{"id":17541,"date":"2011-08-23T14:34:18","date_gmt":"2011-08-23T19:04:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/?p=17541"},"modified":"2011-08-25T08:03:23","modified_gmt":"2011-08-25T12:33:23","slug":"las-palabras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.panfletonegro.com\/v\/2011\/08\/23\/las-palabras\/","title":{"rendered":"LAS PALABRAS"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left\" align=\"center\"><strong>LAS PALABRAS<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: right\" align=\"center\"><strong>POR CARLOS SCHULMAISTER<\/strong><\/p>\n<p>Las palabras enlazan el mundo interior y exterior del hombre, es decir, su conciencia y el universo que lo contiene, produci\u00e9ndose as\u00ed su mutua constituci\u00f3n y referenciaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Si represent\u00e1ramos al universo como un edificio de mamposter\u00eda las palabras equivaldr\u00edan por un lado a los ladrillos, es decir, a la infinidad de piezas o partes que lo componen -incluidas las inmateriales-, y por el otro a los conectores que facilitan la articulaci\u00f3n entre ellas (como el cemento, el hierro, las ca\u00f1er\u00edas y el cableado soldando, estructurando, conduciendo y transportando, respectivamente) y\u00a0el edificio del mundo viviente que incluye a ambos.<\/p>\n<p>\u00a0B\u00e1sicamente ellas designan, se\u00f1alan, nombran, aluden.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n iluminan, explican, convencen, persuaden o disuaden. Otras palabras alegran, divierten, entusiasman, prestigian, enardecen o conmueven. Y otras asustan, inquietan, paralizan y llegan a matar.<\/p>\n<p>Todas viven nuestra vida y de nuestra vida -por un tiempo- y de la vida de aquellos que las tienen presentes, independientemente de los v\u00ednculos que establecen con ellas. \u00a0<\/p>\n<p>Cada generaci\u00f3n descubre y redescubre novedades, las examina, las mide y compara, las bautiza, las nombra\u00a0 y registra con solemnidad, como si la vida reci\u00e9n comenzara.<\/p>\n<p>Pero la vida marcha como siempre, aunque de cuando en cuando nos da sorpresas, pero \u00e9stas, as\u00ed como nacen han de morir. Todo en ella se renueva y refulge por un tiempo; luego, esos brillos se apagan imperceptiblemente como si una capa de polvo se posara sobre todas las cosas. Por consiguiente, a las palabras que las nombran les sucede algo similar, pues pese a su inmaterialidad se tornan cada vez m\u00e1s densas, pesadas y ambiguas, a fuerza de sostener tantos significados hist\u00f3ricos que nacen, se reproducen y mueren como los hombres.<\/p>\n<p>Ciertas certezas, nuevas o renovadas, alborozan, emocionan, conmueven y fortalecen a ciertos hombres. Ciertas dudas atemorizan a otros ciertos hombres. Y otros m\u00e1s astutos eligen recubrirse de una coraza o de un pararrayos para examinarlas a todas, junto con los objetos designados, y poseerlas sin recibir descargas peligrosas de ninguna especie.<\/p>\n<p>Estos \u00faltimos son los que\u00a0desmenuzan las palabras y las ideas y\u00a0dictaminan acerca de su naturaleza, de lo que expl\u00edcita o impl\u00edcitamente ellas llevan y traen, de lo que uno interpreta y de lo que encima les carga, como tantas inquietudes y expectativas, por ejemplo esas viejas y tontas preguntas acerca de si la verdad puede presentarse bajo diversas combinatorias de palabras; o si las palabras y las formas no son lo m\u00e1s importante puesto que la verdad s\u00f3lo puede presentirse; o si existe una sola verdad, o varias, o una sola que muta de acuerdo a las circunstancias; o si\u2026<\/p>\n<p>Estos hombres vuelven siempre sobre sus pasos en busca de huellas, testimonios y mensajes -abiertos o encriptados-; evocando y desenterrando tradiciones y experiencias como tesoros ocultos, y ofreciendo versiones y traducciones propias y ajenas de todas ellas. Por eso act\u00faan como inspectores de cad\u00e1veres, fiscalizando sus vidas y sus muertes, imaginando revivir lo que ya no vive ni vivir\u00e1.<\/p>\n<p>Estos hombres son muy peligrosos pues acaban siempre desviando y distorsionando las miradas de los dem\u00e1s hombres, de modo que todas las cosas se transforman peligrosamente. Son como chamanes que invocan esp\u00edritus presuntos, visibles s\u00f3lo por ellos, para que les rindamos veneraci\u00f3n, adoraci\u00f3n y culto. Mientras tanto, ellos (los chamanes) y esos falsos esp\u00edritus nos dominan sin que nos demos cuenta.<\/p>\n<p>Al final, todos terminamos prisioneros de los muertos y de sus s\u00edmbolos, pues todos somos c\u00f3mplices de estos hombres con carnet habilitante, aunque la mayor\u00eda de las veces no lo advirtamos.<\/p>\n<p>Todos usamos y gastamos palabras, frases e ideas consagradas por los hombres sabios; mientras nos resultan nuevas sentimos que encierran verdades, y las aplaudimos, o las respetamos, o simplemente las reconocemos;\u00a0 pero m\u00e1s tarde o m\u00e1s temprano las maltratamos, las enga\u00f1amos y nos dejamos enga\u00f1ar por ellas; luego nos volvemos indiferentes, las dejamos vac\u00edas, las olvidamos y las reemplazamos, fascinados, por otras m\u00e1s recientes, tintineantes y brillantes.<\/p>\n<p>Lo grave de todo esto no es la muerte de las palabras, sino que los asesinos somos todos nosotros. La evidencia de nuestros cr\u00edmenes constantes anida siempre en nuestros ojos, cuando pierden brillo, cuando comienzan a verse vidriosos, aunque ser\u00e1n otros quienes se den cuenta de ello y no nosotros. Nosotros nos damos cuenta de lo mismo solamente al mirar lo ojos de otros. Esos ojos reflejan la muerte cercana que como criminales que somos nos vuelve inexorablemente.<\/p>\n<p>Por todo eso, para no seguirles el juego a esa clase de hombres recomiendo no cargar mochila, ni ba\u00fal ni estanter\u00edas, ni pluma ni anteojos, ni pala, ni largavista, ni lastre de ninguna especie.<\/p>\n<p>Huir del ruido y los gritos de las muchedumbres api\u00f1adas hacia zonas abiertas, transitables, amables y bellas.<\/p>\n<p>No intentar cuestionamiento, ni resurrecci\u00f3n, ni restauraci\u00f3n, ni exorcismo alguno respecto al pasado pues es in\u00fatil: lo pasado no tiene arreglo. \u00a0<\/p>\n<p>Porque angustia, emociones y transfiguraciones son irracionalidades no hay que dejarse atrapar por los duendes del pasado, de la tradici\u00f3n\u00a0 y de la memoria, ni tampoco por el principio de autoridad.<\/p>\n<p>\u00a0No ser prisionero del ayer, del tiempo que ya no existe de verdad, ni del tiempo de hoy. Ni de los muertos, ni de sus mitos, ni de sus palabras.<\/p>\n<p style=\"text-align: center\">\u00a0o0o\u00a0\u00a0 o0o\u00a0\u00a0 o0o<\/p>\n<p align=\"center\">\u00a0<\/p>\n<p align=\"center\">\u00a0<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LAS PALABRAS POR CARLOS SCHULMAISTER Las palabras enlazan el mundo interior y exterior del hombre, es decir, su conciencia y el universo que lo contiene, produci\u00e9ndose as\u00ed su mutua constituci\u00f3n y referenciaci\u00f3n. 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