{"id":17731,"date":"2011-09-10T11:09:59","date_gmt":"2011-09-10T15:39:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=17731"},"modified":"2011-09-10T11:09:59","modified_gmt":"2011-09-10T15:39:59","slug":"la-caceria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2011\/09\/10\/la-caceria\/","title":{"rendered":"La cacer\u00eda"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/2.bp.blogspot.com\/_QyEcn0oAvZo\/SuSjtYM2WmI\/AAAAAAAAA7o\/fmVJ-i7FB_k\/s320\/Taxi%2Bpatas%2Bblancas.jpg?resize=320%2C225\" class=\"alignnone\" width=\"320\" height=\"225\" \/><br \/>\n6:45 de la tarde, la hora perfecta para comenzar la cacer\u00eda. Sobre todo cuando amenaza lluvia, la ciudad est\u00e1 vuelta un caos y el metro es incapaz de transportar a tanta gente junta, tratando de llegar a lo que sea que llamen hogar. En esos casos es sumamente f\u00e1cil encontrar a la v\u00edctima adecuada, indefensa y literalmente loca de ganas de ser cazada. Generalmente se ponen de acuerdo unas 2 o 3, para compartir el gasto. Pero los cazadores furtivos saben escoger bien a su presa, y tienen la virtud esencial en ese trabajo: la paciencia. Se dedican a merodear el coto de caza, pasando lentamente cerca de las aceras, insin\u00faandosele a las potenciales v\u00edctimas que sopesan sus posibilidades; a medida que se va haciendo m\u00e1s tarde, van disminuyendo las personas en la calle, y en proporci\u00f3n inversa va creciendo la angustia de las que quedan. Ese es el momento de quiebre, all\u00ed fatalmente abordar\u00e1n el veh\u00edculo, para la que pudiera ser su \u00faltima carrera.<\/p>\n<p>El cazador de nuestro cuento estaba siguiendo el manual de procedimientos descrito arriba, pero no hab\u00eda tenido suerte a\u00fan. El digital marcaba en el tablero las 8:05; ya era tarde como para que alguna  damisela en apuros necesitase sus servicios de transporte. Estaba ya resignado a abandonar el sitio, cuando, a la orilla de la acera, una mujer vestida como lo hubiera hecho una ejecutiva (falda negra, a media pierna, blusa blanca y blazer negro tambi\u00e9n, con un portafolios en la mano) le hiciera la se\u00f1al de costumbre. Sin que mediara un instante, orill\u00f3 el veh\u00edculo, baj\u00f3 el vidrio y le inquiri\u00f3 a la dama: \u00abBuenas noches, \u00bfhacia donde se dirige la se\u00f1ora?\u00bb  \u00abVoy a El Manzanal, calle 13 con avenida 4&#8230;\u00bb \u00abCaramba, eso es bastante lejos&#8230; le va a costar caro.\u00bb \u00abCaro, \u00bfcuanto?\u00bb  Le dijo la cifra: ni muy baja como para hacerla sospechar ni muy alta como para que desechara la oferta. \u00abEst\u00e1 bien, pero sin trucos. Nada de tomar atajos extra\u00f1os, nada de paradas imprevistas. Me lleva derechito a donde le dije.\u00bb \u00abFaltaba m\u00e1s, se\u00f1ora. Si duda de mi, es preferible que espere otro taxi.\u00bb \u00abNo, s\u00f3lo quer\u00eda dejar las cosas claras desde el principio.\u00bb El cazador pens\u00f3 que, dada la ubicaci\u00f3n de la residencia de la dama, en un lugar bastante apartado y solitario, no iba a ser necesario ning\u00fan subterfugio, y le replic\u00f3 \u00abSe har\u00e1 como usted diga, uno busca atajos para llegar m\u00e1s r\u00e1pido, pero el cliente manda\u00bb.<\/p>\n<p>La dama subi\u00f3 al asiento trasero del veh\u00edculo (un carro bastante reciente, aromatizado con ambientador de pino, que le record\u00f3 a un desinfectante que utilizaban en su casa, cuando ni\u00f1a). El chofer le pregunt\u00f3: \u00abquiere que encienda el aire acondicionado, o tiene fr\u00edo?\u00bb \u00abPuede encenderlo, as\u00ed no escuchamos los ruidos de la calle\u00bb. \u00ab\u00bfLe gusta alguna estaci\u00f3n de radio, o alg\u00fan tipo de m\u00fasica?\u00bb \u00abNo tengo ninguna preferencia en particular, escoja usted.\u00bb El hombre encendi\u00f3 el reproductor, y sintoniz\u00f3 una estaci\u00f3n de m\u00fasica cl\u00e1sica, suponiendo que le iba a agradar a su pasajera. Enfil\u00f3 el autom\u00f3vil hacia la autopista, cuando los primeros goterones emperon a salpicar el parabrisas del veh\u00edculo, al tiempo que sonaba un fuerte trueno. \u00ab\u00a1Vaya, como que tendremos tormenta!\u00bb \u00abSi, que fastidio. Ahora la cola va a ser infernal.\u00bb \u00abEs as\u00ed, sobre todo hacia donde va usted. La autopista se va a convertir en un estacionamiento.\u00bb \u00abCreo que tiene raz\u00f3n, por esta vez vamos a tomar ese atajo que usted seguramente sabe.\u00bb Esas palabras le sonaron a gloria al hombre, coronar\u00eda la acci\u00f3n antes de lo previsto. \u00abUsted va a ver que maravilla de atajo conozco, va a llegar en un santiam\u00e9n.\u00bb<\/p>\n<p>El conductor se acerc\u00f3 a la primera salida de la autopista a la que tuvo acceso, y tom\u00f3 por una estrecha callejuela, que llevaba a la carretera vieja. Se la conoc\u00eda de memoria, cada vericueto, cada callej\u00f3n, cada barriada hab\u00edan sido visitados por \u00e9l en su ya a\u00f1ejo oficio. \u00abNo tenga miedo, esta carretera es bastante sola pero es sana, la gente que vive por aqu\u00ed es decente.\u00bb \u00ab\u00bfEn serio? Nunca me hab\u00eda metido por esta v\u00eda.\u00bb \u00abVa paralela a la autopista, solo que por la monta\u00f1a, por eso parece que es otro lado.\u00bb \u00abEspero que no se trate de un truco, se\u00f1or&#8230;\u00bb empez\u00f3 a decir la mujer, con la voz entrecortada. \u00abNo se ponga nerviosa, se\u00f1orita, que la voy a llevar sana y salva a su residencia&#8230;\u00bb dec\u00eda, mientras avistaba un recodo en la v\u00eda sumergido en la m\u00e1s absoluta obscuridad. Con la mano derecha busc\u00f3 el revolver, disimulado bajo una chaqueta, al tiempo que deten\u00eda bruscamente el carro.<\/p>\n<p>Pero ocurri\u00f3 algo no previsto: sinti\u00f3 sobre la nuca el contacto de un objeto met\u00e1lico, fr\u00edo. Y la voz de la mujer que le dec\u00eda \u00abQu\u00e9date quieto, cabr\u00f3n, o te vuelo la cabeza. \u00a1Levanta las manos y no intentes nada, si no quieres que te deje pegado aqu\u00ed!\u00bb Una oleada de rabia le recorri\u00f3 el cuerpo, y en un instante sopes\u00f3 sus posibilidades. En una fracci\u00f3n de segundo decidi\u00f3 hacerle frente a la mujer, pero el sonido del gatillo, arm\u00e1ndose, lo disuadi\u00f3 de hacerlo. Trat\u00f3 de utilizar la psicolog\u00eda: \u00abPero bueno, se\u00f1orita, \u00bfque se figura? Fren\u00e9 porque hab\u00eda un hueco&#8230;\u00bb \u00ab\u00bfY tu que te figuras, so pendejo? Te estoy atracando, as\u00ed que te me vas bajando del carro. No lo apagues, y no intentes nada si quieres quedarte vivo.\u00bb El hombre baj\u00f3 del carro, y la mujer tambi\u00e9n, siempre apunt\u00e1ndolo a la cabeza. La lluvia hab\u00eda dejado de ser una amenaza para convertirse en una fr\u00eda realidad.\u00bbAhora desn\u00fadate.\u00bb\u00bb\u00bfComo?\u00bb\u00bbMe escuchaste, desn\u00fadate.\u00bb replic\u00f3 al tiempo que soltaba un balazo que le pas\u00f3 rozando el cuerpo. \u00abNo estoy jugando.\u00bb El hombre se desnud\u00f3, tirando la ropa a un lado. \u00abmete la ropa en el carro.\u00bb Lo hizo, y pregunt\u00f3: \u00ab\u00bfAhora que?\u00bb \u00abAhora corre lo m\u00e1s que puedas, cuento cinco y llevo tres\u00bb. Al notar que titubeaba, la mujer hizo sonar de nuevo su arma, que funcion\u00f3 como se\u00f1al de partida para los cien metros planos. El hombre corri\u00f3, desnudo como estaba, por la carretera, en sentido contrario al que ven\u00edan transitando. La mujer se le qued\u00f3 viendo,divertida, un rato: las nalgas blancas se le se iluminaban con los rel\u00e1mpagos.Cando lo perdi\u00f3 de vista abord\u00f3 el carro, y se fue, mientras sintonizaba en la radio una estaci\u00f3n de salsa brava.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>6:45 de la tarde, la hora perfecta para comenzar la cacer\u00eda. Sobre todo cuando amenaza lluvia, la ciudad est\u00e1 vuelta un caos y el metro es incapaz de transportar a tanta gente junta, tratando de llegar a lo que sea que llamen hogar. 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