas indispensables para su oficio, gracias a largas pasant\u00edas en restaurantes de las m\u00e1s variadas categor\u00edas: desde humildes bistrots familiares, en los cuales le ense\u00f1aron lo b\u00e1sico, hasta grandes comedores merecedores de m\u00e1s de un tenedor en la gu\u00eda Michel\u00edn &#8211; era Juan Camacho, un humilde muchach\u00f3n de un barrio cualquiera de la capital, que hubiera podido terminar como un malandro o como un oficinista, dependiendo de las encrucijadas propuestas por la vida, pero que ten\u00eda una pasi\u00f3n innata por el buen comer. \u00c9sto, y una decepci\u00f3n amorosa, lo empujaron un d\u00eda a dejar atr\u00e1s su previsible vida de carencias y luchas para sobrevivir en su hostil entorno y, armado \u00fanicamente de su valor y una carta de recomendaci\u00f3n de un \u00abpadrino\u00bb (un amigo especial de su madre, quien ten\u00eda algunas conexiones en la embajada francesa y le hab\u00eda ca\u00eddo en gracia Juan) emprendi\u00f3 el viaje a Europa. No los fatigar\u00e9 con el relato de su vida en tierras francesas, solamente dir\u00e9 que despu\u00e9s de 10 a\u00f1os de arduo trabajo se sinti\u00f3 capacitado para ejercer el oficio en su tierra natal, por la cual no hab\u00eda dejado de sentir nostalgia desde el primer d\u00eda de su voluntario exilio.<\/p>\n<p>Volvi\u00f3, pues, a la capital que lo vio nacer, pero en condiciones muy diferentes: ahora ten\u00eda un nombre y unos pergaminos que lo acreditaban como maestro de cocina, y lo primero que hizo fue instalarse en un peque\u00f1o sal\u00f3n, unas cinco mesas y un diminuto espacio de cocina nada m\u00e1s, en el cual despleg\u00f3 todos sus conocimientos y comenz\u00f3 a destacarse dentro de la oferta gastron\u00f3mica de la ciudad. Fue corri\u00e9ndose la voz, y se volvi\u00f3 el sitio de moda, frecuentado por la far\u00e1ndula y la alta esfera pol\u00edtica.<\/p>\n<p>El negocio marchaba bien, mas Andr\u00e9 no ten\u00eda habilidades para la administraci\u00f3n, y empez\u00f3 a acumular deudas; eran bajas al principio, pero poco a poco fueron aumentando como bola de nieve; lleg\u00f3 un momento en el cual tuvo que tomar la triste decisi\u00f3n de venderle el punto a unos inversionistas lusitanos, y aceptar la propuesta de trabajo que le hab\u00eda hecho algunos meses atr\u00e1s uno de sus clientes, un pol\u00edtico que aunaba a una inmensa fortuna \u00a0una descomunal mala educaci\u00f3n. Sin embargo el hambre tiene cara de perro, y Valje\u00e1n opt\u00f3 por aceptar la oferta de Nicol\u00e1s Serra: ser\u00eda su chef particular, con derecho a vivienda.<\/p>\n<p>Andr\u00e9 se instal\u00f3 en la mansi\u00f3n de Serra, y desde el primer d\u00eda se arrepinti\u00f3 de la decisi\u00f3n. Nicol\u00e1s era el cl\u00e1sico pat\u00e1n reci\u00e9n vestido, cuyas \u00fanicas virtudes eran la astucia y la malignidad, y hab\u00eda llegado a una alta posici\u00f3n social reptando, denunciando, traicionando y adulando. No ten\u00eda el menor atisbo de educaci\u00f3n, ni de urbanidad. Su casa era un compendio de mal gusto, en la que abundaban d\u00f3ricas columnas de mamposter\u00eda, cuadros de mujeres desnudas y esculturas de yeso, un ambiente que \u00e9l se figuraba barroco pero en realidad era de pacotilla, simplemente. Nicol\u00e1s trataba a Valje\u00e1n como un sirviente, ni m\u00e1s ni menos; lo obligaba a hacer mandados, a encargarse de las compras, y de las mascotas (Serra ten\u00eda una gran colecci\u00f3n de animales, siendo sus consentidos dos enormes gatos de angora, gordos y peludos). Para rematar, sus gustos culinarios no hab\u00edan evolucionado a la par de su inmerecida fortuna, y la mayor\u00eda de las veces Andr\u00e9 cocinaba pasta (a la cual Serra ba\u00f1aba de mayonesa, con gran bochorno del chef), o bistecks con tajadas. Solamente en algunas ocasiones, cuando el nuevo rico daba alguna cena, Valje\u00e1n pod\u00eda lucirse en los fogones, y todo el mundo elogiaba sus creaciones culinarias. Todos, menos Nicol\u00e1s, quien nunca estaba satisfecho y a cada preparaci\u00f3n le encontraba alg\u00fan defecto.<\/p>\n<p>Valje\u00e1n estaba ya bastante harto, y hab\u00eda tomado la decisi\u00f3n de irse, cuando un d\u00eda le toc\u00f3 atender a una importante visita de Serra. Sinti\u00f3 que el coraz\u00f3n se le desbocaba, al darse cuenta de quien se trataba: Maigualida Hern\u00e1ndez, la muchacha que le hab\u00eda destrozado las ilusiones unos doce a\u00f1os atr\u00e1s. Como pudo trat\u00f3 de disimular su estado de \u00e1nimo, y procur\u00f3 mantener el m\u00e1s bajo perfil posible, para evitar que ella supiera quien era \u00e9l en realidad. Nicol\u00e1s, con sus modos insultantes, le dijo que la se\u00f1orita iba a tener una reuni\u00f3n \u00edntima con \u00e9l, la noche del s\u00e1bado, y que deseaba una cena especial, en la cual derrochara toda su sapiencia, sin escatimar en gastos. Andr\u00e9 replic\u00f3 que cocinar\u00eda un banquete tan memorable, que nunca lo podr\u00edan olvidar en lo que les restara de vida.<\/p>\n<p>El chef planific\u00f3 concienzudamente los platos que ir\u00eda a servir esa noche: quer\u00eda alcanzar la perfecci\u00f3n, crear un viaje gastron\u00f3mico que conjugara los m\u00e1s exquisitos manjares y los caldos de vi\u00f1edo perfectos para ellos.\u00a0Trabaj\u00f3 afanosamente durante dos d\u00edas, y la noche del s\u00e1bado, cuando los dos odiados comensales ocupaban sus respectivos asientos en la mesa del comedor principal de la mansi\u00f3n (un bloque de m\u00e1rmol trasl\u00facido apoyado sobre unas bases de basalto negro, esculpidas como cisnes, y unas sillas de estuco dorado y terciopelo atigrado) \u00a0se acerc\u00f3 a ellos, dando el siguiente discurso:<\/p>\n<p>-Buenas noches, estimados. Para esta ocasi\u00f3n tan especial he preparado un men\u00fa que los llevar\u00e1 a trav\u00e9s de<br \/>\nvarios pa\u00edses, mediante los sabores que he escogido precisamente para tal fin. Los manjares que degustar\u00e1n tienen la particularidad de poseer un hilo conductor, un ingrediente que estar\u00e1 en cada uno de ellos. Cuando llegue el momento del postre, si no lo hubieran adivinado todav\u00eda, sabr\u00e1n cual es. Sin m\u00e1s proleg\u00f3menos, les presento la entrada, que corresponde a nuestro primer pa\u00eds: Francia.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n deposit\u00f3 delante de ambos comensales sendos platillos en los que estaba servido un pat\u00e9 de h\u00edgado fresco. Su untuosidad era especial, as\u00ed como su sabor. Acompa\u00f1\u00f3 esa entrada con un champagne Dom Perignon, que se encarg\u00f3 de acentuar el sabor algo amargo del pat\u00e9.<\/p>\n<p>Una vez que la pareja hubo terminado la entrada, con grandes manifestaciones de agrado, Andr\u00e9 \u00a0se volvi\u00f3 a dirigir a ellos:<\/p>\n<p>&#8211; Espero que de verdad hayan disfrutado de ese pat\u00e9 tanto como disfrut\u00e9 yo en su elaboraci\u00f3n. Ahora, nuestro viaje contin\u00faa por la bella Italia.<\/p>\n<p>Dispuso una gran sopera sobre la mesa, la destap\u00f3 y le sirvi\u00f3 a Serra y Maigualida unos tortellini que navegaban en un caldo denso y oscuro. Como bedida, la elecci\u00f3n fue un Pinot Grigio, pefecto maridaje para la sopa. Nicol\u00e1s le habl\u00f3 por primera vez de manera amable a Valje\u00e1n:<\/p>\n<p>-Caramba, chef, hoy si te est\u00e1s luciendo. Est\u00e1 todo realmente delicioso. Y creo saber ya de cual ingrediente estamos hablando: \u00bfes algo de cacer\u00eda, verdad? Siento cierto sabor que me recuerda una vez que un t\u00edo caz\u00f3 una lapa y nos la cocin\u00f3.<\/p>\n<p>-Est\u00e1 bastante cerca, patr\u00f3n. Pero vamos a avanzar en la cena. El plato fuerte corresponde a nuestra cocina mantuana, que como saben est\u00e1 fuertemente influenciada por la espa\u00f1ola.<\/p>\n<p>Con esas palabras, deposit\u00f3 sobre la mesa un gran fuente en la que estaba una polvorosa, con su delicada costra de masa dorada. Le sirvi\u00f3 una porci\u00f3n a cada comensal, y el vino elegido fue un Cari\u00f1ena: robusto, con mucho cuerpo, e ideal para contrastar los sabores especiados del plato. Los ten\u00eda totalmente embelesados: cada bocado que engull\u00edan les sab\u00eda a gloria. Esa polvorosa ten\u00eda los sabores del terru\u00f1o: el aj\u00ed, el ceboll\u00edn, el piment\u00f3n, las aceitunas configuraban los aromas que est\u00e1n en el inconsciente colectivo del venezolano, y evocan \u00e9pocas pasadas. Los comensales estaban sumamente relajados, y bastante bebidos tambi\u00e9n, gracias a la ingesta de tama\u00f1a cantidad y variedad de vinos.<\/p>\n<p>-Espero que tengan lugar para el postre: esta vez vamos a ir a B\u00e9lgica. Cuando lo vean, sabr\u00e1n cual ingrediente fue el com\u00fan denominador de esta memorable cena.<\/p>\n<p>-\u00a1Por supuesto que tenemos espacio para ese postre, y la curiosidad nos mata! Tr\u00e1elo ya.<\/p>\n<p>Andr\u00e9 se dirigi\u00f3 lentamente a la cocina, de donde sali\u00f3 al poco rato empujando el carrito de los postres. Encima de \u00e9l campeaba una plat\u00f3n tapado por un mantel. Con un \u00a0gesto teatral el chef \u00a0lo removi\u00f3, y lo que vieron unos estupefactos Nicol\u00e1s y Maigualida fue algo realmente excepcional: una escultura de chocolate negro, que figuraba una pareja de gatos de angora.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nunca pelees con la persona que te sirve la comida. 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