{"id":17984,"date":"2011-09-24T11:02:38","date_gmt":"2011-09-24T15:32:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=17984"},"modified":"2011-09-24T11:48:50","modified_gmt":"2011-09-24T16:18:50","slug":"la-historia-de-ana-marco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2011\/09\/24\/la-historia-de-ana-marco\/","title":{"rendered":"La historia de Ana y Marco"},"content":{"rendered":"<div class=\"separator\" style=\"clear: both;text-align: center\">\n<a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.difossombrone.it\/images\/curiosita\/laika_domenicadelcorriere.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" border=\"0\" height=\"640\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.difossombrone.it\/images\/curiosita\/laika_domenicadelcorriere.jpg?resize=442%2C640\" width=\"442\" \/><\/a><\/div>\n<p>Cuando era peque\u00f1o, all\u00e1 en los a\u00f1os sesenta, no ten\u00eda muchas distracciones &#8211; comparativamente con las posibilidades actuales, se entiende. Las diversiones habituales eran los 2 o 3 blanquinegros canales de televisi\u00f3n, las eventuales visitas a los parques, una que otra ida al cine; pero sobre todo eso privaba la lectura. Desde mis primeros a\u00f1os, una vez adquirida la habilidad de leer, me convert\u00ed un devorador de cualquier material escrito que llegara a mi poder. No discriminaba mucho, en ese entonces (creo que esa ma\u00f1a a\u00fan perdura). Desde enciclopedias hasta prospectos de productos, todo lo que pasaba por mis manos era le\u00eddo. Una de las cosas que m\u00e1s disfrutaba, no obstante, era \u00abLa dom\u00e9nica del corriere\u00bb: &nbsp;una revista italiana que llegaba a la casa despu\u00e9s de haber hecho un periplo por los hogares de otros inmigrantes como nosotros. Nunca supe el origen de dichas revistas; supongo que las compraba el m\u00e1s pudiente, o el m\u00e1s ansioso de contacto con la patria lejana, de nuestro c\u00edrculo de amistades; solo se que llegaban, peri\u00f3dicamente, con un par de meses de haber salido a la calle.Seg\u00fan la recuerdo era una revista maravillosa,con art\u00edculos interesantes, gr\u00e1ficas impactantes, y una secci\u00f3n literaria en la cual se publicaban cortos relatos, escritos por &nbsp;-lo que vine sabiendo despu\u00e9s- algunas de las m\u00e1s importantes plumas de la narrativa italiana de esos tiempos. De aquellos relatos recuerdo uno en particular, y lo voy a transcribir libremente, con lo que queda de \u00e9l en mi golpeada memoria.No me acuerdo con claridad c\u00f3mo terminaba, por lo que le voy a fabricar un final: el que me parece m\u00e1s l\u00f3gico.<\/p>\n<p>Ana y Marco eran dos j\u00f3venes, pobres de solemnidad, que se hab\u00edan conocido un d\u00eda cualquiera y a partir de entonces nunca m\u00e1s se separaron. Viv\u00edan en un peque\u00f1o y sucio cuarto de una m\u00edsera pensi\u00f3n, a las afueras de la ciudad. Para ganarse el sustento, recurr\u00edan a algunos subterfugios que no vienen al caso, pero nunca llegaron a cometer fechor\u00eda alguna &#8211; no faltaba m\u00e1s, \u00e9ste es un cuento de Navidad. Ana era una hermosa mujer, cuyo m\u00e1s bello atributo lo constitu\u00eda una larga y frondosa cabellera, negra como la noche sin luna, o como ala de cuervo (esto no lo recuerdo bien). Marco era un joven fuerte y alto, cuya &nbsp;\u00fanica posesi\u00f3n era un hermoso cuchillo de caza, que llebaba a todas partes y &nbsp;lo hab\u00eda protegido con \u00e9xito en m\u00e1s de un trance dificultoso. Como dije antes, eran sumamente pobres, y lo que ganaban lo utilizaban en proveerse de algunos v\u00edveres esenciales (se alimentaban casi exclusivamente de manzanas y pan, me imagino que se la pasar\u00edan est\u00edticos) y en el alquiler del cuartucho. Sin embargo, como eran j\u00f3venes, so\u00f1aban. So\u00f1aban despiertos, cuando paseaban por las tiendas del sector comercial de la ciudad y se asomaban en las vidrieras, so\u00f1ando con poder comprar todos esas hermosos y relucientes objetos. De vez en cuando, entraban a alguna de las tiendas para observar m\u00e1s de cerca la mercanc\u00eda, antes de que al dependiente le diera tiempo de correrlos, por su aspecto de indigentes.<\/p>\n<p>Fue en una de esas tiendas, en \u00e9poca de Navidad, &nbsp;que Ana y Marco vieron las cosas que m\u00e1s les gustaron: la muchacha se enamor\u00f3 de un prendedor para el cabello, una constelaci\u00f3n de peque\u00f1os brillantes, que hubiera lucido precioso sobre su corvina cabellera; y Marco codici\u00f3 una funda de cuero que le calz\u00f3 a la perfecci\u00f3n a su cuchillo de caza. Ambos fantasearon un poco con sus imaginarias posesiones, pero al cabo de un rato, viendo que afuera comenzaba a nevar (pues para colmo de males en esa ciudad tambi\u00e9n nevaba), volvieron a poner los pies sobre la tierra y regresaron a su humilde aposento. Iban tristes, sabiendo que nunca habr\u00edan llegado a poseer esos objetos. Pero m\u00e1s tristes a\u00fan se pon\u00edan al pensar que no podr\u00edan hacerle un obsequio a su pareja.<\/p>\n<p>El d\u00eda de la v\u00edspera de Navidad, Marco sali\u00f3 bien temprano a la ciudad, a hacer una misteriosa diligencia sobre la cual no le dio mayor informaci\u00f3n a Ana. Una vez ido, la mujer hizo lo propio, cuid\u00e1ndose de que su hombre no la viera. Estuvieron fuera todo el d\u00eda, y se encontraron cuando ya la noche hab\u00eda ca\u00eddo sobre la tierra, y en las casas cercanas se escuchaba el canto de aguinaldos y villancicos, y las risas de los ni\u00f1os que celebraban la m\u00e1s alegre de las fiestas. Ana lleg\u00f3 primero, y aguardaba ansiosa a Marcos, con la luz apagada, apenas con el resplandor de la chimenea (era un cuarto humilde, pero por lo menos gozaba de calefacci\u00f3n, aparentemente); cuando \u00e9ste lleg\u00f3, le dijo: \u00abHola, amor: no enciendas la luz, \u00a1te tengo una sorpresa!\u00bb a lo que el muchacho le contest\u00f3: \u00abYo tambi\u00e9n traigo una sorpresa para ti\u00bb. &nbsp;\u00abToma\u00bb, le dijo Ana; \u00abToma\u00bb, le dijo Marcos. De esa manera intercambiaron dos paquetes, cuidadosamente envueltos en papel de estraza (sabr\u00e1 Dios). Marco encendi\u00f3 la luz, cuando ya hab\u00edan abierto los paquetes: Ana ten\u00eda en sus manos el hermoso prendedor que hab\u00eda visto en la tienda, y por supuesto Marcos observaba embelesado la funda para su cuchillo. Entonces Marco levant\u00f3 la vista hacia Ana, y vio que su hermosa cabellera hab\u00eda desaparecido. &nbsp;Ana le dijo: \u00abponle la funda al cuchillo\u00bb, pero \u00e9l, con una inmensa tristeza en los ojos, hizo una mueca de negaci\u00f3n, y contest\u00f3: \u00abel cuchillo lo vend\u00ed, para comprarte el prendedor; \u00bfpero, que le pas\u00f3 a tu cabello?\u00bb \u00abEl cabello lo vend\u00ed, para comprarte la funda&#8230;\u00bb y estall\u00f3 en un llanto copioso y sollozante. Marco la tom\u00f3 en sus brazos, tratando de consolarla. Pero no pudo hacer menos que constatar que, sin su cabellera, Ana era bastante fea. Y ella, por su parte, lloraba porque se dio cuenta de que Marco, sin el cuchillo, perd\u00eda todo su atractivo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando era peque\u00f1o, all\u00e1 en los a\u00f1os sesenta, no ten\u00eda muchas distracciones &#8211; comparativamente con las posibilidades actuales, se entiende. 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